Foram encontradas 10.406 questões.

Provas
Eva Perón, según su séquito íntimo
Mientras el café ayuda a disipar la temperatura de un atardecer glacial, Francisco Ernesto Molina, chofer particular de Eva Perón, toma la iniciativa del relato:
− Yo fui el chofer de la señora Evita − aclara. El trato de la señora era algo extraordinario. Les diré que era una persona de carácter, muy dura cuando debía serlo, pero con nosotros, con su personal, el trato era siempre cariñoso. El día de trabajo de la señora − rememora Molina − comenzaba muy temprano. Nosotros tomábamos servicio a las 8 de la mañana. A esa hora, mientras el peluquero la peinaba, ella ya atendía a la gente humilde que llegaba con algún pedido.
Molina menciona cierta ocasión en que habían salido muy temprano de la residencia:
− Le pregunté: “¿Adónde vamos?”. “A la boîte*”, me contestó seria. Yo la miré por el espejo, perplejo. “Sí, sí, a la boîte, al Ministerio de Trabajo y Previsión, porque ahí los hago bailar a todos”. Jamás nos llamaba por el nombre, siempre era: “Hijo, vamos a tal lado” . De todas formas, por la señora sentíamos un afecto especial. Teníamos por ella un gran fanatismo porque veíamos cómo se sacrificaba. La señora quemó su vida, la quiso quemar. Pero la quiso quemar por el general (Perón). Un día − recuerda el chofer − la señora subió al vehículo muy nerviosa, conversando con un funcionario de Cancillería. “Esto no se hace así”, le decía enojada, “esto debe hacerse en esta forma”. Entonces, como observé que había un clima difícil, levanté el vidrio de la visión para que le pudiera decir todo lo que quisiera y yo no tuviera que oírlo. Pero ella enseguida, de su lado, lo volvió a bajar. Cada vez que tenía que llamarle la atención a alguno bajaba el vidrio y los hacía pasar vergüenza delante nuestro. Tenía eso la señora. A la hija del ministro Oscar Nicolini, Irma, le hizo saludarnos especialmente porque previamente nos había ignorado al llegar. Eso no quiere decir que a veces no nos diera un tirón de orejas porque íbamos muy ligero o por algún otro motivo.
Molina recuerda de un crudo invierno a comienzos de la década del cincuenta. En aquel entonces, en Plaza de Mayo y Reconquista, estaban todas las paradas de los colectivos:
− Cuando pasamos por el lugar con Evita − señala − , ella empezó a decir: “Ay, pobrecita esa gente, con el frío que hace. Cuando me dejen a mí, vengan a buscar a estas personas y las lleven a su casa. Y que esto mismo lo hagan todos los otros funcionarios que vayan llegando, como orden del día”. Así que una vez que dejamos a Evita, fuimos a invitar a los que hacían la cola del colectivo a subir al automóvil oficial. Una señora del grupo no quería subir. Le explicamos que era el coche de la señora y que un rato antes, al pasar, ella misma la había saludado. Les dijimos que teníamos la orden de llevarlos a su casa porque era un día muy frío. Finalmente subió y la trasladamos hasta Villa Lugano. Esa gente, cuando se bajó en Lugano, nos besaba el coche por todos lados.
Molina asegura:
− La señora no tenía “noches de gala”. Todos los días se terminaba acostando a las 3 de la mañana, pero porque se quedaba trabajando en su oficina. Eran las tres y media de la mañana y todavía estaba ahí, atendiendo gente. Ella ni salía a almorzar. Trabajaba desde las 8 de la mañana hasta las 3 de la mañana del día siguiente. Dormía poco. Una hora o dos horas, a lo sumo. Quizás ella se sentía ya enferma y quería darlo todo.
Los relatos se superponen y la memoria domina. Eva Perón no es una figura de manual de historia, sino una mujer de carne y hueso.
Semejante devoción sorprende en una época tan fría y tan carente de devociones como ésta.
ERNESTO CASTRILLÓN Y LUIS CASABAL www.lanacion.com.ar
*boîte - casa nocturna donde se baila al son de música
Eva Perón no es una figura de manual de historia, sino una mujer de carne y hueso.
A partir de esa afirmación, se percibe que el periodista considera que los relatos basados en la memoria tienen como característica principal la exposición de:
Provas
Eva Perón, según su séquito íntimo
Mientras el café ayuda a disipar la temperatura de un atardecer glacial, Francisco Ernesto Molina, chofer particular de Eva Perón, toma la iniciativa del relato:
− Yo fui el chofer de la señora Evita − aclara. El trato de la señora era algo extraordinario. Les diré que era una persona de carácter, muy dura cuando debía serlo, pero con nosotros, con su personal, el trato era siempre cariñoso. El día de trabajo de la señora − rememora Molina − comenzaba muy temprano. Nosotros tomábamos servicio a las 8 de la mañana. A esa hora, mientras el peluquero la peinaba, ella ya atendía a la gente humilde que llegaba con algún pedido.
Molina menciona cierta ocasión en que habían salido muy temprano de la residencia:
− Le pregunté: “¿Adónde vamos?”. “A la boîte*”, me contestó seria. Yo la miré por el espejo, perplejo. “Sí, sí, a la boîte, al Ministerio de Trabajo y Previsión, porque ahí los hago bailar a todos”. Jamás nos llamaba por el nombre, siempre era: “Hijo, vamos a tal lado” . De todas formas, por la señora sentíamos un afecto especial. Teníamos por ella un gran fanatismo porque veíamos cómo se sacrificaba. La señora quemó su vida, la quiso quemar. Pero la quiso quemar por el general (Perón). Un día − recuerda el chofer − la señora subió al vehículo muy nerviosa, conversando con un funcionario de Cancillería. “Esto no se hace así”, le decía enojada, “esto debe hacerse en esta forma”. Entonces, como observé que había un clima difícil, levanté el vidrio de la visión para que le pudiera decir todo lo que quisiera y yo no tuviera que oírlo. Pero ella enseguida, de su lado, lo volvió a bajar. Cada vez que tenía que llamarle la atención a alguno bajaba el vidrio y los hacía pasar vergüenza delante nuestro. Tenía eso la señora. A la hija del ministro Oscar Nicolini, Irma, le hizo saludarnos especialmente porque previamente nos había ignorado al llegar. Eso no quiere decir que a veces no nos diera un tirón de orejas porque íbamos muy ligero o por algún otro motivo.
Molina recuerda de un crudo invierno a comienzos de la década del cincuenta. En aquel entonces, en Plaza de Mayo y Reconquista, estaban todas las paradas de los colectivos:
− Cuando pasamos por el lugar con Evita − señala − , ella empezó a decir: “Ay, pobrecita esa gente, con el frío que hace. Cuando me dejen a mí, vengan a buscar a estas personas y las lleven a su casa. Y que esto mismo lo hagan todos los otros funcionarios que vayan llegando, como orden del día”. Así que una vez que dejamos a Evita, fuimos a invitar a los que hacían la cola del colectivo a subir al automóvil oficial. Una señora del grupo no quería subir. Le explicamos que era el coche de la señora y que un rato antes, al pasar, ella misma la había saludado. Les dijimos que teníamos la orden de llevarlos a su casa porque era un día muy frío. Finalmente subió y la trasladamos hasta Villa Lugano. Esa gente, cuando se bajó en Lugano, nos besaba el coche por todos lados.
Molina asegura:
− La señora no tenía “noches de gala”. Todos los días se terminaba acostando a las 3 de la mañana, pero porque se quedaba trabajando en su oficina. Eran las tres y media de la mañana y todavía estaba ahí, atendiendo gente. Ella ni salía a almorzar. Trabajaba desde las 8 de la mañana hasta las 3 de la mañana del día siguiente. Dormía poco. Una hora o dos horas, a lo sumo. Quizás ella se sentía ya enferma y quería darlo todo.
Los relatos se superponen y la memoria domina. Eva Perón no es una figura de manual de historia, sino una mujer de carne y hueso.
Semejante devoción sorprende en una época tan fría y tan carente de devociones como ésta.
ERNESTO CASTRILLÓN Y LUIS CASABAL www.lanacion.com.ar
*boîte - casa nocturna donde se baila al son de música
Para comprobar el ejercicio del poder que disfrutaba Evita en su condición de primera dama, el conductor Molina relata algunos de los episodios de que fue testigo.
De las alternativas abajo la que registra ese poder de Evita es:
Provas
Eva Perón, según su séquito íntimo
Mientras el café ayuda a disipar la temperatura de un atardecer glacial, Francisco Ernesto Molina, chofer particular de Eva Perón, toma la iniciativa del relato:
− Yo fui el chofer de la señora Evita − aclara. El trato de la señora era algo extraordinario. Les diré que era una persona de carácter, muy dura cuando debía serlo, pero con nosotros, con su personal, el trato era siempre cariñoso. El día de trabajo de la señora − rememora Molina − comenzaba muy temprano. Nosotros tomábamos servicio a las 8 de la mañana. A esa hora, mientras el peluquero la peinaba, ella ya atendía a la gente humilde que llegaba con algún pedido.
Molina menciona cierta ocasión en que habían salido muy temprano de la residencia:
− Le pregunté: “¿Adónde vamos?”. “A la boîte*”, me contestó seria. Yo la miré por el espejo, perplejo. “Sí, sí, a la boîte, al Ministerio de Trabajo y Previsión, porque ahí los hago bailar a todos”. Jamás nos llamaba por el nombre, siempre era: “Hijo, vamos a tal lado” . De todas formas, por la señora sentíamos un afecto especial. Teníamos por ella un gran fanatismo porque veíamos cómo se sacrificaba. La señora quemó su vida, la quiso quemar. Pero la quiso quemar por el general (Perón). Un día − recuerda el chofer − la señora subió al vehículo muy nerviosa, conversando con un funcionario de Cancillería. “Esto no se hace así”, le decía enojada, “esto debe hacerse en esta forma”. Entonces, como observé que había un clima difícil, levanté el vidrio de la visión para que le pudiera decir todo lo que quisiera y yo no tuviera que oírlo. Pero ella enseguida, de su lado, lo volvió a bajar. Cada vez que tenía que llamarle la atención a alguno bajaba el vidrio y los hacía pasar vergüenza delante nuestro. Tenía eso la señora. A la hija del ministro Oscar Nicolini, Irma, le hizo saludarnos especialmente porque previamente nos había ignorado al llegar. Eso no quiere decir que a veces no nos diera un tirón de orejas porque íbamos muy ligero o por algún otro motivo.
Molina recuerda de un crudo invierno a comienzos de la década del cincuenta. En aquel entonces, en Plaza de Mayo y Reconquista, estaban todas las paradas de los colectivos:
− Cuando pasamos por el lugar con Evita − señala − , ella empezó a decir: “Ay, pobrecita esa gente, con el frío que hace. Cuando me dejen a mí, vengan a buscar a estas personas y las lleven a su casa. Y que esto mismo lo hagan todos los otros funcionarios que vayan llegando, como orden del día”. Así que una vez que dejamos a Evita, fuimos a invitar a los que hacían la cola del colectivo a subir al automóvil oficial. Una señora del grupo no quería subir. Le explicamos que era el coche de la señora y que un rato antes, al pasar, ella misma la había saludado. Les dijimos que teníamos la orden de llevarlos a su casa porque era un día muy frío. Finalmente subió y la trasladamos hasta Villa Lugano. Esa gente, cuando se bajó en Lugano, nos besaba el coche por todos lados.
Molina asegura:
− La señora no tenía “noches de gala”. Todos los días se terminaba acostando a las 3 de la mañana, pero porque se quedaba trabajando en su oficina. Eran las tres y media de la mañana y todavía estaba ahí, atendiendo gente. Ella ni salía a almorzar. Trabajaba desde las 8 de la mañana hasta las 3 de la mañana del día siguiente. Dormía poco. Una hora o dos horas, a lo sumo. Quizás ella se sentía ya enferma y quería darlo todo.
Los relatos se superponen y la memoria domina. Eva Perón no es una figura de manual de historia, sino una mujer de carne y hueso.
Semejante devoción sorprende en una época tan fría y tan carente de devociones como ésta.
ERNESTO CASTRILLÓN Y LUIS CASABAL www.lanacion.com.ar
*boîte - casa nocturna donde se baila al son de música
En los fragmentos abajo, se establece una relación entre los pronombres subrayados y los términos a los cuales se refieren.
Se constata un equívoco en esa relación en la siguiente alternativa:
Provas

Provas
Eva Perón, según su séquito íntimo
Mientras el café ayuda a disipar la temperatura de un atardecer glacial, Francisco Ernesto Molina, chofer particular de Eva Perón, toma la iniciativa del relato:
− Yo fui el chofer de la señora Evita − aclara. El trato de la señora era algo extraordinario.A) Les diré que era una persona de carácter, muy dura cuando debía serlo, pero con nosotros, con su personal, el trato era siempre cariñoso. El día de trabajo de la señora − rememora Molina − comenzaba muy temprano. Nosotros tomábamos servicio a las 8 de la mañana. A esa hora, mientras el peluquero la peinaba, ella ya atendía a la gente humilde que llegaba con algún pedido.
Molina menciona cierta ocasión en que habían salido muy temprano de la residencia:
− Le pregunté: “¿Adónde vamos?”. “A la boîte*”, me contestó seria. Yo la miré por el espejo, perplejo. “Sí, sí, a la boîte, al Ministerio de Trabajo y Previsión, porque ahí los hago bailar a todos”. Jamás nos llamaba por el nombre, siempre era: “Hijo, vamos a tal lado”B). De todas formas, por la señora sentíamos un afecto especial. Teníamos por ella un gran fanatismo porque veíamos cómo se sacrificaba. La señora quemó su vida, la quiso quemar. Pero la quiso quemar por el general (Perón). Un día − recuerda el chofer − la señora subió al vehículo muy nerviosa, conversando con un funcionario de Cancillería. “Esto no se hace así”, le decía enojada, “esto debe hacerse en esta forma”. Entonces, como observé que había un clima difícil, levanté el vidrio de la visión para que le pudiera decir todo lo que quisiera y yo no tuviera que oírlo. Pero ella enseguida, de su lado, lo volvió a bajar. Cada vez que tenía que llamarle la atención a alguno bajaba el vidrioC) y los hacía pasar vergüenza delante nuestro. Tenía eso la señora. A la hija del ministro Oscar Nicolini, Irma, le hizo saludarnos especialmente porque previamente nos había ignorado al llegar.D) Eso no quiere decir que a veces no nos diera un tirón de orejas porque íbamos muy ligero o por algún otro motivo.
Molina recuerda de un crudo invierno a comienzos de la década del cincuenta. En aquel entonces, en Plaza de Mayo y Reconquista, estaban todas las paradas de los colectivos:
− Cuando pasamos por el lugar con Evita − señala − , ella empezó a decir: “Ay, pobrecita esa gente, con el frío que hace. Cuando me dejen a mí, vengan a buscar a estas personas y las lleven a su casa. Y que esto mismo lo hagan todos los otros funcionarios que vayan llegando, como orden del día”. Así que una vez que dejamos a Evita, fuimos a invitar a los que hacían la cola del colectivo a subir al automóvil oficial. Una señora del grupo no quería subir. Le explicamos que era el coche de la señora y que un rato antes, al pasar, ella misma la había saludado. Les dijimos que teníamos la orden de llevarlos a su casa porque era un día muy frío. Finalmente subió y la trasladamos hasta Villa Lugano. Esa gente, cuando se bajó en Lugano, nos besaba el coche por todos lados.
Molina asegura:
− La señora no tenía “noches de gala”. Todos los días se terminaba acostando a las 3 de la mañana, pero porque se quedaba trabajando en su oficina. Eran las tres y media de la mañana y todavía estaba ahí, atendiendo gente. Ella ni salía a almorzar. Trabajaba desde las 8 de la mañana hasta las 3 de la mañana del día siguiente. Dormía poco. Una hora o dos horas, a lo sumo. Quizás ella se sentía ya enferma y quería darlo todo.
Los relatos se superponen y la memoria domina. Eva Perón no es una figura de manual de historia, sino una mujer de carne y hueso.
Semejante devoción sorprende en una época tan fría y tan carente de devociones como ésta.
ERNESTO CASTRILLÓN Y LUIS CASABAL www.lanacion.com.ar
*boîte - casa nocturna donde se baila al son de música
Evita mantenía una relación respetuosa mutua con los trabajadores a su servicio. A los demás, les exigía que procedieran del mismo modo.
Se observa tal exigencia en el siguiente fragmento:
Provas
Provas
Provas
Provas
Leia o texto para responder às questões de números 71 a 80.
Brasil necesita 1,9 millones de trabajadores cualificados
30.05.2011
“No podemos comparar la emigración de los años cuarenta a los sesenta, cuando la gente se iba sin nada, sin formación, sin recursos, cuando la gente se iba por necesidad, con la emigración de hoy. La gente no tiene hambre. No tendrá empleo, pero no tiene hambre. Además, tiene formación, ha viajado y seguramente domina idiomas”. Pilar Pin, directora general de Ciudadanía Española en el Exterior, lleva meses intentando matizar el concepto de emigración ligado a la crisis económica en España. Hasta el punto de que el Gobierno prefiere hablar de “movilidad” temporal de los jóvenes, no de emigración.
La directora general reconoce que existe esa demanda de profesionales cualificados en Latinoamérica. “En España, nuestro tejido industrial no puede absorber todo lo que genera nuestro sistema educativo, que es de los mejores del mundo. Es una disfunción que se complementa [con la demanda en otros países]. Que estos profesionales se vayan por el mundo es una aspiración española largamente acariciada, es el reconocimiento de nuestros investigadores y profesionales y se da en toda América, desde Canadá hasta toda Latinoamérica”.
Dicho esto, añade que “desgraciadamente no se están yendo”. Una de las tareas de Pin es poner las cosas fáciles a los españoles que quieran irse a través de acuerdos con los países de destino. Países que aparentemente presentan grandes oportunidades, en realidad ocultan dificultades para los españoles. Por ejemplo, en Brasil: “Su potencial es enorme y con retos inmediatos, como el mundial, los juegos olímpicos, la cobertura energética, el tratamiento medioambiental, el despegue del turismo”.
El día 2 de marzo se reunió con el ministro de Trabajo brasileño, Carlos Lupi, en Brasilia. “Me dijo en su despacho que Brasil necesita 1,9 millones de personas de alta cualificación y que España las tenía”. Sin embargo, los jóvenes con estudios superiores españoles en paro no se van. “La legislación de implantación de empresas en Brasil es muy restrictiva”, asegura Pin. “Los trabajadores de una empresa que se va a Brasil tienen un permiso de estancia por obra”, lo que dura su contrato. En cuanto a establecerse por su cuenta, “es muy difícil, las leyes dificultan que la gente tome esa opción”.
De la misma forma, Brasil “puede que necesite unos 28 000 profesores de español nativos”. Pero, aunque en España se puedan encontrar esas personas, no se irán con unos sueldos que son “la cuarta parte que en España. Es una contradicción del Estado brasileño” declarar el español como prioridad en la enseñanza y demandar profesionales pero no elevar la remuneración”, opina Pin.
(www.elpais.com. Adaptado.)
Qual palavra presente no texto serve de sinônimo para sueldos, no quinto parágrafo?
Provas
Caderno Container