Foram encontradas 272 questões.
En el bar La Vuelta suena una canción. Quique González está cantando y él percibe lo que dice el estribillo: Estoy cansado de perder. Le gusta la canción, pero no es lo mejor para empezar. Es el único cliente, lo que hace que se sienta aliviado y tranquilo. Nadie podrá preguntarle nada. Los camareros, Antonio y Enrique, lo conocen. Y, ya se sabe, los de verdad escuchan, callan y hablan si el cliente les da conversación. Su vida ha llegado a un punto en el que las preguntas son molestas. Sobre todo la más simple y cortés: ¿Cómo estás? No parece lo que es, un hombre solo y triste. Viste bien, la ropa soporta el paso de tiempos mejores. Nadie diría lo que es. Sobrelleva que le den los buenos días, aguanta el intercambio ritual del estado del tiempo y poco más. Sólo bebe café, y agradece que quieran invitarle a una copa, pero a ese punto en el que el alcohol mañanero define el día no quiere llegar. Ni siquiera comenta la prensa deportiva. En otros tiempos la eliminación del Barça en Champions, o los cuatro goles que el sábado le metió al Villarreal, hubieran sido argumento para bromas e ironías. Pero no están las cosas para eso, y menos para perder el tiempo. Nunca pensó que perderlo en sus circunstancias iba a resultar tan oneroso para su ánimo. Habla poco, y en el bar lo saben. Las miradas son elocuentes. Si con los ojos se entienden, para qué utilizar las palabras. En casa, el lenguaje de los ojos es inútil. Las preguntas, por muy cariñosas que sean, pesan como losas. Quiere a su mujer, pero la quiere con la pena que marcan los días sin expectativas. A sus hijos procura no verlos, por eso se va antes de que ellos despierten. Ante el primer café mira el reloj: las ocho de la mañana. Dios, piensa, qué largos son los días para los que deseamos que sean cortos. Mientras repara en este deseo que ya dura cerca de dos años abre el periódico: «Se confirma el dato destripado por ABC el martes: 4.600.000 españoles buscan un trabajo que no encuentran». Son demasiados. Quizás haya más posibilidades si juego a la lotería, piensa.
En la radio un periodista se lamenta ante sus oyentes porque no tiene ninguna noticia buena para dar, sólo la del tiempo primaveral que, para colmo, va a durar poco. ¡Cómo está el país!, dice alguien. El hombre apura el café y escucha la voz de Zapatero por la radio: Hay signos de que lo peor ya ha pasado. Deja unas monedas y, cuando sale a la calle, siente un dolor en la sien. Lo reconoce. Pasa cuando se pregunta, ¿y ahora adónde voy? Con paso cansino marcha a El Retiro. Allí, sentado en el mismo banco de todos los mismos días piensa: Pero, cómo puede decir ese hombre que lo peor ha pasado, cómo puede decirlo. Son las 8,15 de la mañana. Y está empezando el día también para él.
Félix Madero (Periódico El ABC, Madrid, España, 03.05.2010)
La opción que no está de acuerdo con el verdadero momento del Señor Gonzáles es
Provas
Humans make errors. We make errors of fact and errors of judgment. We have blind spots in our field of vision and gaps in our stream of attention. Sometimes we can’t even answer the simplest questions. Where was I last week at this time? How long have I had this pain in my knee? How much money do I typically spend in a day? These weaknesses put us at a disadvantage. We make decisions with partial information. We are forced to steer by guesswork. We go with our gut.
That is, some of us do. Others use data. A timer running on Robin Barooah’s computer tells him that he has been living in the United States for 8 years, 2 months and 10 days. At various times in his life, Barooah — a 38-year-old self-employed software designer from England who now lives in Oakland, Calif. — has also made careful records of his work, his sleep and his diet.
"People have such very poor sense of time," Barooah says, and without good time calibration, it is much harder to see the consequences of your actions. If you want to replace the vagaries of intuition with something more reliable, you first need to gather data. Once you know the facts, you can live by them.
A fetish for numbers is the defining trait of the modern manager. Corporate executives facing down hostile shareholders load their pockets full of numbers. So do politicians on the hustings, doctors counseling patients and fans abusing their local sports franchise on talk radio.
We tolerate the pathologies of quantification — a dry, abstract, mechanical type of knowledge — because the results are so powerful. Numbering things allows tests, comparisons, experiments. Numbers make problems less resonant emotionally but more tractable intellectually. In science, in business and in the more reasonable sectors of government, numbers have won fair and square.
Almost imperceptibly, numbers are now infiltrating the last redoubts of the personal. Sleep, exercise, sex, food, mood, location, alertness, productivity, even spiritual well-being are being tracked and measured, shared and displayed. On MedHelp, one of the largest Internet forums for health information, more than 30,000 new personal tracking projects are started by users every month. We use numbers when we want to tune up a car, analyze a chemical reaction, predict the outcome of an election.
We use numbers to optimize an assembly line. Why not use numbers on ourselves?
For many self-trackers, the goal is unknown. Although they may take up tracking with a specific question in mind, they continue because they believe their numbers hold secrets that they can’t afford to ignore, including answers to questions they have not yet thought to ask.
Until a few years ago it would have been pointless to seek self-knowledge through numbers.
Then four things changed. First, electronic sensors got smaller and better. Second, people started carrying powerful computing devices, typically disguised as mobile phones. Third, social media made it seem normal to share everything. And fourth, we began to get an inkling of the rise of a global superintelligence known as the cloud.
Millions of us track ourselves all the time. We step on a scale and record our weight. We balance a checkbook. We count calories. But when the familiar pen-and-paper methods of self-analysis are enhanced by sensors that monitor our behavior automatically, the process of self-tracking becomes both more alluring and more meaningful. Automated sensors do more than give us facts; they also remind us that our ordinary behavior contains obscure quantitative signals that can be used to inform our behavior, once we learn to read them.
At the center of this personal laboratory is the mobile phone. During the years that personal-data systems were making their rapid technical progress, many people started entering small reports about their lives into a phone. Sharing became the term for the quick post to a social network: a status update to Facebook, a reading list on Goodreads, a location on Dopplr, Web tags to Delicious, songs to Last.fm, your breakfast menu on Twitter. "People got used to sharing," says David Lammers-Meis, who leads the design work on the fitness-tracking products at Garmin. "The more they want to share, the more they want to have something to share.‖ Personal data are ideally suited to a social life of sharing. You might not always have something to say, but you always have a number to report.
From: The New York Times. www.nytimes.com. April 26, 2010.
Among the personal aspects that have been object of tracking nowadays the text mentions
Provas
En el bar La Vuelta suena una canción. Quique González está cantando y él percibe lo que dice el estribillo: Estoy cansado de perder. Le gusta la canción, pero no es lo mejor para empezar. Es el único cliente, lo que hace que se sienta aliviado y tranquilo. Nadie podrá preguntarle nada. Los camareros, Antonio y Enrique, lo conocen. Y, ya se sabe, los de verdad escuchan, callan y hablan si el cliente les da conversación. Su vida ha llegado a un punto en el que las preguntas son molestas. Sobre todo la más simple y cortés: ¿Cómo estás? No parece lo que es, un hombre solo y triste. Viste bien, la ropa soporta el paso de tiempos mejores. Nadie diría lo que es. Sobrelleva que le den los buenos días, aguanta el intercambio ritual del estado del tiempo y poco más. Sólo bebe café, y agradece que quieran invitarle a una copa, pero a ese punto en el que el alcohol mañanero define el día no quiere llegar. Ni siquiera comenta la prensa deportiva. En otros tiempos la eliminación del Barça en Champions, o los cuatro goles que el sábado le metió al Villarreal, hubieran sido argumento para bromas e ironías. Pero no están las cosas para eso, y menos para perder el tiempo. Nunca pensó que perderlo en sus circunstancias iba a resultar tan oneroso para su ánimo. Habla poco, y en el bar lo saben. Las miradas son elocuentes. Si con los ojos se entienden, para qué utilizar las palabras. En casa, el lenguaje de los ojos es inútil. Las preguntas, por muy cariñosas que sean, pesan como losas. Quiere a su mujer, pero la quiere con la pena que marcan los días sin expectativas. A sus hijos procura no verlos, por eso se va antes de que ellos despierten. Ante el primer café mira el reloj: las ocho de la mañana. Dios, piensa, qué largos son los días para los que deseamos que sean cortos. Mientras repara en este deseo que ya dura cerca de dos años abre el periódico: «Se confirma el dato destripado por ABC el martes: 4.600.000 españoles buscan un trabajo que no encuentran». Son demasiados. Quizás haya más posibilidades si juego a la lotería, piensa.
En la radio un periodista se lamenta ante sus oyentes porque no tiene ninguna noticia buena para dar, sólo la del tiempo primaveral que, para colmo, va a durar poco. ¡Cómo está el país!, dice alguien. El hombre apura el café y escucha la voz de Zapatero por la radio: Hay signos de que lo peor ya ha pasado. Deja unas monedas y, cuando sale a la calle, siente un dolor en la sien. Lo reconoce. Pasa cuando se pregunta, ¿y ahora adónde voy? Con paso cansino marcha a El Retiro. Allí, sentado en el mismo banco de todos los mismos días piensa: Pero, cómo puede decir ese hombre que lo peor ha pasado, cómo puede decirlo. Son las 8,15 de la mañana. Y está empezando el día también para él.
Félix Madero (Periódico El ABC, Madrid, España, 03.05.2010)
Tras la lectura del texto, podemos afirmar que Quique González
Provas
Nous prenons I'autoroute vers la Loire Atlantique, Philippe Etesse, un ami comédien, et moi, dans une Saab prêtée par un pote architecte, pour un week-end à Batz-sur-Mer, cette três bonne station balnéaire située dans le sud de la Bretagne.
Philippe avait un grand-pêre beauceron qui avait acheté lã-bas une de ces maisons de famille oú notre enfance est enfermée dans ce que'elle avait de mieux: les vacances. On s'installe alors dans la villa et dans les souvenirs de cet ami que j'ai connu en 1976 à la Maison de la Radio. L'un des rares agréments du temps est de nous fournir en vieux copains.
J'ai apporté de la lecture. Voyager consiste désormais pour moi à apporter de la lecture. Lirai les Pléiade, des romans de Bernanos et des poêmes de Musset en mai à Bangkok. Je préfere lire les morts, car les vivants on écrit pour être Ilus aprês leur mort, c'est donc plus gentil. Et quelle tête faire devant Rousseau aprês avoir pris connaissance de ses “Confessions”? Boire un chocolat chaud avec Nietzche: et alors, aprês “Ainsi parlait Zarathoustra”, vous préparez quoi, Frédéric?
Au restaurant L'Océan, la plupart des poissons indiqués sur la carte ne peuvent être servis car les pêcheurs n'ont pas pris la mer depuis plusieurs jours et le restaurant —“la meilleure table de la région”, m'assure Philippe - ne sert que des produits frais. Mais pas vite. Etant presque les seuls clients, les serveurs ont mis vingt minutes à nous apporter I'eau et le vin. Ma lotte à l'américaine est bien et le filet de sole de Philippe aussi.
Le lendemain matin, du coup, ai passé la matinée sur le Chemin des Douaniers, I'une des plus belles promenades du monde avec les quais de la Seine, et au Café de la Plage. Pourquoi la boisson non alcoolisée la plus chere dans les cafés est-elle une orange pressée? II suffit de presser une orange. Il fera fortune, le cafetier qui servira un jour les oranges pressées à un prix normal: celui d'une orange que I'on presse. Je me rends compte que je n'ai pas parlé une seule fois de I'océan Atlantique, alors qu'a Batz-sur-Mer on ne voit que lui.
Adaptation de la chronique de Patrick Besson, dans Le Point du 11 mars.
Ce qui caractérise ce texte est le fait qu'il
Provas
Nos itens a seguir encontram-se as características de alguns organismos.
I - Possuem um micobionte como parte da associação.
II - São predominantemente pluricelulares.
III - Os líquidos podem ser conduzidos por células especiais denominadas hidróides e leptóides.
IV - De tamanho variado, a fase duradoura é a esporofítica.
Marque a alternativa na qual a associação entre os organismos e suas características está correta.
Provas
Os ácidos nucléicos são macromoléculas que compõem o material genético de todos os seres vivos. Sobre os ácidos nucléicos, assinale o correto.
Provas
Assim como os animais, que produzem formações sólidas de sais minerais conhecidas como cálculos renais, as plantas também podem formar inclusões cristalíferas constituídas por oxalato de cálcio, também conhecidas como drusas, ráfides e monocristais. Identifique dentre as opções abaixo, a estrutura celular vegetal relacionada a essa função.
Provas
Na filogenia, a ordem correta de aparecimento das apomorfias relacionadas a estruturas locomotoras é
Provas
Na cadeia de propagação do impulso nervoso, na ordem de passagem do impulso pelo neurônio, podemos afirmar corretamente que o corpo celular é a estrutura neuronal que o recebe
Provas
O quadrado de punnett é um recurso que foi idealizado por R. C. Punnett, geneticista colaborador de William Batenson (ambos viveram entre o final do século XIX e começo do século XX, participando ativamente das redescobertas do trabalho de Mendel), que facilita sobremaneira a confecção de cruzamentos entre heterozigotos de F-1, pelo preenchimento das casas que o compõem com os genótipos resultantes do cruzamento realizado. Entretanto, no cruzamento poliíbrido esse preenchimento se complica devido ao aumento de casas do quadrado. Podemos afirmar corretamente que, no caso de um cruzamento poliíbrido do tipo AaBbCcDdFf X AaBbCcDdFf, que se apresenta com 5 (cinco) loci heterozigotos, localizados em diferentes pares de cromossomos homólogos, a quantidade de casas do quadrado de punnett que teriam que ser preenchidas com genótipos é
Provas
Caderno Container