Foram encontradas 10.406 questões.
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: CESPE / CEBRASPE
Orgão: UNIPAMPA
a traducción en el ámbito audiovisual
El desarrollo de la traducción en el ámbito
idiomático se gestó desde sus principios para facilitar,
como es sobreentendido, la comunicación y
entendimiento entre las personas de cualquier cultura; sin
embargo ésta también trajo consigo un muy importante
resultado el cual fue la globalización cultural, no sólo
aplicada a la comunicación hablada y escrita, sino que
además a la proyectada, logrando fomentar la interacción
policultural mediante diversos medios, como el cine y la
televisión.
Por otra parte, los traductores desarrollados en
la traducción audiovisual especializan su carrera o
estudios en la comprensión gestual y hablada de diversos
idiomas, teniendo como principio un idioma general y
aplicable a la traducción, o sea, cuando se desea traducir
vocalmente a un idioma específico, el traductor debe
fijarse bastante en aspectos como la vocalización y
gestualidad de los personajes y(o) escenas a las cuales
desea aplicar dicha traducción.
Es bueno cuando hablamos de la traducción
audiovisual resaltar las diferentes maneras a las que ésta
se puede aplicar, entre las cuales se resaltan algunas
como el doblaje oral o voces superpuestas, la
subtitulación y la audio descripción, las cuales debido al
caso de ser aplicadas a un tipo de idioma cualquiera
requieren cada una dentro de sí una diferente
especialización, con el propósito de lograr interpretar
aspectos como la acentuación, gestualidad y vocalización
de dicho idioma, esto claro cuando hablamos de una
parte oral; para una parte escrita es básico poseer
un conocimiento léxico-semántico y aplicativo, sin
mencionar un vocabulario de idioma extranjero, bastante
amplio, para que, de esta manera, la traducción pueda ser
aplicada a la nueva lengua lo más nativamente posible.
Un aspecto a resaltar acerca del desarrollo de la
traducción audiovisual es su gran influencia en los dos
principales aspectos aplicativos de esta actividad como
lo son los ya mencionados cine y televisión, ya que,
debido a este aspecto, la expansión, especialmente la del
cine, ha sido una de las principales virtudes mostradas
por dicha traducción.
En la actualidad la traducción audiovisual
también resulta bastante aplicada a ámbitos como el
Internet, pues la creación de programas de subtitulación
a textos y discursos, proyectados vía Internet, se ha
mostrado como una novedosa opción en dicho ámbito.
Cabe notar que el desarrollo de estos nuevos software o
programas traductores son uno de los medios traductivos
más aplicados en la actualidad, sin embargo durante su
proceder aún muestran algunas falencias debido a la
variación expresiva y(o) sinonimia que presentan algunos
idiomas en particular.
Internet: www.articuloz.com (con adaptaciones)
Según el texto, juzgue los ítems siguientes.
La palabra “sobreentendido” (l.3) también se puede escribir correctamente como sobrentendido.
Provas
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: CESPE / CEBRASPE
Orgão: UNIPAMPA
a traducción en el ámbito audiovisual
El desarrollo de la traducción en el ámbito
idiomático se gestó desde sus principios para facilitar,
como es sobreentendido, la comunicación y
entendimiento entre las personas de cualquier cultura; sin
embargo ésta también trajo consigo un muy importante
resultado el cual fue la globalización cultural, no sólo
aplicada a la comunicación hablada y escrita, sino que
además a la proyectada, logrando fomentar la interacción
policultural mediante diversos medios, como el cine y la
televisión.
Por otra parte, los traductores desarrollados en
la traducción audiovisual especializan su carrera o
estudios en la comprensión gestual y hablada de diversos
idiomas, teniendo como principio un idioma general y
aplicable a la traducción, o sea, cuando se desea traducir
vocalmente a un idioma específico, el traductor debe
fijarse bastante en aspectos como la vocalización y
gestualidad de los personajes y(o) escenas a las cuales
desea aplicar dicha traducción.
Es bueno cuando hablamos de la traducción
audiovisual resaltar las diferentes maneras a las que ésta
se puede aplicar, entre las cuales se resaltan algunas
como el doblaje oral o voces superpuestas, la
subtitulación y la audio descripción, las cuales debido al
caso de ser aplicadas a un tipo de idioma cualquiera
requieren cada una dentro de sí una diferente
especialización, con el propósito de lograr interpretar
aspectos como la acentuación, gestualidad y vocalización
de dicho idioma, esto claro cuando hablamos de una
parte oral; para una parte escrita es básico poseer
un conocimiento léxico-semántico y aplicativo, sin
mencionar un vocabulario de idioma extranjero, bastante
amplio, para que, de esta manera, la traducción pueda ser
aplicada a la nueva lengua lo más nativamente posible.
Un aspecto a resaltar acerca del desarrollo de la
traducción audiovisual es su gran influencia en los dos
principales aspectos aplicativos de esta actividad como
lo son los ya mencionados cine y televisión, ya que,
debido a este aspecto, la expansión, especialmente la del
cine, ha sido una de las principales virtudes mostradas
por dicha traducción.
En la actualidad la traducción audiovisual
también resulta bastante aplicada a ámbitos como el
Internet, pues la creación de programas de subtitulación
a textos y discursos, proyectados vía Internet, se ha
mostrado como una novedosa opción en dicho ámbito.
Cabe notar que el desarrollo de estos nuevos software o
programas traductores son uno de los medios traductivos
más aplicados en la actualidad, sin embargo durante su
proceder aún muestran algunas falencias debido a la
variación expresiva y(o) sinonimia que presentan algunos
idiomas en particular.
Internet: www.articuloz.com (con adaptaciones)
Según el texto, juzgue los ítems siguientes.
El elemento “sus” (l.2) es un adjetivo posesivo.
Provas
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: CESPE / CEBRASPE
Orgão: UNIPAMPA
a traducción en el ámbito audiovisual
El desarrollo de la traducción en el ámbito
idiomático se gestó desde sus principios para facilitar,
como es sobreentendido, la comunicación y
entendimiento entre las personas de cualquier cultura; sin
embargo ésta también trajo consigo un muy importante
resultado el cual fue la globalización cultural, no sólo
aplicada a la comunicación hablada y escrita, sino que
además a la proyectada, logrando fomentar la interacción
policultural mediante diversos medios, como el cine y la
televisión.
Por otra parte, los traductores desarrollados en
la traducción audiovisual especializan su carrera o
estudios en la comprensión gestual y hablada de diversos
idiomas, teniendo como principio un idioma general y
aplicable a la traducción, o sea, cuando se desea traducir
vocalmente a un idioma específico, el traductor debe
fijarse bastante en aspectos como la vocalización y
gestualidad de los personajes y(o) escenas a las cuales
desea aplicar dicha traducción.
Es bueno cuando hablamos de la traducción
audiovisual resaltar las diferentes maneras a las que ésta
se puede aplicar, entre las cuales se resaltan algunas
como el doblaje oral o voces superpuestas, la
subtitulación y la audio descripción, las cuales debido al
caso de ser aplicadas a un tipo de idioma cualquiera
requieren cada una dentro de sí una diferente
especialización, con el propósito de lograr interpretar
aspectos como la acentuación, gestualidad y vocalización
de dicho idioma, esto claro cuando hablamos de una
parte oral; para una parte escrita es básico poseer
un conocimiento léxico-semántico y aplicativo, sin
mencionar un vocabulario de idioma extranjero, bastante
amplio, para que, de esta manera, la traducción pueda ser
aplicada a la nueva lengua lo más nativamente posible.
Un aspecto a resaltar acerca del desarrollo de la
traducción audiovisual es su gran influencia en los dos
principales aspectos aplicativos de esta actividad como
lo son los ya mencionados cine y televisión, ya que,
debido a este aspecto, la expansión, especialmente la del
cine, ha sido una de las principales virtudes mostradas
por dicha traducción.
En la actualidad la traducción audiovisual
también resulta bastante aplicada a ámbitos como el
Internet, pues la creación de programas de subtitulación
a textos y discursos, proyectados vía Internet, se ha
mostrado como una novedosa opción en dicho ámbito.
Cabe notar que el desarrollo de estos nuevos software o
programas traductores son uno de los medios traductivos
más aplicados en la actualidad, sin embargo durante su
proceder aún muestran algunas falencias debido a la
variación expresiva y(o) sinonimia que presentan algunos
idiomas en particular.
Internet: www.articuloz.com (con adaptaciones)
Según el texto, juzgue los ítems siguientes.
La voz verbal “se gestó” (l.2) está en pretérito indefinido de indicativo.
Provas
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: CESPE / CEBRASPE
Orgão: UNIPAMPA
¿Pero qué demonios dice aquí?
La aparición del cine, y posteriormente de la televisión, ha
marcado una de las fases más importantes de la historia de las
comunicaciones. En poco tiempo, dichos medios pasaron a
constituir un soporte rápido y eficaz de difusión de información
y de ocio y, dado que la gran mayoría de las emisiones provenían
(y provienen) de los EE.UU., la traducción surgió como um
intermediario indispensable entre los distintos países, entre las
diversas culturas.
Aún cuando la televisión pueda servir de mecanismo de
unificación y didáctica de las lenguas, resulta también un
infortunado coladero de calcos del inglés, de expresiones
artificiales e incluso absurdas con las que nos sentimos
bombardeados cada día. Entre los años 1960 y 1975, los doblajes
realizados en México, Puerto Rico y Florida se convirtieron en
una cantera de giros no existentes en el español, como es el caso
de ¡Déjame sólo! (Leave me alone), cuando en nuestro idioma
siempre se había dicho ¡Déjame en paz!.
Muchos de estos anglicismos, en ocasiones muy obvios,
pasaron desapercibidos para el ajustador y el director de doblaje,
e incluso para parte de la audiencia, que desde entonces ha
asistido de manera pasiva a un fenómeno lingüístico sin
precedentes. Una cantidad considerable de palabras se han
traducido de forma poco acertada y se escuchan a diario en los
medios de comunicación. Son expresiones a las que ya nos
hemos acostumbrado y que aceptamos sin escrúpulos.
Afortunadamente, algunos de estos giros no se han introducido
en nuestra habla cotidiana. Es decir, que no nos sorprende oírlos,
pero tenemos la suficiente conciencia lingüística como para no
utilizarlos. Esto ocurre principalmente en el lenguaje vulgar o
malsonante. Pongamos un ejemplo: imaginemos que nuestro hijo
regresa a casa a las cinco de la mañana cuando se supone que
había salido a tomar un helado a las siete de la tarde.
Lógicamente estamos preocupados, ansiosos y hasta furiosos.
Sinceramente: ¿cuántos de nosotros diríamos ¿Dónde demonios
has estado? En la misma línea, ¿cuántos exclamaríamos
¡Diablos! al recibir un martillazo en el pulgar? Casi puedo
permitirme el lujo de afirmar que la respuesta es un cero rotundo.
Sin embargo, estas interjecciones, calcadas del inglés hell, se
suceden día tras día en nuestro televisor.
Ante esta coyuntura evidente, es labor de los traductores
asegurarse de que estos errores no se reproduzcan. De hecho, son
cada vez más los profesionales que huyen del conformismo y
rechazan la cómoda excusa de es que la gente ya está
acostumbrada a oírlo. Estos traductores, en un contexto como el
expuesto en el primer ejemplo, sustituirían demonios por los
castizos coño o cojones, que resultarían más pertinentes. Del
mismo modo, en el segundo caso dirían ¡mierda! o ¡ay!, pero
nunca ¡diablos!. Creo que estamos de acuerdo en que las
expresiones malsonantes no deben usarse gratuitamente (salvo
casos como South Park, pero eso es otra historia), si bien
tampoco pueden rechazarse cuando proceda, esto es, cuando el
contexto lo requiera. Si se trata de crear un lenguaje creíble,
seamos realistas y reconozcamos que existen ocasiones (y no son
tan pocas) en las que utilizamos el lenguaje soez.
No obstante, todos sabemos que estas opciones, estas
traducciones acertadas, se ven la mayoría de las veces frustradas
por el responsable de la versión definitiva, que suele defender las
fórmulas absurdas del tipo ¡diablos! o ¡recórcholis! (en serio,
esto lo he oído en alguna película). A los directores de
marketing, que tienen la última palabra, les interesa vender su
producto y consideran que la receta más prometedora es la que
conjuga tradicionalismo y puritanismo.
Internet: <=traduccion.rediris.es (con adaptaciones)
En relación al contenido y a la forma del texto, juzgue los ítems siguientes.
La intención global del texto es describir una situación y tomar una posición en relación a ella.
Provas
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: CESPE / CEBRASPE
Orgão: UNIPAMPA
¿Pero qué demonios dice aquí?
La aparición del cine, y posteriormente de la televisión, ha
marcado una de las fases más importantes de la historia de las
comunicaciones. En poco tiempo, dichos medios pasaron a
constituir un soporte rápido y eficaz de difusión de información
y de ocio y, dado que la gran mayoría de las emisiones provenían
(y provienen) de los EE.UU., la traducción surgió como um
intermediario indispensable entre los distintos países, entre las
diversas culturas.
Aún cuando la televisión pueda servir de mecanismo de
unificación y didáctica de las lenguas, resulta también un
infortunado coladero de calcos del inglés, de expresiones
artificiales e incluso absurdas con las que nos sentimos
bombardeados cada día. Entre los años 1960 y 1975, los doblajes
realizados en México, Puerto Rico y Florida se convirtieron en
una cantera de giros no existentes en el español, como es el caso
de ¡Déjame sólo! (Leave me alone), cuando en nuestro idioma
siempre se había dicho ¡Déjame en paz!.
Muchos de estos anglicismos, en ocasiones muy obvios,
pasaron desapercibidos para el ajustador y el director de doblaje,
e incluso para parte de la audiencia, que desde entonces ha
asistido de manera pasiva a un fenómeno lingüístico sin
precedentes. Una cantidad considerable de palabras se han
traducido de forma poco acertada y se escuchan a diario en los
medios de comunicación. Son expresiones a las que ya nos
hemos acostumbrado y que aceptamos sin escrúpulos.
Afortunadamente, algunos de estos giros no se han introducido
en nuestra habla cotidiana. Es decir, que no nos sorprende oírlos,
pero tenemos la suficiente conciencia lingüística como para no
utilizarlos. Esto ocurre principalmente en el lenguaje vulgar o
malsonante. Pongamos un ejemplo: imaginemos que nuestro hijo
regresa a casa a las cinco de la mañana cuando se supone que
había salido a tomar un helado a las siete de la tarde.
Lógicamente estamos preocupados, ansiosos y hasta furiosos.
Sinceramente: ¿cuántos de nosotros diríamos ¿Dónde demonios
has estado? En la misma línea, ¿cuántos exclamaríamos
¡Diablos! al recibir un martillazo en el pulgar? Casi puedo
permitirme el lujo de afirmar que la respuesta es un cero rotundo.
Sin embargo, estas interjecciones, calcadas del inglés hell, se
suceden día tras día en nuestro televisor.
Ante esta coyuntura evidente, es labor de los traductores
asegurarse de que estos errores no se reproduzcan. De hecho, son
cada vez más los profesionales que huyen del conformismo y
rechazan la cómoda excusa de es que la gente ya está
acostumbrada a oírlo. Estos traductores, en un contexto como el
expuesto en el primer ejemplo, sustituirían demonios por los
castizos coño o cojones, que resultarían más pertinentes. Del
mismo modo, en el segundo caso dirían ¡mierda! o ¡ay!, pero
nunca ¡diablos!. Creo que estamos de acuerdo en que las
expresiones malsonantes no deben usarse gratuitamente (salvo
casos como South Park, pero eso es otra historia), si bien
tampoco pueden rechazarse cuando proceda, esto es, cuando el
contexto lo requiera. Si se trata de crear un lenguaje creíble,
seamos realistas y reconozcamos que existen ocasiones (y no son
tan pocas) en las que utilizamos el lenguaje soez.
No obstante, todos sabemos que estas opciones, estas
traducciones acertadas, se ven la mayoría de las veces frustradas
por el responsable de la versión definitiva, que suele defender las
fórmulas absurdas del tipo ¡diablos! o ¡recórcholis! (en serio,
esto lo he oído en alguna película). A los directores de
marketing, que tienen la última palabra, les interesa vender su
producto y consideran que la receta más prometedora es la que
conjuga tradicionalismo y puritanismo.
Internet: <=traduccion.rediris.es (con adaptaciones)
En relación al contenido y a la forma del texto, juzgue los ítems siguientes.
Es correcto afirmar que el texto hace referencia a cinco profesiones relacionadas con la producción y comercialización de filmes doblados.
Provas
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: CESPE / CEBRASPE
Orgão: UNIPAMPA
- Comprensión de Lectura | Interpretação de Texto
- Vocabulario | VocabulárioSignificacción Contextual de Palabras y Expresiones
¿Pero qué demonios dice aquí?
La aparición del cine, y posteriormente de la televisión, ha
marcado una de las fases más importantes de la historia de las
comunicaciones. En poco tiempo, dichos medios pasaron a
constituir un soporte rápido y eficaz de difusión de información
y de ocio y, dado que la gran mayoría de las emisiones provenían
(y provienen) de los EE.UU., la traducción surgió como um
intermediario indispensable entre los distintos países, entre las
diversas culturas.
Aún cuando la televisión pueda servir de mecanismo de
unificación y didáctica de las lenguas, resulta también un
infortunado coladero de calcos del inglés, de expresiones
artificiales e incluso absurdas con las que nos sentimos
bombardeados cada día. Entre los años 1960 y 1975, los doblajes
realizados en México, Puerto Rico y Florida se convirtieron en
una cantera de giros no existentes en el español, como es el caso
de ¡Déjame sólo! (Leave me alone), cuando en nuestro idioma
siempre se había dicho ¡Déjame en paz!.
Muchos de estos anglicismos, en ocasiones muy obvios,
pasaron desapercibidos para el ajustador y el director de doblaje,
e incluso para parte de la audiencia, que desde entonces ha
asistido de manera pasiva a un fenómeno lingüístico sin
precedentes. Una cantidad considerable de palabras se han
traducido de forma poco acertada y se escuchan a diario en los
medios de comunicación. Son expresiones a las que ya nos
hemos acostumbrado y que aceptamos sin escrúpulos.
Afortunadamente, algunos de estos giros no se han introducido
en nuestra habla cotidiana. Es decir, que no nos sorprende oírlos,
pero tenemos la suficiente conciencia lingüística como para no
utilizarlos. Esto ocurre principalmente en el lenguaje vulgar o
malsonante. Pongamos un ejemplo: imaginemos que nuestro hijo
regresa a casa a las cinco de la mañana cuando se supone que
había salido a tomar un helado a las siete de la tarde.
Lógicamente estamos preocupados, ansiosos y hasta furiosos.
Sinceramente: ¿cuántos de nosotros diríamos ¿Dónde demonios
has estado? En la misma línea, ¿cuántos exclamaríamos
¡Diablos! al recibir un martillazo en el pulgar? Casi puedo
permitirme el lujo de afirmar que la respuesta es un cero rotundo.
Sin embargo, estas interjecciones, calcadas del inglés hell, se
suceden día tras día en nuestro televisor.
Ante esta coyuntura evidente, es labor de los traductores
asegurarse de que estos errores no se reproduzcan. De hecho, son
cada vez más los profesionales que huyen del conformismo y
rechazan la cómoda excusa de es que la gente ya está
acostumbrada a oírlo. Estos traductores, en un contexto como el
expuesto en el primer ejemplo, sustituirían demonios por los
castizos coño o cojones, que resultarían más pertinentes. Del
mismo modo, en el segundo caso dirían ¡mierda! o ¡ay!, pero
nunca ¡diablos!. Creo que estamos de acuerdo en que las
expresiones malsonantes no deben usarse gratuitamente (salvo
casos como South Park, pero eso es otra historia), si bien
tampoco pueden rechazarse cuando proceda, esto es, cuando el
contexto lo requiera. Si se trata de crear un lenguaje creíble,
seamos realistas y reconozcamos que existen ocasiones (y no son
tan pocas) en las que utilizamos el lenguaje soez.
No obstante, todos sabemos que estas opciones, estas
traducciones acertadas, se ven la mayoría de las veces frustradas
por el responsable de la versión definitiva, que suele defender las
fórmulas absurdas del tipo ¡diablos! o ¡recórcholis! (en serio,
esto lo he oído en alguna película). A los directores de
marketing, que tienen la última palabra, les interesa vender su
producto y consideran que la receta más prometedora es la que
conjuga tradicionalismo y puritanismo.
Internet: <=traduccion.rediris.es (con adaptaciones)
En relación al contenido y a la forma del texto, juzgue los ítems siguientes.
Es correcto inferir del texto que los intereses comerciales son una de las causas del uso de anglicismos.
Provas
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: CESPE / CEBRASPE
Orgão: UNIPAMPA
¿Pero qué demonios dice aquí?
La aparición del cine, y posteriormente de la televisión, ha
marcado una de las fases más importantes de la historia de las
comunicaciones. En poco tiempo, dichos medios pasaron a
constituir un soporte rápido y eficaz de difusión de información
y de ocio y, dado que la gran mayoría de las emisiones provenían
(y provienen) de los EE.UU., la traducción surgió como um
intermediario indispensable entre los distintos países, entre las
diversas culturas.
Aún cuando la televisión pueda servir de mecanismo de
unificación y didáctica de las lenguas, resulta también un
infortunado coladero de calcos del inglés, de expresiones
artificiales e incluso absurdas con las que nos sentimos
bombardeados cada día. Entre los años 1960 y 1975, los doblajes
realizados en México, Puerto Rico y Florida se convirtieron en
una cantera de giros no existentes en el español, como es el caso
de ¡Déjame sólo! (Leave me alone), cuando en nuestro idioma
siempre se había dicho ¡Déjame en paz!.
Muchos de estos anglicismos, en ocasiones muy obvios,
pasaron desapercibidos para el ajustador y el director de doblaje,
e incluso para parte de la audiencia, que desde entonces ha
asistido de manera pasiva a un fenómeno lingüístico sin
precedentes. Una cantidad considerable de palabras se han
traducido de forma poco acertada y se escuchan a diario en los
medios de comunicación. Son expresiones a las que ya nos
hemos acostumbrado y que aceptamos sin escrúpulos.
Afortunadamente, algunos de estos giros no se han introducido
en nuestra habla cotidiana. Es decir, que no nos sorprende oírlos,
pero tenemos la suficiente conciencia lingüística como para no
utilizarlos. Esto ocurre principalmente en el lenguaje vulgar o
malsonante. Pongamos un ejemplo: imaginemos que nuestro hijo
regresa a casa a las cinco de la mañana cuando se supone que
había salido a tomar un helado a las siete de la tarde.
Lógicamente estamos preocupados, ansiosos y hasta furiosos.
Sinceramente: ¿cuántos de nosotros diríamos ¿Dónde demonios
has estado? En la misma línea, ¿cuántos exclamaríamos
¡Diablos! al recibir un martillazo en el pulgar? Casi puedo
permitirme el lujo de afirmar que la respuesta es un cero rotundo.
Sin embargo, estas interjecciones, calcadas del inglés hell, se
suceden día tras día en nuestro televisor.
Ante esta coyuntura evidente, es labor de los traductores
asegurarse de que estos errores no se reproduzcan. De hecho, son
cada vez más los profesionales que huyen del conformismo y
rechazan la cómoda excusa de es que la gente ya está
acostumbrada a oírlo. Estos traductores, en un contexto como el
expuesto en el primer ejemplo, sustituirían demonios por los
castizos coño o cojones, que resultarían más pertinentes. Del
mismo modo, en el segundo caso dirían ¡mierda! o ¡ay!, pero
nunca ¡diablos!. Creo que estamos de acuerdo en que las
expresiones malsonantes no deben usarse gratuitamente (salvo
casos como South Park, pero eso es otra historia), si bien
tampoco pueden rechazarse cuando proceda, esto es, cuando el
contexto lo requiera. Si se trata de crear un lenguaje creíble,
seamos realistas y reconozcamos que existen ocasiones (y no son
tan pocas) en las que utilizamos el lenguaje soez.
No obstante, todos sabemos que estas opciones, estas
traducciones acertadas, se ven la mayoría de las veces frustradas
por el responsable de la versión definitiva, que suele defender las
fórmulas absurdas del tipo ¡diablos! o ¡recórcholis! (en serio,
esto lo he oído en alguna película). A los directores de
marketing, que tienen la última palabra, les interesa vender su
producto y consideran que la receta más prometedora es la que
conjuga tradicionalismo y puritanismo.
Internet: <=traduccion.rediris.es (con adaptaciones)
En relación al contenido y a la forma del texto, juzgue los ítems siguientes.
Según el texto, la versión definitiva del doblaje de una película cinematográfica no es responsabilidad del traductor.
Provas
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: CESPE / CEBRASPE
Orgão: UNIPAMPA
¿Pero qué demonios dice aquí?
La aparición del cine, y posteriormente de la televisión, ha
marcado una de las fases más importantes de la historia de las
comunicaciones. En poco tiempo, dichos medios pasaron a
constituir un soporte rápido y eficaz de difusión de información
y de ocio y, dado que la gran mayoría de las emisiones provenían
(y provienen) de los EE.UU., la traducción surgió como um
intermediario indispensable entre los distintos países, entre las
diversas culturas.
Aún cuando la televisión pueda servir de mecanismo de
unificación y didáctica de las lenguas, resulta también un
infortunado coladero de calcos del inglés, de expresiones
artificiales e incluso absurdas con las que nos sentimos
bombardeados cada día. Entre los años 1960 y 1975, los doblajes
realizados en México, Puerto Rico y Florida se convirtieron en
una cantera de giros no existentes en el español, como es el caso
de ¡Déjame sólo! (Leave me alone), cuando en nuestro idioma
siempre se había dicho ¡Déjame en paz!.
Muchos de estos anglicismos, en ocasiones muy obvios,
pasaron desapercibidos para el ajustador y el director de doblaje,
e incluso para parte de la audiencia, que desde entonces ha
asistido de manera pasiva a un fenómeno lingüístico sin
precedentes. Una cantidad considerable de palabras se han
traducido de forma poco acertada y se escuchan a diario en los
medios de comunicación. Son expresiones a las que ya nos
hemos acostumbrado y que aceptamos sin escrúpulos.
Afortunadamente, algunos de estos giros no se han introducido
en nuestra habla cotidiana. Es decir, que no nos sorprende oírlos,
pero tenemos la suficiente conciencia lingüística como para no
utilizarlos. Esto ocurre principalmente en el lenguaje vulgar o
malsonante. Pongamos un ejemplo: imaginemos que nuestro hijo
regresa a casa a las cinco de la mañana cuando se supone que
había salido a tomar un helado a las siete de la tarde.
Lógicamente estamos preocupados, ansiosos y hasta furiosos.
Sinceramente: ¿cuántos de nosotros diríamos ¿Dónde demonios
has estado? En la misma línea, ¿cuántos exclamaríamos
¡Diablos! al recibir un martillazo en el pulgar? Casi puedo
permitirme el lujo de afirmar que la respuesta es un cero rotundo.
Sin embargo, estas interjecciones, calcadas del inglés hell, se
suceden día tras día en nuestro televisor.
Ante esta coyuntura evidente, es labor de los traductores
asegurarse de que estos errores no se reproduzcan. De hecho, son
cada vez más los profesionales que huyen del conformismo y
rechazan la cómoda excusa de es que la gente ya está
acostumbrada a oírlo. Estos traductores, en un contexto como el
expuesto en el primer ejemplo, sustituirían demonios por los
castizos coño o cojones, que resultarían más pertinentes. Del
mismo modo, en el segundo caso dirían ¡mierda! o ¡ay!, pero
nunca ¡diablos!. Creo que estamos de acuerdo en que las
expresiones malsonantes no deben usarse gratuitamente (salvo
casos como South Park, pero eso es otra historia), si bien
tampoco pueden rechazarse cuando proceda, esto es, cuando el
contexto lo requiera. Si se trata de crear un lenguaje creíble,
seamos realistas y reconozcamos que existen ocasiones (y no son
tan pocas) en las que utilizamos el lenguaje soez.
No obstante, todos sabemos que estas opciones, estas
traducciones acertadas, se ven la mayoría de las veces frustradas
por el responsable de la versión definitiva, que suele defender las
fórmulas absurdas del tipo ¡diablos! o ¡recórcholis! (en serio,
esto lo he oído en alguna película). A los directores de
marketing, que tienen la última palabra, les interesa vender su
producto y consideran que la receta más prometedora es la que
conjuga tradicionalismo y puritanismo.
Internet: <=traduccion.rediris.es (con adaptaciones)
En relación al contenido y a la forma del texto, juzgue los ítems siguientes.
Es correcto decir que el título del texto contiene un anglicismo.
Provas
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: CESPE / CEBRASPE
Orgão: UNIPAMPA
¿Pero qué demonios dice aquí?
La aparición del cine, y posteriormente de la televisión, ha
marcado una de las fases más importantes de la historia de las
comunicaciones. En poco tiempo, dichos medios pasaron a
constituir un soporte rápido y eficaz de difusión de información
y de ocio y, dado que la gran mayoría de las emisiones provenían
(y provienen) de los EE.UU., la traducción surgió como um
intermediario indispensable entre los distintos países, entre las
diversas culturas.
Aún cuando la televisión pueda servir de mecanismo de
unificación y didáctica de las lenguas, resulta también un
infortunado coladero de calcos del inglés, de expresiones
artificiales e incluso absurdas con las que nos sentimos
bombardeados cada día. Entre los años 1960 y 1975, los doblajes
realizados en México, Puerto Rico y Florida se convirtieron en
una cantera de giros no existentes en el español, como es el caso
de ¡Déjame sólo! (Leave me alone), cuando en nuestro idioma
siempre se había dicho ¡Déjame en paz!.
Muchos de estos anglicismos, en ocasiones muy obvios,
pasaron desapercibidos para el ajustador y el director de doblaje,
e incluso para parte de la audiencia, que desde entonces ha
asistido de manera pasiva a un fenómeno lingüístico sin
precedentes. Una cantidad considerable de palabras se han
traducido de forma poco acertada y se escuchan a diario en los
medios de comunicación. Son expresiones a las que ya nos
hemos acostumbrado y que aceptamos sin escrúpulos.
Afortunadamente, algunos de estos giros no se han introducido
en nuestra habla cotidiana. Es decir, que no nos sorprende oírlos,
pero tenemos la suficiente conciencia lingüística como para no
utilizarlos. Esto ocurre principalmente en el lenguaje vulgar o
malsonante. Pongamos un ejemplo: imaginemos que nuestro hijo
regresa a casa a las cinco de la mañana cuando se supone que
había salido a tomar un helado a las siete de la tarde.
Lógicamente estamos preocupados, ansiosos y hasta furiosos.
Sinceramente: ¿cuántos de nosotros diríamos ¿Dónde demonios
has estado? En la misma línea, ¿cuántos exclamaríamos
¡Diablos! al recibir un martillazo en el pulgar? Casi puedo
permitirme el lujo de afirmar que la respuesta es un cero rotundo.
Sin embargo, estas interjecciones, calcadas del inglés hell, se
suceden día tras día en nuestro televisor.
Ante esta coyuntura evidente, es labor de los traductores
asegurarse de que estos errores no se reproduzcan. De hecho, son
cada vez más los profesionales que huyen del conformismo y
rechazan la cómoda excusa de es que la gente ya está
acostumbrada a oírlo. Estos traductores, en un contexto como el
expuesto en el primer ejemplo, sustituirían demonios por los
castizos coño o cojones, que resultarían más pertinentes. Del
mismo modo, en el segundo caso dirían ¡mierda! o ¡ay!, pero
nunca ¡diablos!. Creo que estamos de acuerdo en que las
expresiones malsonantes no deben usarse gratuitamente (salvo
casos como South Park, pero eso es otra historia), si bien
tampoco pueden rechazarse cuando proceda, esto es, cuando el
contexto lo requiera. Si se trata de crear un lenguaje creíble,
seamos realistas y reconozcamos que existen ocasiones (y no son
tan pocas) en las que utilizamos el lenguaje soez.
No obstante, todos sabemos que estas opciones, estas
traducciones acertadas, se ven la mayoría de las veces frustradas
por el responsable de la versión definitiva, que suele defender las
fórmulas absurdas del tipo ¡diablos! o ¡recórcholis! (en serio,
esto lo he oído en alguna película). A los directores de
marketing, que tienen la última palabra, les interesa vender su
producto y consideran que la receta más prometedora es la que
conjuga tradicionalismo y puritanismo.
Internet: <=traduccion.rediris.es (con adaptaciones)
En relación al contenido y a la forma del texto, juzgue los ítems siguientes.
Expresiones como “coño” o “cojones” son malsonantes, y hay que evitarlas a toda costa en las buenas traducciones.
Provas
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: CESPE / CEBRASPE
Orgão: UNIPAMPA
¿Pero qué demonios dice aquí?
La aparición del cine, y posteriormente de la televisión, ha
marcado una de las fases más importantes de la historia de las
comunicaciones. En poco tiempo, dichos medios pasaron a
constituir un soporte rápido y eficaz de difusión de información
y de ocio y, dado que la gran mayoría de las emisiones provenían
(y provienen) de los EE.UU., la traducción surgió como um
intermediario indispensable entre los distintos países, entre las
diversas culturas.
Aún cuando la televisión pueda servir de mecanismo de
unificación y didáctica de las lenguas, resulta también un
infortunado coladero de calcos del inglés, de expresiones
artificiales e incluso absurdas con las que nos sentimos
bombardeados cada día. Entre los años 1960 y 1975, los doblajes
realizados en México, Puerto Rico y Florida se convirtieron en
una cantera de giros no existentes en el español, como es el caso
de ¡Déjame sólo! (Leave me alone), cuando en nuestro idioma
siempre se había dicho ¡Déjame en paz!.
Muchos de estos anglicismos, en ocasiones muy obvios,
pasaron desapercibidos para el ajustador y el director de doblaje,
e incluso para parte de la audiencia, que desde entonces ha
asistido de manera pasiva a un fenómeno lingüístico sin
precedentes. Una cantidad considerable de palabras se han
traducido de forma poco acertada y se escuchan a diario en los
medios de comunicación. Son expresiones a las que ya nos
hemos acostumbrado y que aceptamos sin escrúpulos.
Afortunadamente, algunos de estos giros no se han introducido
en nuestra habla cotidiana. Es decir, que no nos sorprende oírlos,
pero tenemos la suficiente conciencia lingüística como para no
utilizarlos. Esto ocurre principalmente en el lenguaje vulgar o
malsonante. Pongamos un ejemplo: imaginemos que nuestro hijo
regresa a casa a las cinco de la mañana cuando se supone que
había salido a tomar un helado a las siete de la tarde.
Lógicamente estamos preocupados, ansiosos y hasta furiosos.
Sinceramente: ¿cuántos de nosotros diríamos ¿Dónde demonios
has estado? En la misma línea, ¿cuántos exclamaríamos
¡Diablos! al recibir un martillazo en el pulgar? Casi puedo
permitirme el lujo de afirmar que la respuesta es un cero rotundo.
Sin embargo, estas interjecciones, calcadas del inglés hell, se
suceden día tras día en nuestro televisor.
Ante esta coyuntura evidente, es labor de los traductores
asegurarse de que estos errores no se reproduzcan. De hecho, son
cada vez más los profesionales que huyen del conformismo y
rechazan la cómoda excusa de es que la gente ya está
acostumbrada a oírlo. Estos traductores, en un contexto como el
expuesto en el primer ejemplo, sustituirían demonios por los
castizos coño o cojones, que resultarían más pertinentes. Del
mismo modo, en el segundo caso dirían ¡mierda! o ¡ay!, pero
nunca ¡diablos!. Creo que estamos de acuerdo en que las
expresiones malsonantes no deben usarse gratuitamente (salvo
casos como South Park, pero eso es otra historia), si bien
tampoco pueden rechazarse cuando proceda, esto es, cuando el
contexto lo requiera. Si se trata de crear un lenguaje creíble,
seamos realistas y reconozcamos que existen ocasiones (y no son
tan pocas) en las que utilizamos el lenguaje soez.
No obstante, todos sabemos que estas opciones, estas
traducciones acertadas, se ven la mayoría de las veces frustradas
por el responsable de la versión definitiva, que suele defender las
fórmulas absurdas del tipo ¡diablos! o ¡recórcholis! (en serio,
esto lo he oído en alguna película). A los directores de
marketing, que tienen la última palabra, les interesa vender su
producto y consideran que la receta más prometedora es la que
conjuga tradicionalismo y puritanismo.
Internet: <=traduccion.rediris.es (con adaptaciones)
En relación al contenido y a la forma del texto, juzgue los ítems siguientes.
Según el texto, los traductores siempre velaron por mantener la pureza de la lengua en sus traducciones, no dejando que penetren extranjerismos.
Provas
Caderno Container