Entonces suena un petardo. Es la señal, la fiesta va a empezar. Los camiones de tomates van a llegar de un momento a otro. Hace mucho calor. La multitud está tensa, sudorosa, nerviosa y excitada. Muchos se suben a las rejas de las ventanas, otros a los balcones y los más miedosos prefieren protegerse tras los cristales de las ventanas. La gente desde los balcones tira cubos de agua a a multitud para ayudarle a soportar el calor. Las puertas de as casas, de los bares, de las tiendas, están cerradas.
Unos minutos después, por una de las calles laterales se acerca despacio un camión cargado de tomates maduros. Los tomates vienen de los pueblos de alrededor y no se han cultivado para cocinar, sino para servir de proyectiles. Sobre el camión, varios hombres empiezan a lanzar las hortalizas contra la gente sin piedad.
- Los primeros tomatazos son los peores - me advierte un vecino. - iVamos agáchate! - Todo el mundo anda agachado porque si levantas la cabeza, puedes recibir un tomatazo en plena cara. Así es que meto la cámara dentro de la camiseta y me agacho, como los demás.
Tomato del libro De fiesta en verano, de Clara Villanueva y Josefina Fernández,
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