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Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: FUNDATEC
Orgão: Pref. Três Maio-RS
La siesta del martes
Gabriel García Márquez
- El tren salió del trepidante corredor de rocas bermejas, penetró en las plantaciones de
- banano, simétricas e interminables, y el aire se hizo húmedo y no se volvió a sentir la brisa del
- mar. Una humareda sofocante entró por la ventanilla del vagón. En el estrecho camino paralelo
- a la vía férrea había carretas de bueyes cargadas de racimos verdes. Al otro lado del camino,
- intempestivos espacios sin sembrar, había ventiladores eléctricos, campamentos de ladrillos
- rojos y residencias con sillas y mesitas blancas en las terrazas, entre palmeras y rosales
- polvorientos. Eran las once de la mañana y aún no había empezado el calor.
- — Es mejor que subas el vidrio — dijo la mujer —. El pelo se te va a llenar de carbón. La
- niña trató de hacerlo pero la persiana estaba bloqueada por óxido. Eran los únicos pasajeros en
- el escueto vagón de tercera clase. Como el humo de la locomotora siguió entrando por la
- ventanilla, la niña abandonó el puesto y puso en su lugar los únicos objetos que llevaban: una
- bolsa de material plástico con cosas de comer y un ramo de flores envuelto en papel de
- periódicos. Se sentó en el asiento opuesto, alejada de la ventanilla, de frente a su madre. Ambas
- guardaban un luto riguroso y pobre.
- La niña tenía doce años y era la primera vez que viajaba. La mujer parecía demasiado
- vieja para ser su madre, a causa de las venas azules en los párpados y del cuerpo pequeño,
- blando y sin formas, en un traje cortado como una sotana. Viajaba con la columna vertebral
- firmemente apoyada contra el espaldar del asiento, sosteniendo en el regazo con ambas manos
- una cartera de charol desconchado. Tenía la serenidad escrupulosa de la gente acostumbrada a
- la pobreza.
- A las doce había empezado el calor. El tren se detuvo diez minutos en una estación sin
- pueblo para abastecerse de agua. Afuera, en el misterioso silencio de las plantaciones, la sombra
- tenía un aspecto limpio. Pero el aire estancado dentro del vagón olía a cuero sin curtir. El tren
- no volvió a acelerar. Se detuvo en dos pueblos iguales, con casas de madera pintadas de colores
- vivos. La mujer inclinó la cabeza y se hundió en el sopor. La niña se quitó los zapatos. Después
- fue a los servicios sanitarios a poner en agua el ramo de flores muertas.
- Cuando volvió al asiento la madre la esperaba para comer. Le dio un pedazo de queso,
- medio bollo de maíz y una galleta dulce, y sacó para ella de la bolsa de material plástico una
- ración igual. Mientras comían, el tren atravesó muy despacio un puente de hierro y pasó de largo
- por un pueblo igual a los anteriores, sólo que en éste había una multitud en la plaza. Una banda
- de músicos tocaba una pieza alegre bajo el sol aplastante. Al otro lado del pueblo, en una llanura
- cuarteada por la aridez, terminaban las plantaciones.
- La mujer dejó de comer.
- — Ponte los zapatos — dijo.
- La niña miró hacia el exterior. No vio nada más que la llanura desierta por donde el tren
- empezaba a correr de nuevo, pero metió en la bolsa el último pedazo de galleta y se puso
- rápidamente los zapatos. La mujer le dio la peineta.
- — Péinate — dijo.
- El tren empezó a pitar mientras la niña se peinaba. La mujer se secó el sudor del cuello
- y se limpió la grasa de la cara con los dedos. Cuando la niña acabó de peinarse el tren pasó
- frente a las primeras casas de un pueblo más grande pero más triste que los anteriores.
- — Si tienes ganas de hacer algo, hazlo ahora — dijo la mujer —. Después, aunque te
- estés muriendo de sed no tomes agua en ninguna parte. Sobre todo, no vayas a llorar.
- La niña aprobó con la cabeza. Por la ventanilla entraba un viento ardiente y seco,
- mezclado con el pito de la locomotora y el estrépito de los viejos vagones. La mujer enrolló la
- bolsa con el resto de los alimentos y la metió en la cartera. Por un instante, la imagen total del
- pueblo, en el luminoso martes de agosto, resplandeció en la ventanilla. La niña envolvió las flores
- en los periódicos empapados, se apartó un poco más de la ventanilla y miró fijamente a su
- madre. Ella le devolvió una expresión apacible. El tren acabó de pitar y disminuyó la marcha. Un
- momento después se detuvo.
- No había nadie en la estación. Del otro lado de la calle, en la acera sombreada por los
- almendros, sólo estaba abierto el salón de billar. El pueblo flotaba en el calor. La mujer y la niña
- descendieron del tren, atravesaron la estación abandonada cuyas baldosas empezaban a
- cuartearse por la presión de la hierba, y cruzaron la calle hasta la acera de sombra.
- Eran casi las dos. A esa hora, agobiado por el sopor, el pueblo hacía la siesta. Los
- almacenes, las oficinas públicas, la escuela municipal, se cerraban desde las once y no volvían a
- abrirse hasta un poco antes de las cuatro, cuando pasaba el tren de regreso. Sólo permanecían
- abiertos el hotel frente a la estación, su cantina y su salón de billar, y la oficina del telégrafo a
- un lado de la plaza. Las casas, en su mayoría construidas sobre el modelo de la compañía
- bananera, tenían las puertas cerradas por dentro y las persianas bajas. En algunas hacía tanto
- calor que sus habitantes almorzaban en el patio. Otros recostaban un asiento a la sombra de los
- almendros y hacían la siesta en plena calle. [...]
Adaptado de: https://www.literatura.us/garciamarquez/siesta.html Accesado en: 12.01.23
Observe en el texto la frase “Después fue a los servicios sanitarios a poner en agua el ramo de flores muertas” (l. 26). La frase que presenta el verbo poner con el mismo sentido presentado en el texto es:
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Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: FUNDATEC
Orgão: Pref. Três Maio-RS
La siesta del martes
Gabriel García Márquez
- El tren salió del trepidante corredor de rocas bermejas, penetró en las plantaciones de
- banano, simétricas e interminables, y el aire se hizo húmedo y no se volvió a sentir la brisa del
- mar. Una humareda sofocante entró por la ventanilla del vagón. En el estrecho camino paralelo
- a la vía férrea había carretas de bueyes cargadas de racimos verdes. Al otro lado del camino,
- intempestivos espacios sin sembrar, había ventiladores eléctricos, campamentos de ladrillos
- rojos y residencias con sillas y mesitas blancas en las terrazas, entre palmeras y rosales
- polvorientos. Eran las once de la mañana y aún no había empezado el calor.
- — Es mejor que subas el vidrio — dijo la mujer —. El pelo se te va a llenar de carbón. La
- niña trató de hacerlo pero la persiana estaba bloqueada por óxido. Eran los únicos pasajeros en
- el escueto vagón de tercera clase. Como el humo de la locomotora siguió entrando por la
- ventanilla, la niña abandonó el puesto y puso en su lugar los únicos objetos que llevaban: una
- bolsa de material plástico con cosas de comer y un ramo de flores envuelto en papel de
- periódicos. Se sentó en el asiento opuesto, alejada de la ventanilla, de frente a su madre. Ambas
- guardaban un luto riguroso y pobre.
- La niña tenía doce años y era la primera vez que viajaba. La mujer parecía demasiado
- vieja para ser su madre, a causa de las venas azules en los párpados y del cuerpo pequeño,
- blando y sin formas, en un traje cortado como una sotana. Viajaba con la columna vertebral
- firmemente apoyada contra el espaldar del asiento, sosteniendo en el regazo con ambas manos
- una cartera de charol desconchado. Tenía la serenidad escrupulosa de la gente acostumbrada a
- la pobreza.
- A las doce había empezado el calor. El tren se detuvo diez minutos en una estación sin
- pueblo para abastecerse de agua. Afuera, en el misterioso silencio de las plantaciones, la sombra
- tenía un aspecto limpio. Pero el aire estancado dentro del vagón olía a cuero sin curtir. El tren
- no volvió a acelerar. Se detuvo en dos pueblos iguales, con casas de madera pintadas de colores
- vivos. La mujer inclinó la cabeza y se hundió en el sopor. La niña se quitó los zapatos. Después
- fue a los servicios sanitarios a poner en agua el ramo de flores muertas.
- Cuando volvió al asiento la madre la esperaba para comer. Le dio un pedazo de queso,
- medio bollo de maíz y una galleta dulce, y sacó para ella de la bolsa de material plástico una
- ración igual. Mientras comían, el tren atravesó muy despacio un puente de hierro y pasó de largo
- por un pueblo igual a los anteriores, sólo que en éste había una multitud en la plaza. Una banda
- de músicos tocaba una pieza alegre bajo el sol aplastante. Al otro lado del pueblo, en una llanura
- cuarteada por la aridez, terminaban las plantaciones.
- La mujer dejó de comer.
- — Ponte los zapatos — dijo.
- La niña miró hacia el exterior. No vio nada más que la llanura desierta por donde el tren
- empezaba a correr de nuevo, pero metió en la bolsa el último pedazo de galleta y se puso
- rápidamente los zapatos. La mujer le dio la peineta.
- — Péinate — dijo.
- El tren empezó a pitar mientras la niña se peinaba. La mujer se secó el sudor del cuello
- y se limpió la grasa de la cara con los dedos. Cuando la niña acabó de peinarse el tren pasó
- frente a las primeras casas de un pueblo más grande pero más triste que los anteriores.
- — Si tienes ganas de hacer algo, hazlo ahora — dijo la mujer —. Después, aunque te
- estés muriendo de sed no tomes agua en ninguna parte. Sobre todo, no vayas a llorar.
- La niña aprobó con la cabeza. Por la ventanilla entraba un viento ardiente y seco,
- mezclado con el pito de la locomotora y el estrépito de los viejos vagones. La mujer enrolló la
- bolsa con el resto de los alimentos y la metió en la cartera. Por un instante, la imagen total del
- pueblo, en el luminoso martes de agosto, resplandeció en la ventanilla. La niña envolvió las flores
- en los periódicos empapados, se apartó un poco más de la ventanilla y miró fijamente a su
- madre. Ella le devolvió una expresión apacible. El tren acabó de pitar y disminuyó la marcha. Un
- momento después se detuvo.
- No había nadie en la estación. Del otro lado de la calle, en la acera sombreada por los
- almendros, sólo estaba abierto el salón de billar. El pueblo flotaba en el calor. La mujer y la niña
- descendieron del tren, atravesaron la estación abandonada cuyas baldosas empezaban a
- cuartearse por la presión de la hierba, y cruzaron la calle hasta la acera de sombra.
- Eran casi las dos. A esa hora, agobiado por el sopor, el pueblo hacía la siesta. Los
- almacenes, las oficinas públicas, la escuela municipal, se cerraban desde las once y no volvían a
- abrirse hasta un poco antes de las cuatro, cuando pasaba el tren de regreso. Sólo permanecían
- abiertos el hotel frente a la estación, su cantina y su salón de billar, y la oficina del telégrafo a
- un lado de la plaza. Las casas, en su mayoría construidas sobre el modelo de la compañía
- bananera, tenían las puertas cerradas por dentro y las persianas bajas. En algunas hacía tanto
- calor que sus habitantes almorzaban en el patio. Otros recostaban un asiento a la sombra de los
- almendros y hacían la siesta en plena calle. [...]
Adaptado de: https://www.literatura.us/garciamarquez/siesta.html Accesado en: 12.01.23
Las formas verbales poner (l. 11) y detener (l. 21) son totalmente irregulares en el pretérito indefinido. ¿Qué otro verbo abajo se porta de la misma manera que poner y detener en ese mismo tiempo verbal?
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La siesta del martes
Gabriel García Márquez
- El tren salió del trepidante corredor de rocas bermejas, penetró en las plantaciones de
- banano, simétricas e interminables, y el aire se hizo húmedo y no se volvió a sentir la brisa del
- mar. Una humareda sofocante entró por la ventanilla del vagón. En el estrecho camino paralelo
- a la vía férrea había carretas de bueyes cargadas de racimos verdes. Al otro lado del camino,
- intempestivos espacios sin sembrar, había ventiladores eléctricos, campamentos de ladrillos
- rojos y residencias con sillas y mesitas blancas en las terrazas, entre palmeras y rosales
- polvorientos. Eran las once de la mañana y aún no había empezado el calor.
- — Es mejor que subas el vidrio — dijo la mujer —. El pelo se te va a llenar de carbón. La
- niña trató de hacerlo pero la persiana estaba bloqueada por óxido. Eran los únicos pasajeros en
- el escueto vagón de tercera clase. Como el humo de la locomotora siguió entrando por la
- ventanilla, la niña abandonó el puesto y puso en su lugar los únicos objetos que llevaban: una
- bolsa de material plástico con cosas de comer y un ramo de flores envuelto en papel de
- periódicos. Se sentó en el asiento opuesto, alejada de la ventanilla, de frente a su madre. Ambas
- guardaban un luto riguroso y pobre.
- La niña tenía doce años y era la primera vez que viajaba. La mujer parecía demasiado
- vieja para ser su madre, a causa de las venas azules en los párpados y del cuerpo pequeño,
- blando y sin formas, en un traje cortado como una sotana. Viajaba con la columna vertebral
- firmemente apoyada contra el espaldar del asiento, sosteniendo en el regazo con ambas manos
- una cartera de charol desconchado. Tenía la serenidad escrupulosa de la gente acostumbrada a
- la pobreza.
- A las doce había empezado el calor. El tren se detuvo diez minutos en una estación sin
- pueblo para abastecerse de agua. Afuera, en el misterioso silencio de las plantaciones, la sombra
- tenía un aspecto limpio. Pero el aire estancado dentro del vagón olía a cuero sin curtir. El tren
- no volvió a acelerar. Se detuvo en dos pueblos iguales, con casas de madera pintadas de colores
- vivos. La mujer inclinó la cabeza y se hundió en el sopor. La niña se quitó los zapatos. Después
- fue a los servicios sanitarios a poner en agua el ramo de flores muertas.
- Cuando volvió al asiento la madre la esperaba para comer. Le dio un pedazo de queso,
- medio bollo de maíz y una galleta dulce, y sacó para ella de la bolsa de material plástico una
- ración igual. Mientras comían, el tren atravesó muy despacio un puente de hierro y pasó de largo
- por un pueblo igual a los anteriores, sólo que en éste había una multitud en la plaza. Una banda
- de músicos tocaba una pieza alegre bajo el sol aplastante. Al otro lado del pueblo, en una llanura
- cuarteada por la aridez, terminaban las plantaciones.
- La mujer dejó de comer.
- — Ponte los zapatos — dijo.
- La niña miró hacia el exterior. No vio nada más que la llanura desierta por donde el tren
- empezaba a correr de nuevo, pero metió en la bolsa el último pedazo de galleta y se puso
- rápidamente los zapatos. La mujer le dio la peineta.
- — Péinate — dijo.
- El tren empezó a pitar mientras la niña se peinaba. La mujer se secó el sudor del cuello
- y se limpió la grasa de la cara con los dedos. Cuando la niña acabó de peinarse el tren pasó
- frente a las primeras casas de un pueblo más grande pero más triste que los anteriores.
- — Si tienes ganas de hacer algo, hazlo ahora — dijo la mujer —. Después, aunque te
- estés muriendo de sed no tomes agua en ninguna parte. Sobre todo, no vayas a llorar.
- La niña aprobó con la cabeza. Por la ventanilla entraba un viento ardiente y seco,
- mezclado con el pito de la locomotora y el estrépito de los viejos vagones. La mujer enrolló la
- bolsa con el resto de los alimentos y la metió en la cartera. Por un instante, la imagen total del
- pueblo, en el luminoso martes de agosto, resplandeció en la ventanilla. La niña envolvió las flores
- en los periódicos empapados, se apartó un poco más de la ventanilla y miró fijamente a su
- madre. Ella le devolvió una expresión apacible. El tren acabó de pitar y disminuyó la marcha. Un
- momento después se detuvo.
- No había nadie en la estación. Del otro lado de la calle, en la acera sombreada por los
- almendros, sólo estaba abierto el salón de billar. El pueblo flotaba en el calor. La mujer y la niña
- descendieron del tren, atravesaron la estación abandonada cuyas baldosas empezaban a
- cuartearse por la presión de la hierba, y cruzaron la calle hasta la acera de sombra.
- Eran casi las dos. A esa hora, agobiado por el sopor, el pueblo hacía la siesta. Los
- almacenes, las oficinas públicas, la escuela municipal, se cerraban desde las once y no volvían a
- abrirse hasta un poco antes de las cuatro, cuando pasaba el tren de regreso. Sólo permanecían
- abiertos el hotel frente a la estación, su cantina y su salón de billar, y la oficina del telégrafo a
- un lado de la plaza. Las casas, en su mayoría construidas sobre el modelo de la compañía
- bananera, tenían las puertas cerradas por dentro y las persianas bajas. En algunas hacía tanto
- calor que sus habitantes almorzaban en el patio. Otros recostaban un asiento a la sombra de los
- almendros y hacían la siesta en plena calle. [...]
Adaptado de: https://www.literatura.us/garciamarquez/siesta.html Accesado en: 12.01.23
Las palabras bolsa (l. 12), charol (l. 19) y acera (l. 51) significan en portugués, respectivamente:
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La siesta del martes
Gabriel García Márquez
- El tren salió del trepidante corredor de rocas bermejas, penetró en las plantaciones de
- banano, simétricas e interminables, y el aire se hizo húmedo y no se volvió a sentir la brisa del
- mar. Una humareda sofocante entró por la ventanilla del vagón. En el estrecho camino paralelo
- a la vía férrea había carretas de bueyes cargadas de racimos verdes. Al otro lado del camino,
- intempestivos espacios sin sembrar, había ventiladores eléctricos, campamentos de ladrillos
- rojos y residencias con sillas y mesitas blancas en las terrazas, entre palmeras y rosales
- polvorientos. Eran las once de la mañana y aún no había empezado el calor.
- — Es mejor que subas el vidrio — dijo la mujer —. El pelo se te va a llenar de carbón. La
- niña trató de hacerlo pero la persiana estaba bloqueada por óxido. Eran los únicos pasajeros en
- el escueto vagón de tercera clase. Como el humo de la locomotora siguió entrando por la
- ventanilla, la niña abandonó el puesto y puso en su lugar los únicos objetos que llevaban: una
- bolsa de material plástico con cosas de comer y un ramo de flores envuelto en papel de
- periódicos. Se sentó en el asiento opuesto, alejada de la ventanilla, de frente a su madre. Ambas
- guardaban un luto riguroso y pobre.
- La niña tenía doce años y era la primera vez que viajaba. La mujer parecía demasiado
- vieja para ser su madre, a causa de las venas azules en los párpados y del cuerpo pequeño,
- blando y sin formas, en un traje cortado como una sotana. Viajaba con la columna vertebral
- firmemente apoyada contra el espaldar del asiento, sosteniendo en el regazo con ambas manos
- una cartera de charol desconchado. Tenía la serenidad escrupulosa de la gente acostumbrada a
- la pobreza.
- A las doce había empezado el calor. El tren se detuvo diez minutos en una estación sin
- pueblo para abastecerse de agua. Afuera, en el misterioso silencio de las plantaciones, la sombra
- tenía un aspecto limpio. Pero el aire estancado dentro del vagón olía a cuero sin curtir. El tren
- no volvió a acelerar. Se detuvo en dos pueblos iguales, con casas de madera pintadas de colores
- vivos. La mujer inclinó la cabeza y se hundió en el sopor. La niña se quitó los zapatos. Después
- fue a los servicios sanitarios a poner en agua el ramo de flores muertas.
- Cuando volvió al asiento la madre la esperaba para comer. Le dio un pedazo de queso,
- medio bollo de maíz y una galleta dulce, y sacó para ella de la bolsa de material plástico una
- ración igual. Mientras comían, el tren atravesó muy despacio un puente de hierro y pasó de largo
- por un pueblo igual a los anteriores, sólo que en éste había una multitud en la plaza. Una banda
- de músicos tocaba una pieza alegre bajo el sol aplastante. Al otro lado del pueblo, en una llanura
- cuarteada por la aridez, terminaban las plantaciones.
- La mujer dejó de comer.
- — Ponte los zapatos — dijo.
- La niña miró hacia el exterior. No vio nada más que la llanura desierta por donde el tren
- empezaba a correr de nuevo, pero metió en la bolsa el último pedazo de galleta y se puso
- rápidamente los zapatos. La mujer le dio la peineta.
- — Péinate — dijo.
- El tren empezó a pitar mientras la niña se peinaba. La mujer se secó el sudor del cuello
- y se limpió la grasa de la cara con los dedos. Cuando la niña acabó de peinarse el tren pasó
- frente a las primeras casas de un pueblo más grande pero más triste que los anteriores.
- — Si tienes ganas de hacer algo, hazlo ahora — dijo la mujer —. Después, aunque te
- estés muriendo de sed no tomes agua en ninguna parte. Sobre todo, no vayas a llorar.
- La niña aprobó con la cabeza. Por la ventanilla entraba un viento ardiente y seco,
- mezclado con el pito de la locomotora y el estrépito de los viejos vagones. La mujer enrolló la
- bolsa con el resto de los alimentos y la metió en la cartera. Por un instante, la imagen total del
- pueblo, en el luminoso martes de agosto, resplandeció en la ventanilla. La niña envolvió las flores
- en los periódicos empapados, se apartó un poco más de la ventanilla y miró fijamente a su
- madre. Ella le devolvió una expresión apacible. El tren acabó de pitar y disminuyó la marcha. Un
- momento después se detuvo.
- No había nadie en la estación. Del otro lado de la calle, en la acera sombreada por los
- almendros, sólo estaba abierto el salón de billar. El pueblo flotaba en el calor. La mujer y la niña
- descendieron del tren, atravesaron la estación abandonada cuyas baldosas empezaban a
- cuartearse por la presión de la hierba, y cruzaron la calle hasta la acera de sombra.
- Eran casi las dos. A esa hora, agobiado por el sopor, el pueblo hacía la siesta. Los
- almacenes, las oficinas públicas, la escuela municipal, se cerraban desde las once y no volvían a
- abrirse hasta un poco antes de las cuatro, cuando pasaba el tren de regreso. Sólo permanecían
- abiertos el hotel frente a la estación, su cantina y su salón de billar, y la oficina del telégrafo a
- un lado de la plaza. Las casas, en su mayoría construidas sobre el modelo de la compañía
- bananera, tenían las puertas cerradas por dentro y las persianas bajas. En algunas hacía tanto
- calor que sus habitantes almorzaban en el patio. Otros recostaban un asiento a la sombra de los
- almendros y hacían la siesta en plena calle. [...]
Adaptado de: https://www.literatura.us/garciamarquez/siesta.html Accesado en: 12.01.23
Señale con V, para verdadero, o F, para falso las afirmaciones abajo, de acuerdo con el texto.
( ) El tren cruzaba distintos pueblos, plantíos y terrenos sin cultivo.
( ) La humareda de afuera penetraba en el vagón.
( ) La niña y la mujer lucían un luto severo.
( ) Cuando bajaron del tren, el aire estaba templado.
La secuencia correcta que completa los paréntesis, de arriba para bajo, es:
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Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: FUNDATEC
Orgão: Pref. Três Maio-RS
La siesta del martes
Gabriel García Márquez
- El tren salió del trepidante corredor de rocas bermejas, penetró en las plantaciones de
- banano, simétricas e interminables, y el aire se hizo húmedo y no se volvió a sentir la brisa del
- mar. Una humareda sofocante entró por la ventanilla del vagón. En el estrecho camino paralelo
- a la vía férrea había carretas de bueyes cargadas de racimos verdes. Al otro lado del camino,
- intempestivos espacios sin sembrar, había ventiladores eléctricos, campamentos de ladrillos
- rojos y residencias con sillas y mesitas blancas en las terrazas, entre palmeras y rosales
- polvorientos. Eran las once de la mañana y aún no había empezado el calor.
- — Es mejor que subas el vidrio — dijo la mujer —. El pelo se te va a llenar de carbón. La
- niña trató de hacerlo pero la persiana estaba bloqueada por óxido. Eran los únicos pasajeros en
- el escueto vagón de tercera clase. Como el humo de la locomotora siguió entrando por la
- ventanilla, la niña abandonó el puesto y puso en su lugar los únicos objetos que llevaban: una
- bolsa de material plástico con cosas de comer y un ramo de flores envuelto en papel de
- periódicos. Se sentó en el asiento opuesto, alejada de la ventanilla, de frente a su madre. Ambas
- guardaban un luto riguroso y pobre.
- La niña tenía doce años y era la primera vez que viajaba. La mujer parecía demasiado
- vieja para ser su madre, a causa de las venas azules en los párpados y del cuerpo pequeño,
- blando y sin formas, en un traje cortado como una sotana. Viajaba con la columna vertebral
- firmemente apoyada contra el espaldar del asiento, sosteniendo en el regazo con ambas manos
- una cartera de charol desconchado. Tenía la serenidad escrupulosa de la gente acostumbrada a
- la pobreza.
- A las doce había empezado el calor. El tren se detuvo diez minutos en una estación sin
- pueblo para abastecerse de agua. Afuera, en el misterioso silencio de las plantaciones, la sombra
- tenía un aspecto limpio. Pero el aire estancado dentro del vagón olía a cuero sin curtir. El tren
- no volvió a acelerar. Se detuvo en dos pueblos iguales, con casas de madera pintadas de colores
- vivos. La mujer inclinó la cabeza y se hundió en el sopor. La niña se quitó los zapatos. Después
- fue a los servicios sanitarios a poner en agua el ramo de flores muertas.
- Cuando volvió al asiento la madre la esperaba para comer. Le dio un pedazo de queso,
- medio bollo de maíz y una galleta dulce, y sacó para ella de la bolsa de material plástico una
- ración igual. Mientras comían, el tren atravesó muy despacio un puente de hierro y pasó de largo
- por un pueblo igual a los anteriores, sólo que en éste había una multitud en la plaza. Una banda
- de músicos tocaba una pieza alegre bajo el sol aplastante. Al otro lado del pueblo, en una llanura
- cuarteada por la aridez, terminaban las plantaciones.
- La mujer dejó de comer.
- — Ponte los zapatos — dijo.
- La niña miró hacia el exterior. No vio nada más que la llanura desierta por donde el tren
- empezaba a correr de nuevo, pero metió en la bolsa el último pedazo de galleta y se puso
- rápidamente los zapatos. La mujer le dio la peineta.
- — Péinate — dijo.
- El tren empezó a pitar mientras la niña se peinaba. La mujer se secó el sudor del cuello
- y se limpió la grasa de la cara con los dedos. Cuando la niña acabó de peinarse el tren pasó
- frente a las primeras casas de un pueblo más grande pero más triste que los anteriores.
- — Si tienes ganas de hacer algo, hazlo ahora — dijo la mujer —. Después, aunque te
- estés muriendo de sed no tomes agua en ninguna parte. Sobre todo, no vayas a llorar.
- La niña aprobó con la cabeza. Por la ventanilla entraba un viento ardiente y seco,
- mezclado con el pito de la locomotora y el estrépito de los viejos vagones. La mujer enrolló la
- bolsa con el resto de los alimentos y la metió en la cartera. Por un instante, la imagen total del
- pueblo, en el luminoso martes de agosto, resplandeció en la ventanilla. La niña envolvió las flores
- en los periódicos empapados, se apartó un poco más de la ventanilla y miró fijamente a su
- madre. Ella le devolvió una expresión apacible. El tren acabó de pitar y disminuyó la marcha. Un
- momento después se detuvo.
- No había nadie en la estación. Del otro lado de la calle, en la acera sombreada por los
- almendros, sólo estaba abierto el salón de billar. El pueblo flotaba en el calor. La mujer y la niña
- descendieron del tren, atravesaron la estación abandonada cuyas baldosas empezaban a
- cuartearse por la presión de la hierba, y cruzaron la calle hasta la acera de sombra.
- Eran casi las dos. A esa hora, agobiado por el sopor, el pueblo hacía la siesta. Los
- almacenes, las oficinas públicas, la escuela municipal, se cerraban desde las once y no volvían a
- abrirse hasta un poco antes de las cuatro, cuando pasaba el tren de regreso. Sólo permanecían
- abiertos el hotel frente a la estación, su cantina y su salón de billar, y la oficina del telégrafo a
- un lado de la plaza. Las casas, en su mayoría construidas sobre el modelo de la compañía
- bananera, tenían las puertas cerradas por dentro y las persianas bajas. En algunas hacía tanto
- calor que sus habitantes almorzaban en el patio. Otros recostaban un asiento a la sombra de los
- almendros y hacían la siesta en plena calle. [...]
Adaptado de: https://www.literatura.us/garciamarquez/siesta.html Accesado en: 12.01.23
Según el texto, se puede inferir que:
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Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: AMEOSC
Orgão: Pref. Dionísio Cerqueira-SC
O texto seguinte servirá de base para responder às questões de 1 a 13.
Valencia será capital verde europea en 2024
Es la segunda ciudad española, después de Vitoria-Gasteiz, que consigue el título por su impulso a las políticas sostenibles. Valencia será Capital Verde Europea en 2024. Vitoria-Gasteiz era hasta el momento la única ciudad española que había conseguido la distinción, en 2012. La capital valenciana se ha impuesto a la otra finalista, la ciudad italiana de Cagliari.
Este galardón, dotado con 600.000 euros, está promovido por la Comisión Europea desde 2010 para reconocer los proyectos y el compromiso por la ecología urbana, alineados en el Pacto Verde Europeo, la Estrategia de Biodiversidad 2030 de la Unión Europea o los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas.
Valencia ha destacado en la defensa de su candidatura el aumento en la ciudad de la infraestructura verde -594 hectáreas de zonas verdes netamente urbanas o 7,41 metros cuadrados de espacio verde por habitante-, su modelo de movilidad sostenible, con casi 200 kilómetros de carriles bici o ciclocalles en la capital; la recuperación del espacio público, con la peatonalización de sus plazas más céntricas, o la alimentación sostenible, con su tradicional huerta y su producción autóctona de frutas y hortalizas.
La selección de la ciudad galardonada se evalúa sobre la base de 12 indicadores ambientales; desde la calidad del aire, el ruido, el agua o el uso sostenible del suelo, hasta la gestión de residuos, el reciclaje, el cambio climático, la movilidad sostenible o la gobernanza ambiental. Las ciudades tienen que tener un mínimo de 100.000 habitantes para poder presentarse.
https://elpais.com/clima-y-medio-ambiente/2022-10-27/valencia-seracapital-verde-europea-en-2024.html
Marque a alternativa que destaca um pronome possessivo átono.
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Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: AMEOSC
Orgão: Pref. Dionísio Cerqueira-SC
O texto seguinte servirá de base para responder às questões de 1 a 13.
Valencia será capital verde europea en 2024
Es la segunda ciudad española, después de Vitoria-Gasteiz, que consigue el título por su impulso a las políticas sostenibles. Valencia será Capital Verde Europea en 2024. Vitoria-Gasteiz era hasta el momento la única ciudad española que había conseguido la distinción, en 2012. La capital valenciana se ha impuesto a la otra finalista, la ciudad italiana de Cagliari.
Este galardón, dotado con 600.000 euros, está promovido por la Comisión Europea desde 2010 para reconocer los proyectos y el compromiso por la ecología urbana, alineados en el Pacto Verde Europeo, la Estrategia de Biodiversidad 2030 de la Unión Europea o los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas.
Valencia ha destacado en la defensa de su candidatura el aumento en la ciudad de la infraestructura verde -594 hectáreas de zonas verdes netamente urbanas o 7,41 metros cuadrados de espacio verde por habitante-, su modelo de movilidad sostenible, con casi 200 kilómetros de carriles bici o ciclocalles en la capital; la recuperación del espacio público, con la peatonalización de sus plazas más céntricas, o la alimentación sostenible, con su tradicional huerta y su producción autóctona de frutas y hortalizas.
La selección de la ciudad galardonada se evalúa sobre la base de 12 indicadores ambientales; desde la calidad del aire, el ruido, el agua o el uso sostenible del suelo, hasta la gestión de residuos, el reciclaje, el cambio climático, la movilidad sostenible o la gobernanza ambiental. Las ciudades tienen que tener un mínimo de 100.000 habitantes para poder presentarse.
https://elpais.com/clima-y-medio-ambiente/2022-10-27/valencia-seracapital-verde-europea-en-2024.html
Marque a alternativa que não destaca um artigo definido.
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Banca: AMEOSC
Orgão: Pref. Dionísio Cerqueira-SC
O texto seguinte servirá de base para responder às questões de 1 a 13.
Valencia será capital verde europea en 2024
Es la segunda ciudad española, después de Vitoria-Gasteiz, que consigue el título por su impulso a las políticas sostenibles. Valencia será Capital Verde Europea en 2024. Vitoria-Gasteiz era hasta el momento la única ciudad española que había conseguido la distinción, en 2012. La capital valenciana se ha impuesto a la otra finalista, la ciudad italiana de Cagliari.
Este galardón, dotado con 600.000 euros, está promovido por la Comisión Europea desde 2010 para reconocer los proyectos y el compromiso por la ecología urbana, alineados en el Pacto Verde Europeo, la Estrategia de Biodiversidad 2030 de la Unión Europea o los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas.
Valencia ha destacado en la defensa de su candidatura el aumento en la ciudad de la infraestructura verde -594 hectáreas de zonas verdes netamente urbanas o 7,41 metros cuadrados de espacio verde por habitante-, su modelo de movilidad sostenible, con casi 200 kilómetros de carriles bici o ciclocalles en la capital; la recuperación del espacio público, con la peatonalización de sus plazas más céntricas, o la alimentación sostenible, con su tradicional huerta y su producción autóctona de frutas y hortalizas.
La selección de la ciudad galardonada se evalúa sobre la base de 12 indicadores ambientales; desde la calidad del aire, el ruido, el agua o el uso sostenible del suelo, hasta la gestión de residuos, el reciclaje, el cambio climático, la movilidad sostenible o la gobernanza ambiental. Las ciudades tienen que tener un mínimo de 100.000 habitantes para poder presentarse.
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Marque a alternativa que corresponde a classe gramatical de "una" em "Pero incluso dentro de una ciudad como Madrid".
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Valencia será capital verde europea en 2024
Es la segunda ciudad española, después de Vitoria-Gasteiz, que consigue el título por su impulso a las políticas sostenibles. Valencia será Capital Verde Europea en 2024. Vitoria-Gasteiz era hasta el momento la única ciudad española que había conseguido la distinción, en 2012. La capital valenciana se ha impuesto a la otra finalista, la ciudad italiana de Cagliari.
Este galardón, dotado con 600.000 euros, está promovido por la Comisión Europea desde 2010 para reconocer los proyectos y el compromiso por la ecología urbana, alineados en el Pacto Verde Europeo, la Estrategia de Biodiversidad 2030 de la Unión Europea o los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas.
Valencia ha destacado en la defensa de su candidatura el aumento en la ciudad de la infraestructura verde -594 hectáreas de zonas verdes netamente urbanas o 7,41 metros cuadrados de espacio verde por habitante-, su modelo de movilidad sostenible, con casi 200 kilómetros de carriles bici o ciclocalles en la capital; la recuperación del espacio público, con la peatonalización de sus plazas más céntricas, o la alimentación sostenible, con su tradicional huerta y su producción autóctona de frutas y hortalizas.
La selección de la ciudad galardonada se evalúa sobre la base de 12 indicadores ambientales; desde la calidad del aire, el ruido, el agua o el uso sostenible del suelo, hasta la gestión de residuos, el reciclaje, el cambio climático, la movilidad sostenible o la gobernanza ambiental. Las ciudades tienen que tener un mínimo de 100.000 habitantes para poder presentarse.
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A partir das interpretações do texto, marque a alternativa CORRETA.
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Valencia será capital verde europea en 2024
Es la segunda ciudad española, después de Vitoria-Gasteiz, que consigue el título por su impulso a las políticas sostenibles. Valencia será Capital Verde Europea en 2024. Vitoria-Gasteiz era hasta el momento la única ciudad española que había conseguido la distinción, en 2012. La capital valenciana se ha impuesto a la otra finalista, la ciudad italiana de Cagliari.
Este galardón, dotado con 600.000 euros, está promovido por la Comisión Europea desde 2010 para reconocer los proyectos y el compromiso por la ecología urbana, alineados en el Pacto Verde Europeo, la Estrategia de Biodiversidad 2030 de la Unión Europea o los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas.
Valencia ha destacado en la defensa de su candidatura el aumento en la ciudad de la infraestructura verde -594 hectáreas de zonas verdes netamente urbanas o 7,41 metros cuadrados de espacio verde por habitante-, su modelo de movilidad sostenible, con casi 200 kilómetros de carriles bici o ciclocalles en la capital; la recuperación del espacio público, con la peatonalización de sus plazas más céntricas, o la alimentación sostenible, con su tradicional huerta y su producción autóctona de frutas y hortalizas.
La selección de la ciudad galardonada se evalúa sobre la base de 12 indicadores ambientales; desde la calidad del aire, el ruido, el agua o el uso sostenible del suelo, hasta la gestión de residuos, el reciclaje, el cambio climático, la movilidad sostenible o la gobernanza ambiental. Las ciudades tienen que tener un mínimo de 100.000 habitantes para poder presentarse.
https://elpais.com/clima-y-medio-ambiente/2022-10-27/valencia-seracapital-verde-europea-en-2024.html
Marque qual é a finalidade do advérbio "más" em "con la peatonalización de sus plazas más céntricas"?
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