Magna Concursos
1718100 Ano: 2008
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: CESPE / CEBRASPE
Orgão: SEDU-ES
Provas:

Enseñamos a cooperar

A menudo utilizamos palabras como buena química, contacto, simpatía para hablar de las relaciones que nuestros

estudiantes establecen en clase a través de las actividades que vamos proponiéndoles.

Seguro que todos nos hemos preguntado alguna vez por qué, frente a los mismos materiales, profesor, estímulos etc., los

grupos no reaccionan de la misma forma y, lo que nos interesa sobre todo como profesores, por qué unos grupos aprenden mejor

que otros, con mayor eficacia y fluidez. Podemos emitir como hipótesis que una de las incógnitas que permite resolver esta

ecuación a favor de un mejor aprendizaje es la capacidad “natural” que manifiestan algunos alumnos para cooperar, es decir, en

la medida en que saben actualizar espontáneamente sus competencias en destrezas sociales.

Desde ya hace bastantes años, con el auge del método comunicativo y el más actual del enfoque por tareas, nuestros

estudiantes deben, la mayor parte del tiempo que pasan en clase, hacer cosas juntos: hablar con su compañero, repartirse el trabajo,

comparar respuestas, hacer hipótesis de lectura, inferir, mejorar su escritura, tomar decisiones etc.

El aula se ha convertido en un foro de discusión en el que el profesor es una voz más, y actúa a veces coordinando, otras

sugiriendo, y también a veces optando por la invisibilidad. Los estudiantes van aprendiendo en verdaderas comunidades de

aprendizaje, pero sin ser realmente conscientes de lo que están viviendo.

En cuanto a nosotros, profesores, estamos firmemente convencidos de que nuestros estudiantes tienen que trabajar juntos

y de que saben como hacerlo.

Nos encontramos tan ocupados en motivarles, en proporcionarles estímulos, recursos gramaticales, vocabulario etc., en

explicarles las consignas, en comprobar que las entienden etc., etc., etc., que no tenemos tiempo en pararnos a pensar si nuestros

alumnos poseen las competencias sociales que tienen que actualizar cuando oyen todas esas “palabras mágicas” que repetimos

tantas veces en el aula: en parejas, en grupos de tres, toda la clase, en dos grupos etc.

Nos creemos, para ganar tiempo y ahorrar energía docente, que saben emitir mensajes claros y convincentes, escuchar,

no interrumpir, experimentar la empatía con los demás, dar y pedir ayuda, alentar, crear un clima emocional positivo, infundir

energía, dar respuestas creativas ante los contratiempos, y un sinfín de cosas más esenciales para que el trabajo en equipo sea

realmente esa sinergia que nos hace avanzar infinitamente más rápido que si aprendiéramos solos.

Pero… ¿Saben de verdad? ¿Todos saben? ¿Cómo han aprendido? ¿En sus familias? ¿En la escuela? ¿Han tenido algún

modelo?

Otro misterio al que a lo mejor nos hemos enfrentado a lo largo de nuestra carrera docente es ese estudiante apenas

escolarizado al que aceptamos en clase “porque así algo al menos aprenderá” y que luego sorprende a todos por su interés, por

su motivación y sobre todo por sus progresos espectaculares. Ese estudiante, tan consciente de sus límites, al que no le cuesta nada

pedir ayuda a los demás, que se deja ayudar sin que haga mella en su amor propio, al que los “buenos estudiantes” dan lecciones

particulares porque además estos se dan cuenta de que así entienden más ellos.

Y también el fenómeno contrario. El estudiante que siempre hace los deberes, que siempre escucha al profesor, que

siempre hace lo que le dicen (pero solo lo que le dicen), que siempre es el primero en salir a la pizarra, en leer su redacción y que,

un día, cuando el profesor está explicando con mucha pasión algo a toda la clase, se enfada porque no entiende. Simplemente

porque no sabe pedir ayuda. Animados por el desentrañamiento de estos misterios podemos irnos acercando, interesando y

practicando en nuestras clases el aprendizaje consciente de las habilidades sociales.

Internet: www.mec.es/redele (con modificaciones).

Con base en el texto de arriba juzgue los ítems siguientes.

En conformidad con el texto, los estudiantes que siempre hacen los deberes nunca piden ayuda al profesor.

 

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