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1146692 Ano: 2009
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: CESPE / CEBRASPE
Orgão: UNIPAMPA

a traducción en el ámbito audiovisual

El desarrollo de la traducción en el ámbito

idiomático se gestó desde sus principios para facilitar,

como es sobreentendido, la comunicación y

entendimiento entre las personas de cualquier cultura; sin

embargo ésta también trajo consigo un muy importante

resultado el cual fue la globalización cultural, no sólo

aplicada a la comunicación hablada y escrita, sino que

además a la proyectada, logrando fomentar la interacción

policultural mediante diversos medios, como el cine y la

televisión.

Por otra parte, los traductores desarrollados en

la traducción audiovisual especializan su carrera o

estudios en la comprensión gestual y hablada de diversos

idiomas, teniendo como principio un idioma general y

aplicable a la traducción, o sea, cuando se desea traducir

vocalmente a un idioma específico, el traductor debe

fijarse bastante en aspectos como la vocalización y

gestualidad de los personajes y(o) escenas a las cuales

desea aplicar dicha traducción.

Es bueno cuando hablamos de la traducción

audiovisual resaltar las diferentes maneras a las que ésta

se puede aplicar, entre las cuales se resaltan algunas

como el doblaje oral o voces superpuestas, la

subtitulación y la audio descripción, las cuales debido al

caso de ser aplicadas a un tipo de idioma cualquiera

requieren cada una dentro de sí una diferente

especialización, con el propósito de lograr interpretar

aspectos como la acentuación, gestualidad y vocalización

de dicho idioma, esto claro cuando hablamos de una

parte oral; para una parte escrita es básico poseer

un conocimiento léxico-semántico y aplicativo, sin

mencionar un vocabulario de idioma extranjero, bastante

amplio, para que, de esta manera, la traducción pueda ser

aplicada a la nueva lengua lo más nativamente posible.

Un aspecto a resaltar acerca del desarrollo de la

traducción audiovisual es su gran influencia en los dos

principales aspectos aplicativos de esta actividad como

lo son los ya mencionados cine y televisión, ya que,

debido a este aspecto, la expansión, especialmente la del

cine, ha sido una de las principales virtudes mostradas

por dicha traducción.

En la actualidad la traducción audiovisual

también resulta bastante aplicada a ámbitos como el

Internet, pues la creación de programas de subtitulación

a textos y discursos, proyectados vía Internet, se ha

mostrado como una novedosa opción en dicho ámbito.

Cabe notar que el desarrollo de estos nuevos software o

programas traductores son uno de los medios traductivos

más aplicados en la actualidad, sin embargo durante su

proceder aún muestran algunas falencias debido a la

variación expresiva y(o) sinonimia que presentan algunos

idiomas en particular.

Internet: www.articuloz.com (con adaptaciones)

Según el texto, juzgue los ítems siguientes.

La palabra “sobreentendido” (l.3) también se puede escribir correctamente como sobrentendido.

 

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1146691 Ano: 2009
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: CESPE / CEBRASPE
Orgão: UNIPAMPA

a traducción en el ámbito audiovisual

El desarrollo de la traducción en el ámbito

idiomático se gestó desde sus principios para facilitar,

como es sobreentendido, la comunicación y

entendimiento entre las personas de cualquier cultura; sin

embargo ésta también trajo consigo un muy importante

resultado el cual fue la globalización cultural, no sólo

aplicada a la comunicación hablada y escrita, sino que

además a la proyectada, logrando fomentar la interacción

policultural mediante diversos medios, como el cine y la

televisión.

Por otra parte, los traductores desarrollados en

la traducción audiovisual especializan su carrera o

estudios en la comprensión gestual y hablada de diversos

idiomas, teniendo como principio un idioma general y

aplicable a la traducción, o sea, cuando se desea traducir

vocalmente a un idioma específico, el traductor debe

fijarse bastante en aspectos como la vocalización y

gestualidad de los personajes y(o) escenas a las cuales

desea aplicar dicha traducción.

Es bueno cuando hablamos de la traducción

audiovisual resaltar las diferentes maneras a las que ésta

se puede aplicar, entre las cuales se resaltan algunas

como el doblaje oral o voces superpuestas, la

subtitulación y la audio descripción, las cuales debido al

caso de ser aplicadas a un tipo de idioma cualquiera

requieren cada una dentro de sí una diferente

especialización, con el propósito de lograr interpretar

aspectos como la acentuación, gestualidad y vocalización

de dicho idioma, esto claro cuando hablamos de una

parte oral; para una parte escrita es básico poseer

un conocimiento léxico-semántico y aplicativo, sin

mencionar un vocabulario de idioma extranjero, bastante

amplio, para que, de esta manera, la traducción pueda ser

aplicada a la nueva lengua lo más nativamente posible.

Un aspecto a resaltar acerca del desarrollo de la

traducción audiovisual es su gran influencia en los dos

principales aspectos aplicativos de esta actividad como

lo son los ya mencionados cine y televisión, ya que,

debido a este aspecto, la expansión, especialmente la del

cine, ha sido una de las principales virtudes mostradas

por dicha traducción.

En la actualidad la traducción audiovisual

también resulta bastante aplicada a ámbitos como el

Internet, pues la creación de programas de subtitulación

a textos y discursos, proyectados vía Internet, se ha

mostrado como una novedosa opción en dicho ámbito.

Cabe notar que el desarrollo de estos nuevos software o

programas traductores son uno de los medios traductivos

más aplicados en la actualidad, sin embargo durante su

proceder aún muestran algunas falencias debido a la

variación expresiva y(o) sinonimia que presentan algunos

idiomas en particular.

Internet: www.articuloz.com (con adaptaciones)

Según el texto, juzgue los ítems siguientes.

El elemento “sus” (l.2) es un adjetivo posesivo.

 

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1146690 Ano: 2009
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: CESPE / CEBRASPE
Orgão: UNIPAMPA

a traducción en el ámbito audiovisual

El desarrollo de la traducción en el ámbito

idiomático se gestó desde sus principios para facilitar,

como es sobreentendido, la comunicación y

entendimiento entre las personas de cualquier cultura; sin

embargo ésta también trajo consigo un muy importante

resultado el cual fue la globalización cultural, no sólo

aplicada a la comunicación hablada y escrita, sino que

además a la proyectada, logrando fomentar la interacción

policultural mediante diversos medios, como el cine y la

televisión.

Por otra parte, los traductores desarrollados en

la traducción audiovisual especializan su carrera o

estudios en la comprensión gestual y hablada de diversos

idiomas, teniendo como principio un idioma general y

aplicable a la traducción, o sea, cuando se desea traducir

vocalmente a un idioma específico, el traductor debe

fijarse bastante en aspectos como la vocalización y

gestualidad de los personajes y(o) escenas a las cuales

desea aplicar dicha traducción.

Es bueno cuando hablamos de la traducción

audiovisual resaltar las diferentes maneras a las que ésta

se puede aplicar, entre las cuales se resaltan algunas

como el doblaje oral o voces superpuestas, la

subtitulación y la audio descripción, las cuales debido al

caso de ser aplicadas a un tipo de idioma cualquiera

requieren cada una dentro de sí una diferente

especialización, con el propósito de lograr interpretar

aspectos como la acentuación, gestualidad y vocalización

de dicho idioma, esto claro cuando hablamos de una

parte oral; para una parte escrita es básico poseer

un conocimiento léxico-semántico y aplicativo, sin

mencionar un vocabulario de idioma extranjero, bastante

amplio, para que, de esta manera, la traducción pueda ser

aplicada a la nueva lengua lo más nativamente posible.

Un aspecto a resaltar acerca del desarrollo de la

traducción audiovisual es su gran influencia en los dos

principales aspectos aplicativos de esta actividad como

lo son los ya mencionados cine y televisión, ya que,

debido a este aspecto, la expansión, especialmente la del

cine, ha sido una de las principales virtudes mostradas

por dicha traducción.

En la actualidad la traducción audiovisual

también resulta bastante aplicada a ámbitos como el

Internet, pues la creación de programas de subtitulación

a textos y discursos, proyectados vía Internet, se ha

mostrado como una novedosa opción en dicho ámbito.

Cabe notar que el desarrollo de estos nuevos software o

programas traductores son uno de los medios traductivos

más aplicados en la actualidad, sin embargo durante su

proceder aún muestran algunas falencias debido a la

variación expresiva y(o) sinonimia que presentan algunos

idiomas en particular.

Internet: www.articuloz.com (con adaptaciones)

Según el texto, juzgue los ítems siguientes.

La voz verbal “se gestó” (l.2) está en pretérito indefinido de indicativo.

 

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1146689 Ano: 2009
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: CESPE / CEBRASPE
Orgão: UNIPAMPA

¿Pero qué demonios dice aquí?

La aparición del cine, y posteriormente de la televisión, ha

marcado una de las fases más importantes de la historia de las

comunicaciones. En poco tiempo, dichos medios pasaron a

constituir un soporte rápido y eficaz de difusión de información

y de ocio y, dado que la gran mayoría de las emisiones provenían

(y provienen) de los EE.UU., la traducción surgió como um

intermediario indispensable entre los distintos países, entre las

diversas culturas.

Aún cuando la televisión pueda servir de mecanismo de

unificación y didáctica de las lenguas, resulta también un

infortunado coladero de calcos del inglés, de expresiones

artificiales e incluso absurdas con las que nos sentimos

bombardeados cada día. Entre los años 1960 y 1975, los doblajes

realizados en México, Puerto Rico y Florida se convirtieron en

una cantera de giros no existentes en el español, como es el caso

de ¡Déjame sólo! (Leave me alone), cuando en nuestro idioma

siempre se había dicho ¡Déjame en paz!.

Muchos de estos anglicismos, en ocasiones muy obvios,

pasaron desapercibidos para el ajustador y el director de doblaje,

e incluso para parte de la audiencia, que desde entonces ha

asistido de manera pasiva a un fenómeno lingüístico sin

precedentes. Una cantidad considerable de palabras se han

traducido de forma poco acertada y se escuchan a diario en los

medios de comunicación. Son expresiones a las que ya nos

hemos acostumbrado y que aceptamos sin escrúpulos.

Afortunadamente, algunos de estos giros no se han introducido

en nuestra habla cotidiana. Es decir, que no nos sorprende oírlos,

pero tenemos la suficiente conciencia lingüística como para no

utilizarlos. Esto ocurre principalmente en el lenguaje vulgar o

malsonante. Pongamos un ejemplo: imaginemos que nuestro hijo

regresa a casa a las cinco de la mañana cuando se supone que

había salido a tomar un helado a las siete de la tarde.

Lógicamente estamos preocupados, ansiosos y hasta furiosos.

Sinceramente: ¿cuántos de nosotros diríamos ¿Dónde demonios

has estado? En la misma línea, ¿cuántos exclamaríamos

¡Diablos! al recibir un martillazo en el pulgar? Casi puedo

permitirme el lujo de afirmar que la respuesta es un cero rotundo.

Sin embargo, estas interjecciones, calcadas del inglés hell, se

suceden día tras día en nuestro televisor.

Ante esta coyuntura evidente, es labor de los traductores

asegurarse de que estos errores no se reproduzcan. De hecho, son

cada vez más los profesionales que huyen del conformismo y

rechazan la cómoda excusa de es que la gente ya está

acostumbrada a oírlo. Estos traductores, en un contexto como el

expuesto en el primer ejemplo, sustituirían demonios por los

castizos coño o cojones, que resultarían más pertinentes. Del

mismo modo, en el segundo caso dirían ¡mierda! o ¡ay!, pero

nunca ¡diablos!. Creo que estamos de acuerdo en que las

expresiones malsonantes no deben usarse gratuitamente (salvo

casos como South Park, pero eso es otra historia), si bien

tampoco pueden rechazarse cuando proceda, esto es, cuando el

contexto lo requiera. Si se trata de crear un lenguaje creíble,

seamos realistas y reconozcamos que existen ocasiones (y no son

tan pocas) en las que utilizamos el lenguaje soez.

No obstante, todos sabemos que estas opciones, estas

traducciones acertadas, se ven la mayoría de las veces frustradas

por el responsable de la versión definitiva, que suele defender las

fórmulas absurdas del tipo ¡diablos! o ¡recórcholis! (en serio,

esto lo he oído en alguna película). A los directores de

marketing, que tienen la última palabra, les interesa vender su

producto y consideran que la receta más prometedora es la que

conjuga tradicionalismo y puritanismo.

Internet: <=traduccion.rediris.es (con adaptaciones)

En relación al contenido y a la forma del texto, juzgue los ítems siguientes.

La intención global del texto es describir una situación y tomar una posición en relación a ella.

 

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1146688 Ano: 2009
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: CESPE / CEBRASPE
Orgão: UNIPAMPA

¿Pero qué demonios dice aquí?

La aparición del cine, y posteriormente de la televisión, ha

marcado una de las fases más importantes de la historia de las

comunicaciones. En poco tiempo, dichos medios pasaron a

constituir un soporte rápido y eficaz de difusión de información

y de ocio y, dado que la gran mayoría de las emisiones provenían

(y provienen) de los EE.UU., la traducción surgió como um

intermediario indispensable entre los distintos países, entre las

diversas culturas.

Aún cuando la televisión pueda servir de mecanismo de

unificación y didáctica de las lenguas, resulta también un

infortunado coladero de calcos del inglés, de expresiones

artificiales e incluso absurdas con las que nos sentimos

bombardeados cada día. Entre los años 1960 y 1975, los doblajes

realizados en México, Puerto Rico y Florida se convirtieron en

una cantera de giros no existentes en el español, como es el caso

de ¡Déjame sólo! (Leave me alone), cuando en nuestro idioma

siempre se había dicho ¡Déjame en paz!.

Muchos de estos anglicismos, en ocasiones muy obvios,

pasaron desapercibidos para el ajustador y el director de doblaje,

e incluso para parte de la audiencia, que desde entonces ha

asistido de manera pasiva a un fenómeno lingüístico sin

precedentes. Una cantidad considerable de palabras se han

traducido de forma poco acertada y se escuchan a diario en los

medios de comunicación. Son expresiones a las que ya nos

hemos acostumbrado y que aceptamos sin escrúpulos.

Afortunadamente, algunos de estos giros no se han introducido

en nuestra habla cotidiana. Es decir, que no nos sorprende oírlos,

pero tenemos la suficiente conciencia lingüística como para no

utilizarlos. Esto ocurre principalmente en el lenguaje vulgar o

malsonante. Pongamos un ejemplo: imaginemos que nuestro hijo

regresa a casa a las cinco de la mañana cuando se supone que

había salido a tomar un helado a las siete de la tarde.

Lógicamente estamos preocupados, ansiosos y hasta furiosos.

Sinceramente: ¿cuántos de nosotros diríamos ¿Dónde demonios

has estado? En la misma línea, ¿cuántos exclamaríamos

¡Diablos! al recibir un martillazo en el pulgar? Casi puedo

permitirme el lujo de afirmar que la respuesta es un cero rotundo.

Sin embargo, estas interjecciones, calcadas del inglés hell, se

suceden día tras día en nuestro televisor.

Ante esta coyuntura evidente, es labor de los traductores

asegurarse de que estos errores no se reproduzcan. De hecho, son

cada vez más los profesionales que huyen del conformismo y

rechazan la cómoda excusa de es que la gente ya está

acostumbrada a oírlo. Estos traductores, en un contexto como el

expuesto en el primer ejemplo, sustituirían demonios por los

castizos coño o cojones, que resultarían más pertinentes. Del

mismo modo, en el segundo caso dirían ¡mierda! o ¡ay!, pero

nunca ¡diablos!. Creo que estamos de acuerdo en que las

expresiones malsonantes no deben usarse gratuitamente (salvo

casos como South Park, pero eso es otra historia), si bien

tampoco pueden rechazarse cuando proceda, esto es, cuando el

contexto lo requiera. Si se trata de crear un lenguaje creíble,

seamos realistas y reconozcamos que existen ocasiones (y no son

tan pocas) en las que utilizamos el lenguaje soez.

No obstante, todos sabemos que estas opciones, estas

traducciones acertadas, se ven la mayoría de las veces frustradas

por el responsable de la versión definitiva, que suele defender las

fórmulas absurdas del tipo ¡diablos! o ¡recórcholis! (en serio,

esto lo he oído en alguna película). A los directores de

marketing, que tienen la última palabra, les interesa vender su

producto y consideran que la receta más prometedora es la que

conjuga tradicionalismo y puritanismo.

Internet: <=traduccion.rediris.es (con adaptaciones)

En relación al contenido y a la forma del texto, juzgue los ítems siguientes.

Es correcto afirmar que el texto hace referencia a cinco profesiones relacionadas con la producción y comercialización de filmes doblados.

 

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1146687 Ano: 2009
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: CESPE / CEBRASPE
Orgão: UNIPAMPA

¿Pero qué demonios dice aquí?

La aparición del cine, y posteriormente de la televisión, ha

marcado una de las fases más importantes de la historia de las

comunicaciones. En poco tiempo, dichos medios pasaron a

constituir un soporte rápido y eficaz de difusión de información

y de ocio y, dado que la gran mayoría de las emisiones provenían

(y provienen) de los EE.UU., la traducción surgió como um

intermediario indispensable entre los distintos países, entre las

diversas culturas.

Aún cuando la televisión pueda servir de mecanismo de

unificación y didáctica de las lenguas, resulta también un

infortunado coladero de calcos del inglés, de expresiones

artificiales e incluso absurdas con las que nos sentimos

bombardeados cada día. Entre los años 1960 y 1975, los doblajes

realizados en México, Puerto Rico y Florida se convirtieron en

una cantera de giros no existentes en el español, como es el caso

de ¡Déjame sólo! (Leave me alone), cuando en nuestro idioma

siempre se había dicho ¡Déjame en paz!.

Muchos de estos anglicismos, en ocasiones muy obvios,

pasaron desapercibidos para el ajustador y el director de doblaje,

e incluso para parte de la audiencia, que desde entonces ha

asistido de manera pasiva a un fenómeno lingüístico sin

precedentes. Una cantidad considerable de palabras se han

traducido de forma poco acertada y se escuchan a diario en los

medios de comunicación. Son expresiones a las que ya nos

hemos acostumbrado y que aceptamos sin escrúpulos.

Afortunadamente, algunos de estos giros no se han introducido

en nuestra habla cotidiana. Es decir, que no nos sorprende oírlos,

pero tenemos la suficiente conciencia lingüística como para no

utilizarlos. Esto ocurre principalmente en el lenguaje vulgar o

malsonante. Pongamos un ejemplo: imaginemos que nuestro hijo

regresa a casa a las cinco de la mañana cuando se supone que

había salido a tomar un helado a las siete de la tarde.

Lógicamente estamos preocupados, ansiosos y hasta furiosos.

Sinceramente: ¿cuántos de nosotros diríamos ¿Dónde demonios

has estado? En la misma línea, ¿cuántos exclamaríamos

¡Diablos! al recibir un martillazo en el pulgar? Casi puedo

permitirme el lujo de afirmar que la respuesta es un cero rotundo.

Sin embargo, estas interjecciones, calcadas del inglés hell, se

suceden día tras día en nuestro televisor.

Ante esta coyuntura evidente, es labor de los traductores

asegurarse de que estos errores no se reproduzcan. De hecho, son

cada vez más los profesionales que huyen del conformismo y

rechazan la cómoda excusa de es que la gente ya está

acostumbrada a oírlo. Estos traductores, en un contexto como el

expuesto en el primer ejemplo, sustituirían demonios por los

castizos coño o cojones, que resultarían más pertinentes. Del

mismo modo, en el segundo caso dirían ¡mierda! o ¡ay!, pero

nunca ¡diablos!. Creo que estamos de acuerdo en que las

expresiones malsonantes no deben usarse gratuitamente (salvo

casos como South Park, pero eso es otra historia), si bien

tampoco pueden rechazarse cuando proceda, esto es, cuando el

contexto lo requiera. Si se trata de crear un lenguaje creíble,

seamos realistas y reconozcamos que existen ocasiones (y no son

tan pocas) en las que utilizamos el lenguaje soez.

No obstante, todos sabemos que estas opciones, estas

traducciones acertadas, se ven la mayoría de las veces frustradas

por el responsable de la versión definitiva, que suele defender las

fórmulas absurdas del tipo ¡diablos! o ¡recórcholis! (en serio,

esto lo he oído en alguna película). A los directores de

marketing, que tienen la última palabra, les interesa vender su

producto y consideran que la receta más prometedora es la que

conjuga tradicionalismo y puritanismo.

Internet: <=traduccion.rediris.es (con adaptaciones)

En relación al contenido y a la forma del texto, juzgue los ítems siguientes.

Es correcto inferir del texto que los intereses comerciales son una de las causas del uso de anglicismos.

 

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Questão presente nas seguintes provas
1137923 Ano: 2009
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: CESPE / CEBRASPE
Orgão: UNIPAMPA

¿Pero qué demonios dice aquí?

La aparición del cine, y posteriormente de la televisión, ha

marcado una de las fases más importantes de la historia de las

comunicaciones. En poco tiempo, dichos medios pasaron a

constituir un soporte rápido y eficaz de difusión de información

y de ocio y, dado que la gran mayoría de las emisiones provenían

(y provienen) de los EE.UU., la traducción surgió como um

intermediario indispensable entre los distintos países, entre las

diversas culturas.

Aún cuando la televisión pueda servir de mecanismo de

unificación y didáctica de las lenguas, resulta también un

infortunado coladero de calcos del inglés, de expresiones

artificiales e incluso absurdas con las que nos sentimos

bombardeados cada día. Entre los años 1960 y 1975, los doblajes

realizados en México, Puerto Rico y Florida se convirtieron en

una cantera de giros no existentes en el español, como es el caso

de ¡Déjame sólo! (Leave me alone), cuando en nuestro idioma

siempre se había dicho ¡Déjame en paz!.

Muchos de estos anglicismos, en ocasiones muy obvios,

pasaron desapercibidos para el ajustador y el director de doblaje,

e incluso para parte de la audiencia, que desde entonces ha

asistido de manera pasiva a un fenómeno lingüístico sin

precedentes. Una cantidad considerable de palabras se han

traducido de forma poco acertada y se escuchan a diario en los

medios de comunicación. Son expresiones a las que ya nos

hemos acostumbrado y que aceptamos sin escrúpulos.

Afortunadamente, algunos de estos giros no se han introducido

en nuestra habla cotidiana. Es decir, que no nos sorprende oírlos,

pero tenemos la suficiente conciencia lingüística como para no

utilizarlos. Esto ocurre principalmente en el lenguaje vulgar o

malsonante. Pongamos un ejemplo: imaginemos que nuestro hijo

regresa a casa a las cinco de la mañana cuando se supone que

había salido a tomar un helado a las siete de la tarde.

Lógicamente estamos preocupados, ansiosos y hasta furiosos.

Sinceramente: ¿cuántos de nosotros diríamos ¿Dónde demonios

has estado? En la misma línea, ¿cuántos exclamaríamos

¡Diablos! al recibir un martillazo en el pulgar? Casi puedo

permitirme el lujo de afirmar que la respuesta es un cero rotundo.

Sin embargo, estas interjecciones, calcadas del inglés hell, se

suceden día tras día en nuestro televisor.

Ante esta coyuntura evidente, es labor de los traductores

asegurarse de que estos errores no se reproduzcan. De hecho, son

cada vez más los profesionales que huyen del conformismo y

rechazan la cómoda excusa de es que la gente ya está

acostumbrada a oírlo. Estos traductores, en un contexto como el

expuesto en el primer ejemplo, sustituirían demonios por los

castizos coño o cojones, que resultarían más pertinentes. Del

mismo modo, en el segundo caso dirían ¡mierda! o ¡ay!, pero

nunca ¡diablos!. Creo que estamos de acuerdo en que las

expresiones malsonantes no deben usarse gratuitamente (salvo

casos como South Park, pero eso es otra historia), si bien

tampoco pueden rechazarse cuando proceda, esto es, cuando el

contexto lo requiera. Si se trata de crear un lenguaje creíble,

seamos realistas y reconozcamos que existen ocasiones (y no son

tan pocas) en las que utilizamos el lenguaje soez.

No obstante, todos sabemos que estas opciones, estas

traducciones acertadas, se ven la mayoría de las veces frustradas

por el responsable de la versión definitiva, que suele defender las

fórmulas absurdas del tipo ¡diablos! o ¡recórcholis! (en serio,

esto lo he oído en alguna película). A los directores de

marketing, que tienen la última palabra, les interesa vender su

producto y consideran que la receta más prometedora es la que

conjuga tradicionalismo y puritanismo.

Internet: <=traduccion.rediris.es (con adaptaciones)

En relación al contenido y a la forma del texto, juzgue los ítems siguientes.

Según el texto, la versión definitiva del doblaje de una película cinematográfica no es responsabilidad del traductor.

 

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Questão presente nas seguintes provas
1137611 Ano: 2009
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: CESPE / CEBRASPE
Orgão: UNIPAMPA

¿Pero qué demonios dice aquí?

La aparición del cine, y posteriormente de la televisión, ha

marcado una de las fases más importantes de la historia de las

comunicaciones. En poco tiempo, dichos medios pasaron a

constituir un soporte rápido y eficaz de difusión de información

y de ocio y, dado que la gran mayoría de las emisiones provenían

(y provienen) de los EE.UU., la traducción surgió como um

intermediario indispensable entre los distintos países, entre las

diversas culturas.

Aún cuando la televisión pueda servir de mecanismo de

unificación y didáctica de las lenguas, resulta también un

infortunado coladero de calcos del inglés, de expresiones

artificiales e incluso absurdas con las que nos sentimos

bombardeados cada día. Entre los años 1960 y 1975, los doblajes

realizados en México, Puerto Rico y Florida se convirtieron en

una cantera de giros no existentes en el español, como es el caso

de ¡Déjame sólo! (Leave me alone), cuando en nuestro idioma

siempre se había dicho ¡Déjame en paz!.

Muchos de estos anglicismos, en ocasiones muy obvios,

pasaron desapercibidos para el ajustador y el director de doblaje,

e incluso para parte de la audiencia, que desde entonces ha

asistido de manera pasiva a un fenómeno lingüístico sin

precedentes. Una cantidad considerable de palabras se han

traducido de forma poco acertada y se escuchan a diario en los

medios de comunicación. Son expresiones a las que ya nos

hemos acostumbrado y que aceptamos sin escrúpulos.

Afortunadamente, algunos de estos giros no se han introducido

en nuestra habla cotidiana. Es decir, que no nos sorprende oírlos,

pero tenemos la suficiente conciencia lingüística como para no

utilizarlos. Esto ocurre principalmente en el lenguaje vulgar o

malsonante. Pongamos un ejemplo: imaginemos que nuestro hijo

regresa a casa a las cinco de la mañana cuando se supone que

había salido a tomar un helado a las siete de la tarde.

Lógicamente estamos preocupados, ansiosos y hasta furiosos.

Sinceramente: ¿cuántos de nosotros diríamos ¿Dónde demonios

has estado? En la misma línea, ¿cuántos exclamaríamos

¡Diablos! al recibir un martillazo en el pulgar? Casi puedo

permitirme el lujo de afirmar que la respuesta es un cero rotundo.

Sin embargo, estas interjecciones, calcadas del inglés hell, se

suceden día tras día en nuestro televisor.

Ante esta coyuntura evidente, es labor de los traductores

asegurarse de que estos errores no se reproduzcan. De hecho, son

cada vez más los profesionales que huyen del conformismo y

rechazan la cómoda excusa de es que la gente ya está

acostumbrada a oírlo. Estos traductores, en un contexto como el

expuesto en el primer ejemplo, sustituirían demonios por los

castizos coño o cojones, que resultarían más pertinentes. Del

mismo modo, en el segundo caso dirían ¡mierda! o ¡ay!, pero

nunca ¡diablos!. Creo que estamos de acuerdo en que las

expresiones malsonantes no deben usarse gratuitamente (salvo

casos como South Park, pero eso es otra historia), si bien

tampoco pueden rechazarse cuando proceda, esto es, cuando el

contexto lo requiera. Si se trata de crear un lenguaje creíble,

seamos realistas y reconozcamos que existen ocasiones (y no son

tan pocas) en las que utilizamos el lenguaje soez.

No obstante, todos sabemos que estas opciones, estas

traducciones acertadas, se ven la mayoría de las veces frustradas

por el responsable de la versión definitiva, que suele defender las

fórmulas absurdas del tipo ¡diablos! o ¡recórcholis! (en serio,

esto lo he oído en alguna película). A los directores de

marketing, que tienen la última palabra, les interesa vender su

producto y consideran que la receta más prometedora es la que

conjuga tradicionalismo y puritanismo.

Internet: <=traduccion.rediris.es (con adaptaciones)

En relación al contenido y a la forma del texto, juzgue los ítems siguientes.

Es correcto decir que el título del texto contiene un anglicismo.

 

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1134314 Ano: 2009
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: CESPE / CEBRASPE
Orgão: UNIPAMPA

¿Pero qué demonios dice aquí?

La aparición del cine, y posteriormente de la televisión, ha

marcado una de las fases más importantes de la historia de las

comunicaciones. En poco tiempo, dichos medios pasaron a

constituir un soporte rápido y eficaz de difusión de información

y de ocio y, dado que la gran mayoría de las emisiones provenían

(y provienen) de los EE.UU., la traducción surgió como um

intermediario indispensable entre los distintos países, entre las

diversas culturas.

Aún cuando la televisión pueda servir de mecanismo de

unificación y didáctica de las lenguas, resulta también un

infortunado coladero de calcos del inglés, de expresiones

artificiales e incluso absurdas con las que nos sentimos

bombardeados cada día. Entre los años 1960 y 1975, los doblajes

realizados en México, Puerto Rico y Florida se convirtieron en

una cantera de giros no existentes en el español, como es el caso

de ¡Déjame sólo! (Leave me alone), cuando en nuestro idioma

siempre se había dicho ¡Déjame en paz!.

Muchos de estos anglicismos, en ocasiones muy obvios,

pasaron desapercibidos para el ajustador y el director de doblaje,

e incluso para parte de la audiencia, que desde entonces ha

asistido de manera pasiva a un fenómeno lingüístico sin

precedentes. Una cantidad considerable de palabras se han

traducido de forma poco acertada y se escuchan a diario en los

medios de comunicación. Son expresiones a las que ya nos

hemos acostumbrado y que aceptamos sin escrúpulos.

Afortunadamente, algunos de estos giros no se han introducido

en nuestra habla cotidiana. Es decir, que no nos sorprende oírlos,

pero tenemos la suficiente conciencia lingüística como para no

utilizarlos. Esto ocurre principalmente en el lenguaje vulgar o

malsonante. Pongamos un ejemplo: imaginemos que nuestro hijo

regresa a casa a las cinco de la mañana cuando se supone que

había salido a tomar un helado a las siete de la tarde.

Lógicamente estamos preocupados, ansiosos y hasta furiosos.

Sinceramente: ¿cuántos de nosotros diríamos ¿Dónde demonios

has estado? En la misma línea, ¿cuántos exclamaríamos

¡Diablos! al recibir un martillazo en el pulgar? Casi puedo

permitirme el lujo de afirmar que la respuesta es un cero rotundo.

Sin embargo, estas interjecciones, calcadas del inglés hell, se

suceden día tras día en nuestro televisor.

Ante esta coyuntura evidente, es labor de los traductores

asegurarse de que estos errores no se reproduzcan. De hecho, son

cada vez más los profesionales que huyen del conformismo y

rechazan la cómoda excusa de es que la gente ya está

acostumbrada a oírlo. Estos traductores, en un contexto como el

expuesto en el primer ejemplo, sustituirían demonios por los

castizos coño o cojones, que resultarían más pertinentes. Del

mismo modo, en el segundo caso dirían ¡mierda! o ¡ay!, pero

nunca ¡diablos!. Creo que estamos de acuerdo en que las

expresiones malsonantes no deben usarse gratuitamente (salvo

casos como South Park, pero eso es otra historia), si bien

tampoco pueden rechazarse cuando proceda, esto es, cuando el

contexto lo requiera. Si se trata de crear un lenguaje creíble,

seamos realistas y reconozcamos que existen ocasiones (y no son

tan pocas) en las que utilizamos el lenguaje soez.

No obstante, todos sabemos que estas opciones, estas

traducciones acertadas, se ven la mayoría de las veces frustradas

por el responsable de la versión definitiva, que suele defender las

fórmulas absurdas del tipo ¡diablos! o ¡recórcholis! (en serio,

esto lo he oído en alguna película). A los directores de

marketing, que tienen la última palabra, les interesa vender su

producto y consideran que la receta más prometedora es la que

conjuga tradicionalismo y puritanismo.

Internet: <=traduccion.rediris.es (con adaptaciones)

En relación al contenido y a la forma del texto, juzgue los ítems siguientes.

Expresiones como “coño” o “cojones” son malsonantes, y hay que evitarlas a toda costa en las buenas traducciones.

 

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1134312 Ano: 2009
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: CESPE / CEBRASPE
Orgão: UNIPAMPA

¿Pero qué demonios dice aquí?

La aparición del cine, y posteriormente de la televisión, ha

marcado una de las fases más importantes de la historia de las

comunicaciones. En poco tiempo, dichos medios pasaron a

constituir un soporte rápido y eficaz de difusión de información

y de ocio y, dado que la gran mayoría de las emisiones provenían

(y provienen) de los EE.UU., la traducción surgió como um

intermediario indispensable entre los distintos países, entre las

diversas culturas.

Aún cuando la televisión pueda servir de mecanismo de

unificación y didáctica de las lenguas, resulta también un

infortunado coladero de calcos del inglés, de expresiones

artificiales e incluso absurdas con las que nos sentimos

bombardeados cada día. Entre los años 1960 y 1975, los doblajes

realizados en México, Puerto Rico y Florida se convirtieron en

una cantera de giros no existentes en el español, como es el caso

de ¡Déjame sólo! (Leave me alone), cuando en nuestro idioma

siempre se había dicho ¡Déjame en paz!.

Muchos de estos anglicismos, en ocasiones muy obvios,

pasaron desapercibidos para el ajustador y el director de doblaje,

e incluso para parte de la audiencia, que desde entonces ha

asistido de manera pasiva a un fenómeno lingüístico sin

precedentes. Una cantidad considerable de palabras se han

traducido de forma poco acertada y se escuchan a diario en los

medios de comunicación. Son expresiones a las que ya nos

hemos acostumbrado y que aceptamos sin escrúpulos.

Afortunadamente, algunos de estos giros no se han introducido

en nuestra habla cotidiana. Es decir, que no nos sorprende oírlos,

pero tenemos la suficiente conciencia lingüística como para no

utilizarlos. Esto ocurre principalmente en el lenguaje vulgar o

malsonante. Pongamos un ejemplo: imaginemos que nuestro hijo

regresa a casa a las cinco de la mañana cuando se supone que

había salido a tomar un helado a las siete de la tarde.

Lógicamente estamos preocupados, ansiosos y hasta furiosos.

Sinceramente: ¿cuántos de nosotros diríamos ¿Dónde demonios

has estado? En la misma línea, ¿cuántos exclamaríamos

¡Diablos! al recibir un martillazo en el pulgar? Casi puedo

permitirme el lujo de afirmar que la respuesta es un cero rotundo.

Sin embargo, estas interjecciones, calcadas del inglés hell, se

suceden día tras día en nuestro televisor.

Ante esta coyuntura evidente, es labor de los traductores

asegurarse de que estos errores no se reproduzcan. De hecho, son

cada vez más los profesionales que huyen del conformismo y

rechazan la cómoda excusa de es que la gente ya está

acostumbrada a oírlo. Estos traductores, en un contexto como el

expuesto en el primer ejemplo, sustituirían demonios por los

castizos coño o cojones, que resultarían más pertinentes. Del

mismo modo, en el segundo caso dirían ¡mierda! o ¡ay!, pero

nunca ¡diablos!. Creo que estamos de acuerdo en que las

expresiones malsonantes no deben usarse gratuitamente (salvo

casos como South Park, pero eso es otra historia), si bien

tampoco pueden rechazarse cuando proceda, esto es, cuando el

contexto lo requiera. Si se trata de crear un lenguaje creíble,

seamos realistas y reconozcamos que existen ocasiones (y no son

tan pocas) en las que utilizamos el lenguaje soez.

No obstante, todos sabemos que estas opciones, estas

traducciones acertadas, se ven la mayoría de las veces frustradas

por el responsable de la versión definitiva, que suele defender las

fórmulas absurdas del tipo ¡diablos! o ¡recórcholis! (en serio,

esto lo he oído en alguna película). A los directores de

marketing, que tienen la última palabra, les interesa vender su

producto y consideran que la receta más prometedora es la que

conjuga tradicionalismo y puritanismo.

Internet: <=traduccion.rediris.es (con adaptaciones)

En relación al contenido y a la forma del texto, juzgue los ítems siguientes.

Según el texto, los traductores siempre velaron por mantener la pureza de la lengua en sus traducciones, no dejando que penetren extranjerismos.

 

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