El alumnado de educación secundaria frente a las noticias falsas: resultados de una intervención didáctica
Maite López-Flamarique y Sandra Planillo Artola
¿Desinformación, bulos, noticias falsas o fake news?
Diversos estudios coinciden que el término de noticias falsas o, en inglés, fake news resulta inadecuado e insuficiente para referirse al complejo problema de la manipulación informativa. El informe del grupo de Expertos de Alto Nivel sobre Noticias Falsas y Desinformación en Línea (2018), promovido por la Unión Europea, defiende la utilización del término desinformación frente al de fake news, ya que considera que este término anglófono no refleja el complicado problema del engaño informativo que incluye, no solo la difusión de información falsa o manipulada, sino también la utilización de cuentas automáticas falsas (bots), troles, fabricación y manipulación de vídeos, publicidad dirigida, entre otras, y que también está relacionado con la forma en que circula este tipo de información. (...) Sin embargo, esta definición ha sido criticada por excluir del problema a los productores tradicionales de información (medios de comunicación convencionales, gobiernos, instituciones, partidos políticos y corporaciones) y porque en muchas ocasiones, aunque no haya una intencionalidad clara de difundir información falsa, la mala praxis periodística, los errores de cobertura o la falta de verificación, hace que se distribuya información que afecta al debate público y a la libertad de información (Levi, 2019).
(...) Una revisión de la literatura del ámbito iberoamericano (Guallar, Codina, Freixa, & Pérez-Montoro, 2020) apunta que el término bulo va ganando aceptación en las investigaciones más recientes de este contexto. Salaverría y otros autores (2020) definen bulo como “todo contenido intencionadamente falso y de apariencia verdadera, concebido con el fin de engañar a la ciudadanía, y difundido públicamente por cualquier plataforma o medio de comunicación social” (Salaverría et al., 2020, p. 4). Por otro lado, David Buckingham (2019) apunta que las fake news no se pueden estudiar como un fenómeno aislado y que se deben considerar dentro de un contexto social, cultural y económico mucho más amplio, en el que además de tratar de influir en la opinión pública, tienen su razón de ser en el negocio de las empresas de comunicación y tecnológicas. Aunque consideramos que la manipulación informativa no es exclusiva de las redes sociales, y el desarrollo de una mirada crítica requiere considerar el contexto social y económico en el que se genera y consume la información, en este trabajo nos vamos a limitar al estudio de la evaluación de la información que llega a través de las redes sociales o la web.
En cuanto a la terminología, vamos a utilizar de forma indistinta los términos fake news, noticias falsas, bulos y desinformación, porque tal y como argumenta Levi (Levi, 2019) desinformación es un término que resulta más riguroso, pero fake news es más popular y “con tan solo dos palabras nos permite dejar claro de qué estamos hablando” (p. 24) y, por otro lado, en castellano, lo natural sería hablar de noticias falsas o bulos.
La escuela frente al sistema informativo actual
En este contexto, resulta evidente la necesidad de que la ciudadanía en general y los y las jóvenes, en especial, desarrollen el pensamiento crítico y la capacidad de evaluación de la información (Fernández García, 2017; Kahne & Bowyer, 2017; Levi, 2019; Tyner & Gutiérrez, 2012, entre otros). De hecho, el marco europeo de competencias digitales para la ciudadanía lo incluye en los nuevos mapas curriculares (Carretero, Vuorikari, & Punie, 2017), aunque algunos estudios (Sánchez García, 2021) ponen de manifiesto que este cambio curricular todavía no ha llegado a las aulas de secundaria y bachillerato españolas. En estudios previos, a la hora de evaluar la información que se puede encontrar en la red, se ha visto que el alumnado de secundaria tienen dificultades para evaluar de forma crítica la información (Hernández Serrano & Fuentes Agustí, 2011; Rodrigues, 2014; Watkins, Engel, & Hastedt, 2015) seleccionar información confiable (Herrero-Diz, Conde-Jiménez, Tapia-Frade, & Varona-Aramburu, 2019) y encuentran difícil diferenciar entre opiniones y datos (Kim & Sin, 2011). También se ha observado que tienen problemas para la comprensión de gráficos y para la interpretación de la información audiovisual (López Flamarique, Egaña, & Garro Larrañaga, 2019) y que realizan un uso limitado de las amplias posibilidades de interacción que les ofrecen las redes sociales (Pereira, Moura, MaSanet, Taddeo, & Tirocchi, 2018).
En el entorno hispanohablante, la mayoría de las iniciativas educativas encaminadas al desarrollo de una mirada crítica e identificación de información falsa son todavía minoritarias y están promovidas por las propias empresas de comunicación.
Algunas de estas propuestas didácticas son Maldita Educa, desarrollada por Maldita.es; el proyecto Junior Report, creado por la productora Blue Globe Media; (In)fórmate, promovido por Google, el Gobierno de España y diversos medios de comunicación, y Newtral Education, impulsado por Atresmedia. No obstante, si bien los medios y los periodistas pueden ser aliados en este reto educativo, los propios medios y su forma de trabajo necesitan ser puestas bajo la mirada de la criticidad (Masterman, 1985). Sin embargo, aunque en los últimos años se han elaborado diversas propuestas didácticas con este objetivo, no hay investigaciones que analicen el resultado de este tipo de intervenciones didácticas cuando se llevan al aula.
La presente investigación surge del interés por observar el comportamiento del alumnado de secundaria ante el fenómeno de la desinformación y conocer la eficacia de una intervención didáctica diseñada teniendo en cuenta diferentes tipos de manipulación informativa.
(...)
En cuanto a la primera pregunta de investigación, sobre si la capacidad del alumnado de detectar información falsa mejora tras la intervención didáctica, los datos de este estudio muestran una mejora global moderada, si bien el impacto de la intervención docente varía en función del tipo de falsedad. Aumenta de forma significativa el alumnado que muestra desconfianza ante información no probada, como un audio sin autoría distribuido por WhatsApp y, en menor medida, crece el número de alumnos y alumnas que detectan la falsedad de la información tergiversada y el uso discriminatorio del lenguaje.
https://dehesa.unex.es:8443/bitstream/10662/13412/1/1695-288X_20_1_39.pdf (Adaptado)
En el texto se mencionan estudios anteriores en los que se encontraron resultados relativos a los alumnos de secundaria Respecto a dichos estudios, analice las siguientes afirmaciones:
I. No tienen problemas para analizar criticamente la información.
II. Pueden reconocer información confiable.
III. Evalúan opiniones y datos como sinónimos.
Señale: