En las playas de Acra, la marea vomita ropa vieja. La arena en Akuma Village es hoy una
alfombra de zapatos y plásticos enmarañados en camisetas, cordones y pantalones. Es apenas
la punta de un iceberg que flota mar adentro. Pocos kilómetros más allá, ya en tierra firme,
asoma una hilera de colinas de mil colores. No es ningún paisaje idílico. Son gigantescas
montañas de ropa vieja, llegadas desde Europa, China y Estados Unidos. Algunas arden y
desprenden humo negro y tóxico de fibras sintéticas que espesa un aire que huele agrio.
Ghana es un caso extremo, pero no es único. Países del Sur Global como Pakistán, Kenia o
Marruecos son piezas fundamentales de un sistema de hiperproducción de ropa barata. Son los
lugares que hacen posible que compremos camisetas que no necesitamos y vestidos que nos
vamos a poner una vez, o ninguna. Son el basurero textil que sustenta un sistema de “moda
rápida”, la llamada fast fashion, que en países como Ghana ha provocado un desastre ambiental
y de salud pública [...]
Para saber cómo llega hasta allí y qué pasa después de depositar una prenda en un
contenedor de ropa usada con toda nuestra buena intención, en Planeta Futuro nos embarcamos
hace casi un año en un experimento que nos ha permitido comprobar el destino de 15 prendas
a las que hemos seguido el rastro gracias a la geolocalización. El resultado es muy revelador. La
mayoría sigue dando vueltas o están en naves y descampados. La mitad ha salido al extranjero
dejando a su paso una monumental huella de carbono, contaminando el sur global o alimentando
redes comerciales opacas. Es decir, la ropa no siempre acaba en el lugar que deseamos cuando
la desechamos y en los casos en los que llega, la huella ecológica del viaje es inmensa.
El problema de fondo, según los expertos, es la producción desbocada de ropa barata e
insisten en que, pese a las deficiencias del sistema, depositarla en los contenedores sigue siendo
la opción más sostenible. En España, las exportaciones de ropa usada se han disparado en los
últimos años, ante la incapacidad de absorber la cantidad de prendas que se compran y se
desechan [...].
Los resultados del experimento concuerdan con los del estudio europeo que indica que, a
pesar de que la ropa se done a una ONG, normalmente entra en un circuito comercial. El 40%
de las exportaciones a África acaba en vertederos, según estas mismas fuentes. El 89% de esas
prendas, además, contiene fibras sintéticas, que se descompondrán en microplásticos con
químicos tóxicos que contaminan el suelo, el agua y el aire provocando un serio problema de
salud pública [...].
La industria textil consume además 215 billones de litros de agua al año, el equivalente a
millones de piscinas olímpicas, y genera el 9% de los microplásticos que contaminan los
océanos.
Pensar que los países del Sur Global van a ser capaces de reciclar materiales que Europa
exporta ante su incapacidad de procesarlos de forma sostenible es poco realista. La baja calidad
de la ropa que llega a estos países impide además a menudo su segundo uso. Pero mientras las
leyes surten efecto y el sistema de producción corrige sus excesos, a las afueras de Acra,
montañas de ropa pestilentes siguen ardiendo sin control ni incineradora a la vista. Y las prendas
geolocalizadas por este diario siguen desvelando a su paso las lagunas de un sistema cada vez
más insostenible.