Una aleación efectiva de política, pluma y humor, por Rubén Díaz
En treinta años, Pedro Almodóvar ha conseguido la adjetivación de su apellido y que "almodovariano" se convierta, como "kafkiano" o "borgiano", en un apelativo que se aplica a la propia realidad. Concretamente a la realidad aumentada, en particular cuando es nacional. Este es un honor reservado en la digestión cultural a los narradores para quienes lo real y sus rigores no cumplen la función de escenario, sino de sustancia expresiva, y que componen, maleándola, universos diferentes que a veces –y solo a veces– lindan con el de verdad.
España a veces es almodovariana. Era más complicado de ver cuando el manchego tenía que inventar intrigas políticas con las que condimentar sus películas y más evidente en su última cinta, Los amantes pasajeros, en la que no necesita ni exagerar ni imaginar para tirar, como tira, de extravagancia accesoria.
En el avión coral de la compañía Península viaja el expresidente huido de una caja de ahorros quebrada y una mujer que presume de affaire con el Rey. Hay quien además ha querido ver un simbolismo nacional en la trama –un avión que amenaza estrellarse con pilotos poco menos que ineptos en donde la clase business va despierta y la turista, narcotizada.
Los amantes pasajeros es, en efecto, una película zafia. La que más de toda su carrera si atendemos, al menos, a la acepción literal de la RAE: "Grosero, tosco en sus modales o falto de tacto en su comportamiento". Pero, ¿realmente es pecado abundar en la pluma, tirar sin complejos? Cuestión de grado, lógicamente, y por tanto de paladar. Es algo que compete al gusto de cada cual o, caso de no gustar, a su tolerancia.
Siendo mainstream y con dos oscars Pedro Almodóvar se ha propuesto en 2013 lo mismo que en los ochenta, cuando era valiente por marginal: provocar con salud y pontificar sobre las virtudes de la vida bien entendida, en particular cuando esta se pone más dura. Sin mensajes grandilocuentes, sin recetas mágicas impostadas y sin plantar batalla ideológica. Ante el problema, soluciones, y si no las hay, bienvenido sea el desfogue. Y en la honestidad del ejercicio ha conseguido que a Los amantes pasajeros se le pueda dedicar el mejor piropo al que aspira cualquier comedia: el de que es, sin más, terriblemente divertida. Lo que importa es que Los amantes pasajeros es una locura absolutamente recomendable.
(<htttp://www.elconfidencial.co/cultura/2013> Acceso en 23 de julio de 2013)
Considera las siguientes proposiciones sobre Amores pasajeros:
1. La película se propone transmitir un mensaje sencillo.
2. Se trata de una película extremamente entretenida.
3. Condena la manera extravagante con que se tratan los temas nacionales.
4. Se trata de una comedia divertida y recomendable.
5. Se utiliza de modelos creados por otros directores.
Están entre las proposiciones de Rubén Diaz sobre Amores pasajeros: