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Texto 1
Hola Marta, ¿cómo va todo por Madrid?
Espero que estés bien, feliz con los preparativos para tu boda. La verdad es que cuando me dijiste que te casabas, no me lo podía creer. Marta, la chica que decía que nunca se casaría, que quería ser libre… pero bueno, supongo que todos cambiamos. Te entiendo, Juan es un chico estupendo y si quieres formar una familia, es normal que te cases.
Te escribo para darte una mala noticia: no voy a poder asistir a la boda. El 12 de septiembre voy a estar en Estados Unidos, me han concedido una beca para estudiar en Boston en un centro de investigación. Es la oportunidad de mi vida y, desgraciadamente, el curso empieza el 13. Perdóname, no sabes la pena que me da no poder estar en Madrid. Os he comprado un pequeño regalo. Solo tienes que ir a buscarlo en la tienda de muebles del padre de Marcos; puedes ir a partir del día 3.
Bueno, te dejo. Espero que pases el mejor día de tu vida. Dale muchos recuerdos a Juan y a tu familia.
Nos vemos en Navidad. Te deseo lo mejor.
Besos,
Paco
El texto nos dice que Marta siempre decía que
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Texto 1
Hola Marta, ¿cómo va todo por Madrid?
Espero que estés bien, feliz con los preparativos para tu boda. La verdad es que cuando me dijiste que te casabas, no me lo podía creer. Marta, la chica que decía que nunca se casaría, que quería ser libre… pero bueno, supongo que todos cambiamos. Te entiendo, Juan es un chico estupendo y si quieres formar una familia, es normal que te cases.
Te escribo para darte una mala noticia: no voy a poder asistir a la boda. El 12 de septiembre voy a estar en Estados Unidos, me han concedido una beca para estudiar en Boston en un centro de investigación. Es la oportunidad de mi vida y, desgraciadamente, el curso empieza el 13. Perdóname, no sabes la pena que me da no poder estar en Madrid. Os he comprado un pequeño regalo. Solo tienes que ir a buscarlo en la tienda de muebles del padre de Marcos; puedes ir a partir del día 3.
Bueno, te dejo. Espero que pases el mejor día de tu vida. Dale muchos recuerdos a Juan y a tu familia.
Nos vemos en Navidad. Te deseo lo mejor.
Besos,
Paco
Paco escribe esta pequeña carta con el propósito de
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T E X T O
Los neandertales respiraban de modo diferente
Judith de Jorge
El Homo sapiens, la especie a la que pertenecemos, coexistió durante miles de años en Europa y Asia con otra también inteligente y sofisticada. Eran los neandertales, de cuyo genoma todos, excepto los africanos, llevamos una pequeña parte como herencia. Estos parientes, que desaparecieron hace unos 40.000 años por causas aún desconocidas, son los más cercanos que jamás hayamos tenido. Muy parecidos sí, pero también distintos. Su aspecto morfológico variaba del de cualquiera de nosotros y, probablemente, si uno de ellos apareciera sentado en un vagón del metro no pasaría desapercibido para el resto de los viajeros. Eran robustos, fuertes, achaparrados... Su frente estaba inclinada hacia atrás y tenían grandes arcos supraorbitarios y una nariz exageradamente grande y ancha.
Ahora, un equipo de investigadores liderado por Asier Gómez-Olivencia, investigador Ikerbasque en la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) y Ella Been, del Ono Academic College de Tel Aviv, ha descubierto importantes diferencias anatómicas que distinguían a los neandertales. Gracias a la detallada reconstrucción virtual de la caja torácica más completa de uno de los suyos desenterrada hasta la fecha, los científicos han concluido que respiraban de forma diferente a la nuestra, con mayor intervención del diafragma, y que su capacidad pulmonar era superior.
Además, el estudio echa por tierra el mito del neandertal cheposo y encorvado: su columna vertebral era más recta y estable, por lo que caminaban más erguidos que nosotros. Las conclusiones, fruto de un trabajo de más de diez años, aparecen
publicadas este martes en la prestigiosa revista “Nature Communications”.
Para crear su modelo de tórax 3D, los investigadores analizaron el esqueleto de un joven individuo llamado Kebara 2, descubierto en Monte Carmelo (Israel) y guardado actualmente en la Universidad de Tel Aviv. También conocido como Moisés, murió hace aproximadamente 60.000 años. Los restos no conservan el cráneo, que quizás fue retirado como consecuencia de un ritual funerario. En cambio, preservan todas las vértebras y las costillas, así como otras regiones anatómicas frágiles como la pelvis o el hueso hioides (situado en el cuello, donde se insertan algunos de los músculos de la lengua).
Tras su meticulosa reconstrucción, para la que escanearon cada una de las vértebras y todos los fragmentos de costillas, los investigadores pudieron confirmar las llamativas diferencias entre el tórax neandertal y el de un humano moderno. “Es más ancho en la parte inferior, lo que está relacionado con una pelvis también más ancha, y la posición de la columna vertebral, muy metida dentro del tórax, indica que es más estable”, explica Gómez- Olivencia a ABC. Es decir, aunque la diferencia no era muy grande, caminaban más rectos que nosotros. Algunos investigadores creen que daban pasos más cortos y que la manera en la que se movían pudo suponer una ventaja en los terrenos abruptos.
Periódico ABC – España
La palabra “cuello” por su significado, es un heterosemántico. Apunta la opción que trae otra palabra con la misma clasificación.
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Los neandertales respiraban de modo diferente
Judith de Jorge
El Homo sapiens, la especie a la que pertenecemos, coexistió durante miles de años en Europa y Asia con otra también inteligente y sofisticada. Eran los neandertales, de cuyo genoma todos, excepto los africanos, llevamos una pequeña parte como herencia. Estos parientes, que desaparecieron hace unos 40.000 años por causas aún desconocidas, son los más cercanos que jamás hayamos tenido. Muy parecidos sí, pero también distintos. Su aspecto morfológico variaba del de cualquiera de nosotros y, probablemente, si uno de ellos apareciera sentado en un vagón del metro no pasaría desapercibido para el resto de los viajeros. Eran robustos, fuertes, achaparrados... Su frente estaba inclinada hacia atrás y tenían grandes arcos supraorbitarios y una nariz exageradamente grande y ancha.
Ahora, un equipo de investigadores liderado por Asier Gómez-Olivencia, investigador Ikerbasque en la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) y Ella Been, del Ono Academic College de Tel Aviv, ha descubierto importantes diferencias anatómicas que distinguían a los neandertales. Gracias a la detallada reconstrucción virtual de la caja torácica más completa de uno de los suyos desenterrada hasta la fecha, los científicos han concluido que respiraban de forma diferente a la nuestra, con mayor intervención del diafragma, y que su capacidad pulmonar era superior.
Además, el estudio echa por tierra el mito del neandertal cheposo y encorvado: su columna vertebral era más recta y estable, por lo que caminaban más erguidos que nosotros. Las conclusiones, fruto de un trabajo de más de diez años, aparecen
publicadas este martes en la prestigiosa revista “Nature Communications”.
Para crear su modelo de tórax 3D, los investigadores analizaron el esqueleto de un joven individuo llamado Kebara 2, descubierto en Monte Carmelo (Israel) y guardado actualmente en la Universidad de Tel Aviv. También conocido como Moisés, murió hace aproximadamente 60.000 años. Los restos no conservan el cráneo, que quizás fue retirado como consecuencia de un ritual funerario. En cambio, preservan todas las vértebras y las costillas, así como otras regiones anatómicas frágiles como la pelvis o el hueso hioides (situado en el cuello, donde se insertan algunos de los músculos de la lengua).
Tras su meticulosa reconstrucción, para la que escanearon cada una de las vértebras y todos los fragmentos de costillas, los investigadores pudieron confirmar las llamativas diferencias entre el tórax neandertal y el de un humano moderno. “Es más ancho en la parte inferior, lo que está relacionado con una pelvis también más ancha, y la posición de la columna vertebral, muy metida dentro del tórax, indica que es más estable”, explica Gómez- Olivencia a ABC. Es decir, aunque la diferencia no era muy grande, caminaban más rectos que nosotros. Algunos investigadores creen que daban pasos más cortos y que la manera en la que se movían pudo suponer una ventaja en los terrenos abruptos.
Periódico ABC – España
Según el texto, el esqueleto hallado en Israel
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Los neandertales respiraban de modo diferente
Judith de Jorge
El Homo sapiens, la especie a la que pertenecemos, coexistió durante miles de años en Europa y Asia con otra también inteligente y sofisticada. Eran los neandertales, de cuyo genoma todos, excepto los africanos, llevamos una pequeña parte como herencia. Estos parientes, que desaparecieron hace unos 40.000 años por causas aún desconocidas, son los más cercanos que jamás hayamos tenido. Muy parecidos sí, pero también distintos. Su aspecto morfológico variaba del de cualquiera de nosotros y, probablemente, si uno de ellos apareciera sentado en un vagón del metro no pasaría desapercibido para el resto de los viajeros. Eran robustos, fuertes, achaparrados... Su frente estaba inclinada hacia atrás y tenían grandes arcos supraorbitarios y una nariz exageradamente grande y ancha.
Ahora, un equipo de investigadores liderado por Asier Gómez-Olivencia, investigador Ikerbasque en la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) y Ella Been, del Ono Academic College de Tel Aviv, ha descubierto importantes diferencias anatómicas que distinguían a los neandertales. Gracias a la detallada reconstrucción virtual de la caja torácica más completa de uno de los suyos desenterrada hasta la fecha, los científicos han concluido que respiraban de forma diferente a la nuestra, con mayor intervención del diafragma, y que su capacidad pulmonar era superior.
Además, el estudio echa por tierra el mito del neandertal cheposo y encorvado: su columna vertebral era más recta y estable, por lo que caminaban más erguidos que nosotros. Las conclusiones, fruto de un trabajo de más de diez años, aparecen
publicadas este martes en la prestigiosa revista “Nature Communications”.
Para crear su modelo de tórax 3D, los investigadores analizaron el esqueleto de un joven individuo llamado Kebara 2, descubierto en Monte Carmelo (Israel) y guardado actualmente en la Universidad de Tel Aviv. También conocido como Moisés, murió hace aproximadamente 60.000 años. Los restos no conservan el cráneo, que quizás fue retirado como consecuencia de un ritual funerario. En cambio, preservan todas las vértebras y las costillas, así como otras regiones anatómicas frágiles como la pelvis o el hueso hioides (situado en el cuello, donde se insertan algunos de los músculos de la lengua).
Tras su meticulosa reconstrucción, para la que escanearon cada una de las vértebras y todos los fragmentos de costillas, los investigadores pudieron confirmar las llamativas diferencias entre el tórax neandertal y el de un humano moderno. “Es más ancho en la parte inferior, lo que está relacionado con una pelvis también más ancha, y la posición de la columna vertebral, muy metida dentro del tórax, indica que es más estable”, explica Gómez- Olivencia a ABC. Es decir, aunque la diferencia no era muy grande, caminaban más rectos que nosotros. Algunos investigadores creen que daban pasos más cortos y que la manera en la que se movían pudo suponer una ventaja en los terrenos abruptos.
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La palabra “martes” está empleada como un día de la semana, que en portugués corresponde a
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Los neandertales respiraban de modo diferente
Judith de Jorge
El Homo sapiens, la especie a la que pertenecemos, coexistió durante miles de años en Europa y Asia con otra también inteligente y sofisticada. Eran los neandertales, de cuyo genoma todos, excepto los africanos, llevamos una pequeña parte como herencia. Estos parientes, que desaparecieron hace unos 40.000 años por causas aún desconocidas, son los más cercanos que jamás hayamos tenido. Muy parecidos sí, pero también distintos. Su aspecto morfológico variaba del de cualquiera de nosotros y, probablemente, si uno de ellos apareciera sentado en un vagón del metro no pasaría desapercibido para el resto de los viajeros. Eran robustos, fuertes, achaparrados... Su frente estaba inclinada hacia atrás y tenían grandes arcos supraorbitarios y una nariz exageradamente grande y ancha.
Ahora, un equipo de investigadores liderado por Asier Gómez-Olivencia, investigador Ikerbasque en la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) y Ella Been, del Ono Academic College de Tel Aviv, ha descubierto importantes diferencias anatómicas que distinguían a los neandertales. Gracias a la detallada reconstrucción virtual de la caja torácica más completa de uno de los suyos desenterrada hasta la fecha, los científicos han concluido que respiraban de forma diferente a la nuestra, con mayor intervención del diafragma, y que su capacidad pulmonar era superior.
Además, el estudio echa por tierra el mito del neandertal cheposo y encorvado: su columna vertebral era más recta y estable, por lo que caminaban más erguidos que nosotros. Las conclusiones, fruto de un trabajo de más de diez años, aparecen
publicadas este martes en la prestigiosa revista “Nature Communications”.
Para crear su modelo de tórax 3D, los investigadores analizaron el esqueleto de un joven individuo llamado Kebara 2, descubierto en Monte Carmelo (Israel) y guardado actualmente en la Universidad de Tel Aviv. También conocido como Moisés, murió hace aproximadamente 60.000 años. Los restos no conservan el cráneo, que quizás fue retirado como consecuencia de un ritual funerario. En cambio, preservan todas las vértebras y las costillas, así como otras regiones anatómicas frágiles como la pelvis o el hueso hioides (situado en el cuello, donde se insertan algunos de los músculos de la lengua).
Tras su meticulosa reconstrucción, para la que escanearon cada una de las vértebras y todos los fragmentos de costillas, los investigadores pudieron confirmar las llamativas diferencias entre el tórax neandertal y el de un humano moderno. “Es más ancho en la parte inferior, lo que está relacionado con una pelvis también más ancha, y la posición de la columna vertebral, muy metida dentro del tórax, indica que es más estable”, explica Gómez- Olivencia a ABC. Es decir, aunque la diferencia no era muy grande, caminaban más rectos que nosotros. Algunos investigadores creen que daban pasos más cortos y que la manera en la que se movían pudo suponer una ventaja en los terrenos abruptos.
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Los recientes estudios sobre los neandertales comprueban que esos ancestrales
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Los neandertales respiraban de modo diferente
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El Homo sapiens, la especie a la que pertenecemos, coexistió durante miles de años en Europa y Asia con otra también inteligente y sofisticada. Eran los neandertales, de cuyo genoma todos, excepto los africanos, llevamos una pequeña parte como herencia. Estos parientes, que desaparecieron hace unos 40.000 años por causas aún desconocidas, son los más cercanos que jamás hayamos tenido. Muy parecidos sí, pero también distintos. Su aspecto morfológico variaba del de cualquiera de nosotros y, probablemente, si uno de ellos apareciera sentado en un vagón del metro no pasaría desapercibido para el resto de los viajeros. Eran robustos, fuertes, achaparrados... Su frente estaba inclinada hacia atrás y tenían grandes arcos supraorbitarios y una nariz exageradamente grande y ancha.
Ahora, un equipo de investigadores liderado por Asier Gómez-Olivencia, investigador Ikerbasque en la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) y Ella Been, del Ono Academic College de Tel Aviv, ha descubierto importantes diferencias anatómicas que distinguían a los neandertales. Gracias a la detallada reconstrucción virtual de la caja torácica más completa de uno de los suyos desenterrada hasta la fecha, los científicos han concluido que respiraban de forma diferente a la nuestra, con mayor intervención del diafragma, y que su capacidad pulmonar era superior.
Además, el estudio echa por tierra el mito del neandertal cheposo y encorvado: su columna vertebral era más recta y estable, por lo que caminaban más erguidos que nosotros. Las conclusiones, fruto de un trabajo de más de diez años, aparecen
publicadas este martes en la prestigiosa revista “Nature Communications”.
Para crear su modelo de tórax 3D, los investigadores analizaron el esqueleto de un joven individuo llamado Kebara 2, descubierto en Monte Carmelo (Israel) y guardado actualmente en la Universidad de Tel Aviv. También conocido como Moisés, murió hace aproximadamente 60.000 años. Los restos no conservan el cráneo, que quizás fue retirado como consecuencia de un ritual funerario. En cambio, preservan todas las vértebras y las costillas, así como otras regiones anatómicas frágiles como la pelvis o el hueso hioides (situado en el cuello, donde se insertan algunos de los músculos de la lengua).
Tras su meticulosa reconstrucción, para la que escanearon cada una de las vértebras y todos los fragmentos de costillas, los investigadores pudieron confirmar las llamativas diferencias entre el tórax neandertal y el de un humano moderno. “Es más ancho en la parte inferior, lo que está relacionado con una pelvis también más ancha, y la posición de la columna vertebral, muy metida dentro del tórax, indica que es más estable”, explica Gómez- Olivencia a ABC. Es decir, aunque la diferencia no era muy grande, caminaban más rectos que nosotros. Algunos investigadores creen que daban pasos más cortos y que la manera en la que se movían pudo suponer una ventaja en los terrenos abruptos.
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La expresión “echa por tierra” debe ser entendida como
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Los neandertales respiraban de modo diferente
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El Homo sapiens, la especie a la que pertenecemos, coexistió durante miles de años en Europa y Asia con otra también inteligente y sofisticada. Eran los neandertales, de cuyo genoma todos, excepto los africanos, llevamos una pequeña parte como herencia. Estos parientes, que desaparecieron hace unos 40.000 años por causas aún desconocidas, son los más cercanos que jamás hayamos tenido. Muy parecidos sí, pero también distintos. Su aspecto morfológico variaba del de cualquiera de nosotros y, probablemente, si uno de ellos apareciera sentado en un vagón del metro no pasaría desapercibido para el resto de los viajeros. Eran robustos, fuertes, achaparrados... Su frente estaba inclinada hacia atrás y tenían grandes arcos supraorbitarios y una nariz exageradamente grande y ancha.
Ahora, un equipo de investigadores liderado por Asier Gómez-Olivencia, investigador Ikerbasque en la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) y Ella Been, del Ono Academic College de Tel Aviv, ha descubierto importantes diferencias anatómicas que distinguían a los neandertales. Gracias a la detallada reconstrucción virtual de la caja torácica más completa de uno de los suyos desenterrada hasta la fecha, los científicos han concluido que respiraban de forma diferente a la nuestra, con mayor intervención del diafragma, y que su capacidad pulmonar era superior.
Además, el estudio echa por tierra el mito del neandertal cheposo y encorvado: su columna vertebral era más recta y estable, por lo que caminaban más erguidos que nosotros. Las conclusiones, fruto de un trabajo de más de diez años, aparecen
publicadas este martes en la prestigiosa revista “Nature Communications”.
Para crear su modelo de tórax 3D, los investigadores analizaron el esqueleto de un joven individuo llamado Kebara 2, descubierto en Monte Carmelo (Israel) y guardado actualmente en la Universidad de Tel Aviv. También conocido como Moisés, murió hace aproximadamente 60.000 años. Los restos no conservan el cráneo, que quizás fue retirado como consecuencia de un ritual funerario. En cambio, preservan todas las vértebras y las costillas, así como otras regiones anatómicas frágiles como la pelvis o el hueso hioides (situado en el cuello, donde se insertan algunos de los músculos de la lengua).
Tras su meticulosa reconstrucción, para la que escanearon cada una de las vértebras y todos los fragmentos de costillas, los investigadores pudieron confirmar las llamativas diferencias entre el tórax neandertal y el de un humano moderno. “Es más ancho en la parte inferior, lo que está relacionado con una pelvis también más ancha, y la posición de la columna vertebral, muy metida dentro del tórax, indica que es más estable”, explica Gómez- Olivencia a ABC. Es decir, aunque la diferencia no era muy grande, caminaban más rectos que nosotros. Algunos investigadores creen que daban pasos más cortos y que la manera en la que se movían pudo suponer una ventaja en los terrenos abruptos.
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En las últimas líneas del primer párrafo, podemos entender que los neandertales
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Los neandertales respiraban de modo diferente
Judith de Jorge
El Homo sapiens, la especie a la que pertenecemos, coexistió durante miles de años en Europa y Asia con otra también inteligente y sofisticada. Eran los neandertales, de cuyo genoma todos, excepto los africanos, llevamos una pequeña parte como herencia. Estos parientes, que desaparecieron hace unos 40.000 años por causas aún desconocidas, son los más cercanos que jamás hayamos tenido. Muy parecidos sí, pero también distintos. Su aspecto morfológico variaba del de cualquiera de nosotros y, probablemente, si uno de ellos apareciera sentado en un vagón del metro no pasaría desapercibido para el resto de los viajeros. Eran robustos, fuertes, achaparrados... Su frente estaba inclinada hacia atrás y tenían grandes arcos supraorbitarios y una nariz exageradamente grande y ancha.
Ahora, un equipo de investigadores liderado por Asier Gómez-Olivencia, investigador Ikerbasque en la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) y Ella Been, del Ono Academic College de Tel Aviv, ha descubierto importantes diferencias anatómicas que distinguían a los neandertales. Gracias a la detallada reconstrucción virtual de la caja torácica más completa de uno de los suyos desenterrada hasta la fecha, los científicos han concluido que respiraban de forma diferente a la nuestra, con mayor intervención del diafragma, y que su capacidad pulmonar era superior.
Además, el estudio echa por tierra el mito del neandertal cheposo y encorvado: su columna vertebral era más recta y estable, por lo que caminaban más erguidos que nosotros. Las conclusiones, fruto de un trabajo de más de diez años, aparecen
publicadas este martes en la prestigiosa revista “Nature Communications”.
Para crear su modelo de tórax 3D, los investigadores analizaron el esqueleto de un joven individuo llamado Kebara 2, descubierto en Monte Carmelo (Israel) y guardado actualmente en la Universidad de Tel Aviv. También conocido como Moisés, murió hace aproximadamente 60.000 años. Los restos no conservan el cráneo, que quizás fue retirado como consecuencia de un ritual funerario. En cambio, preservan todas las vértebras y las costillas, así como otras regiones anatómicas frágiles como la pelvis o el hueso hioides (situado en el cuello, donde se insertan algunos de los músculos de la lengua).
Tras su meticulosa reconstrucción, para la que escanearon cada una de las vértebras y todos los fragmentos de costillas, los investigadores pudieron confirmar las llamativas diferencias entre el tórax neandertal y el de un humano moderno. “Es más ancho en la parte inferior, lo que está relacionado con una pelvis también más ancha, y la posición de la columna vertebral, muy metida dentro del tórax, indica que es más estable”, explica Gómez- Olivencia a ABC. Es decir, aunque la diferencia no era muy grande, caminaban más rectos que nosotros. Algunos investigadores creen que daban pasos más cortos y que la manera en la que se movían pudo suponer una ventaja en los terrenos abruptos.
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El texto dice también que los neandertales
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Los neandertales respiraban de modo diferente
Judith de Jorge
El Homo sapiens, la especie a la que pertenecemos, coexistió durante miles de años en Europa y Asia con otra también inteligente y sofisticada. Eran los neandertales, de cuyo genoma todos, excepto los africanos, llevamos una pequeña parte como herencia. Estos parientes, que desaparecieron hace unos 40.000 años por causas aún desconocidas, son los más cercanos que jamás hayamos tenido. Muy parecidos sí, pero también distintos. Su aspecto morfológico variaba del de cualquiera de nosotros y, probablemente, si uno de ellos apareciera sentado en un vagón del metro no pasaría desapercibido para el resto de los viajeros. Eran robustos, fuertes, achaparrados... Su frente estaba inclinada hacia atrás y tenían grandes arcos supraorbitarios y una nariz exageradamente grande y ancha.
Ahora, un equipo de investigadores liderado por Asier Gómez-Olivencia, investigador Ikerbasque en la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) y Ella Been, del Ono Academic College de Tel Aviv, ha descubierto importantes diferencias anatómicas que distinguían a los neandertales. Gracias a la detallada reconstrucción virtual de la caja torácica más completa de uno de los suyos desenterrada hasta la fecha, los científicos han concluido que respiraban de forma diferente a la nuestra, con mayor intervención del diafragma, y que su capacidad pulmonar era superior.
Además, el estudio echa por tierra el mito del neandertal cheposo y encorvado: su columna vertebral era más recta y estable, por lo que caminaban más erguidos que nosotros. Las conclusiones, fruto de un trabajo de más de diez años, aparecen
publicadas este martes en la prestigiosa revista “Nature Communications”.
Para crear su modelo de tórax 3D, los investigadores analizaron el esqueleto de un joven individuo llamado Kebara 2, descubierto en Monte Carmelo (Israel) y guardado actualmente en la Universidad de Tel Aviv. También conocido como Moisés, murió hace aproximadamente 60.000 años. Los restos no conservan el cráneo, que quizás fue retirado como consecuencia de un ritual funerario. En cambio, preservan todas las vértebras y las costillas, así como otras regiones anatómicas frágiles como la pelvis o el hueso hioides (situado en el cuello, donde se insertan algunos de los músculos de la lengua).
Tras su meticulosa reconstrucción, para la que escanearon cada una de las vértebras y todos los fragmentos de costillas, los investigadores pudieron confirmar las llamativas diferencias entre el tórax neandertal y el de un humano moderno. “Es más ancho en la parte inferior, lo que está relacionado con una pelvis también más ancha, y la posición de la columna vertebral, muy metida dentro del tórax, indica que es más estable”, explica Gómez- Olivencia a ABC. Es decir, aunque la diferencia no era muy grande, caminaban más rectos que nosotros. Algunos investigadores creen que daban pasos más cortos y que la manera en la que se movían pudo suponer una ventaja en los terrenos abruptos.
Periódico ABC – España
De acuerdo con las primeras líneas del texto,
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