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2789205 Ano: 2023
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: OBJETIVA
Orgão: Pref. Lavras Sul-RS
Provas:
    Señalar la alternativa que presenta ejemplos de heterotónicos:
     

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    2789204 Ano: 2023
    Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
    Banca: OBJETIVA
    Orgão: Pref. Lavras Sul-RS
    Provas:
      Con respecto a la regla de los hiatos, los diptongos y los triptongos, enumerar la 2ª columna de acuerdo a la 1ª y, después, señalar la alternativa que presenta la secuencia CORRECTA:
      (1) Hiatos. (2) Diptongos. (3) Triptongos.
      (_) Después | Rey | Reunión. (_) Búho | Caída | Héroe. (_) Paraguay | Buey | Opioide. (_) Cuídalo | Androide | Peine.
       

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      2789203 Ano: 2023
      Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
      Banca: OBJETIVA
      Orgão: Pref. Lavras Sul-RS
      Provas:
        ¿A qué se llama deudas de sueño?
        Se denomina así la diferencia entre las horas que pasamos durmiendo y las que deberíamos dormir para estar en forma. Según el psiquiatra fundador de la Clínica del Sueño de la Universidad de Stanford, los minutos que día a día arrancamos al descanso para aprovechar más las jornadas acaban acumulándose, lo que afecta a la visión y a la memoria. A largo plazo, también facilita el desarrollo de obesidad y males cardiacos. Aunque los expertos recomiendan que se duerma ocho horas diarias, algunas personas requieren diez y otras sólo seis. Eso sí, si le concedemos al organismo más horas de sueño durante un tiempo, este se reajustará naturalmente para dormir las necesarias.
        Según la Sleep Foundation, nos sentimos cansados en dos momentos diferentes del día: alrededor de las 2:00 a.m. y las 2:00 p.m. Esta inmersión natural en el estado de alerta es la principal responsable de la inmersión posterior al almuerzo o comida.
        Hay que tener cuidado con la privación de sueño, pues la somnolencia provoca accidentes. La falta de sueño es un gran peligro para la seguridad pública todos los días en la carretera. La somnolencia puede retrasar el tiempo de reacción tanto como conducir ebrio. El sueño es tan importante como la dieta y el ejercicio.
        Según las clasificaciones internacionales de trastornos del sueño, los trabajadores por turnos tienen un mayor riesgo de contraer una variedad de enfermedades crónicas, como enfermedades cardiovasculares y gastrointestinales. El 82% de los profesionales de la salud creen que es responsabilidad tanto del paciente como del profesional de la salud mencionar los síntomas del insomnio durante una cita médica.
        (Fuente: Muy interesante — adaptado.)
        En “[...] si le concedemos al organismo más horas de sueño [...]”, la palabra subrayada lleva tilde por la regla:
         

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        2786024 Ano: 2023
        Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
        Banca: FUNDATEC
        Orgão: IFC

        Instrucciones: Las cuestiones de números 31 a 60 se refieren al texto abajo.

        Las cartas de amor

        Por Eduardo Galeano

        1. Ellos se conocieron por casualidad, que es como se suelen encontrar los grandes amores,
        2. casi siempre por casualidad, por una llamada equivocada, por un encuentro fortuito. A ellos lo
        3. que les pasó fue que él había quedado en aquel café con una persona que no vino, y claro, la vio
        4. a ella sentada en la mesa del café, radiante, así que, harto de esperar no se cortó un pelo y dijo:
        5. —“ya que he venido hasta aquí, no puedo desaprovechar esta ocasión”.
        6. Se acercó a la mesa y dijo:
        7. —“¿Me permite?”
        8. —“Por supuesto”.
        9. Esto solo suele pasar en las historias que te cuentan otros, nunca en la vida real, por lo general
        10. cuando dices:
        11. —“Me permites”, dicen
        12. —“De qué”
        13. A lo mejor ella estaba esperando a alguien que tampoco vino, quién sabe, yo qué sé, habrá
        14. que inventar otra historia en la que ella le dice “De qué”, en este caso ella lo invitó a él para que
        15. se sentase, y él se sentó. Y claro, no había de qué hablar,
        16. —“¿y qué lees?”
        17. Lo malo fue que él no había leído nada del escritor que ella estaba leyendo, mal empezamos,
        18. mal, muy mal, por ahí no.
        19. —“Pues bonito día”
        20. Pero enseguida empezaron a profundizar, porque ella dijo
        21. —“Sí, la verdad es que hace un bonito día”.
        22. Y aunque no lo hiciera. Pero poco a poco él fue venciendo esa timidez que le caracteriza y
        23. fueron profundizando. Al principio él para llamar su atención contó una que otra mentira, que
        24. era escritor, luego reconoció que nunca le habían publicado nada, pero eso vino más tarde,
        25. cuando ya se conocían más, cuando pasaron del café a la habana con coca cola. Por entonces ya
        26. estaban descubriendo que tenían más afinidades de las que pensaban al principio, y compartían
        27. gustos cinematográficos, y por eso él le dijo
        28. —“Oye, y si vamos a ver esta, ¿has visto La vida es bella?” y ella
        29. —“No”,
        30. —“Oye quedamos el fin de semana”,
        31. —“Vale”.
        32. Y aquel fin de semana pues, yo no sé muy bien si para sorprenderla o no, pero el caso es que
        33. él rompía a llorar en cada escena en la que aparecía el chaval pequeño, esto a ella le enterneció,
        34. yo quiero pensar que era de verdad. Resulta que coincidían en más gustos, y también en lo
        35. musical, y le dijo:
        36. —“Oye, este fin de semana toca Ismael Serrano”,
        37. —“Ismael qué?”,
        38. —“Pero a ti te gustan los cantautores?”,
        39. —“Los de verdad me gustan”.
        40. Pero él le convenció a ella y fueron. Cuando él empezó a cantar aquella de Vértigo, pues se
        41. atrevió a cogerle la mano. Y poco a poco se fueron inevitablemente enamorando, pero no por
        42. esto de Ismael Serrano, ni por el Vértigo, quizá más por aquello de llorar con La vida es bella.
        43. Una mañana él se levanta y al abrir los ojos se da cuenta de que está perdidamente enamorado
        44. de ella, y quedaron entonces en aquel café en el que se conocieron por casualidad. Los momentos
        45. importantes suelen coincidir casi siempre en los mismos sitios, no estoy muy seguro de lo que
        46. acabo de decir, pero es una buena frase. Pero fue en aquel café en donde ella le dijo:
        47. —“Sabes, creo que me tengo que ir durante algún tiempo”,
        48. —“Yo te iba a decir casi lo contrario, que te quedaras conmigo para toda la vida”, y ella dijo
        49. —“No te preocupes porque yo estaré esperando el día que vuelva para retomar contigo este
        50. camino que emprendimos, además, cada quince días puntualmente te mandaré una carta en la
        51. que te contaré todo lo que he hecho, todo lo que siento, todo lo mucho que te echo de menos,
        52. y todo lo poco que nos falta para vernos”,
        53. Él dijo que bueno, que vale.
        54. —“Pero que si no te vas casi mejor”.
        55. Pero se fue. Fue entonces cuando descubrió que aquello no tenía remedio y que estaba
        56. perdidamente enamorado, que no había ningún elixir que hiciera que la olvidase, que no era
        57. cierto aquella de que un clavo saca otro clavo, que a veces es cierto que los amores a primera
        58. vista existen, bueno, ¿es que acaso hay otros?.
        59. A los quince días puntualmente llegó la carta de ella toda llena de besos y de caricias, de te
        60. echo de menos, él lloró, y esta vez era de verdad. Y guardaba las cartas con mucho cariño encima
        61. de la mesilla. Pasaron quince días, y otros quince, y otros quince, y otros quince, y las cartas se
        62. iban acumulando. Y su vida consistía en esperar a que llegara el decimoquinto día, abrir el buzón
        63. y encontrar la carta de amor en la que ella prometía volver, esperar esa carta en la que ella le
        64. diría que volvía pronto. Y pasaron años, muchos años, y ya las cartas casi no cabían en la casa,
        65. se compró una gran caja fuerte para guardar todas las cartas, porque eran su gran tesoro, porque
        66. vivía para leer las cartas que ella le había escrito, porque ella era lo que más quería, y así pasaron
        67. creo que diez años, quince, no me acuerdo.
        68. Y un día ella, sin saber cómo ni por qué, dejó de escribir, y al quince día él se encontró el
        69. buzón vacío, y el alma partida en dos. Ahora solo podía vivir del recuerdo, leyendo las cartas que
        70. ella le había escrito con tanto cariño, aquellas cartas eran su mayor tesoro. Un día él salió de
        71. casa, porque tenía que salir, y unos ladrones entraron en su casa. Al ver allí la gran caja fuerte
        72. no se lo pensaron dos veces, porque pensaron que debían esconder algún gran tesoro, grandes
        73. riquezas, realmente no era. Y se llevaron la gran caja fuerte.
        74. Imagínate la desolación de nuestro protagonista cuando llega a su casa y se da cuenta de que
        75. le han robado lo que él más quería, lo que le hacía sentirse vivo algunas tardes de domingo
        76. cuando no sonaba el jodido teléfono, cuando releía aquellas cartas y aquellas promesas quién
        77. sabe si falsas.
        78. Suele pasar que los ladrones son buenas personas, y este era el caso. Pero imagínate la cara
        79. de los ladrones cuando abren la caja fuerte y se encuentran montones de cartas de amor,
        80. declaraciones imposibles. El jefe de los ladrones se enfadó un poquito, pues la caja pesaba, y
        81. llevarla a la guarida no era moco de pavo.
        82. Nuestro hombre vagaba casi moribundo por las calles de su ciudad, con la esperanza de
        83. encontrar alguna carta, a alguien que le hablara de una gran caja fuerte llena de cartas, perdido
        84. sin saber ya qué hacer. El jefe ladrón lo que dijo es que aquellas cartas lo que había que hacer
        85. era quemarlas o tirarlas al río, lo que fuera, pero que desaparecieran de inmediato. Pero el más
        86. joven de los ladrones era más bueno, y se le ocurrió una gran idea.
        87. Un día nuestro hombre llegó a casa después de estar buscando toda una tarde, y al abrir el
        88. buzón ¿Adivina lo que se encontró?... Una carta. Los ladrones habían decidido mandarle las
        89. cartas tal y como ella se las había mandado, puntualmente cada quince días, por riguroso orden.
        90. Ahora él resucitaba con la esperanza de revivir aquellos momentos en los que quizá un día leería
        91. la carta en la que ella diría:
        92. —“Pronto estaré allí”.

        (Disponible en: www.poeticous.com/eduardo-galeano/las-cartas-de-amor-1?locale=es – texto adaptado especialmente para ese examen).

        En la locución “Lo malo” (l. 17) se emplea el artículo de la misma forma que en la frase:

         

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        2786023 Ano: 2023
        Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
        Banca: FUNDATEC
        Orgão: IFC

        Instrucciones: Las cuestiones de números 31 a 60 se refieren al texto abajo.

        Las cartas de amor

        Por Eduardo Galeano

        1. Ellos se conocieron por casualidad, que es como se suelen encontrar los grandes amores,
        2. casi siempre por casualidad, por una llamada equivocada, por un encuentro fortuito. A ellos lo
        3. que les pasó fue que él había quedado en aquel café con una persona que no vino, y claro, la vio
        4. a ella sentada en la mesa del café, radiante, así que, harto de esperar no se cortó un pelo y dijo:
        5. —“ya que he venido hasta aquí, no puedo desaprovechar esta ocasión”.
        6. Se acercó a la mesa y dijo:
        7. —“¿Me permite?”
        8. —“Por supuesto”.
        9. Esto solo suele pasar en las historias que te cuentan otros, nunca en la vida real, por lo general
        10. cuando dices:
        11. —“Me permites”, dicen
        12. —“De qué”
        13. A lo mejor ella estaba esperando a alguien que tampoco vino, quién sabe, yo qué sé, habrá
        14. que inventar otra historia en la que ella le dice “De qué”, en este caso ella lo invitó a él para que
        15. se sentase, y él se sentó. Y claro, no había de qué hablar,
        16. —“¿y qué lees?”
        17. Lo malo fue que él no había leído nada del escritor que ella estaba leyendo, mal empezamos,
        18. mal, muy mal, por ahí no.
        19. —“Pues bonito día”
        20. Pero enseguida empezaron a profundizar, porque ella dijo
        21. —“Sí, la verdad es que hace un bonito día”.
        22. Y aunque no lo hiciera. Pero poco a poco él fue venciendo esa timidez que le caracteriza y
        23. fueron profundizando. Al principio él para llamar su atención contó una que otra mentira, que
        24. era escritor, luego reconoció que nunca le habían publicado nada, pero eso vino más tarde,
        25. cuando ya se conocían más, cuando pasaron del café a la habana con coca cola. Por entonces ya
        26. estaban descubriendo que tenían más afinidades de las que pensaban al principio, y compartían
        27. gustos cinematográficos, y por eso él le dijo
        28. —“Oye, y si vamos a ver esta, ¿has visto La vida es bella?” y ella
        29. —“No”,
        30. —“Oye quedamos el fin de semana”,
        31. —“Vale”.
        32. Y aquel fin de semana pues, yo no sé muy bien si para sorprenderla o no, pero el caso es que
        33. él rompía a llorar en cada escena en la que aparecía el chaval pequeño, esto a ella le enterneció,
        34. yo quiero pensar que era de verdad. Resulta que coincidían en más gustos, y también en lo
        35. musical, y le dijo:
        36. —“Oye, este fin de semana toca Ismael Serrano”,
        37. —“Ismael qué?”,
        38. —“Pero a ti te gustan los cantautores?”,
        39. —“Los de verdad me gustan”.
        40. Pero él le convenció a ella y fueron. Cuando él empezó a cantar aquella de Vértigo, pues se
        41. atrevió a cogerle la mano. Y poco a poco se fueron inevitablemente enamorando, pero no por
        42. esto de Ismael Serrano, ni por el Vértigo, quizá más por aquello de llorar con La vida es bella.
        43. Una mañana él se levanta y al abrir los ojos se da cuenta de que está perdidamente enamorado
        44. de ella, y quedaron entonces en aquel café en el que se conocieron por casualidad. Los momentos
        45. importantes suelen coincidir casi siempre en los mismos sitios, no estoy muy seguro de lo que
        46. acabo de decir, pero es una buena frase. Pero fue en aquel café en donde ella le dijo:
        47. —“Sabes, creo que me tengo que ir durante algún tiempo”,
        48. —“Yo te iba a decir casi lo contrario, que te quedaras conmigo para toda la vida”, y ella dijo
        49. —“No te preocupes porque yo estaré esperando el día que vuelva para retomar contigo este
        50. camino que emprendimos, además, cada quince días puntualmente te mandaré una carta en la
        51. que te contaré todo lo que he hecho, todo lo que siento, todo lo mucho que te echo de menos,
        52. y todo lo poco que nos falta para vernos”,
        53. Él dijo que bueno, que vale.
        54. —“Pero que si no te vas casi mejor”.
        55. Pero se fue. Fue entonces cuando descubrió que aquello no tenía remedio y que estaba
        56. perdidamente enamorado, que no había ningún elixir que hiciera que la olvidase, que no era
        57. cierto aquella de que un clavo saca otro clavo, que a veces es cierto que los amores a primera
        58. vista existen, bueno, ¿es que acaso hay otros?.
        59. A los quince días puntualmente llegó la carta de ella toda llena de besos y de caricias, de te
        60. echo de menos, él lloró, y esta vez era de verdad. Y guardaba las cartas con mucho cariño encima
        61. de la mesilla. Pasaron quince días, y otros quince, y otros quince, y otros quince, y las cartas se
        62. iban acumulando. Y su vida consistía en esperar a que llegara el decimoquinto día, abrir el buzón
        63. y encontrar la carta de amor en la que ella prometía volver, esperar esa carta en la que ella le
        64. diría que volvía pronto. Y pasaron años, muchos años, y ya las cartas casi no cabían en la casa,
        65. se compró una gran caja fuerte para guardar todas las cartas, porque eran su gran tesoro, porque
        66. vivía para leer las cartas que ella le había escrito, porque ella era lo que más quería, y así pasaron
        67. creo que diez años, quince, no me acuerdo.
        68. Y un día ella, sin saber cómo ni por qué, dejó de escribir, y al quince día él se encontró el
        69. buzón vacío, y el alma partida en dos. Ahora solo podía vivir del recuerdo, leyendo las cartas que
        70. ella le había escrito con tanto cariño, aquellas cartas eran su mayor tesoro. Un día él salió de
        71. casa, porque tenía que salir, y unos ladrones entraron en su casa. Al ver allí la gran caja fuerte
        72. no se lo pensaron dos veces, porque pensaron que debían esconder algún gran tesoro, grandes
        73. riquezas, realmente no era. Y se llevaron la gran caja fuerte.
        74. Imagínate la desolación de nuestro protagonista cuando llega a su casa y se da cuenta de que
        75. le han robado lo que él más quería, lo que le hacía sentirse vivo algunas tardes de domingo
        76. cuando no sonaba el jodido teléfono, cuando releía aquellas cartas y aquellas promesas quién
        77. sabe si falsas.
        78. Suele pasar que los ladrones son buenas personas, y este era el caso. Pero imagínate la cara
        79. de los ladrones cuando abren la caja fuerte y se encuentran montones de cartas de amor,
        80. declaraciones imposibles. El jefe de los ladrones se enfadó un poquito, pues la caja pesaba, y
        81. llevarla a la guarida no era moco de pavo.
        82. Nuestro hombre vagaba casi moribundo por las calles de su ciudad, con la esperanza de
        83. encontrar alguna carta, a alguien que le hablara de una gran caja fuerte llena de cartas, perdido
        84. sin saber ya qué hacer. El jefe ladrón lo que dijo es que aquellas cartas lo que había que hacer
        85. era quemarlas o tirarlas al río, lo que fuera, pero que desaparecieran de inmediato. Pero el más
        86. joven de los ladrones era más bueno, y se le ocurrió una gran idea.
        87. Un día nuestro hombre llegó a casa después de estar buscando toda una tarde, y al abrir el
        88. buzón ¿Adivina lo que se encontró?... Una carta. Los ladrones habían decidido mandarle las
        89. cartas tal y como ella se las había mandado, puntualmente cada quince días, por riguroso orden.
        90. Ahora él resucitaba con la esperanza de revivir aquellos momentos en los que quizá un día leería
        91. la carta en la que ella diría:
        92. —“Pronto estaré allí”.

        (Disponible en: www.poeticous.com/eduardo-galeano/las-cartas-de-amor-1?locale=es – texto adaptado especialmente para ese examen).

        La frase que presenta el verbo coger con el mismo sentido de “se atrevió a cogerle la mano” (l. 40-41) es:

         

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        Questão presente nas seguintes provas
        2786022 Ano: 2023
        Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
        Banca: FUNDATEC
        Orgão: IFC

        Instrucciones: Las cuestiones de números 31 a 60 se refieren al texto abajo.

        Las cartas de amor

        Por Eduardo Galeano

        1. Ellos se conocieron por casualidad, que es como se suelen encontrar los grandes amores,
        2. casi siempre por casualidad, por una llamada equivocada, por un encuentro fortuito. A ellos lo
        3. que les pasó fue que él había quedado en aquel café con una persona que no vino, y claro, la vio
        4. a ella sentada en la mesa del café, radiante, así que, harto de esperar no se cortó un pelo y dijo:
        5. —“ya que he venido hasta aquí, no puedo desaprovechar esta ocasión”.
        6. Se acercó a la mesa y dijo:
        7. —“¿Me permite?”
        8. —“Por supuesto”.
        9. Esto solo suele pasar en las historias que te cuentan otros, nunca en la vida real, por lo general
        10. cuando dices:
        11. —“Me permites”, dicen
        12. —“De qué”
        13. A lo mejor ella estaba esperando a alguien que tampoco vino, quién sabe, yo qué sé, habrá
        14. que inventar otra historia en la que ella le dice “De qué”, en este caso ella lo invitó a él para que
        15. se sentase, y él se sentó. Y claro, no había de qué hablar,
        16. —“¿y qué lees?”
        17. Lo malo fue que él no había leído nada del escritor que ella estaba leyendo, mal empezamos,
        18. mal, muy mal, por ahí no.
        19. —“Pues bonito día”
        20. Pero enseguida empezaron a profundizar, porque ella dijo
        21. —“Sí, la verdad es que hace un bonito día”.
        22. Y aunque no lo hiciera. Pero poco a poco él fue venciendo esa timidez que le caracteriza y
        23. fueron profundizando. Al principio él para llamar su atención contó una que otra mentira, que
        24. era escritor, luego reconoció que nunca le habían publicado nada, pero eso vino más tarde,
        25. cuando ya se conocían más, cuando pasaron del café a la habana con coca cola. Por entonces ya
        26. estaban descubriendo que tenían más afinidades de las que pensaban al principio, y compartían
        27. gustos cinematográficos, y por eso él le dijo
        28. —“Oye, y si vamos a ver esta, ¿has visto La vida es bella?” y ella
        29. —“No”,
        30. —“Oye quedamos el fin de semana”,
        31. —“Vale”.
        32. Y aquel fin de semana pues, yo no sé muy bien si para sorprenderla o no, pero el caso es que
        33. él rompía a llorar en cada escena en la que aparecía el chaval pequeño, esto a ella le enterneció,
        34. yo quiero pensar que era de verdad. Resulta que coincidían en más gustos, y también en lo
        35. musical, y le dijo:
        36. —“Oye, este fin de semana toca Ismael Serrano”,
        37. —“Ismael qué?”,
        38. —“Pero a ti te gustan los cantautores?”,
        39. —“Los de verdad me gustan”.
        40. Pero él le convenció a ella y fueron. Cuando él empezó a cantar aquella de Vértigo, pues se
        41. atrevió a cogerle la mano. Y poco a poco se fueron inevitablemente enamorando, pero no por
        42. esto de Ismael Serrano, ni por el Vértigo, quizá más por aquello de llorar con La vida es bella.
        43. Una mañana él se levanta y al abrir los ojos se da cuenta de que está perdidamente enamorado
        44. de ella, y quedaron entonces en aquel café en el que se conocieron por casualidad. Los momentos
        45. importantes suelen coincidir casi siempre en los mismos sitios, no estoy muy seguro de lo que
        46. acabo de decir, pero es una buena frase. Pero fue en aquel café en donde ella le dijo:
        47. —“Sabes, creo que me tengo que ir durante algún tiempo”,
        48. —“Yo te iba a decir casi lo contrario, que te quedaras conmigo para toda la vida”, y ella dijo
        49. —“No te preocupes porque yo estaré esperando el día que vuelva para retomar contigo este
        50. camino que emprendimos, además, cada quince días puntualmente te mandaré una carta en la
        51. que te contaré todo lo que he hecho, todo lo que siento, todo lo mucho que te echo de menos,
        52. y todo lo poco que nos falta para vernos”,
        53. Él dijo que bueno, que vale.
        54. —“Pero que si no te vas casi mejor”.
        55. Pero se fue. Fue entonces cuando descubrió que aquello no tenía remedio y que estaba
        56. perdidamente enamorado, que no había ningún elixir que hiciera que la olvidase, que no era
        57. cierto aquella de que un clavo saca otro clavo, que a veces es cierto que los amores a primera
        58. vista existen, bueno, ¿es que acaso hay otros?.
        59. A los quince días puntualmente llegó la carta de ella toda llena de besos y de caricias, de te
        60. echo de menos, él lloró, y esta vez era de verdad. Y guardaba las cartas con mucho cariño encima
        61. de la mesilla. Pasaron quince días, y otros quince, y otros quince, y otros quince, y las cartas se
        62. iban acumulando. Y su vida consistía en esperar a que llegara el decimoquinto día, abrir el buzón
        63. y encontrar la carta de amor en la que ella prometía volver, esperar esa carta en la que ella le
        64. diría que volvía pronto. Y pasaron años, muchos años, y ya las cartas casi no cabían en la casa,
        65. se compró una gran caja fuerte para guardar todas las cartas, porque eran su gran tesoro, porque
        66. vivía para leer las cartas que ella le había escrito, porque ella era lo que más quería, y así pasaron
        67. creo que diez años, quince, no me acuerdo.
        68. Y un día ella, sin saber cómo ni por qué, dejó de escribir, y al quince día él se encontró el
        69. buzón vacío, y el alma partida en dos. Ahora solo podía vivir del recuerdo, leyendo las cartas que
        70. ella le había escrito con tanto cariño, aquellas cartas eran su mayor tesoro. Un día él salió de
        71. casa, porque tenía que salir, y unos ladrones entraron en su casa. Al ver allí la gran caja fuerte
        72. no se lo pensaron dos veces, porque pensaron que debían esconder algún gran tesoro, grandes
        73. riquezas, realmente no era. Y se llevaron la gran caja fuerte.
        74. Imagínate la desolación de nuestro protagonista cuando llega a su casa y se da cuenta de que
        75. le han robado lo que él más quería, lo que le hacía sentirse vivo algunas tardes de domingo
        76. cuando no sonaba el jodido teléfono, cuando releía aquellas cartas y aquellas promesas quién
        77. sabe si falsas.
        78. Suele pasar que los ladrones son buenas personas, y este era el caso. Pero imagínate la cara
        79. de los ladrones cuando abren la caja fuerte y se encuentran montones de cartas de amor,
        80. declaraciones imposibles. El jefe de los ladrones se enfadó un poquito, pues la caja pesaba, y
        81. llevarla a la guarida no era moco de pavo.
        82. Nuestro hombre vagaba casi moribundo por las calles de su ciudad, con la esperanza de
        83. encontrar alguna carta, a alguien que le hablara de una gran caja fuerte llena de cartas, perdido
        84. sin saber ya qué hacer. El jefe ladrón lo que dijo es que aquellas cartas lo que había que hacer
        85. era quemarlas o tirarlas al río, lo que fuera, pero que desaparecieran de inmediato. Pero el más
        86. joven de los ladrones era más bueno, y se le ocurrió una gran idea.
        87. Un día nuestro hombre llegó a casa después de estar buscando toda una tarde, y al abrir el
        88. buzón ¿Adivina lo que se encontró?... Una carta. Los ladrones habían decidido mandarle las
        89. cartas tal y como ella se las había mandado, puntualmente cada quince días, por riguroso orden.
        90. Ahora él resucitaba con la esperanza de revivir aquellos momentos en los que quizá un día leería
        91. la carta en la que ella diría:
        92. —“Pronto estaré allí”.

        (Disponible en: www.poeticous.com/eduardo-galeano/las-cartas-de-amor-1?locale=es – texto adaptado especialmente para ese examen).

        De acuerdo con el texto, NO se puede decir que:

         

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        Banca: FUNDATEC
        Orgão: IFC

        Instrucciones: Las cuestiones de números 31 a 60 se refieren al texto abajo.

        Las cartas de amor

        Por Eduardo Galeano

        1. Ellos se conocieron por casualidad, que es como se suelen encontrar los grandes amores,
        2. casi siempre por casualidad, por una llamada equivocada, por un encuentro fortuito. A ellos lo
        3. que les pasó fue que él había quedado en aquel café con una persona que no vino, y claro, la vio
        4. a ella sentada en la mesa del café, radiante, así que, harto de esperar no se cortó un pelo y dijo:
        5. —“ya que he venido hasta aquí, no puedo desaprovechar esta ocasión”.
        6. Se acercó a la mesa y dijo:
        7. —“¿Me permite?”
        8. —“Por supuesto”.
        9. Esto solo suele pasar en las historias que te cuentan otros, nunca en la vida real, por lo general
        10. cuando dices:
        11. —“Me permites”, dicen
        12. —“De qué”
        13. A lo mejor ella estaba esperando a alguien que tampoco vino, quién sabe, yo qué sé, habrá
        14. que inventar otra historia en la que ella le dice “De qué”, en este caso ella lo invitó a él para que
        15. se sentase, y él se sentó. Y claro, no había de qué hablar,
        16. —“¿y qué lees?”
        17. Lo malo fue que él no había leído nada del escritor que ella estaba leyendo, mal empezamos,
        18. mal, muy mal, por ahí no.
        19. —“Pues bonito día”
        20. Pero enseguida empezaron a profundizar, porque ella dijo
        21. —“Sí, la verdad es que hace un bonito día”.
        22. Y aunque no lo hiciera. Pero poco a poco él fue venciendo esa timidez que le caracteriza y
        23. fueron profundizando. Al principio él para llamar su atención contó una que otra mentira, que
        24. era escritor, luego reconoció que nunca le habían publicado nada, pero eso vino más tarde,
        25. cuando ya se conocían más, cuando pasaron del café a la habana con coca cola. Por entonces ya
        26. estaban descubriendo que tenían más afinidades de las que pensaban al principio, y compartían
        27. gustos cinematográficos, y por eso él le dijo
        28. —“Oye, y si vamos a ver esta, ¿has visto La vida es bella?” y ella
        29. —“No”,
        30. —“Oye quedamos el fin de semana”,
        31. —“Vale”.
        32. Y aquel fin de semana pues, yo no sé muy bien si para sorprenderla o no, pero el caso es que
        33. él rompía a llorar en cada escena en la que aparecía el chaval pequeño, esto a ella le enterneció,
        34. yo quiero pensar que era de verdad. Resulta que coincidían en más gustos, y también en lo
        35. musical, y le dijo:
        36. —“Oye, este fin de semana toca Ismael Serrano”,
        37. —“Ismael qué?”,
        38. —“Pero a ti te gustan los cantautores?”,
        39. —“Los de verdad me gustan”.
        40. Pero él le convenció a ella y fueron. Cuando él empezó a cantar aquella de Vértigo, pues se
        41. atrevió a cogerle la mano. Y poco a poco se fueron inevitablemente enamorando, pero no por
        42. esto de Ismael Serrano, ni por el Vértigo, quizá más por aquello de llorar con La vida es bella.
        43. Una mañana él se levanta y al abrir los ojos se da cuenta de que está perdidamente enamorado
        44. de ella, y quedaron entonces en aquel café en el que se conocieron por casualidad. Los momentos
        45. importantes suelen coincidir casi siempre en los mismos sitios, no estoy muy seguro de lo que
        46. acabo de decir, pero es una buena frase. Pero fue en aquel café en donde ella le dijo:
        47. —“Sabes, creo que me tengo que ir durante algún tiempo”,
        48. —“Yo te iba a decir casi lo contrario, que te quedaras conmigo para toda la vida”, y ella dijo
        49. —“No te preocupes porque yo estaré esperando el día que vuelva para retomar contigo este
        50. camino que emprendimos, además, cada quince días puntualmente te mandaré una carta en la
        51. que te contaré todo lo que he hecho, todo lo que siento, todo lo mucho que te echo de menos,
        52. y todo lo poco que nos falta para vernos”,
        53. Él dijo que bueno, que vale.
        54. —“Pero que si no te vas casi mejor”.
        55. Pero se fue. Fue entonces cuando descubrió que aquello no tenía remedio y que estaba
        56. perdidamente enamorado, que no había ningún elixir que hiciera que la olvidase, que no era
        57. cierto aquella de que un clavo saca otro clavo, que a veces es cierto que los amores a primera
        58. vista existen, bueno, ¿es que acaso hay otros?.
        59. A los quince días puntualmente llegó la carta de ella toda llena de besos y de caricias, de te
        60. echo de menos, él lloró, y esta vez era de verdad. Y guardaba las cartas con mucho cariño encima
        61. de la mesilla. Pasaron quince días, y otros quince, y otros quince, y otros quince, y las cartas se
        62. iban acumulando. Y su vida consistía en esperar a que llegara el decimoquinto día, abrir el buzón
        63. y encontrar la carta de amor en la que ella prometía volver, esperar esa carta en la que ella le
        64. diría que volvía pronto. Y pasaron años, muchos años, y ya las cartas casi no cabían en la casa,
        65. se compró una gran caja fuerte para guardar todas las cartas, porque eran su gran tesoro, porque
        66. vivía para leer las cartas que ella le había escrito, porque ella era lo que más quería, y así pasaron
        67. creo que diez años, quince, no me acuerdo.
        68. Y un día ella, sin saber cómo ni por qué, dejó de escribir, y al quince día él se encontró el
        69. buzón vacío, y el alma partida en dos. Ahora solo podía vivir del recuerdo, leyendo las cartas que
        70. ella le había escrito con tanto cariño, aquellas cartas eran su mayor tesoro. Un día él salió de
        71. casa, porque tenía que salir, y unos ladrones entraron en su casa. Al ver allí la gran caja fuerte
        72. no se lo pensaron dos veces, porque pensaron que debían esconder algún gran tesoro, grandes
        73. riquezas, realmente no era. Y se llevaron la gran caja fuerte.
        74. Imagínate la desolación de nuestro protagonista cuando llega a su casa y se da cuenta de que
        75. le han robado lo que él más quería, lo que le hacía sentirse vivo algunas tardes de domingo
        76. cuando no sonaba el jodido teléfono, cuando releía aquellas cartas y aquellas promesas quién
        77. sabe si falsas.
        78. Suele pasar que los ladrones son buenas personas, y este era el caso. Pero imagínate la cara
        79. de los ladrones cuando abren la caja fuerte y se encuentran montones de cartas de amor,
        80. declaraciones imposibles. El jefe de los ladrones se enfadó un poquito, pues la caja pesaba, y
        81. llevarla a la guarida no era moco de pavo.
        82. Nuestro hombre vagaba casi moribundo por las calles de su ciudad, con la esperanza de
        83. encontrar alguna carta, a alguien que le hablara de una gran caja fuerte llena de cartas, perdido
        84. sin saber ya qué hacer. El jefe ladrón lo que dijo es que aquellas cartas lo que había que hacer
        85. era quemarlas o tirarlas al río, lo que fuera, pero que desaparecieran de inmediato. Pero el más
        86. joven de los ladrones era más bueno, y se le ocurrió una gran idea.
        87. Un día nuestro hombre llegó a casa después de estar buscando toda una tarde, y al abrir el
        88. buzón ¿Adivina lo que se encontró?... Una carta. Los ladrones habían decidido mandarle las
        89. cartas tal y como ella se las había mandado, puntualmente cada quince días, por riguroso orden.
        90. Ahora él resucitaba con la esperanza de revivir aquellos momentos en los que quizá un día leería
        91. la carta en la que ella diría:
        92. —“Pronto estaré allí”.

        (Disponible en: www.poeticous.com/eduardo-galeano/las-cartas-de-amor-1?locale=es – texto adaptado especialmente para ese examen).

        La expresión “aunque” (l. 22) puede ser sustituída, sin cambiar el sentido del texto, por:

         

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        Instrucciones: Las cuestiones de números 31 a 60 se refieren al texto abajo.

        Las cartas de amor

        Por Eduardo Galeano

        1. Ellos se conocieron por casualidad, que es como se suelen encontrar los grandes amores,
        2. casi siempre por casualidad, por una llamada equivocada, por un encuentro fortuito. A ellos lo
        3. que les pasó fue que él había quedado en aquel café con una persona que no vino, y claro, la vio
        4. a ella sentada en la mesa del café, radiante, así que, harto de esperar no se cortó un pelo y dijo:
        5. —“ya que he venido hasta aquí, no puedo desaprovechar esta ocasión”.
        6. Se acercó a la mesa y dijo:
        7. —“¿Me permite?”
        8. —“Por supuesto”.
        9. Esto solo suele pasar en las historias que te cuentan otros, nunca en la vida real, por lo general
        10. cuando dices:
        11. —“Me permites”, dicen
        12. —“De qué”
        13. A lo mejor ella estaba esperando a alguien que tampoco vino, quién sabe, yo qué sé, habrá
        14. que inventar otra historia en la que ella le dice “De qué”, en este caso ella lo invitó a él para que
        15. se sentase, y él se sentó. Y claro, no había de qué hablar,
        16. —“¿y qué lees?”
        17. Lo malo fue que él no había leído nada del escritor que ella estaba leyendo, mal empezamos,
        18. mal, muy mal, por ahí no.
        19. —“Pues bonito día”
        20. Pero enseguida empezaron a profundizar, porque ella dijo
        21. —“Sí, la verdad es que hace un bonito día”.
        22. Y aunque no lo hiciera. Pero poco a poco él fue venciendo esa timidez que le caracteriza y
        23. fueron profundizando. Al principio él para llamar su atención contó una que otra mentira, que
        24. era escritor, luego reconoció que nunca le habían publicado nada, pero eso vino más tarde,
        25. cuando ya se conocían más, cuando pasaron del café a la habana con coca cola. Por entonces ya
        26. estaban descubriendo que tenían más afinidades de las que pensaban al principio, y compartían
        27. gustos cinematográficos, y por eso él le dijo
        28. —“Oye, y si vamos a ver esta, ¿has visto La vida es bella?” y ella
        29. —“No”,
        30. —“Oye quedamos el fin de semana”,
        31. —“Vale”.
        32. Y aquel fin de semana pues, yo no sé muy bien si para sorprenderla o no, pero el caso es que
        33. él rompía a llorar en cada escena en la que aparecía el chaval pequeño, esto a ella le enterneció,
        34. yo quiero pensar que era de verdad. Resulta que coincidían en más gustos, y también en lo
        35. musical, y le dijo:
        36. —“Oye, este fin de semana toca Ismael Serrano”,
        37. —“Ismael qué?”,
        38. —“Pero a ti te gustan los cantautores?”,
        39. —“Los de verdad me gustan”.
        40. Pero él le convenció a ella y fueron. Cuando él empezó a cantar aquella de Vértigo, pues se
        41. atrevió a cogerle la mano. Y poco a poco se fueron inevitablemente enamorando, pero no por
        42. esto de Ismael Serrano, ni por el Vértigo, quizá más por aquello de llorar con La vida es bella.
        43. Una mañana él se levanta y al abrir los ojos se da cuenta de que está perdidamente enamorado
        44. de ella, y quedaron entonces en aquel café en el que se conocieron por casualidad. Los momentos
        45. importantes suelen coincidir casi siempre en los mismos sitios, no estoy muy seguro de lo que
        46. acabo de decir, pero es una buena frase. Pero fue en aquel café en donde ella le dijo:
        47. —“Sabes, creo que me tengo que ir durante algún tiempo”,
        48. —“Yo te iba a decir casi lo contrario, que te quedaras conmigo para toda la vida”, y ella dijo
        49. —“No te preocupes porque yo estaré esperando el día que vuelva para retomar contigo este
        50. camino que emprendimos, además, cada quince días puntualmente te mandaré una carta en la
        51. que te contaré todo lo que he hecho, todo lo que siento, todo lo mucho que te echo de menos,
        52. y todo lo poco que nos falta para vernos”,
        53. Él dijo que bueno, que vale.
        54. —“Pero que si no te vas casi mejor”.
        55. Pero se fue. Fue entonces cuando descubrió que aquello no tenía remedio y que estaba
        56. perdidamente enamorado, que no había ningún elixir que hiciera que la olvidase, que no era
        57. cierto aquella de que un clavo saca otro clavo, que a veces es cierto que los amores a primera
        58. vista existen, bueno, ¿es que acaso hay otros?.
        59. A los quince días puntualmente llegó la carta de ella toda llena de besos y de caricias, de te
        60. echo de menos, él lloró, y esta vez era de verdad. Y guardaba las cartas con mucho cariño encima
        61. de la mesilla. Pasaron quince días, y otros quince, y otros quince, y otros quince, y las cartas se
        62. iban acumulando. Y su vida consistía en esperar a que llegara el decimoquinto día, abrir el buzón
        63. y encontrar la carta de amor en la que ella prometía volver, esperar esa carta en la que ella le
        64. diría que volvía pronto. Y pasaron años, muchos años, y ya las cartas casi no cabían en la casa,
        65. se compró una gran caja fuerte para guardar todas las cartas, porque eran su gran tesoro, porque
        66. vivía para leer las cartas que ella le había escrito, porque ella era lo que más quería, y así pasaron
        67. creo que diez años, quince, no me acuerdo.
        68. Y un día ella, sin saber cómo ni por qué, dejó de escribir, y al quince día él se encontró el
        69. buzón vacío, y el alma partida en dos. Ahora solo podía vivir del recuerdo, leyendo las cartas que
        70. ella le había escrito con tanto cariño, aquellas cartas eran su mayor tesoro. Un día él salió de
        71. casa, porque tenía que salir, y unos ladrones entraron en su casa. Al ver allí la gran caja fuerte
        72. no se lo pensaron dos veces, porque pensaron que debían esconder algún gran tesoro, grandes
        73. riquezas, realmente no era. Y se llevaron la gran caja fuerte.
        74. Imagínate la desolación de nuestro protagonista cuando llega a su casa y se da cuenta de que
        75. le han robado lo que él más quería, lo que le hacía sentirse vivo algunas tardes de domingo
        76. cuando no sonaba el jodido teléfono, cuando releía aquellas cartas y aquellas promesas quién
        77. sabe si falsas.
        78. Suele pasar que los ladrones son buenas personas, y este era el caso. Pero imagínate la cara
        79. de los ladrones cuando abren la caja fuerte y se encuentran montones de cartas de amor,
        80. declaraciones imposibles. El jefe de los ladrones se enfadó un poquito, pues la caja pesaba, y
        81. llevarla a la guarida no era moco de pavo.
        82. Nuestro hombre vagaba casi moribundo por las calles de su ciudad, con la esperanza de
        83. encontrar alguna carta, a alguien que le hablara de una gran caja fuerte llena de cartas, perdido
        84. sin saber ya qué hacer. El jefe ladrón lo que dijo es que aquellas cartas lo que había que hacer
        85. era quemarlas o tirarlas al río, lo que fuera, pero que desaparecieran de inmediato. Pero el más
        86. joven de los ladrones era más bueno, y se le ocurrió una gran idea.
        87. Un día nuestro hombre llegó a casa después de estar buscando toda una tarde, y al abrir el
        88. buzón ¿Adivina lo que se encontró?... Una carta. Los ladrones habían decidido mandarle las
        89. cartas tal y como ella se las había mandado, puntualmente cada quince días, por riguroso orden.
        90. Ahora él resucitaba con la esperanza de revivir aquellos momentos en los que quizá un día leería
        91. la carta en la que ella diría:
        92. —“Pronto estaré allí”.

        (Disponible en: www.poeticous.com/eduardo-galeano/las-cartas-de-amor-1?locale=es – texto adaptado especialmente para ese examen).

        La expresión “no era moco de pavo” (l. 81), en el cuento, significa, en português:

         

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        Instrucciones: Las cuestiones de números 31 a 60 se refieren al texto abajo.

        Las cartas de amor

        Por Eduardo Galeano

        1. Ellos se conocieron por casualidad, que es como se suelen encontrar los grandes amores,
        2. casi siempre por casualidad, por una llamada equivocada, por un encuentro fortuito. A ellos lo
        3. que les pasó fue que él había quedado en aquel café con una persona que no vino, y claro, la vio
        4. a ella sentada en la mesa del café, radiante, así que, harto de esperar no se cortó un pelo y dijo:
        5. —“ya que he venido hasta aquí, no puedo desaprovechar esta ocasión”.
        6. Se acercó a la mesa y dijo:
        7. —“¿Me permite?”
        8. —“Por supuesto”.
        9. Esto solo suele pasar en las historias que te cuentan otros, nunca en la vida real, por lo general
        10. cuando dices:
        11. —“Me permites”, dicen
        12. —“De qué”
        13. A lo mejor ella estaba esperando a alguien que tampoco vino, quién sabe, yo qué sé, habrá
        14. que inventar otra historia en la que ella le dice “De qué”, en este caso ella lo invitó a él para que
        15. se sentase, y él se sentó. Y claro, no había de qué hablar,
        16. —“¿y qué lees?”
        17. Lo malo fue que él no había leído nada del escritor que ella estaba leyendo, mal empezamos,
        18. mal, muy mal, por ahí no.
        19. —“Pues bonito día”
        20. Pero enseguida empezaron a profundizar, porque ella dijo
        21. —“Sí, la verdad es que hace un bonito día”.
        22. Y aunque no lo hiciera. Pero poco a poco él fue venciendo esa timidez que le caracteriza y
        23. fueron profundizando. Al principio él para llamar su atención contó una que otra mentira, que
        24. era escritor, luego reconoció que nunca le habían publicado nada, pero eso vino más tarde,
        25. cuando ya se conocían más, cuando pasaron del café a la habana con coca cola. Por entonces ya
        26. estaban descubriendo que tenían más afinidades de las que pensaban al principio, y compartían
        27. gustos cinematográficos, y por eso él le dijo
        28. —“Oye, y si vamos a ver esta, ¿has visto La vida es bella?” y ella
        29. —“No”,
        30. —“Oye quedamos el fin de semana”,
        31. —“Vale”.
        32. Y aquel fin de semana pues, yo no sé muy bien si para sorprenderla o no, pero el caso es que
        33. él rompía a llorar en cada escena en la que aparecía el chaval pequeño, esto a ella le enterneció,
        34. yo quiero pensar que era de verdad. Resulta que coincidían en más gustos, y también en lo
        35. musical, y le dijo:
        36. —“Oye, este fin de semana toca Ismael Serrano”,
        37. —“Ismael qué?”,
        38. —“Pero a ti te gustan los cantautores?”,
        39. —“Los de verdad me gustan”.
        40. Pero él le convenció a ella y fueron. Cuando él empezó a cantar aquella de Vértigo, pues se
        41. atrevió a cogerle la mano. Y poco a poco se fueron inevitablemente enamorando, pero no por
        42. esto de Ismael Serrano, ni por el Vértigo, quizá más por aquello de llorar con La vida es bella.
        43. Una mañana él se levanta y al abrir los ojos se da cuenta de que está perdidamente enamorado
        44. de ella, y quedaron entonces en aquel café en el que se conocieron por casualidad. Los momentos
        45. importantes suelen coincidir casi siempre en los mismos sitios, no estoy muy seguro de lo que
        46. acabo de decir, pero es una buena frase. Pero fue en aquel café en donde ella le dijo:
        47. —“Sabes, creo que me tengo que ir durante algún tiempo”,
        48. —“Yo te iba a decir casi lo contrario, que te quedaras conmigo para toda la vida”, y ella dijo
        49. —“No te preocupes porque yo estaré esperando el día que vuelva para retomar contigo este
        50. camino que emprendimos, además, cada quince días puntualmente te mandaré una carta en la
        51. que te contaré todo lo que he hecho, todo lo que siento, todo lo mucho que te echo de menos,
        52. y todo lo poco que nos falta para vernos”,
        53. Él dijo que bueno, que vale.
        54. —“Pero que si no te vas casi mejor”.
        55. Pero se fue. Fue entonces cuando descubrió que aquello no tenía remedio y que estaba
        56. perdidamente enamorado, que no había ningún elixir que hiciera que la olvidase, que no era
        57. cierto aquella de que un clavo saca otro clavo, que a veces es cierto que los amores a primera
        58. vista existen, bueno, ¿es que acaso hay otros?.
        59. A los quince días puntualmente llegó la carta de ella toda llena de besos y de caricias, de te
        60. echo de menos, él lloró, y esta vez era de verdad. Y guardaba las cartas con mucho cariño encima
        61. de la mesilla. Pasaron quince días, y otros quince, y otros quince, y otros quince, y las cartas se
        62. iban acumulando. Y su vida consistía en esperar a que llegara el decimoquinto día, abrir el buzón
        63. y encontrar la carta de amor en la que ella prometía volver, esperar esa carta en la que ella le
        64. diría que volvía pronto. Y pasaron años, muchos años, y ya las cartas casi no cabían en la casa,
        65. se compró una gran caja fuerte para guardar todas las cartas, porque eran su gran tesoro, porque
        66. vivía para leer las cartas que ella le había escrito, porque ella era lo que más quería, y así pasaron
        67. creo que diez años, quince, no me acuerdo.
        68. Y un día ella, sin saber cómo ni por qué, dejó de escribir, y al quince día él se encontró el
        69. buzón vacío, y el alma partida en dos. Ahora solo podía vivir del recuerdo, leyendo las cartas que
        70. ella le había escrito con tanto cariño, aquellas cartas eran su mayor tesoro. Un día él salió de
        71. casa, porque tenía que salir, y unos ladrones entraron en su casa. Al ver allí la gran caja fuerte
        72. no se lo pensaron dos veces, porque pensaron que debían esconder algún gran tesoro, grandes
        73. riquezas, realmente no era. Y se llevaron la gran caja fuerte.
        74. Imagínate la desolación de nuestro protagonista cuando llega a su casa y se da cuenta de que
        75. le han robado lo que él más quería, lo que le hacía sentirse vivo algunas tardes de domingo
        76. cuando no sonaba el jodido teléfono, cuando releía aquellas cartas y aquellas promesas quién
        77. sabe si falsas.
        78. Suele pasar que los ladrones son buenas personas, y este era el caso. Pero imagínate la cara
        79. de los ladrones cuando abren la caja fuerte y se encuentran montones de cartas de amor,
        80. declaraciones imposibles. El jefe de los ladrones se enfadó un poquito, pues la caja pesaba, y
        81. llevarla a la guarida no era moco de pavo.
        82. Nuestro hombre vagaba casi moribundo por las calles de su ciudad, con la esperanza de
        83. encontrar alguna carta, a alguien que le hablara de una gran caja fuerte llena de cartas, perdido
        84. sin saber ya qué hacer. El jefe ladrón lo que dijo es que aquellas cartas lo que había que hacer
        85. era quemarlas o tirarlas al río, lo que fuera, pero que desaparecieran de inmediato. Pero el más
        86. joven de los ladrones era más bueno, y se le ocurrió una gran idea.
        87. Un día nuestro hombre llegó a casa después de estar buscando toda una tarde, y al abrir el
        88. buzón ¿Adivina lo que se encontró?... Una carta. Los ladrones habían decidido mandarle las
        89. cartas tal y como ella se las había mandado, puntualmente cada quince días, por riguroso orden.
        90. Ahora él resucitaba con la esperanza de revivir aquellos momentos en los que quizá un día leería
        91. la carta en la que ella diría:
        92. —“Pronto estaré allí”.

        (Disponible en: www.poeticous.com/eduardo-galeano/las-cartas-de-amor-1?locale=es – texto adaptado especialmente para ese examen).

        Relaciona la Columna 1 a la Columna 2 de acuerdo con los enunciados a los personajes y al narrador del texto:

        Columna 1

        1. Él.

        2. Ella.

        3. Narrador.

        Columna 2

        ( ) ¿Me permite?

        ( ) ¿Ismael qué?

        ( ) Pues bonito día.

        ( ) ¿Adivina lo que se encontró?

        ( ) No te preocupes porque yo estaré esperando el día que vuelva.

        El orden correto de relleno de los paréntesis, de arriba a abajo, es:

         

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        2786018 Ano: 2023
        Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
        Banca: FUNDATEC
        Orgão: IFC

        Instrucciones: Las cuestiones de números 31 a 60 se refieren al texto abajo.

        Las cartas de amor

        Por Eduardo Galeano

        1. Ellos se conocieron por casualidad, que es como se suelen encontrar los grandes amores,
        2. casi siempre por casualidad, por una llamada equivocada, por un encuentro fortuito. A ellos lo
        3. que les pasó fue que él había quedado en aquel café con una persona que no vino, y claro, la vio
        4. a ella sentada en la mesa del café, radiante, así que, harto de esperar no se cortó un pelo y dijo:
        5. —“ya que he venido hasta aquí, no puedo desaprovechar esta ocasión”.
        6. Se acercó a la mesa y dijo:
        7. —“¿Me permite?”
        8. —“Por supuesto”.
        9. Esto solo suele pasar en las historias que te cuentan otros, nunca en la vida real, por lo general
        10. cuando dices:
        11. —“Me permites”, dicen
        12. —“De qué”
        13. A lo mejor ella estaba esperando a alguien que tampoco vino, quién sabe, yo qué sé, habrá
        14. que inventar otra historia en la que ella le dice “De qué”, en este caso ella lo invitó a él para que
        15. se sentase, y él se sentó. Y claro, no había de qué hablar,
        16. —“¿y qué lees?”
        17. Lo malo fue que él no había leído nada del escritor que ella estaba leyendo, mal empezamos,
        18. mal, muy mal, por ahí no.
        19. —“Pues bonito día”
        20. Pero enseguida empezaron a profundizar, porque ella dijo
        21. —“Sí, la verdad es que hace un bonito día”.
        22. Y aunque no lo hiciera. Pero poco a poco él fue venciendo esa timidez que le caracteriza y
        23. fueron profundizando. Al principio él para llamar su atención contó una que otra mentira, que
        24. era escritor, luego reconoció que nunca le habían publicado nada, pero eso vino más tarde,
        25. cuando ya se conocían más, cuando pasaron del café a la habana con coca cola. Por entonces ya
        26. estaban descubriendo que tenían más afinidades de las que pensaban al principio, y compartían
        27. gustos cinematográficos, y por eso él le dijo
        28. —“Oye, y si vamos a ver esta, ¿has visto La vida es bella?” y ella
        29. —“No”,
        30. —“Oye quedamos el fin de semana”,
        31. —“Vale”.
        32. Y aquel fin de semana pues, yo no sé muy bien si para sorprenderla o no, pero el caso es que
        33. él rompía a llorar en cada escena en la que aparecía el chaval pequeño, esto a ella le enterneció,
        34. yo quiero pensar que era de verdad. Resulta que coincidían en más gustos, y también en lo
        35. musical, y le dijo:
        36. —“Oye, este fin de semana toca Ismael Serrano”,
        37. —“Ismael qué?”,
        38. —“Pero a ti te gustan los cantautores?”,
        39. —“Los de verdad me gustan”.
        40. Pero él le convenció a ella y fueron. Cuando él empezó a cantar aquella de Vértigo, pues se
        41. atrevió a cogerle la mano. Y poco a poco se fueron inevitablemente enamorando, pero no por
        42. esto de Ismael Serrano, ni por el Vértigo, quizá más por aquello de llorar con La vida es bella.
        43. Una mañana él se levanta y al abrir los ojos se da cuenta de que está perdidamente enamorado
        44. de ella, y quedaron entonces en aquel café en el que se conocieron por casualidad. Los momentos
        45. importantes suelen coincidir casi siempre en los mismos sitios, no estoy muy seguro de lo que
        46. acabo de decir, pero es una buena frase. Pero fue en aquel café en donde ella le dijo:
        47. —“Sabes, creo que me tengo que ir durante algún tiempo”,
        48. —“Yo te iba a decir casi lo contrario, que te quedaras conmigo para toda la vida”, y ella dijo
        49. —“No te preocupes porque yo estaré esperando el día que vuelva para retomar contigo este
        50. camino que emprendimos, además, cada quince días puntualmente te mandaré una carta en la
        51. que te contaré todo lo que he hecho, todo lo que siento, todo lo mucho que te echo de menos,
        52. y todo lo poco que nos falta para vernos”,
        53. Él dijo que bueno, que vale.
        54. —“Pero que si no te vas casi mejor”.
        55. Pero se fue. Fue entonces cuando descubrió que aquello no tenía remedio y que estaba
        56. perdidamente enamorado, que no había ningún elixir que hiciera que la olvidase, que no era
        57. cierto aquella de que un clavo saca otro clavo, que a veces es cierto que los amores a primera
        58. vista existen, bueno, ¿es que acaso hay otros?.
        59. A los quince días puntualmente llegó la carta de ella toda llena de besos y de caricias, de te
        60. echo de menos, él lloró, y esta vez era de verdad. Y guardaba las cartas con mucho cariño encima
        61. de la mesilla. Pasaron quince días, y otros quince, y otros quince, y otros quince, y las cartas se
        62. iban acumulando. Y su vida consistía en esperar a que llegara el decimoquinto día, abrir el buzón
        63. y encontrar la carta de amor en la que ella prometía volver, esperar esa carta en la que ella le
        64. diría que volvía pronto. Y pasaron años, muchos años, y ya las cartas casi no cabían en la casa,
        65. se compró una gran caja fuerte para guardar todas las cartas, porque eran su gran tesoro, porque
        66. vivía para leer las cartas que ella le había escrito, porque ella era lo que más quería, y así pasaron
        67. creo que diez años, quince, no me acuerdo.
        68. Y un día ella, sin saber cómo ni por qué, dejó de escribir, y al quince día él se encontró el
        69. buzón vacío, y el alma partida en dos. Ahora solo podía vivir del recuerdo, leyendo las cartas que
        70. ella le había escrito con tanto cariño, aquellas cartas eran su mayor tesoro. Un día él salió de
        71. casa, porque tenía que salir, y unos ladrones entraron en su casa. Al ver allí la gran caja fuerte
        72. no se lo pensaron dos veces, porque pensaron que debían esconder algún gran tesoro, grandes
        73. riquezas, realmente no era. Y se llevaron la gran caja fuerte.
        74. Imagínate la desolación de nuestro protagonista cuando llega a su casa y se da cuenta de que
        75. le han robado lo que él más quería, lo que le hacía sentirse vivo algunas tardes de domingo
        76. cuando no sonaba el jodido teléfono, cuando releía aquellas cartas y aquellas promesas quién
        77. sabe si falsas.
        78. Suele pasar que los ladrones son buenas personas, y este era el caso. Pero imagínate la cara
        79. de los ladrones cuando abren la caja fuerte y se encuentran montones de cartas de amor,
        80. declaraciones imposibles. El jefe de los ladrones se enfadó un poquito, pues la caja pesaba, y
        81. llevarla a la guarida no era moco de pavo.
        82. Nuestro hombre vagaba casi moribundo por las calles de su ciudad, con la esperanza de
        83. encontrar alguna carta, a alguien que le hablara de una gran caja fuerte llena de cartas, perdido
        84. sin saber ya qué hacer. El jefe ladrón lo que dijo es que aquellas cartas lo que había que hacer
        85. era quemarlas o tirarlas al río, lo que fuera, pero que desaparecieran de inmediato. Pero el más
        86. joven de los ladrones era más bueno, y se le ocurrió una gran idea.
        87. Un día nuestro hombre llegó a casa después de estar buscando toda una tarde, y al abrir el
        88. buzón ¿Adivina lo que se encontró?... Una carta. Los ladrones habían decidido mandarle las
        89. cartas tal y como ella se las había mandado, puntualmente cada quince días, por riguroso orden.
        90. Ahora él resucitaba con la esperanza de revivir aquellos momentos en los que quizá un día leería
        91. la carta en la que ella diría:
        92. —“Pronto estaré allí”.

        (Disponible en: www.poeticous.com/eduardo-galeano/las-cartas-de-amor-1?locale=es – texto adaptado especialmente para ese examen).

        Sobre el uso del texto del inicio del examen en clases de Educación Básica, NO es correcto decir que:

         

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