Lea el siguiente texto para responder la cuestion.
Las ciudades son sinónimo de crecimiento económico,
empleo, movilización social e innovaciones. Sin embargo,
también son el reflejo de externalidades negativas producto
de la acelerada urbanización como la desigualdad, la
pobreza, el desarrollo sectorizado, entre otros, que, a
su vez, se transforman en exclusión social, inseguridad,
contaminación y limitantes para algunos grupos
poblacionales, lo cual implica retos significativos para la
agenda urbana con vistas a lograr ciudades más inclusivas,
seguras, resilientes y sostenibles.
En 2019, más de la mitad de la población mundial
vivía en ciudades (55,7%). Para 2030, se proyecta que
este porcentaje aumente al 60%. En 2018, la mayoría
de la población vivía en ciudades con menos de 500.000
habitantes y se proyecta que hacia el 2030 una de cada
tres personas viva en ciudades de estas características. Sin
duda, el anterior panorama expone retos en la planificación
y ordenamiento territorial de las ciudades para garantizar
que todos sus habitantes tengan acceso equitativo a bienes
básicos.
En 2018, el 23,5% de la población vivía en barrios
marginales o asentamientos informales, siendo Asia
Oriental y Sudoriental, África Subsahariana y Asia Central
y meridional las regiones con mayor población en esta
situación. En adición, la expansión del consumo de suelo
urbano supera el crecimiento de la población hasta en un
50%. Es más, la rápida urbanización plantea debates entre
la expansión del uso del suelo y la sostenibilidad de los
territorios al ejercer presión no solo en la distribución espacial
de las personas, sino, además, en el suministro de recursos
(agua dulce), servicios como la salud pública, el tratamiento
de aguas residuales y la recolección de desechos.
(https://cepei.org/documents. Adaptado)