Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: SELECON
Orgão: Pref. Cuiabá-MT
La admiración por la admiración
Javier Cercas 30 DIC 2017
Sorprende nuestro entusiasmo por quien está de
vuelta de todo, por quien desprecia todo, incluido lo
bueno, y no por quien es capaz de reconocerlo
En nuestra vida intelectual parece de buen tono
5 abominar de la universidad, pero cada vez que
alguien lo hace no puedo evitar acordarme de lo que
Flaubert anota sobre la Academia Francesa en la
entrada correspondiente de su Diccionario de
lugares comunes: “Denigrarla, pero tratar de
10 ingresar en ella si se puede”. Este fariseísmo prueba
que, pese a las críticas que puedan hacerse a la
universidad española (muy justas la mayoría), en
ella todavía trabajan algunas de las personas más
valiosas de este país.
15 pensé lo anterior durante un acto académico
celebrado no hace mucho en la Universidad
Pompeu Fabra, en Barcelona. Se trataba de una
oposición a cátedra, pero, como el candidato era
Domingo Ródenas, un filólogo que hubiera debido
20ser catedrático hace 20 años, el debate sobre sus
méritos se volvió superfluo y por momentos derivó
hacia un asunto más controvertido: la virtud (o el
defecto) de la admiración. Ródenas aseguró que la
tarea fundamental de un profesor consiste en
25 implantar en sus alumnos la admiración por el
talento ajeno, polemizó con Horacio y su rechazo de
la admiración como secreto de la felicidad, y citó un
ensayo de Aurelio Arteta, titulado La virtud en la
mirada, donde el filósofo argumenta que la
30 admiración es “el sentimiento de alegría que brota a
la vista de alguna excelencia moral ajena”, y que
esta “simpatía con el excelente” provoca el deseo de
imitarlo y de desarrollar por tanto las mejores
posibilidades humanas, porque a través de ella
35“cada cual vislumbra y quiere su mejor yo”. En
cuanto a Horacio, es cierto que los dos primeros
versos de la Epístola VI rezan: “No admirar casi
nada es, oh Numicio, / lo que hacernos dichosos
siempre puede”; pero también es cierto que lo que
40 en ese poema dice Horacio en realidad no es que no
haya que admirar nada, sino que no hay que admirar
nada de lo que la mayoría admira, salvo la virtud.
Por lo demás, el “nihil admirari” horaciano se
inscribe en una tradición que se remonta al menos
45 hasta Cicerón, que en las Tusculanas (3, 30) declara
que un sabio es quien está preparado para todo, de
tal modo que nada le sorprende, pensamiento que
ilustra con una célebre anécdota de Anaxágoras
según la cual éste declaró, imperturbable, al recibir
50la noticia de la muerte de su hijo: “Sabía que había
engendrado a un mortal”. Se objetará que el sentido
del “admirari” de Cicerón es distinto del de Horacio y
que en éste equivale a admiración y en aquel más
bien a sorpresa; la objeción es endeble, porque no
55veo cómo puede haber admiración sin sorpresa.
También se objetará que la anécdota de Anaxágoras
es ridícula; nada que objetar a esta objeción: por eso
Cioran se burla del “nihil admirari” de Cicerón
llamándolo “estoicismo de feria”. Sea como sea, yo
60 no tengo ninguna duda de que sin admirar a los
buenos no hay forma de emularlos, y de que sin
emular a los buenos estamos condenados a ser de
los malos, o al menos a no encontrar lo mejor que
cada uno alberga dentro. Por eso sorprende nuestra
65 escasa admiración por la admiración y nuestra
mucha admiración por quien está de vuelta de todo,
casi siempre sin haber ido a ninguna parte, así como
por quien desprecia o parece despreciarlo todo,
incluido lo bueno, y no por quien es capaz de
70 reconocerlo y admirarlo. Es, si bien se mira, el
abismo que separa a Cervantes de Quevedo:
Quevedo observa a los humanos desde arriba, con
una soberbia a veces insufrible, y se ríe de todo y de
todos, porque es capaz de ver lo peor incluso en los
75 mejores; Cervantes, en cambio, observa a los
humanos desde abajo, con una humildad militante, y,
aunque también se ríe, se ríe con todos, quizá
porque es capaz de ver lo mejor incluso en los
peores. Por desgracia, en España triunfó Quevedo
80– el barroquismo y la picaresca – y no Cervantes
– la novela moderna –, y por eso la literatura
española es demasiado a menudo una literatura de
señoritos (una literatura de primero de la clase, decía
Félix Romeo), que es quizá lo peor que puede ser
85 una literatura.
Así que lleva razón Ródenas: hay que implantar la
admiración en la universidad; pero luego hay que
implantarla en todas partes. Píos deseos al empezar
el año.
https://elpais.com/elpais/2017/12/22/eps/1513970046_859485.html
"Así que lleva razón Ródenas: (...) (L.86) Las partículas destacadas introducen una construcción: