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Foram encontradas 80 questões.

enunciado 1422090-1

Depreende-se das informações do texto que, no que se refere ao Índice de Desenvolvimento da Educação Básica, a rede municipal de educação de Sobral – CE
 

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No meu terceiro dia na China, o taxista que nos conduzia estava ouvindo um programa de rádio que, pelo tom lento e voz pausada do narrador, chamou minha atenção. Perguntei à tradutora de que se tratava, e ela me disse que era uma aula de história sobre a dinastia Ming (1368-1644). Imagino que a China seja o único país do mundo em que essa cena possa acontecer. É um país completamente embebido em sua longuíssima história. Quando a dinastia Ming começou, o Brasil ainda era mata virgem, e a Europa era uma colcha de principados feudais na Idade das Trevas, mas a China já era um império unificado havia 1.500 anos, tendo passado por dois períodos de apogeu — o das dinastias Han (202 a.C. a 220 d.C.) e Tang (618-907) — e inventado a pólvora, o papel moeda e a impressão por prensa móvel.

Internet: < http://veja.abril.com.br> (com adaptações).

Infere-se da leitura do texto acima que o fato de o taxista chinês ouvir uma aula de história foi citado para revelar que
 

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752370 Ano: 2013
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: CESPE / CEBRASPE
Orgão: SEDUC-CE

Varios son los modelos lingüísticos originados de dialectos y registros. La lengua no es monolítica y homogénea, tiene modalidades dialectales y, además, niveles de formalidad y de especificidad variados. Un curso de lengua debe ofrecer modelos lingüísticos variados: un alumno debe poder entender varios dialectos de la misma lengua y, también, dentro del estándar que tiene que dominar productivamente, ha de poder utilizar palabras muy formales y otras más coloquiales. Así, en el terreno de la expresión escrita son muy importantes las variaciones sociolingüísticas debidas al grado de especialización del lenguaje: un alumno que aprende a escribir debe conocer el perfil del destinatario o las características psicosociológicas del receptor del mensaje. — Materiales ¿reales o realistas? Los textos que se utilizan para la clase deben ser reales o, como mínimo, verosímiles. De esta forma se garantiza que lo que se enseña en clase es lo que realmente se utiliza en la calle.

Internet: ‹www.upf.edu› (con adaptaciones).

Teniendo en cuenta el texto de arriba, señale la opción correcta.

 

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752369 Ano: 2013
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: CESPE / CEBRASPE
Orgão: SEDUC-CE

Atención especial a las necesidades comunicativas de cada alumno. Cada alumno tiene necesidades comunicativas distintas, de modo que deberá aprender funciones y recursos lingüísticos distintos. Cada grupo requiere una programación específica para él. Por ejemplo, es muy diferente enseñar español a un grupo de extranjeros que trabajan en el país, que a un grupo de turistas. Los dos grupos exigen programaciones particulares. En este punto la diferencia entre este enfoque y el de gramática es sustancial. Mientras que en el primero se enseña siempre la misma gramática, sea cual sea el alumno, en el segundo se enseñan y se aprenden funciones diferentes según el destinatario.

Internet: ‹www.upf.edu› (con adaptaciones).

Señale la opción correcta según el texto de arriba.

 

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752368 Ano: 2013
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: CESPE / CEBRASPE
Orgão: SEDUC-CE

Los aprendices brasileños de español, al partir de su lengua materna, por la proximidad de las lenguas, experimentan un éxito inicial que muchas veces se vuelve problemático en la reorganización de su interlengua, al avanzar en su proceso de aprendizaje de la lengua meta. Uno de los ejemplos más llamativos de la transferencia negativa, verdadera desventaja de la proximidad de lenguas, son los errores en el uso de las formas de tratamiento. En el ámbito teórico de lo morfológico, todo parece estar claro: tanto el portugués como el castellano presentan dos subsistemas de formas de tratamiento informal y formal. Los problemas aparecen en la práctica. Los aprendices brasileños suelen utilizar la forma “usted”, pero no con intención de formalidad o distancia social, sino por analogía formal del pronombre “você” que, en Brasil, posee carácter de informal. Nos encontramos ante formas etimológicamente iguales, pero que se han especializado en subsistemas distintos en ambas lenguas. El tema se complica porque en el llamado español peninsular se conserva, para el plural, la oposición vosotros(as)/ustedes, cosa que no ocurre en el llamado español de América ya que allí se encuentra generalizado el uso de “ustedes” para ambos registros, siendo raro el uso de “vosotros”. También, en zonas amplias de esta región existe, compitiendo con “tú”, la forma pronominal “vos”, generando el fenómeno conocido como “voseo”.

José Antonio Pérez. Cuantificadores. Enfoque contrastivo español–portugués. Embajada de España. Conserjería de Educación. Brasilia, 2004, p. 32 (con adaptaciones).

La lengua materna a la que se refiere el texto es
 

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752367 Ano: 2013
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: CESPE / CEBRASPE
Orgão: SEDUC-CE

La bahía (fragmento)

Yo casi no tuve infancia metropolitana.

Vi la primera luz de mi tierra en una bahía argentina del Atlántico. A los pocos días me estaría meciendo, como un jugueteo torvo de quién sabe qué paternidad tutelar, el sordo y constante ruido de las dunas — cada segundo desplazadas —, el clima versátil del país, el viento animal. Mi padre era un cirujano de hospital; mi madre una mujer suave, sal de la tierra en su bondad tranquila. Los dos laboriosos y tan honestos de naturaleza que en ellos vi salvarse siempre algo del general naufragio humano.

Mi primer amigo fue el viento que venía del océano. Éste, imaginativamente, era, para mis sustos, lobo; para mi deleite, perro. En mitad de las noches de invierno, el viento entraba en las vigilias de mi madre y velaba junto a ella, rugiente, mientras mi padre operaba solitario en chalets y despoblados, trabajando en la carne triste. Su mano enérgica no recogía prebenda; si había qué cobrar, tomaba; si había que dar, daba; a los doce años comencé a saber lo que significaba aquel afluir de gente pobre a su consultorio; venían a mirarlo en silencio y a confiarse a él; a veces traían unas aves, otras no traían nada, sino ese confiar penoso, esa entrega llena de triste esperanza. En aquella casa donde se había dicho adiós al oro, las puertas estaban abiertas durante el día y los que no venían a buscar cura venían a buscar consejo.

El árido tiempo del sur apretaba en su garra la bahía. Durante jornadas y jornadas, sólo se escuchaba en la ciudad el ruido del fuerte viento y el rumor de las dunas al desplazar las arenas. Sólo un operoso trabajo podía distraer a los hombres de persistentes acrimonias en la fría ciudad atlántica. Era terriblemente difícil vivir en aquel clima rígido y sin consolación.

Ni una pradera en torno a la ciudad; ni colores, ni sol, durante días y días, sino la piedra gris, el viento gris, la arena gris; la atmósfera hosca, las tardes interminables, las noches repentinas y profundas. A veces una lluvia fina, luego otra vez el viento, la niebla, el polvo que castigaba furiosamente los ojos viniendo de los médanos. En el nocturno carruaje regresaba mi padre de ver sus enfermos. El calor de las estufas y la luz de las lámparas nos guardaban a la familia toda en su calor, mientras fuera soplaba la tormenta.

Mis padres y mi hermano leían; yo levantaba de pronto una cortina, pegaba mi nariz al vidrio, miraba la noche exterior. Todo me parecía poblado de monstruos imaginarios. Y cuando alguien reía en aquella casa, parecía responder desde afuera un eco cínico. ¡No era, no, la vida suave para este médico de provincia! Estábamos en pleno desierto. No se podía habitar allí sin sacrificio; toda cosa viva pertenecía, en aquellas latitudes, al páramo, al viento, a la arena.

Eduardo Mallea. Historia de una pasión argentina. Buenos Aires: Editorial Kapelusz, S.A., 1962, p. 141-2. (con adaptaciones).

El texto muestra un ambiente
 

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752366 Ano: 2013
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: CESPE / CEBRASPE
Orgão: SEDUC-CE

La bahía (fragmento)

Yo casi no tuve infancia metropolitana.

Vi la primera luz de mi tierra en una bahía argentina del Atlántico. A los pocos días me estaría meciendo, como un jugueteo torvo de quién sabe qué paternidad tutelar, el sordo y constante ruido de las dunas — cada segundo desplazadas —, el clima versátil del país, el viento animal. Mi padre era un cirujano de hospital; mi madre una mujer suave, sal de la tierra en su bondad tranquila. Los dos laboriosos y tan honestos de naturaleza que en ellos vi salvarse siempre algo del general naufragio humano.

Mi primer amigo fue el viento que venía del océano. Éste, imaginativamente, era, para mis sustos, lobo; para mi deleite, perro. En mitad de las noches de invierno, el viento entraba en las vigilias de mi madre y velaba junto a ella, rugiente, mientras mi padre operaba solitario en chalets y despoblados, trabajando en la carne triste. Su mano enérgica no recogía prebenda; si había qué cobrar, tomaba; si había que dar, daba; a los doce años comencé a saber lo que significaba aquel afluir de gente pobre a su consultorio; venían a mirarlo en silencio y a confiarse a él; a veces traían unas aves, otras no traían nada, sino ese confiar penoso, esa entrega llena de triste esperanza. En aquella casa donde se había dicho adiós al oro, las puertas estaban abiertas durante el día y los que no venían a buscar cura venían a buscar consejo.

El árido tiempo del sur apretaba en su garra la bahía. Durante jornadas y jornadas, sólo se escuchaba en la ciudad el ruido del fuerte viento y el rumor de las dunas al desplazar las arenas. Sólo un operoso trabajo podía distraer a los hombres de persistentes acrimonias en la fría ciudad atlántica. Era terriblemente difícil vivir en aquel clima rígido y sin consolación.

Ni una pradera en torno a la ciudad; ni colores, ni sol, durante días y días, sino la piedra gris, el viento gris, la arena gris; la atmósfera hosca, las tardes interminables, las noches repentinas y profundas. A veces una lluvia fina, luego otra vez el viento, la niebla, el polvo que castigaba furiosamente los ojos viniendo de los médanos. En el nocturno carruaje regresaba mi padre de ver sus enfermos. El calor de las estufas y la luz de las lámparas nos guardaban a la familia toda en su calor, mientras fuera soplaba la tormenta.

Mis padres y mi hermano leían; yo levantaba de pronto una cortina, pegaba mi nariz al vidrio, miraba la noche exterior. Todo me parecía poblado de monstruos imaginarios. Y cuando alguien reía en aquella casa, parecía responder desde afuera un eco cínico. ¡No era, no, la vida suave para este médico de provincia! Estábamos en pleno desierto. No se podía habitar allí sin sacrificio; toda cosa viva pertenecía, en aquellas latitudes, al páramo, al viento, a la arena.

Eduardo Mallea. Historia de una pasión argentina. Buenos Aires: Editorial Kapelusz, S.A., 1962, p. 141-2. (con adaptaciones).

De acuerdo con su forma y contenido se puede clasificar el texto como
 

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752365 Ano: 2013
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: CESPE / CEBRASPE
Orgão: SEDUC-CE

Algunas de las diferencias existentes entre los errores de la producción escrita frente a los de la producción oral son: el contacto con el individuo, el espacio, el tiempo, y el canal por el que circula la información. La producción escrita es un hecho de comunicación desplazado en las unidades de lugar y tiempo, caracterizado por un canal de transmisión escrito. La corrección no ocurre de forma inmediata, sino que se produce en diferido. Ello implica que el código de corrección debe ser compartido por alumno y profesor para que la retroalimentación sea más efectiva. El tiempo de elaboración del texto escrito es mayor y, en consecuencia, el estudiante dispone de más tiempo para reflexionar. Por tanto se exige más, y se corrigen todos los errores puesto que el discurso no corre riesgo de interrumpirse. La producción escrita permite tanto al alumno como al profesor la observación y la obtención retrospectiva tanto de los progresos como de las lagunas de aprendizaje.

Internet: ‹www.cvc.cervantes.es› (con adaptaciones).

De acuerdo al contenido del texto de arriba, señale la opción correcta.

 

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752364 Ano: 2013
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: CESPE / CEBRASPE
Orgão: SEDUC-CE

Los aprendices brasileños de español, al partir de su lengua materna, por la proximidad de las lenguas, experimentan un éxito inicial que muchas veces se vuelve problemático en la reorganización de su interlengua, al avanzar en su proceso de aprendizaje de la lengua meta. Uno de los ejemplos más llamativos de la transferencia negativa, verdadera desventaja de la proximidad de lenguas, son los errores en el uso de las formas de tratamiento. En el ámbito teórico de lo morfológico, todo parece estar claro: tanto el portugués como el castellano presentan dos subsistemas de formas de tratamiento informal y formal. Los problemas aparecen en la práctica. Los aprendices brasileños suelen utilizar la forma “usted”, pero no con intención de formalidad o distancia social, sino por analogía formal del pronombre “você” que, en Brasil, posee carácter de informal. Nos encontramos ante formas etimológicamente iguales, pero que se han especializado en subsistemas distintos en ambas lenguas. El tema se complica porque en el llamado español peninsular se conserva, para el plural, la oposición vosotros(as)/ustedes, cosa que no ocurre en el llamado español de América ya que allí se encuentra generalizado el uso de “ustedes” para ambos registros, siendo raro el uso de “vosotros”. También, en zonas amplias de esta región existe, compitiendo con “tú”, la forma pronominal “vos”, generando el fenómeno conocido como “voseo”.

José Antonio Pérez. Cuantificadores. Enfoque contrastivo español–portugués. Embajada de España. Conserjería de Educación. Brasilia, 2004, p. 32 (con adaptaciones).

Considerando las informaciones presentadas en el texto, las dificultades en el uso de las formas de tratamiento del español, en el caso de los aprendices brasileños, son motivadas por
 

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752363 Ano: 2013
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: CESPE / CEBRASPE
Orgão: SEDUC-CE

La bahía (fragmento)

Yo casi no tuve infancia metropolitana.

Vi la primera luz de mi tierra en una bahía argentina del Atlántico. A los pocos días me estaría meciendo, como un jugueteo torvo de quién sabe qué paternidad tutelar, el sordo y constante ruido de las dunas — cada segundo desplazadas —, el clima versátil del país, el viento animal. Mi padre era un cirujano de hospital; mi madre una mujer suave, sal de la tierra en su bondad tranquila. Los dos laboriosos y tan honestos de naturaleza que en ellos vi salvarse siempre algo del general naufragio humano.

Mi primer amigo fue el viento que venía del océano. Éste, imaginativamente, era, para mis sustos, lobo; para mi deleite, perro. En mitad de las noches de invierno, el viento entraba en las vigilias de mi madre y velaba junto a ella, rugiente, mientras mi padre operaba solitario en chalets y despoblados, trabajando en la carne triste. Su mano enérgica no recogía prebenda; si había qué cobrar, tomaba; si había que dar, daba; a los doce años comencé a saber lo que significaba aquel afluir de gente pobre a su consultorio; venían a mirarlo en silencio y a confiarse a él; a veces traían unas aves, otras no traían nada, sino ese confiar penoso, esa entrega llena de triste esperanza. En aquella casa donde se había dicho adiós al oro, las puertas estaban abiertas durante el día y los que no venían a buscar cura venían a buscar consejo.

El árido tiempo del sur apretaba en su garra la bahía. Durante jornadas y jornadas, sólo se escuchaba en la ciudad el ruido del fuerte viento y el rumor de las dunas al desplazar las arenas. Sólo un operoso trabajo podía distraer a los hombres de persistentes acrimonias en la fría ciudad atlántica. Era terriblemente difícil vivir en aquel clima rígido y sin consolación.

Ni una pradera en torno a la ciudad; ni colores, ni sol, durante días y días, sino la piedra gris, el viento gris, la arena gris; la atmósfera hosca, las tardes interminables, las noches repentinas y profundas. A veces una lluvia fina, luego otra vez el viento, la niebla, el polvo que castigaba furiosamente los ojos viniendo de los médanos. En el nocturno carruaje regresaba mi padre de ver sus enfermos. El calor de las estufas y la luz de las lámparas nos guardaban a la familia toda en su calor, mientras fuera soplaba la tormenta.

Mis padres y mi hermano leían; yo levantaba de pronto una cortina, pegaba mi nariz al vidrio, miraba la noche exterior. Todo me parecía poblado de monstruos imaginarios. Y cuando alguien reía en aquella casa, parecía responder desde afuera un eco cínico. ¡No era, no, la vida suave para este médico de provincia! Estábamos en pleno desierto. No se podía habitar allí sin sacrificio; toda cosa viva pertenecía, en aquellas latitudes, al páramo, al viento, a la arena.

Eduardo Mallea. Historia de una pasión argentina. Buenos Aires: Editorial Kapelusz, S.A., 1962, p. 141-2. (con adaptaciones).

El autor habla, según la interpretación del texto
 

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