Un espectáculo insufrible
Presidió la tarde un calor bochornoso que languidecía las banderas, abrazas a los mástiles, de capa caída. El viento que tantas faenas ha estropeado en Madrid se había ausentado.
En el tercer toro había cundido cierto desánimo ya. Miguel Tendero había matado a la última. No hace la suerte. Llega con todo y así es muy difícil. No fue mal toro por el pitón derecho el de Valdefresno. Le faltó chispa, pero Tendero muleteó sin alma. Muy mecánico.
La corrida manseaba sin vida. Bien presentada. El primero fue noblón, con la cara siempre a su aire en los finales de muletazo. Diego Urdiales se compuso Urdiales en dos series con la mano derecha y en la tercera le cambió el compás abandonando su concepto clásico para esconder más la pierna: el toro se escupía de la suerte y se distrajo por siempre jamás, que era su destino.
El cuarto se declaró manso desde que pisó el ruedo y se defendió en la distancia corta de los avíos. Basculó siempre a la querencia, que fue donde finalmente Urdiales trató hacerle faena infructuosamente. Se espesó demasiado.
El segundo salió como templado, suavón. Rubén Pinar se templó también a la verónica hasta los medios. Luego el toro quedó gazapón, andarín, molesto. Y por el izquierdo se vencía.
El quinto era un toro serio que también se apagó en el tercio de muerte, a su bola. Insufrible el peñazo.
El sexto tenía los cinco años. Facilón. Pero su sosería es supina. Miguel Tendero torea correcto.
SERNA, Zabala de La. Un espectáculo insufrible. EL MUNDO.es.
Madrid. http://www.elmundo.es/elmundo/ Accedido el 01/06/2010.
En el trozo: “…su sosería es supina…”, indica que: