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Soy disidente.
Soy un eco de rosados muertos,
Putos, maricas y desviados;
Olvidados, perseguidos y asesinados,
Soy disidente.
Soy nieto de la raza asesinada por el progreso.
Y por eso,
Soy marrón como la tierra que pisaron las fl echas
de la
resistencia...
Yace en mi carne una herencia ancestral,
en mis manos la decencia por amar
sin permitir que duelan latigazos de la cruz.
No deseo la moral castradora,
Ni el evangelio de la blancura,
Yo deseo desear
Y amar-me sin medida.
Adión a su dios,
ningún credo me abarca,
Porque soy di si den te.
Por Hector Dh
La homosexualidad vingativa. Escritos disruptivos en favor de una
respuesta anti-colonizante/anti-autoria/anti-asimilacionista de las
dissidências sudakas. 2018.
“Dizer identidade é designar um complexo relacional que liga o sujeito a um quadro contínuo de referências, constituído pela intersecção de sua história individual com a do grupo onde vive. Cada sujeito singular é parte de uma continuidade histórico-social, afetado pela integração num contexto global de carências naturais, psicossociais e de relações com outros indivíduos, vivos e mortos. A identidade de alguém, de um “si mesmo”, é sempre dada pelo reconhecimento do “outro”, ou seja, a representação que o classifica socialmente.” Nesse sentido, o eu lírico do poema não exprime valor à sua questão identitária racial no seguinte trecho:
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Soy disidente.
Soy un eco de rosados muertos,
Putos, maricas y desviados;
Olvidados, perseguidos y asesinados,
Soy disidente.
Soy nieto de la raza asesinada por el progreso.
Y por eso,
Soy marrón como la tierra que pisaron las fl echas
de la
resistencia...
Yace en mi carne una herencia ancestral,
en mis manos la decencia por amar
sin permitir que duelan latigazos de la cruz.
No deseo la moral castradora,
Ni el evangelio de la blancura,
Yo deseo desear
Y amar-me sin medida.
Adión a su dios,
ningún credo me abarca,
Porque soy di si den te.
Por Hector Dh
La homosexualidad vingativa. Escritos disruptivos en favor de una
respuesta anti-colonizante/anti-autoria/anti-asimilacionista de las
dissidências sudakas. 2018.
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- GramáticaVerbosModo VerbalTiempos Verbales del Indicativo | Tempos Verbais do Indicativo
- Comprensión de Lectura | Interpretação de Texto
Aporofobia, el miedo al pobre que anula la empatía
Para que algo exista en la conciencia colectiva hay
que poder nombrarlo. Poner nombre a lo que ocurre
y no se ve o no se quiere ver es lo que ha hecho
la filósofa Adela Cortina con una realidad que está
ahí pero preferimos ignorar: el miedo, la aversión
y el rechazo a los pobres. Lo ha denominado
aporofobia, un fenómeno que está en el origen
de las corrientes de xenofobia y racismo que se
extienden por el acomodado mundo occidental.
Adela Cortina acuñó este concepto a partir de los
términos grietos griego áporos (sin recursos) y
fobos (temor, pánico) y lo ha utilizado en trabajos
académicos y artículos, hasta imponerlo, pese
a las reticencias de los editores a las palabras
extrañas, como título de su último libro: Aporofobia,
el rechazo al pobre (Paidós, 2017).
El esfuerzo ha tenido recompensa. Hace unas
semanas el neologismo fue incorporado al
Diccionario de la lengua española y la Fundación
del Español Urgente lo ha declarado la palabra
del año de 2017, como en años anteriores fueron
populismo, refugiado, selfi y escrache. En la
palabra aporofobia Fundéu ha encontrado no solo
un término muy signifi cativo, sino una rara avis
lingüística: “una voz con autor conocido y fecha de
nacimiento”.
La aporofobia, como señala Adela Cortina, es lo
que alimenta el rechazo a inmigrantes y refugiados.
No se les rechaza por extranjeros, sino por pobres.
Nadie pone reparos a que un jeque árabe se instale
en un país europeo, ni a facilitar la residencia a un
futbolista famoso. Los yates atracan sin problemas
en la costa rica del Mediterráneo mientras las
pateras se hunden tratando de alcanzarlas. A
Trump no se le ha ocurrido poner un muro en el
norte, en la frontera con Canadá, sino en el sur, en
la frontera con México.
El odio al pobre se expresa también con los
excluidos del propio país. Según el Observatorio
Hatento, una iniciativa de las entidades sociales
para denunciar agresiones a las personas sin
techo, el 47% de quienes viven en la calle han
sido víctimas de delitos de odio. Por su situación
de exclusión, son también los más indefensos.
La recesión económica ha exacerbado el miedo a la pobreza porque nos ha hecho ver que todos
somos vulnerables. Que el mejor empleado de la
empresa más segura puede quedarse de repente
en la calle sin medios de subsistencia.
Pero para que el miedo se convierta en rechazo es
preciso un proceso mental que anule la compasión
y la empatía. Ese proceso lo proporciona la
ideología y se activa cuando señala a los pobres
como culpables de su pobreza. Cuando afirma
que la pobreza no es fruto de unas condiciones
estructurales que dejan a muchos en la cuneta, sino
el resultado de una indolencia, un error individual
o una culpa personal. En esa ideología, los pobres
son percibidos como una amenaza. Culpabilizarlos
anula la empatía y permite que se le ignore y hasta
se les persiga. Y todo eso ocurre en un momento
de fuerte aumento de las desigualdades.
(El Pais – Milagros Pérez Oliva – enero 2018. Disponible en: https://elpais.
com/elpais/2018/01/03/opinion/1515000880_629504.html Accedido en 12
de julio de 2022)
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Aporofobia, el miedo al pobre que anula la empatía
Para que algo exista en la conciencia colectiva hay
que poder nombrarlo. Poner nombre a lo que ocurre
y no se ve o no se quiere ver es lo que ha hecho
la filósofa Adela Cortina con una realidad que está
ahí pero preferimos ignorar: el miedo, la aversión
y el rechazo a los pobres. Lo ha denominado
aporofobia, un fenómeno que está en el origen
de las corrientes de xenofobia y racismo que se
extienden por el acomodado mundo occidental.
Adela Cortina acuñó este concepto a partir de los
términos grietos griego áporos (sin recursos) y
fobos (temor, pánico) y lo ha utilizado en trabajos
académicos y artículos, hasta imponerlo, pese
a las reticencias de los editores a las palabras
extrañas, como título de su último libro: Aporofobia,
el rechazo al pobre (Paidós, 2017).
El esfuerzo ha tenido recompensa. Hace unas
semanas el neologismo fue incorporado al
Diccionario de la lengua española y la Fundación
del Español Urgente lo ha declarado la palabra
del año de 2017, como en años anteriores fueron
populismo, refugiado, selfi y escrache. En la
palabra aporofobia Fundéu ha encontrado no solo
un término muy signifi cativo, sino una rara avis
lingüística: “una voz con autor conocido y fecha de
nacimiento”.
La aporofobia, como señala Adela Cortina, es lo
que alimenta el rechazo a inmigrantes y refugiados.
No se les rechaza por extranjeros, sino por pobres.
Nadie pone reparos a que un jeque árabe se instale
en un país europeo, ni a facilitar la residencia a un
futbolista famoso. Los yates atracan sin problemas
en la costa rica del Mediterráneo mientras las
pateras se hunden tratando de alcanzarlas. A
Trump no se le ha ocurrido poner un muro en el
norte, en la frontera con Canadá, sino en el sur, en
la frontera con México.
El odio al pobre se expresa también con los
excluidos del propio país. Según el Observatorio
Hatento, una iniciativa de las entidades sociales
para denunciar agresiones a las personas sin
techo, el 47% de quienes viven en la calle han
sido víctimas de delitos de odio. Por su situación
de exclusión, son también los más indefensos.
La recesión económica ha exacerbado el miedo a la pobreza porque nos ha hecho ver que todos
somos vulnerables. Que el mejor empleado de la
empresa más segura puede quedarse de repente
en la calle sin medios de subsistencia.
Pero para que el miedo se convierta en rechazo es
preciso un proceso mental que anule la compasión
y la empatía. Ese proceso lo proporciona la
ideología y se activa cuando señala a los pobres
como culpables de su pobreza. Cuando afirma
que la pobreza no es fruto de unas condiciones
estructurales que dejan a muchos en la cuneta, sino
el resultado de una indolencia, un error individual
o una culpa personal. En esa ideología, los pobres
son percibidos como una amenaza. Culpabilizarlos
anula la empatía y permite que se le ignore y hasta
se les persiga. Y todo eso ocurre en un momento
de fuerte aumento de las desigualdades.
(El Pais – Milagros Pérez Oliva – enero 2018. Disponible en: https://elpais.
com/elpais/2018/01/03/opinion/1515000880_629504.html Accedido en 12
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Aporofobia, el miedo al pobre que anula la empatía
Para que algo exista en la conciencia colectiva hay
que poder nombrarlo. Poner nombre a lo que ocurre
y no se ve o no se quiere ver es lo que ha hecho
la filósofa Adela Cortina con una realidad que está
ahí pero preferimos ignorar: el miedo, la aversión
y el rechazo a los pobres. Lo ha denominado
aporofobia, un fenómeno que está en el origen
de las corrientes de xenofobia y racismo que se
extienden por el acomodado mundo occidental.
Adela Cortina acuñó este concepto a partir de los
términos grietos griego áporos (sin recursos) y
fobos (temor, pánico) y lo ha utilizado en trabajos
académicos y artículos, hasta imponerlo, pese
a las reticencias de los editores a las palabras
extrañas, como título de su último libro: Aporofobia,
el rechazo al pobre (Paidós, 2017).
El esfuerzo ha tenido recompensa. Hace unas
semanas el neologismo fue incorporado al
Diccionario de la lengua española y la Fundación
del Español Urgente lo ha declarado la palabra
del año de 2017, como en años anteriores fueron
populismo, refugiado, selfi y escrache. En la
palabra aporofobia Fundéu ha encontrado no solo
un término muy signifi cativo, sino una rara avis
lingüística: “una voz con autor conocido y fecha de
nacimiento”.
La aporofobia, como señala Adela Cortina, es lo
que alimenta el rechazo a inmigrantes y refugiados.
No se les rechaza por extranjeros, sino por pobres.
Nadie pone reparos a que un jeque árabe se instale
en un país europeo, ni a facilitar la residencia a un
futbolista famoso. Los yates atracan sin problemas
en la costa rica del Mediterráneo mientras las
pateras se hunden tratando de alcanzarlas. A
Trump no se le ha ocurrido poner un muro en el
norte, en la frontera con Canadá, sino en el sur, en
la frontera con México.
El odio al pobre se expresa también con los
excluidos del propio país. Según el Observatorio
Hatento, una iniciativa de las entidades sociales
para denunciar agresiones a las personas sin
techo, el 47% de quienes viven en la calle han
sido víctimas de delitos de odio. Por su situación
de exclusión, son también los más indefensos.
La recesión económica ha exacerbado el miedo a la pobreza porque nos ha hecho ver que todos
somos vulnerables. Que el mejor empleado de la
empresa más segura puede quedarse de repente
en la calle sin medios de subsistencia.
Pero para que el miedo se convierta en rechazo es
preciso un proceso mental que anule la compasión
y la empatía. Ese proceso lo proporciona la
ideología y se activa cuando señala a los pobres
como culpables de su pobreza. Cuando afirma
que la pobreza no es fruto de unas condiciones
estructurales que dejan a muchos en la cuneta, sino
el resultado de una indolencia, un error individual
o una culpa personal. En esa ideología, los pobres
son percibidos como una amenaza. Culpabilizarlos
anula la empatía y permite que se le ignore y hasta
se les persiga. Y todo eso ocurre en un momento
de fuerte aumento de las desigualdades.
(El Pais – Milagros Pérez Oliva – enero 2018. Disponible en: https://elpais.
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Para que algo exista en la conciencia colectiva hay
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y no se ve o no se quiere ver es lo que ha hecho
la filósofa Adela Cortina con una realidad que está
ahí pero preferimos ignorar: el miedo, la aversión
y el rechazo a los pobres. Lo ha denominado
aporofobia, un fenómeno que está en el origen
de las corrientes de xenofobia y racismo que se
extienden por el acomodado mundo occidental.
Adela Cortina acuñó este concepto a partir de los
términos grietos griego áporos (sin recursos) y
fobos (temor, pánico) y lo ha utilizado en trabajos
académicos y artículos, hasta imponerlo, pese
a las reticencias de los editores a las palabras
extrañas, como título de su último libro: Aporofobia,
el rechazo al pobre (Paidós, 2017).
El esfuerzo ha tenido recompensa. Hace unas
semanas el neologismo fue incorporado al
Diccionario de la lengua española y la Fundación
del Español Urgente lo ha declarado la palabra
del año de 2017, como en años anteriores fueron
populismo, refugiado, selfi y escrache. En la
palabra aporofobia Fundéu ha encontrado no solo
un término muy signifi cativo, sino una rara avis
lingüística: “una voz con autor conocido y fecha de
nacimiento”.
La aporofobia, como señala Adela Cortina, es lo
que alimenta el rechazo a inmigrantes y refugiados.
No se les rechaza por extranjeros, sino por pobres.
Nadie pone reparos a que un jeque árabe se instale
en un país europeo, ni a facilitar la residencia a un
futbolista famoso. Los yates atracan sin problemas
en la costa rica del Mediterráneo mientras las
pateras se hunden tratando de alcanzarlas. A
Trump no se le ha ocurrido poner un muro en el
norte, en la frontera con Canadá, sino en el sur, en
la frontera con México.
El odio al pobre se expresa también con los
excluidos del propio país. Según el Observatorio
Hatento, una iniciativa de las entidades sociales
para denunciar agresiones a las personas sin
techo, el 47% de quienes viven en la calle han
sido víctimas de delitos de odio. Por su situación
de exclusión, son también los más indefensos.
La recesión económica ha exacerbado el miedo a la pobreza porque nos ha hecho ver que todos
somos vulnerables. Que el mejor empleado de la
empresa más segura puede quedarse de repente
en la calle sin medios de subsistencia.
Pero para que el miedo se convierta en rechazo es
preciso un proceso mental que anule la compasión
y la empatía. Ese proceso lo proporciona la
ideología y se activa cuando señala a los pobres
como culpables de su pobreza. Cuando afirma
que la pobreza no es fruto de unas condiciones
estructurales que dejan a muchos en la cuneta, sino
el resultado de una indolencia, un error individual
o una culpa personal. En esa ideología, los pobres
son percibidos como una amenaza. Culpabilizarlos
anula la empatía y permite que se le ignore y hasta
se les persiga. Y todo eso ocurre en un momento
de fuerte aumento de las desigualdades.
(El Pais – Milagros Pérez Oliva – enero 2018. Disponible en: https://elpais.
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Para que algo exista en la conciencia colectiva hay
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y no se ve o no se quiere ver es lo que ha hecho
la filósofa Adela Cortina con una realidad que está
ahí pero preferimos ignorar: el miedo, la aversión
y el rechazo a los pobres. Lo ha denominado
aporofobia, un fenómeno que está en el origen
de las corrientes de xenofobia y racismo que se
extienden por el acomodado mundo occidental.
Adela Cortina acuñó este concepto a partir de los
términos grietos griego áporos (sin recursos) y
fobos (temor, pánico) y lo ha utilizado en trabajos
académicos y artículos, hasta imponerlo, pese
a las reticencias de los editores a las palabras
extrañas, como título de su último libro: Aporofobia,
el rechazo al pobre (Paidós, 2017).
El esfuerzo ha tenido recompensa. Hace unas
semanas el neologismo fue incorporado al
Diccionario de la lengua española y la Fundación
del Español Urgente lo ha declarado la palabra
del año de 2017, como en años anteriores fueron
populismo, refugiado, selfi y escrache. En la
palabra aporofobia Fundéu ha encontrado no solo
un término muy signifi cativo, sino una rara avis
lingüística: “una voz con autor conocido y fecha de
nacimiento”.
La aporofobia, como señala Adela Cortina, es lo
que alimenta el rechazo a inmigrantes y refugiados.
No se les rechaza por extranjeros, sino por pobres.
Nadie pone reparos a que un jeque árabe se instale
en un país europeo, ni a facilitar la residencia a un
futbolista famoso. Los yates atracan sin problemas
en la costa rica del Mediterráneo mientras las
pateras se hunden tratando de alcanzarlas. A
Trump no se le ha ocurrido poner un muro en el
norte, en la frontera con Canadá, sino en el sur, en
la frontera con México.
El odio al pobre se expresa también con los
excluidos del propio país. Según el Observatorio
Hatento, una iniciativa de las entidades sociales
para denunciar agresiones a las personas sin
techo, el 47% de quienes viven en la calle han
sido víctimas de delitos de odio. Por su situación
de exclusión, son también los más indefensos.
La recesión económica ha exacerbado el miedo a la pobreza porque nos ha hecho ver que todos
somos vulnerables. Que el mejor empleado de la
empresa más segura puede quedarse de repente
en la calle sin medios de subsistencia.
Pero para que el miedo se convierta en rechazo es
preciso un proceso mental que anule la compasión
y la empatía. Ese proceso lo proporciona la
ideología y se activa cuando señala a los pobres
como culpables de su pobreza. Cuando afirma
que la pobreza no es fruto de unas condiciones
estructurales que dejan a muchos en la cuneta, sino
el resultado de una indolencia, un error individual
o una culpa personal. En esa ideología, los pobres
son percibidos como una amenaza. Culpabilizarlos
anula la empatía y permite que se le ignore y hasta
se les persiga. Y todo eso ocurre en un momento
de fuerte aumento de las desigualdades.
(El Pais – Milagros Pérez Oliva – enero 2018. Disponible en: https://elpais.
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de julio de 2022)
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Aporofobia, el miedo al pobre que anula la empatía
Para que algo exista en la conciencia colectiva hay
que poder nombrarlo. Poner nombre a lo que ocurre
y no se ve o no se quiere ver es lo que ha hecho
la filósofa Adela Cortina con una realidad que está
ahí pero preferimos ignorar: el miedo, la aversión
y el rechazo a los pobres. Lo ha denominado
aporofobia, un fenómeno que está en el origen
de las corrientes de xenofobia y racismo que se
extienden por el acomodado mundo occidental.
Adela Cortina acuñó este concepto a partir de los
términos grietos griego áporos (sin recursos) y
fobos (temor, pánico) y lo ha utilizado en trabajos
académicos y artículos, hasta imponerlo, pese
a las reticencias de los editores a las palabras
extrañas, como título de su último libro: Aporofobia,
el rechazo al pobre (Paidós, 2017).
El esfuerzo ha tenido recompensa. Hace unas
semanas el neologismo fue incorporado al
Diccionario de la lengua española y la Fundación
del Español Urgente lo ha declarado la palabra
del año de 2017, como en años anteriores fueron
populismo, refugiado, selfi y escrache. En la
palabra aporofobia Fundéu ha encontrado no solo
un término muy signifi cativo, sino una rara avis
lingüística: “una voz con autor conocido y fecha de
nacimiento”.
La aporofobia, como señala Adela Cortina, es lo
que alimenta el rechazo a inmigrantes y refugiados.
No se les rechaza por extranjeros, sino por pobres.
Nadie pone reparos a que un jeque árabe se instale
en un país europeo, ni a facilitar la residencia a un
futbolista famoso. Los yates atracan sin problemas
en la costa rica del Mediterráneo mientras las
pateras se hunden tratando de alcanzarlas. A
Trump no se le ha ocurrido poner un muro en el
norte, en la frontera con Canadá, sino en el sur, en
la frontera con México.
El odio al pobre se expresa también con los
excluidos del propio país. Según el Observatorio
Hatento, una iniciativa de las entidades sociales
para denunciar agresiones a las personas sin
techo, el 47% de quienes viven en la calle han
sido víctimas de delitos de odio. Por su situación
de exclusión, son también los más indefensos.
La recesión económica ha exacerbado el miedo a la pobreza porque nos ha hecho ver que todos
somos vulnerables. Que el mejor empleado de la
empresa más segura puede quedarse de repente
en la calle sin medios de subsistencia.
Pero para que el miedo se convierta en rechazo es
preciso un proceso mental que anule la compasión
y la empatía. Ese proceso lo proporciona la
ideología y se activa cuando señala a los pobres
como culpables de su pobreza. Cuando afirma
que la pobreza no es fruto de unas condiciones
estructurales que dejan a muchos en la cuneta, sino
el resultado de una indolencia, un error individual
o una culpa personal. En esa ideología, los pobres
son percibidos como una amenaza. Culpabilizarlos
anula la empatía y permite que se le ignore y hasta
se les persiga. Y todo eso ocurre en un momento
de fuerte aumento de las desigualdades.
(El Pais – Milagros Pérez Oliva – enero 2018. Disponible en: https://elpais.
com/elpais/2018/01/03/opinion/1515000880_629504.html Accedido en 12
de julio de 2022)
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Segundo Marcuschi (2002), "gêneros
são formas verbais de ação social relativamente
estáveis realizadas em textos situados em
comunidades de práticas sociais e em domínios
discursivos específicos". É classificado(a) como
um gênero textual:
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As formas átonas da língua espanhola:
me, te, se, le, lo, la, e seus plurais, costumam
ser posicionadas com relação ao verbo de forma
diferente do que ocorre na língua portuguesa. Na
gramática normativa brasileira, é aceita a seguinte
construção: “Ocorreu-me tudo isso”, forma que, na
língua espanhola, seria:
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