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2815887 Ano: 2023
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: FUNDATEC
Orgão: Pref. Três Maio-RS
Provas:

La siesta del martes

Gabriel García Márquez

  1. El tren salió del trepidante corredor de rocas bermejas, penetró en las plantaciones de
  2. banano, simétricas e interminables, y el aire se hizo húmedo y no se volvió a sentir la brisa del
  3. mar. Una humareda sofocante entró por la ventanilla del vagón. En el estrecho camino paralelo
  4. a la vía férrea había carretas de bueyes cargadas de racimos verdes. Al otro lado del camino,
  5. intempestivos espacios sin sembrar, había ventiladores eléctricos, campamentos de ladrillos
  6. rojos y residencias con sillas y mesitas blancas en las terrazas, entre palmeras y rosales
  7. polvorientos. Eran las once de la mañana y aún no había empezado el calor.
  8. — Es mejor que subas el vidrio — dijo la mujer —. El pelo se te va a llenar de carbón. La
  9. niña trató de hacerlo pero la persiana estaba bloqueada por óxido. Eran los únicos pasajeros en
  10. el escueto vagón de tercera clase. Como el humo de la locomotora siguió entrando por la
  11. ventanilla, la niña abandonó el puesto y puso en su lugar los únicos objetos que llevaban: una
  12. bolsa de material plástico con cosas de comer y un ramo de flores envuelto en papel de
  13. periódicos. Se sentó en el asiento opuesto, alejada de la ventanilla, de frente a su madre. Ambas
  14. guardaban un luto riguroso y pobre.
  15. La niña tenía doce años y era la primera vez que viajaba. La mujer parecía demasiado
  16. vieja para ser su madre, a causa de las venas azules en los párpados y del cuerpo pequeño,
  17. blando y sin formas, en un traje cortado como una sotana. Viajaba con la columna vertebral
  18. firmemente apoyada contra el espaldar del asiento, sosteniendo en el regazo con ambas manos
  19. una cartera de charol desconchado. Tenía la serenidad escrupulosa de la gente acostumbrada a
  20. la pobreza.
  21. A las doce había empezado el calor. El tren se detuvo diez minutos en una estación sin
  22. pueblo para abastecerse de agua. Afuera, en el misterioso silencio de las plantaciones, la sombra
  23. tenía un aspecto limpio. Pero el aire estancado dentro del vagón olía a cuero sin curtir. El tren
  24. no volvió a acelerar. Se detuvo en dos pueblos iguales, con casas de madera pintadas de colores
  25. vivos. La mujer inclinó la cabeza y se hundió en el sopor. La niña se quitó los zapatos. Después
  26. fue a los servicios sanitarios a poner en agua el ramo de flores muertas.
  27. Cuando volvió al asiento la madre la esperaba para comer. Le dio un pedazo de queso,
  28. medio bollo de maíz y una galleta dulce, y sacó para ella de la bolsa de material plástico una
  29. ración igual. Mientras comían, el tren atravesó muy despacio un puente de hierro y pasó de largo
  30. por un pueblo igual a los anteriores, sólo que en éste había una multitud en la plaza. Una banda
  31. de músicos tocaba una pieza alegre bajo el sol aplastante. Al otro lado del pueblo, en una llanura
  32. cuarteada por la aridez, terminaban las plantaciones.
  33. La mujer dejó de comer.
  34. — Ponte los zapatos — dijo.
  35. La niña miró hacia el exterior. No vio nada más que la llanura desierta por donde el tren
  36. empezaba a correr de nuevo, pero metió en la bolsa el último pedazo de galleta y se puso
  37. rápidamente los zapatos. La mujer le dio la peineta.
  38. — Péinate — dijo.
  39. El tren empezó a pitar mientras la niña se peinaba. La mujer se secó el sudor del cuello
  40. y se limpió la grasa de la cara con los dedos. Cuando la niña acabó de peinarse el tren pasó
  41. frente a las primeras casas de un pueblo más grande pero más triste que los anteriores.
  42. — Si tienes ganas de hacer algo, hazlo ahora — dijo la mujer —. Después, aunque te
  43. estés muriendo de sed no tomes agua en ninguna parte. Sobre todo, no vayas a llorar.
  44. La niña aprobó con la cabeza. Por la ventanilla entraba un viento ardiente y seco,
  45. mezclado con el pito de la locomotora y el estrépito de los viejos vagones. La mujer enrolló la
  46. bolsa con el resto de los alimentos y la metió en la cartera. Por un instante, la imagen total del
  47. pueblo, en el luminoso martes de agosto, resplandeció en la ventanilla. La niña envolvió las flores
  48. en los periódicos empapados, se apartó un poco más de la ventanilla y miró fijamente a su
  49. madre. Ella le devolvió una expresión apacible. El tren acabó de pitar y disminuyó la marcha. Un
  50. momento después se detuvo.
  51. No había nadie en la estación. Del otro lado de la calle, en la acera sombreada por los
  52. almendros, sólo estaba abierto el salón de billar. El pueblo flotaba en el calor. La mujer y la niña
  53. descendieron del tren, atravesaron la estación abandonada cuyas baldosas empezaban a
  54. cuartearse por la presión de la hierba, y cruzaron la calle hasta la acera de sombra.
  55. Eran casi las dos. A esa hora, agobiado por el sopor, el pueblo hacía la siesta. Los
  56. almacenes, las oficinas públicas, la escuela municipal, se cerraban desde las once y no volvían a
  57. abrirse hasta un poco antes de las cuatro, cuando pasaba el tren de regreso. Sólo permanecían
  58. abiertos el hotel frente a la estación, su cantina y su salón de billar, y la oficina del telégrafo a
  59. un lado de la plaza. Las casas, en su mayoría construidas sobre el modelo de la compañía
  60. bananera, tenían las puertas cerradas por dentro y las persianas bajas. En algunas hacía tanto
  61. calor que sus habitantes almorzaban en el patio. Otros recostaban un asiento a la sombra de los
  62. almendros y hacían la siesta en plena calle. [...]

Adaptado de: https://www.literatura.us/garciamarquez/siesta.html Accesado en: 12.01.23

Observe en el texto la frase “Después fue a los servicios sanitarios a poner en agua el ramo de flores muertas” (l. 26). La frase que presenta el verbo poner con el mismo sentido presentado en el texto es:

 

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2815886 Ano: 2023
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: FUNDATEC
Orgão: Pref. Três Maio-RS
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La siesta del martes

Gabriel García Márquez

  1. El tren salió del trepidante corredor de rocas bermejas, penetró en las plantaciones de
  2. banano, simétricas e interminables, y el aire se hizo húmedo y no se volvió a sentir la brisa del
  3. mar. Una humareda sofocante entró por la ventanilla del vagón. En el estrecho camino paralelo
  4. a la vía férrea había carretas de bueyes cargadas de racimos verdes. Al otro lado del camino,
  5. intempestivos espacios sin sembrar, había ventiladores eléctricos, campamentos de ladrillos
  6. rojos y residencias con sillas y mesitas blancas en las terrazas, entre palmeras y rosales
  7. polvorientos. Eran las once de la mañana y aún no había empezado el calor.
  8. — Es mejor que subas el vidrio — dijo la mujer —. El pelo se te va a llenar de carbón. La
  9. niña trató de hacerlo pero la persiana estaba bloqueada por óxido. Eran los únicos pasajeros en
  10. el escueto vagón de tercera clase. Como el humo de la locomotora siguió entrando por la
  11. ventanilla, la niña abandonó el puesto y puso en su lugar los únicos objetos que llevaban: una
  12. bolsa de material plástico con cosas de comer y un ramo de flores envuelto en papel de
  13. periódicos. Se sentó en el asiento opuesto, alejada de la ventanilla, de frente a su madre. Ambas
  14. guardaban un luto riguroso y pobre.
  15. La niña tenía doce años y era la primera vez que viajaba. La mujer parecía demasiado
  16. vieja para ser su madre, a causa de las venas azules en los párpados y del cuerpo pequeño,
  17. blando y sin formas, en un traje cortado como una sotana. Viajaba con la columna vertebral
  18. firmemente apoyada contra el espaldar del asiento, sosteniendo en el regazo con ambas manos
  19. una cartera de charol desconchado. Tenía la serenidad escrupulosa de la gente acostumbrada a
  20. la pobreza.
  21. A las doce había empezado el calor. El tren se detuvo diez minutos en una estación sin
  22. pueblo para abastecerse de agua. Afuera, en el misterioso silencio de las plantaciones, la sombra
  23. tenía un aspecto limpio. Pero el aire estancado dentro del vagón olía a cuero sin curtir. El tren
  24. no volvió a acelerar. Se detuvo en dos pueblos iguales, con casas de madera pintadas de colores
  25. vivos. La mujer inclinó la cabeza y se hundió en el sopor. La niña se quitó los zapatos. Después
  26. fue a los servicios sanitarios a poner en agua el ramo de flores muertas.
  27. Cuando volvió al asiento la madre la esperaba para comer. Le dio un pedazo de queso,
  28. medio bollo de maíz y una galleta dulce, y sacó para ella de la bolsa de material plástico una
  29. ración igual. Mientras comían, el tren atravesó muy despacio un puente de hierro y pasó de largo
  30. por un pueblo igual a los anteriores, sólo que en éste había una multitud en la plaza. Una banda
  31. de músicos tocaba una pieza alegre bajo el sol aplastante. Al otro lado del pueblo, en una llanura
  32. cuarteada por la aridez, terminaban las plantaciones.
  33. La mujer dejó de comer.
  34. — Ponte los zapatos — dijo.
  35. La niña miró hacia el exterior. No vio nada más que la llanura desierta por donde el tren
  36. empezaba a correr de nuevo, pero metió en la bolsa el último pedazo de galleta y se puso
  37. rápidamente los zapatos. La mujer le dio la peineta.
  38. — Péinate — dijo.
  39. El tren empezó a pitar mientras la niña se peinaba. La mujer se secó el sudor del cuello
  40. y se limpió la grasa de la cara con los dedos. Cuando la niña acabó de peinarse el tren pasó
  41. frente a las primeras casas de un pueblo más grande pero más triste que los anteriores.
  42. — Si tienes ganas de hacer algo, hazlo ahora — dijo la mujer —. Después, aunque te
  43. estés muriendo de sed no tomes agua en ninguna parte. Sobre todo, no vayas a llorar.
  44. La niña aprobó con la cabeza. Por la ventanilla entraba un viento ardiente y seco,
  45. mezclado con el pito de la locomotora y el estrépito de los viejos vagones. La mujer enrolló la
  46. bolsa con el resto de los alimentos y la metió en la cartera. Por un instante, la imagen total del
  47. pueblo, en el luminoso martes de agosto, resplandeció en la ventanilla. La niña envolvió las flores
  48. en los periódicos empapados, se apartó un poco más de la ventanilla y miró fijamente a su
  49. madre. Ella le devolvió una expresión apacible. El tren acabó de pitar y disminuyó la marcha. Un
  50. momento después se detuvo.
  51. No había nadie en la estación. Del otro lado de la calle, en la acera sombreada por los
  52. almendros, sólo estaba abierto el salón de billar. El pueblo flotaba en el calor. La mujer y la niña
  53. descendieron del tren, atravesaron la estación abandonada cuyas baldosas empezaban a
  54. cuartearse por la presión de la hierba, y cruzaron la calle hasta la acera de sombra.
  55. Eran casi las dos. A esa hora, agobiado por el sopor, el pueblo hacía la siesta. Los
  56. almacenes, las oficinas públicas, la escuela municipal, se cerraban desde las once y no volvían a
  57. abrirse hasta un poco antes de las cuatro, cuando pasaba el tren de regreso. Sólo permanecían
  58. abiertos el hotel frente a la estación, su cantina y su salón de billar, y la oficina del telégrafo a
  59. un lado de la plaza. Las casas, en su mayoría construidas sobre el modelo de la compañía
  60. bananera, tenían las puertas cerradas por dentro y las persianas bajas. En algunas hacía tanto
  61. calor que sus habitantes almorzaban en el patio. Otros recostaban un asiento a la sombra de los
  62. almendros y hacían la siesta en plena calle. [...]

Adaptado de: https://www.literatura.us/garciamarquez/siesta.html Accesado en: 12.01.23

Las formas verbales poner (l. 11) y detener (l. 21) son totalmente irregulares en el pretérito indefinido. ¿Qué otro verbo abajo se porta de la misma manera que poner y detener en ese mismo tiempo verbal?

 

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2815885 Ano: 2023
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: FUNDATEC
Orgão: Pref. Três Maio-RS
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La siesta del martes

Gabriel García Márquez

  1. El tren salió del trepidante corredor de rocas bermejas, penetró en las plantaciones de
  2. banano, simétricas e interminables, y el aire se hizo húmedo y no se volvió a sentir la brisa del
  3. mar. Una humareda sofocante entró por la ventanilla del vagón. En el estrecho camino paralelo
  4. a la vía férrea había carretas de bueyes cargadas de racimos verdes. Al otro lado del camino,
  5. intempestivos espacios sin sembrar, había ventiladores eléctricos, campamentos de ladrillos
  6. rojos y residencias con sillas y mesitas blancas en las terrazas, entre palmeras y rosales
  7. polvorientos. Eran las once de la mañana y aún no había empezado el calor.
  8. — Es mejor que subas el vidrio — dijo la mujer —. El pelo se te va a llenar de carbón. La
  9. niña trató de hacerlo pero la persiana estaba bloqueada por óxido. Eran los únicos pasajeros en
  10. el escueto vagón de tercera clase. Como el humo de la locomotora siguió entrando por la
  11. ventanilla, la niña abandonó el puesto y puso en su lugar los únicos objetos que llevaban: una
  12. bolsa de material plástico con cosas de comer y un ramo de flores envuelto en papel de
  13. periódicos. Se sentó en el asiento opuesto, alejada de la ventanilla, de frente a su madre. Ambas
  14. guardaban un luto riguroso y pobre.
  15. La niña tenía doce años y era la primera vez que viajaba. La mujer parecía demasiado
  16. vieja para ser su madre, a causa de las venas azules en los párpados y del cuerpo pequeño,
  17. blando y sin formas, en un traje cortado como una sotana. Viajaba con la columna vertebral
  18. firmemente apoyada contra el espaldar del asiento, sosteniendo en el regazo con ambas manos
  19. una cartera de charol desconchado. Tenía la serenidad escrupulosa de la gente acostumbrada a
  20. la pobreza.
  21. A las doce había empezado el calor. El tren se detuvo diez minutos en una estación sin
  22. pueblo para abastecerse de agua. Afuera, en el misterioso silencio de las plantaciones, la sombra
  23. tenía un aspecto limpio. Pero el aire estancado dentro del vagón olía a cuero sin curtir. El tren
  24. no volvió a acelerar. Se detuvo en dos pueblos iguales, con casas de madera pintadas de colores
  25. vivos. La mujer inclinó la cabeza y se hundió en el sopor. La niña se quitó los zapatos. Después
  26. fue a los servicios sanitarios a poner en agua el ramo de flores muertas.
  27. Cuando volvió al asiento la madre la esperaba para comer. Le dio un pedazo de queso,
  28. medio bollo de maíz y una galleta dulce, y sacó para ella de la bolsa de material plástico una
  29. ración igual. Mientras comían, el tren atravesó muy despacio un puente de hierro y pasó de largo
  30. por un pueblo igual a los anteriores, sólo que en éste había una multitud en la plaza. Una banda
  31. de músicos tocaba una pieza alegre bajo el sol aplastante. Al otro lado del pueblo, en una llanura
  32. cuarteada por la aridez, terminaban las plantaciones.
  33. La mujer dejó de comer.
  34. — Ponte los zapatos — dijo.
  35. La niña miró hacia el exterior. No vio nada más que la llanura desierta por donde el tren
  36. empezaba a correr de nuevo, pero metió en la bolsa el último pedazo de galleta y se puso
  37. rápidamente los zapatos. La mujer le dio la peineta.
  38. — Péinate — dijo.
  39. El tren empezó a pitar mientras la niña se peinaba. La mujer se secó el sudor del cuello
  40. y se limpió la grasa de la cara con los dedos. Cuando la niña acabó de peinarse el tren pasó
  41. frente a las primeras casas de un pueblo más grande pero más triste que los anteriores.
  42. — Si tienes ganas de hacer algo, hazlo ahora — dijo la mujer —. Después, aunque te
  43. estés muriendo de sed no tomes agua en ninguna parte. Sobre todo, no vayas a llorar.
  44. La niña aprobó con la cabeza. Por la ventanilla entraba un viento ardiente y seco,
  45. mezclado con el pito de la locomotora y el estrépito de los viejos vagones. La mujer enrolló la
  46. bolsa con el resto de los alimentos y la metió en la cartera. Por un instante, la imagen total del
  47. pueblo, en el luminoso martes de agosto, resplandeció en la ventanilla. La niña envolvió las flores
  48. en los periódicos empapados, se apartó un poco más de la ventanilla y miró fijamente a su
  49. madre. Ella le devolvió una expresión apacible. El tren acabó de pitar y disminuyó la marcha. Un
  50. momento después se detuvo.
  51. No había nadie en la estación. Del otro lado de la calle, en la acera sombreada por los
  52. almendros, sólo estaba abierto el salón de billar. El pueblo flotaba en el calor. La mujer y la niña
  53. descendieron del tren, atravesaron la estación abandonada cuyas baldosas empezaban a
  54. cuartearse por la presión de la hierba, y cruzaron la calle hasta la acera de sombra.
  55. Eran casi las dos. A esa hora, agobiado por el sopor, el pueblo hacía la siesta. Los
  56. almacenes, las oficinas públicas, la escuela municipal, se cerraban desde las once y no volvían a
  57. abrirse hasta un poco antes de las cuatro, cuando pasaba el tren de regreso. Sólo permanecían
  58. abiertos el hotel frente a la estación, su cantina y su salón de billar, y la oficina del telégrafo a
  59. un lado de la plaza. Las casas, en su mayoría construidas sobre el modelo de la compañía
  60. bananera, tenían las puertas cerradas por dentro y las persianas bajas. En algunas hacía tanto
  61. calor que sus habitantes almorzaban en el patio. Otros recostaban un asiento a la sombra de los
  62. almendros y hacían la siesta en plena calle. [...]

Adaptado de: https://www.literatura.us/garciamarquez/siesta.html Accesado en: 12.01.23

Las palabras bolsa (l. 12), charol (l. 19) y acera (l. 51) significan en portugués, respectivamente:

 

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2815884 Ano: 2023
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Orgão: Pref. Três Maio-RS
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La siesta del martes

Gabriel García Márquez

  1. El tren salió del trepidante corredor de rocas bermejas, penetró en las plantaciones de
  2. banano, simétricas e interminables, y el aire se hizo húmedo y no se volvió a sentir la brisa del
  3. mar. Una humareda sofocante entró por la ventanilla del vagón. En el estrecho camino paralelo
  4. a la vía férrea había carretas de bueyes cargadas de racimos verdes. Al otro lado del camino,
  5. intempestivos espacios sin sembrar, había ventiladores eléctricos, campamentos de ladrillos
  6. rojos y residencias con sillas y mesitas blancas en las terrazas, entre palmeras y rosales
  7. polvorientos. Eran las once de la mañana y aún no había empezado el calor.
  8. — Es mejor que subas el vidrio — dijo la mujer —. El pelo se te va a llenar de carbón. La
  9. niña trató de hacerlo pero la persiana estaba bloqueada por óxido. Eran los únicos pasajeros en
  10. el escueto vagón de tercera clase. Como el humo de la locomotora siguió entrando por la
  11. ventanilla, la niña abandonó el puesto y puso en su lugar los únicos objetos que llevaban: una
  12. bolsa de material plástico con cosas de comer y un ramo de flores envuelto en papel de
  13. periódicos. Se sentó en el asiento opuesto, alejada de la ventanilla, de frente a su madre. Ambas
  14. guardaban un luto riguroso y pobre.
  15. La niña tenía doce años y era la primera vez que viajaba. La mujer parecía demasiado
  16. vieja para ser su madre, a causa de las venas azules en los párpados y del cuerpo pequeño,
  17. blando y sin formas, en un traje cortado como una sotana. Viajaba con la columna vertebral
  18. firmemente apoyada contra el espaldar del asiento, sosteniendo en el regazo con ambas manos
  19. una cartera de charol desconchado. Tenía la serenidad escrupulosa de la gente acostumbrada a
  20. la pobreza.
  21. A las doce había empezado el calor. El tren se detuvo diez minutos en una estación sin
  22. pueblo para abastecerse de agua. Afuera, en el misterioso silencio de las plantaciones, la sombra
  23. tenía un aspecto limpio. Pero el aire estancado dentro del vagón olía a cuero sin curtir. El tren
  24. no volvió a acelerar. Se detuvo en dos pueblos iguales, con casas de madera pintadas de colores
  25. vivos. La mujer inclinó la cabeza y se hundió en el sopor. La niña se quitó los zapatos. Después
  26. fue a los servicios sanitarios a poner en agua el ramo de flores muertas.
  27. Cuando volvió al asiento la madre la esperaba para comer. Le dio un pedazo de queso,
  28. medio bollo de maíz y una galleta dulce, y sacó para ella de la bolsa de material plástico una
  29. ración igual. Mientras comían, el tren atravesó muy despacio un puente de hierro y pasó de largo
  30. por un pueblo igual a los anteriores, sólo que en éste había una multitud en la plaza. Una banda
  31. de músicos tocaba una pieza alegre bajo el sol aplastante. Al otro lado del pueblo, en una llanura
  32. cuarteada por la aridez, terminaban las plantaciones.
  33. La mujer dejó de comer.
  34. — Ponte los zapatos — dijo.
  35. La niña miró hacia el exterior. No vio nada más que la llanura desierta por donde el tren
  36. empezaba a correr de nuevo, pero metió en la bolsa el último pedazo de galleta y se puso
  37. rápidamente los zapatos. La mujer le dio la peineta.
  38. — Péinate — dijo.
  39. El tren empezó a pitar mientras la niña se peinaba. La mujer se secó el sudor del cuello
  40. y se limpió la grasa de la cara con los dedos. Cuando la niña acabó de peinarse el tren pasó
  41. frente a las primeras casas de un pueblo más grande pero más triste que los anteriores.
  42. — Si tienes ganas de hacer algo, hazlo ahora — dijo la mujer —. Después, aunque te
  43. estés muriendo de sed no tomes agua en ninguna parte. Sobre todo, no vayas a llorar.
  44. La niña aprobó con la cabeza. Por la ventanilla entraba un viento ardiente y seco,
  45. mezclado con el pito de la locomotora y el estrépito de los viejos vagones. La mujer enrolló la
  46. bolsa con el resto de los alimentos y la metió en la cartera. Por un instante, la imagen total del
  47. pueblo, en el luminoso martes de agosto, resplandeció en la ventanilla. La niña envolvió las flores
  48. en los periódicos empapados, se apartó un poco más de la ventanilla y miró fijamente a su
  49. madre. Ella le devolvió una expresión apacible. El tren acabó de pitar y disminuyó la marcha. Un
  50. momento después se detuvo.
  51. No había nadie en la estación. Del otro lado de la calle, en la acera sombreada por los
  52. almendros, sólo estaba abierto el salón de billar. El pueblo flotaba en el calor. La mujer y la niña
  53. descendieron del tren, atravesaron la estación abandonada cuyas baldosas empezaban a
  54. cuartearse por la presión de la hierba, y cruzaron la calle hasta la acera de sombra.
  55. Eran casi las dos. A esa hora, agobiado por el sopor, el pueblo hacía la siesta. Los
  56. almacenes, las oficinas públicas, la escuela municipal, se cerraban desde las once y no volvían a
  57. abrirse hasta un poco antes de las cuatro, cuando pasaba el tren de regreso. Sólo permanecían
  58. abiertos el hotel frente a la estación, su cantina y su salón de billar, y la oficina del telégrafo a
  59. un lado de la plaza. Las casas, en su mayoría construidas sobre el modelo de la compañía
  60. bananera, tenían las puertas cerradas por dentro y las persianas bajas. En algunas hacía tanto
  61. calor que sus habitantes almorzaban en el patio. Otros recostaban un asiento a la sombra de los
  62. almendros y hacían la siesta en plena calle. [...]

Adaptado de: https://www.literatura.us/garciamarquez/siesta.html Accesado en: 12.01.23

Señale con V, para verdadero, o F, para falso las afirmaciones abajo, de acuerdo con el texto.

( ) El tren cruzaba distintos pueblos, plantíos y terrenos sin cultivo.

( ) La humareda de afuera penetraba en el vagón.

( ) La niña y la mujer lucían un luto severo.

( ) Cuando bajaron del tren, el aire estaba templado.

La secuencia correcta que completa los paréntesis, de arriba para bajo, es:

 

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Questão presente nas seguintes provas

Dentre as funções do currículo escolar, estão:

I. Corresponder ao encontro dos currículos dos diferentes sujeitos da prática educativa, especialmente, professores e alunos.

II. Possibilitar a relação significativa do educando com as objetivações humanas, com objetos culturais relevantes, que despertam e criam a sensibilidade humana.

III. Contribuir para a potencialização da fragmentação dos componentes curriculares, evitando assim as possíveis conexões entre eles.

Quais estão corretas?

 

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Questão presente nas seguintes provas

No planejamento do professor para o seu componente curricular, a metodologia refere-se à:

I. Explicitação das estratégias previstas para trabalhar determinada unidade ou conteúdo.

II. Condução do processo didático e das experiências de ensino-aprendizagem.

III. Criação das condições adequadas para o trabalho educativo.

Quais estão corretas?

 

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Questão presente nas seguintes provas

São exemplos de recursos didáticos:

I. Filmes.

II. Artigos de jornal.

III. GV/GO – Grupos de Verbalização/Grupos de Observação.

IV. Seminários.

Quais estão corretas?

 

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Questão presente nas seguintes provas

Para Vasconcellos (2000), a principal finalidade da avaliação no processo escolar é:

 

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Questão presente nas seguintes provas

De acordo com Antunes (2014), são características de um sistema de avaliação completo, EXCETO:

 

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Questão presente nas seguintes provas

Segundo Moran (2019), “as metodologias ativas não são um tema novo, mas o senso de urgência é”. Assim, o autor salienta, muitos pensadores têm mostrado como cada pessoa (criança ou adulto) aprende de forma ativa e diferente, a partir do contexto em que se encontra. São exemplos desses pensadores, EXCETO:

 

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Questão presente nas seguintes provas