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Ley y orden en Francia

El Gobierno conservador francés, apoyado en la abrumadora mayoría parlamentaria conseguida hace un mes, está pasando velozmente de las ideas a los hechos en su concepción de la seguridad ciudadana, eje de la campaña electoral del presidente Chirac. Y lo está haciendo preocupantemente, a juzgar sobre todo por el visto bueno del Consejo de Ministros al proyecto de reforma de la justicia que prevé, entre otras medidas, el encarcelamiento de menores delincuentes de 13 a 16 años de edad si se escapan de los nuevos centros de reeducación.

El Ejecutivo esgrime encuestas que muestran que la gran mayoría de los ciudadanos favorece tanto estos centros cerrados como los llamados jueces de proximidad, no profesionales que en número superior a 3.000 recibirán competencias para entender de pequeños delitos y también para decidir la suerte de los adolescentes. Ambas medidas no sólo han sido criticadas por la oposición de izquierda, la judicatura y los medios más liberales. La comisión independiente sobre derechos humanos que asesora al jefe del Gobierno considera una regresión el talante represivo de la modificación del derecho penal de menores.

Chirac y su primer ministro Raffarin han decidido hacer de la seguridad el centro de su mandato. Para que no quepa duda, la Asamblea Nacional ha aprobado en primera lectura, con la oposición socialista dividida, el proyecto de ley que dota de medios financieros sin precedentes a la gendarmería y la policía para su reorganización y ampliación. En otoño, una batería de medidas complementarias incidirá sobre aspectos como la mendicidad, la prostitución o nuevos ficheros sobre quienes no pueden comprar o tener armas.

El presidente francés y los partidos que le sostienen deben a sus promesas de dureza en cuestiones de orden público una buena parte de los votos obtenidos en los comicios presidenciales y legislativos, pero el derecho incuestionable del Gobierno a dotar al país de los medios necesarios en materia de justicia y policía para defender sus compromisos electorales no debe ejercerse a costa de hacer retroceder el sistema legal a épocas felizmente abandonadas. El predominio de medios represivos para corregir situaciones preocupantes, sin bucear en sus causas reales, es un error impropio de un régimen de libertades tan consolidado como el francés.

El País, 20/7/2002 (adaptado).

En el texto VIII, sin que haya cambio en su significado, se podría sustituir el trecho

“competencias para entender de pequeños delitos” por ocurrencias para resbalar de pequeños delitos.

 

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Ley y orden en Francia

El Gobierno conservador francés, apoyado en la abrumadora mayoría parlamentaria conseguida hace un mes, está pasando velozmente de las ideas a los hechos en su concepción de la seguridad ciudadana, eje de la campaña electoral del presidente Chirac. Y lo está haciendo preocupantemente, a juzgar sobre todo por el visto bueno del Consejo de Ministros al proyecto de reforma de la justicia que prevé, entre otras medidas, el encarcelamiento de menores delincuentes de 13 a 16 años de edad si se escapan de los nuevos centros de reeducación.

El Ejecutivo esgrime encuestas que muestran que la gran mayoría de los ciudadanos favorece tanto estos centros cerrados como los llamados jueces de proximidad, no profesionales que en número superior a 3.000 recibirán competencias para entender de pequeños delitos y también para decidir la suerte de los adolescentes. Ambas medidas no sólo han sido criticadas por la oposición de izquierda, la judicatura y los medios más liberales. La comisión independiente sobre derechos humanos que asesora al jefe del Gobierno considera una regresión el talante represivo de la modificación del derecho penal de menores.

Chirac y su primer ministro Raffarin han decidido hacer de la seguridad el centro de su mandato. Para que no quepa duda, la Asamblea Nacional ha aprobado en primera lectura, con la oposición socialista dividida, el proyecto de ley que dota de medios financieros sin precedentes a la gendarmería y la policía para su reorganización y ampliación. En otoño, una batería de medidas complementarias incidirá sobre aspectos como la mendicidad, la prostitución o nuevos ficheros sobre quienes no pueden comprar o tener armas.

El presidente francés y los partidos que le sostienen deben a sus promesas de dureza en cuestiones de orden público una buena parte de los votos obtenidos en los comicios presidenciales y legislativos, pero el derecho incuestionable del Gobierno a dotar al país de los medios necesarios en materia de justicia y policía para defender sus compromisos electorales no debe ejercerse a costa de hacer retroceder el sistema legal a épocas felizmente abandonadas. El predominio de medios represivos para corregir situaciones preocupantes, sin bucear en sus causas reales, es un error impropio de un régimen de libertades tan consolidado como el francés.

El País, 20/7/2002 (adaptado).

En el texto VIII, sin que haya cambio en su significado, se podría sustituir el trecho

“El Ejecutivo esgrime encuestas que muestran” por El Ejecutivo presenta sondeos que demuestran.

 

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Ley y orden en Francia

El Gobierno conservador francés, apoyado en la abrumadora mayoría parlamentaria conseguida hace un mes, está pasando velozmente de las ideas a los hechos en su concepción de la seguridad ciudadana, eje de la campaña electoral del presidente Chirac. Y lo está haciendo preocupantemente, a juzgar sobre todo por el visto bueno del Consejo de Ministros al proyecto de reforma de la justicia que prevé, entre otras medidas, el encarcelamiento de menores delincuentes de 13 a 16 años de edad si se escapan de los nuevos centros de reeducación.

El Ejecutivo esgrime encuestas que muestran que la gran mayoría de los ciudadanos favorece tanto estos centros cerrados como los llamados jueces de proximidad, no profesionales que en número superior a 3.000 recibirán competencias para entender de pequeños delitos y también para decidir la suerte de los adolescentes. Ambas medidas no sólo han sido criticadas por la oposición de izquierda, la judicatura y los medios más liberales. La comisión independiente sobre derechos humanos que asesora al jefe del Gobierno considera una regresión el talante represivo de la modificación del derecho penal de menores.

Chirac y su primer ministro Raffarin han decidido hacer de la seguridad el centro de su mandato. Para que no quepa duda, la Asamblea Nacional ha aprobado en primera lectura, con la oposición socialista dividida, el proyecto de ley que dota de medios financieros sin precedentes a la gendarmería y la policía para su reorganización y ampliación. En otoño, una batería de medidas complementarias incidirá sobre aspectos como la mendicidad, la prostitución o nuevos ficheros sobre quienes no pueden comprar o tener armas.

El presidente francés y los partidos que le sostienen deben a sus promesas de dureza en cuestiones de orden público una buena parte de los votos obtenidos en los comicios presidenciales y legislativos, pero el derecho incuestionable del Gobierno a dotar al país de los medios necesarios en materia de justicia y policía para defender sus compromisos electorales no debe ejercerse a costa de hacer retroceder el sistema legal a épocas felizmente abandonadas. El predominio de medios represivos para corregir situaciones preocupantes, sin bucear en sus causas reales, es un error impropio de un régimen de libertades tan consolidado como el francés.

El País, 20/7/2002 (adaptado).

En el texto VIII, sin que haya cambio en su significado, se podría sustituir el trecho

“si se escapan” por en caso que huyan.

 

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Ley y orden en Francia

El Gobierno conservador francés, apoyado en la abrumadora mayoría parlamentaria conseguida hace un mes, está pasando velozmente de las ideas a los hechos en su concepción de la seguridad ciudadana, eje de la campaña electoral del presidente Chirac. Y lo está haciendo preocupantemente, a juzgar sobre todo por el visto bueno del Consejo de Ministros al proyecto de reforma de la justicia que prevé, entre otras medidas, el encarcelamiento de menores delincuentes de 13 a 16 años de edad si se escapan de los nuevos centros de reeducación.

El Ejecutivo esgrime encuestas que muestran que la gran mayoría de los ciudadanos favorece tanto estos centros cerrados como los llamados jueces de proximidad, no profesionales que en número superior a 3.000 recibirán competencias para entender de pequeños delitos y también para decidir la suerte de los adolescentes. Ambas medidas no sólo han sido criticadas por la oposición de izquierda, la judicatura y los medios más liberales. La comisión independiente sobre derechos humanos que asesora al jefe del Gobierno considera una regresión el talante represivo de la modificación del derecho penal de menores.

Chirac y su primer ministro Raffarin han decidido hacer de la seguridad el centro de su mandato. Para que no quepa duda, la Asamblea Nacional ha aprobado en primera lectura, con la oposición socialista dividida, el proyecto de ley que dota de medios financieros sin precedentes a la gendarmería y la policía para su reorganización y ampliación. En otoño, una batería de medidas complementarias incidirá sobre aspectos como la mendicidad, la prostitución o nuevos ficheros sobre quienes no pueden comprar o tener armas.

El presidente francés y los partidos que le sostienen deben a sus promesas de dureza en cuestiones de orden público una buena parte de los votos obtenidos en los comicios presidenciales y legislativos, pero el derecho incuestionable del Gobierno a dotar al país de los medios necesarios en materia de justicia y policía para defender sus compromisos electorales no debe ejercerse a costa de hacer retroceder el sistema legal a épocas felizmente abandonadas. El predominio de medios represivos para corregir situaciones preocupantes, sin bucear en sus causas reales, es un error impropio de un régimen de libertades tan consolidado como el francés.

El País, 20/7/2002 (adaptado).

En el texto VIII, sin que haya cambio en su significado, se podría sustituir el trecho

“a juzgar sobre todo por el visto bueno” por si se considera más que nada la aprobación.

 

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Ley y orden en Francia

El Gobierno conservador francés, apoyado en la abrumadora mayoría parlamentaria conseguida hace un mes, está pasando velozmente de las ideas a los hechos en su concepción de la seguridad ciudadana, eje de la campaña electoral del presidente Chirac. Y lo está haciendo preocupantemente, a juzgar sobre todo por el visto bueno del Consejo de Ministros al proyecto de reforma de la justicia que prevé, entre otras medidas, el encarcelamiento de menores delincuentes de 13 a 16 años de edad si se escapan de los nuevos centros de reeducación.

El Ejecutivo esgrime encuestas que muestran que la gran mayoría de los ciudadanos favorece tanto estos centros cerrados como los llamados jueces de proximidad, no profesionales que en número superior a 3.000 recibirán competencias para entender de pequeños delitos y también para decidir la suerte de los adolescentes. Ambas medidas no sólo han sido criticadas por la oposición de izquierda, la judicatura y los medios más liberales. La comisión independiente sobre derechos humanos que asesora al jefe del Gobierno considera una regresión el talante represivo de la modificación del derecho penal de menores.

Chirac y su primer ministro Raffarin han decidido hacer de la seguridad el centro de su mandato. Para que no quepa duda, la Asamblea Nacional ha aprobado en primera lectura, con la oposición socialista dividida, el proyecto de ley que dota de medios financieros sin precedentes a la gendarmería y la policía para su reorganización y ampliación. En otoño, una batería de medidas complementarias incidirá sobre aspectos como la mendicidad, la prostitución o nuevos ficheros sobre quienes no pueden comprar o tener armas.

El presidente francés y los partidos que le sostienen deben a sus promesas de dureza en cuestiones de orden público una buena parte de los votos obtenidos en los comicios presidenciales y legislativos, pero el derecho incuestionable del Gobierno a dotar al país de los medios necesarios en materia de justicia y policía para defender sus compromisos electorales no debe ejercerse a costa de hacer retroceder el sistema legal a épocas felizmente abandonadas. El predominio de medios represivos para corregir situaciones preocupantes, sin bucear en sus causas reales, es un error impropio de un régimen de libertades tan consolidado como el francés.

El País, 20/7/2002 (adaptado).

En el texto VIII, sin que haya cambio en su significado, se podría sustituir el trecho

“Y lo está haciendo preocupantemente” por Y lo está realizando preocupándose.

 

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Ley y orden en Francia

El Gobierno conservador francés, apoyado en la abrumadora mayoría parlamentaria conseguida hace un mes, está pasando velozmente de las ideas a los hechos en su concepción de la seguridad ciudadana, eje de la campaña electoral del presidente Chirac. Y lo está haciendo preocupantemente, a juzgar sobre todo por el visto bueno del Consejo de Ministros al proyecto de reforma de la justicia que prevé, entre otras medidas, el encarcelamiento de menores delincuentes de 13 a 16 años de edad si se escapan de los nuevos centros de reeducación.

El Ejecutivo esgrime encuestas que muestran que la gran mayoría de los ciudadanos favorece tanto estos centros cerrados como los llamados jueces de proximidad, no profesionales que en número superior a 3.000 recibirán competencias para entender de pequeños delitos y también para decidir la suerte de los adolescentes. Ambas medidas no sólo han sido criticadas por la oposición de izquierda, la judicatura y los medios más liberales. La comisión independiente sobre derechos humanos que asesora al jefe del Gobierno considera una regresión el talante represivo de la modificación del derecho penal de menores.

Chirac y su primer ministro Raffarin han decidido hacer de la seguridad el centro de su mandato. Para que no quepa duda, la Asamblea Nacional ha aprobado en primera lectura, con la oposición socialista dividida, el proyecto de ley que dota de medios financieros sin precedentes a la gendarmería y la policía para su reorganización y ampliación. En otoño, una batería de medidas complementarias incidirá sobre aspectos como la mendicidad, la prostitución o nuevos ficheros sobre quienes no pueden comprar o tener armas.

El presidente francés y los partidos que le sostienen deben a sus promesas de dureza en cuestiones de orden público una buena parte de los votos obtenidos en los comicios presidenciales y legislativos, pero el derecho incuestionable del Gobierno a dotar al país de los medios necesarios en materia de justicia y policía para defender sus compromisos electorales no debe ejercerse a costa de hacer retroceder el sistema legal a épocas felizmente abandonadas. El predominio de medios represivos para corregir situaciones preocupantes, sin bucear en sus causas reales, es un error impropio de un régimen de libertades tan consolidado como el francés.

El País, 20/7/2002 (adaptado).

El texto VIII

traduce la desaprobación del proyecto de medidas de represión a los menores infractores porque las considera un retroceso democrático.

 

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El Gobierno conservador francés, apoyado en la abrumadora mayoría parlamentaria conseguida hace un mes, está pasando velozmente de las ideas a los hechos en su concepción de la seguridad ciudadana, eje de la campaña electoral del presidente Chirac. Y lo está haciendo preocupantemente, a juzgar sobre todo por el visto bueno del Consejo de Ministros al proyecto de reforma de la justicia que prevé, entre otras medidas, el encarcelamiento de menores delincuentes de 13 a 16 años de edad si se escapan de los nuevos centros de reeducación.

El Ejecutivo esgrime encuestas que muestran que la gran mayoría de los ciudadanos favorece tanto estos centros cerrados como los llamados jueces de proximidad, no profesionales que en número superior a 3.000 recibirán competencias para entender de pequeños delitos y también para decidir la suerte de los adolescentes. Ambas medidas no sólo han sido criticadas por la oposición de izquierda, la judicatura y los medios más liberales. La comisión independiente sobre derechos humanos que asesora al jefe del Gobierno considera una regresión el talante represivo de la modificación del derecho penal de menores.

Chirac y su primer ministro Raffarin han decidido hacer de la seguridad el centro de su mandato. Para que no quepa duda, la Asamblea Nacional ha aprobado en primera lectura, con la oposición socialista dividida, el proyecto de ley que dota de medios financieros sin precedentes a la gendarmería y la policía para su reorganización y ampliación. En otoño, una batería de medidas complementarias incidirá sobre aspectos como la mendicidad, la prostitución o nuevos ficheros sobre quienes no pueden comprar o tener armas.

El presidente francés y los partidos que le sostienen deben a sus promesas de dureza en cuestiones de orden público una buena parte de los votos obtenidos en los comicios presidenciales y legislativos, pero el derecho incuestionable del Gobierno a dotar al país de los medios necesarios en materia de justicia y policía para defender sus compromisos electorales no debe ejercerse a costa de hacer retroceder el sistema legal a épocas felizmente abandonadas. El predominio de medios represivos para corregir situaciones preocupantes, sin bucear en sus causas reales, es un error impropio de un régimen de libertades tan consolidado como el francés.

El País, 20/7/2002 (adaptado).

El texto VIII

divulga que tanto la comisión independiente sobre derechos humanos como la oposición de izquierda francesas han criticado la nueva tendencia represora de las nuevas medidas sobre deberes ciudadanos.

 

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El Gobierno conservador francés, apoyado en la abrumadora mayoría parlamentaria conseguida hace un mes, está pasando velozmente de las ideas a los hechos en su concepción de la seguridad ciudadana, eje de la campaña electoral del presidente Chirac. Y lo está haciendo preocupantemente, a juzgar sobre todo por el visto bueno del Consejo de Ministros al proyecto de reforma de la justicia que prevé, entre otras medidas, el encarcelamiento de menores delincuentes de 13 a 16 años de edad si se escapan de los nuevos centros de reeducación.

El Ejecutivo esgrime encuestas que muestran que la gran mayoría de los ciudadanos favorece tanto estos centros cerrados como los llamados jueces de proximidad, no profesionales que en número superior a 3.000 recibirán competencias para entender de pequeños delitos y también para decidir la suerte de los adolescentes. Ambas medidas no sólo han sido criticadas por la oposición de izquierda, la judicatura y los medios más liberales. La comisión independiente sobre derechos humanos que asesora al jefe del Gobierno considera una regresión el talante represivo de la modificación del derecho penal de menores.

Chirac y su primer ministro Raffarin han decidido hacer de la seguridad el centro de su mandato. Para que no quepa duda, la Asamblea Nacional ha aprobado en primera lectura, con la oposición socialista dividida, el proyecto de ley que dota de medios financieros sin precedentes a la gendarmería y la policía para su reorganización y ampliación. En otoño, una batería de medidas complementarias incidirá sobre aspectos como la mendicidad, la prostitución o nuevos ficheros sobre quienes no pueden comprar o tener armas.

El presidente francés y los partidos que le sostienen deben a sus promesas de dureza en cuestiones de orden público una buena parte de los votos obtenidos en los comicios presidenciales y legislativos, pero el derecho incuestionable del Gobierno a dotar al país de los medios necesarios en materia de justicia y policía para defender sus compromisos electorales no debe ejercerse a costa de hacer retroceder el sistema legal a épocas felizmente abandonadas. El predominio de medios represivos para corregir situaciones preocupantes, sin bucear en sus causas reales, es un error impropio de un régimen de libertades tan consolidado como el francés.

El País, 20/7/2002 (adaptado).

El texto VIII

afirma que el cuerpo de jueces francés ha criticado que los más de tres mil jueces de proximidad tengan, de acuerdo al nuevo proyecto, el poder de decidir sobre el futuro de los adolescentes delincuentes.

 

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El Ejecutivo esgrime encuestas que muestran que la gran mayoría de los ciudadanos favorece tanto estos centros cerrados como los llamados jueces de proximidad, no profesionales que en número superior a 3.000 recibirán competencias para entender de pequeños delitos y también para decidir la suerte de los adolescentes. Ambas medidas no sólo han sido criticadas por la oposición de izquierda, la judicatura y los medios más liberales. La comisión independiente sobre derechos humanos que asesora al jefe del Gobierno considera una regresión el talante represivo de la modificación del derecho penal de menores.

Chirac y su primer ministro Raffarin han decidido hacer de la seguridad el centro de su mandato. Para que no quepa duda, la Asamblea Nacional ha aprobado en primera lectura, con la oposición socialista dividida, el proyecto de ley que dota de medios financieros sin precedentes a la gendarmería y la policía para su reorganización y ampliación. En otoño, una batería de medidas complementarias incidirá sobre aspectos como la mendicidad, la prostitución o nuevos ficheros sobre quienes no pueden comprar o tener armas.

El presidente francés y los partidos que le sostienen deben a sus promesas de dureza en cuestiones de orden público una buena parte de los votos obtenidos en los comicios presidenciales y legislativos, pero el derecho incuestionable del Gobierno a dotar al país de los medios necesarios en materia de justicia y policía para defender sus compromisos electorales no debe ejercerse a costa de hacer retroceder el sistema legal a épocas felizmente abandonadas. El predominio de medios represivos para corregir situaciones preocupantes, sin bucear en sus causas reales, es un error impropio de un régimen de libertades tan consolidado como el francés.

El País, 20/7/2002 (adaptado).

El texto VIII

afirma que el Consejo de Ministros es quien ha sido el más reacio en aprobar el proyecto de modificación del derecho penal de los menores.

 

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El Gobierno conservador francés, apoyado en la abrumadora mayoría parlamentaria conseguida hace un mes, está pasando velozmente de las ideas a los hechos en su concepción de la seguridad ciudadana, eje de la campaña electoral del presidente Chirac. Y lo está haciendo preocupantemente, a juzgar sobre todo por el visto bueno del Consejo de Ministros al proyecto de reforma de la justicia que prevé, entre otras medidas, el encarcelamiento de menores delincuentes de 13 a 16 años de edad si se escapan de los nuevos centros de reeducación.

El Ejecutivo esgrime encuestas que muestran que la gran mayoría de los ciudadanos favorece tanto estos centros cerrados como los llamados jueces de proximidad, no profesionales que en número superior a 3.000 recibirán competencias para entender de pequeños delitos y también para decidir la suerte de los adolescentes. Ambas medidas no sólo han sido criticadas por la oposición de izquierda, la judicatura y los medios más liberales. La comisión independiente sobre derechos humanos que asesora al jefe del Gobierno considera una regresión el talante represivo de la modificación del derecho penal de menores.

Chirac y su primer ministro Raffarin han decidido hacer de la seguridad el centro de su mandato. Para que no quepa duda, la Asamblea Nacional ha aprobado en primera lectura, con la oposición socialista dividida, el proyecto de ley que dota de medios financieros sin precedentes a la gendarmería y la policía para su reorganización y ampliación. En otoño, una batería de medidas complementarias incidirá sobre aspectos como la mendicidad, la prostitución o nuevos ficheros sobre quienes no pueden comprar o tener armas.

El presidente francés y los partidos que le sostienen deben a sus promesas de dureza en cuestiones de orden público una buena parte de los votos obtenidos en los comicios presidenciales y legislativos, pero el derecho incuestionable del Gobierno a dotar al país de los medios necesarios en materia de justicia y policía para defender sus compromisos electorales no debe ejercerse a costa de hacer retroceder el sistema legal a épocas felizmente abandonadas. El predominio de medios represivos para corregir situaciones preocupantes, sin bucear en sus causas reales, es un error impropio de un régimen de libertades tan consolidado como el francés.

El País, 20/7/2002 (adaptado).

El texto VIII

alega que el derecho a la ciudadanía francesa ha sido el tema central de la campaña política del gobierno conservador.

 

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