Foram encontradas 10.406 questões.
Bajo la piel de Picasso
“El proyecto y la idea no era descubrir obras nuevas de Picasso, sino conocer de forma objetiva su proceso de trabajo a partir de algunas de las obras de juventud, además de conocer mejor nuestra colección y abrir nuevas líneas de investigación”, explica Reyes Jiménez, responsable del Departamento de Conservación Preventiva del Museo Picasso de Barcelona. Pero el análisis de seis de las obras, todos retratos, de los fondos de este museo; dos realizadas en el periodo en el que Picasso vivió con su familia en Galicia y cuatro de su estancia en Barcelona, hasta 1904 en que se instala en París, han hecho aflorado otras obras anteriores.
Es el caso de Hombre con boina, de 1895, bajo el que se ha descubierto una composición subyacente, una pintura estrechamente ligada a la escasa producción de su padre en el que pueden verse dos palomas, por lo que no se descarta que Picasso pintara sobre una obra de su padre José Ruiz. En Josep Cardona Furró, de 1899, el pintor trabajó en la tela tres veces, en una hizo un paisaje de tejados de Barcelona que no pertenece a su época azul, sino que lo llenó de colores. En Retrato de un desconocido al estilo de El Greco (1899) el malagueño, que había pintado un torso desnudo en un ejercicio académico de la Llotja donde estudiaba, no dudó en trocearlo y reutilizarlo después de haber sido puntuado por su profesor; mientras que debajo de Autorretrato con peluca aparece otra imagen de un personaje con un enorme sombrero, que quizá es el periodista Pompeu Gener, amigo del artista de los Quatre Gats y, por encima, antes de la última imagen, un retrato del joven Picasso sin peluca.
“Esta forma de trabajar no es una novedad”, remarca Jiménez por cuyas manos han pasado muchas obras del museo barcelonés que han detectado obras conservadas bajo la primera piel de las pinturas. Pasó en 2010 con Ciencia y Caridad, una obra de 1897 que el adolescente Picasso pintó sobre otra anterior dándole la vuelta al lienzo y más reciente, en 2013, con Azoteas de Barcelona, pintado en 1903, en el que se vio en una capa inferior una pareja, un tema recurrente en la producción picassiana de los años 1902 y 1903 que concluyó magistralmente con La vida, su obra más destacada del periodo azul y que es una de las obras más destacadas del Museo de Arte de Cleveland.
“Queríamos conocer mejor la datación, la estructura, el proceso creativo, los materiales y los pigmentos empleados en seis obras realizadas entre 1895 y 1900, del periodo de formación del artista y realizar nuevas lecturas de estas obras”, prosigue la investigadora, convencida de que Picasso no repintaba por un tema económico, sino que “buscaba la textura y la forma que le daba el pintar sobre una obra acabada, como si fuera un objeto encontrado”.
Periódico EL PAIS – 24/11/2015 Texto adaptado.
El texto nos dice todavía que Picasso
Provas
Bajo la piel de Picasso
“El proyecto y la idea no era descubrir obras nuevas de Picasso, sino conocer de forma objetiva su proceso de trabajo a partir de algunas de las obras de juventud, además de conocer mejor nuestra colección y abrir nuevas líneas de investigación”, explica Reyes Jiménez, responsable del Departamento de Conservación Preventiva del Museo Picasso de Barcelona. Pero el análisis de seis de las obras, todos retratos, de los fondos de este museo; dos realizadas en el periodo en el que Picasso vivió con su familia en Galicia y cuatro de su estancia en Barcelona, hasta 1904 en que se instala en París, han hecho aflorado otras obras anteriores.
Es el caso de Hombre con boina, de 1895, bajo el que se ha descubierto una composición subyacente, una pintura estrechamente ligada a la escasa producción de su padre en el que pueden verse dos palomas, por lo que no se descarta que Picasso pintara sobre una obra de su padre José Ruiz. En Josep Cardona Furró, de 1899, el pintor trabajó en la tela tres veces, en una hizo un paisaje de tejados de Barcelona que no pertenece a su época azul, sino que lo llenó de colores. En Retrato de un desconocido al estilo de El Greco (1899) el malagueño, que había pintado un torso desnudo en un ejercicio académico de la Llotja donde estudiaba, no dudó en trocearlo y reutilizarlo después de haber sido puntuado por su profesor; mientras que debajo de Autorretrato con peluca aparece otra imagen de un personaje con un enorme sombrero, que quizá es el periodista Pompeu Gener, amigo del artista de los Quatre Gats y, por encima, antes de la última imagen, un retrato del joven Picasso sin peluca.
“Esta forma de trabajar no es una novedad”, remarca Jiménez por cuyas manos han pasado muchas obras del museo barcelonés que han detectado obras conservadas bajo la primera piel de las pinturas. Pasó en 2010 con Ciencia y Caridad, una obra de 1897 que el adolescente Picasso pintó sobre otra anterior dándole la vuelta al lienzo y más reciente, en 2013, con Azoteas de Barcelona, pintado en 1903, en el que se vio en una capa inferior una pareja, un tema recurrente en la producción picassiana de los años 1902 y 1903 que concluyó magistralmente con La vida, su obra más destacada del periodo azul y que es una de las obras más destacadas del Museo de Arte de Cleveland.
“Queríamos conocer mejor la datación, la estructura, el proceso creativo, los materiales y los pigmentos empleados en seis obras realizadas entre 1895 y 1900, del periodo de formación del artista y realizar nuevas lecturas de estas obras”, prosigue la investigadora, convencida de que Picasso no repintaba por un tema económico, sino que “buscaba la textura y la forma que le daba el pintar sobre una obra acabada, como si fuera un objeto encontrado”.
Periódico EL PAIS – 24/11/2015 Texto adaptado.
El término “malagueño” se refiere a
Provas
Bajo la piel de Picasso
“El proyecto y la idea no era descubrir obras nuevas de Picasso, sino conocer de forma objetiva su proceso de trabajo a partir de algunas de las obras de juventud, además de conocer mejor nuestra colección y abrir nuevas líneas de investigación”, explica Reyes Jiménez, responsable del Departamento de Conservación Preventiva del Museo Picasso de Barcelona. Pero el análisis de seis de las obras, todos retratos, de los fondos de este museo; dos realizadas en el periodo en el que Picasso vivió con su familia en Galicia y cuatro de su estancia en Barcelona, hasta 1904 en que se instala en París, han hecho aflorado otras obras anteriores.
Es el caso de Hombre con boina, de 1895, bajo el que se ha descubierto una composición subyacente, una pintura estrechamente ligada a la escasa producción de su padre en el que pueden verse dos palomas, por lo que no se descarta que Picasso pintara sobre una obra de su padre José Ruiz. En Josep Cardona Furró, de 1899, el pintor trabajó en la tela tres veces, en una hizo un paisaje de tejados de Barcelona que no pertenece a su época azul, sino que lo llenó de colores. En Retrato de un desconocido al estilo de El Greco (1899) el malagueño, que había pintado un torso desnudo en un ejercicio académico de la Llotja donde estudiaba, no dudó en trocearlo y reutilizarlo después de haber sido puntuado por su profesor; mientras que debajo de Autorretrato con peluca aparece otra imagen de un personaje con un enorme sombrero, que quizá es el periodista Pompeu Gener, amigo del artista de los Quatre Gats y, por encima, antes de la última imagen, un retrato del joven Picasso sin peluca.
“Esta forma de trabajar no es una novedad”, remarca Jiménez por cuyas manos han pasado muchas obras del museo barcelonés que han detectado obras conservadas bajo la primera piel de las pinturas. Pasó en 2010 con Ciencia y Caridad, una obra de 1897 que el adolescente Picasso pintó sobre otra anterior dándole la vuelta al lienzo y más reciente, en 2013, con Azoteas de Barcelona, pintado en 1903, en el que se vio en una capa inferior una pareja, un tema recurrente en la producción picassiana de los años 1902 y 1903 que concluyó magistralmente con La vida, su obra más destacada del periodo azul y que es una de las obras más destacadas del Museo de Arte de Cleveland.
“Queríamos conocer mejor la datación, la estructura, el proceso creativo, los materiales y los pigmentos empleados en seis obras realizadas entre 1895 y 1900, del periodo de formación del artista y realizar nuevas lecturas de estas obras”, prosigue la investigadora, convencida de que Picasso no repintaba por un tema económico, sino que “buscaba la textura y la forma que le daba el pintar sobre una obra acabada, como si fuera un objeto encontrado”.
Periódico EL PAIS – 24/11/2015 Texto adaptado.
De acuerdo con el texto, “Josep Cardona Furró” fue un
Provas
Bajo la piel de Picasso
“El proyecto y la idea no era descubrir obras nuevas de Picasso, sino conocer de forma objetiva su proceso de trabajo a partir de algunas de las obras de juventud, además de conocer mejor nuestra colección y abrir nuevas líneas de investigación”, explica Reyes Jiménez, responsable del Departamento de Conservación Preventiva del Museo Picasso de Barcelona. Pero el análisis de seis de las obras, todos retratos, de los fondos de este museo; dos realizadas en el periodo en el que Picasso vivió con su familia en Galicia y cuatro de su estancia en Barcelona, hasta 1904 en que se instala en París, han hecho aflorado otras obras anteriores.
Es el caso de Hombre con boina, de 1895, bajo el que se ha descubierto una composición subyacente, una pintura estrechamente ligada a la escasa producción de su padre en el que pueden verse dos palomas, por lo que no se descarta que Picasso pintara sobre una obra de su padre José Ruiz. En Josep Cardona Furró, de 1899, el pintor trabajó en la tela tres veces, en una hizo un paisaje de tejados de Barcelona que no pertenece a su época azul, sino que lo llenó de colores. En Retrato de un desconocido al estilo de El Greco (1899) el malagueño, que había pintado un torso desnudo en un ejercicio académico de la Llotja donde estudiaba, no dudó en trocearlo y reutilizarlo después de haber sido puntuado por su profesor; mientras que debajo de Autorretrato con peluca aparece otra imagen de un personaje con un enorme sombrero, que quizá es el periodista Pompeu Gener, amigo del artista de los Quatre Gats y, por encima, antes de la última imagen, un retrato del joven Picasso sin peluca.
“Esta forma de trabajar no es una novedad”, remarca Jiménez por cuyas manos han pasado muchas obras del museo barcelonés que han detectado obras conservadas bajo la primera piel de las pinturas. Pasó en 2010 con Ciencia y Caridad, una obra de 1897 que el adolescente Picasso pintó sobre otra anterior dándole la vuelta al lienzo y más reciente, en 2013, con Azoteas de Barcelona, pintado en 1903, en el que se vio en una capa inferior una pareja, un tema recurrente en la producción picassiana de los años 1902 y 1903 que concluyó magistralmente con La vida, su obra más destacada del periodo azul y que es una de las obras más destacadas del Museo de Arte de Cleveland.
“Queríamos conocer mejor la datación, la estructura, el proceso creativo, los materiales y los pigmentos empleados en seis obras realizadas entre 1895 y 1900, del periodo de formación del artista y realizar nuevas lecturas de estas obras”, prosigue la investigadora, convencida de que Picasso no repintaba por un tema económico, sino que “buscaba la textura y la forma que le daba el pintar sobre una obra acabada, como si fuera un objeto encontrado”.
Periódico EL PAIS – 24/11/2015 Texto adaptado.
La lectura de las primeras líneas del segundo párrafo nos lleva a inferir que el padre de Picasso
Provas
Bajo la piel de Picasso
“El proyecto y la idea no era descubrir obras nuevas de Picasso, sino conocer de forma objetiva su proceso de trabajo a partir de algunas de las obras de juventud, además de conocer mejor nuestra colección y abrir nuevas líneas de investigación”, explica Reyes Jiménez, responsable del Departamento de Conservación Preventiva del Museo Picasso de Barcelona. Pero el análisis de seis de las obras, todos retratos, de los fondos de este museo; dos realizadas en el periodo en el que Picasso vivió con su familia en Galicia y cuatro de su estancia en Barcelona, hasta 1904 en que se instala en París, han hecho aflorado otras obras anteriores.
Es el caso de Hombre con boina, de 1895, bajo el que se ha descubierto una composición subyacente, una pintura estrechamente ligada a la escasa producción de su padre en el que pueden verse dos palomas, por lo que no se descarta que Picasso pintara sobre una obra de su padre José Ruiz. En Josep Cardona Furró, de 1899, el pintor trabajó en la tela tres veces, en una hizo un paisaje de tejados de Barcelona que no pertenece a su época azul, sino que lo llenó de colores. En Retrato de un desconocido al estilo de El Greco (1899) el malagueño, que había pintado un torso desnudo en un ejercicio académico de la Llotja donde estudiaba, no dudó en trocearlo y reutilizarlo después de haber sido puntuado por su profesor; mientras que debajo de Autorretrato con peluca aparece otra imagen de un personaje con un enorme sombrero, que quizá es el periodista Pompeu Gener, amigo del artista de los Quatre Gats y, por encima, antes de la última imagen, un retrato del joven Picasso sin peluca.
“Esta forma de trabajar no es una novedad”, remarca Jiménez por cuyas manos han pasado muchas obras del museo barcelonés que han detectado obras conservadas bajo la primera piel de las pinturas. Pasó en 2010 con Ciencia y Caridad, una obra de 1897 que el adolescente Picasso pintó sobre otra anterior dándole la vuelta al lienzo y más reciente, en 2013, con Azoteas de Barcelona, pintado en 1903, en el que se vio en una capa inferior una pareja, un tema recurrente en la producción picassiana de los años 1902 y 1903 que concluyó magistralmente con La vida, su obra más destacada del periodo azul y que es una de las obras más destacadas del Museo de Arte de Cleveland.
“Queríamos conocer mejor la datación, la estructura, el proceso creativo, los materiales y los pigmentos empleados en seis obras realizadas entre 1895 y 1900, del periodo de formación del artista y realizar nuevas lecturas de estas obras”, prosigue la investigadora, convencida de que Picasso no repintaba por un tema económico, sino que “buscaba la textura y la forma que le daba el pintar sobre una obra acabada, como si fuera un objeto encontrado”.
Periódico EL PAIS – 24/11/2015 Texto adaptado.
El proyecto presentado se concentró en
Provas
Bajo la piel de Picasso
“El proyecto y la idea no era descubrir obras nuevas de Picasso, sino conocer de forma objetiva su proceso de trabajo a partir de algunas de las obras de juventud, además de conocer mejor nuestra colección y abrir nuevas líneas de investigación”, explica Reyes Jiménez, responsable del Departamento de Conservación Preventiva del Museo Picasso de Barcelona. Pero el análisis de seis de las obras, todos retratos, de los fondos de este museo; dos realizadas en el periodo en el que Picasso vivió con su familia en Galicia y cuatro de su estancia en Barcelona, hasta 1904 en que se instala en París, han hecho aflorado otras obras anteriores.
Es el caso de Hombre con boina, de 1895, bajo el que se ha descubierto una composición subyacente, una pintura estrechamente ligada a la escasa producción de su padre en el que pueden verse dos palomas, por lo que no se descarta que Picasso pintara sobre una obra de su padre José Ruiz. En Josep Cardona Furró, de 1899, el pintor trabajó en la tela tres veces, en una hizo un paisaje de tejados de Barcelona que no pertenece a su época azul, sino que lo llenó de colores. En Retrato de un desconocido al estilo de El Greco (1899) el malagueño, que había pintado un torso desnudo en un ejercicio académico de la Llotja donde estudiaba, no dudó en trocearlo y reutilizarlo después de haber sido puntuado por su profesor; mientras que debajo de Autorretrato con peluca aparece otra imagen de un personaje con un enorme sombrero, que quizá es el periodista Pompeu Gener, amigo del artista de los Quatre Gats y, por encima, antes de la última imagen, un retrato del joven Picasso sin peluca.
“Esta forma de trabajar no es una novedad”, remarca Jiménez por cuyas manos han pasado muchas obras del museo barcelonés que han detectado obras conservadas bajo la primera piel de las pinturas. Pasó en 2010 con Ciencia y Caridad, una obra de 1897 que el adolescente Picasso pintó sobre otra anterior dándole la vuelta al lienzo y más reciente, en 2013, con Azoteas de Barcelona, pintado en 1903, en el que se vio en una capa inferior una pareja, un tema recurrente en la producción picassiana de los años 1902 y 1903 que concluyó magistralmente con La vida, su obra más destacada del periodo azul y que es una de las obras más destacadas del Museo de Arte de Cleveland.
“Queríamos conocer mejor la datación, la estructura, el proceso creativo, los materiales y los pigmentos empleados en seis obras realizadas entre 1895 y 1900, del periodo de formación del artista y realizar nuevas lecturas de estas obras”, prosigue la investigadora, convencida de que Picasso no repintaba por un tema económico, sino que “buscaba la textura y la forma que le daba el pintar sobre una obra acabada, como si fuera un objeto encontrado”.
Periódico EL PAIS – 24/11/2015 Texto adaptado.
Asimismo en el primer párrafo, entendemos que Reyes Jiménez
Provas
Bajo la piel de Picasso
“El proyecto y la idea no era descubrir obras nuevas de Picasso, sino conocer de forma objetiva su proceso de trabajo a partir de algunas de las obras de juventud, además de conocer mejor nuestra colección y abrir nuevas líneas de investigación”, explica Reyes Jiménez, responsable del Departamento de Conservación Preventiva del Museo Picasso de Barcelona. Pero el análisis de seis de las obras, todos retratos, de los fondos de este museo; dos realizadas en el periodo en el que Picasso vivió con su familia en Galicia y cuatro de su estancia en Barcelona, hasta 1904 en que se instala en París, han hecho aflorado otras obras anteriores.
Es el caso de Hombre con boina, de 1895, bajo el que se ha descubierto una composición subyacente, una pintura estrechamente ligada a la escasa producción de su padre en el que pueden verse dos palomas, por lo que no se descarta que Picasso pintara sobre una obra de su padre José Ruiz. En Josep Cardona Furró, de 1899, el pintor trabajó en la tela tres veces, en una hizo un paisaje de tejados de Barcelona que no pertenece a su época azul, sino que lo llenó de colores. En Retrato de un desconocido al estilo de El Greco (1899) el malagueño, que había pintado un torso desnudo en un ejercicio académico de la Llotja donde estudiaba, no dudó en trocearlo y reutilizarlo después de haber sido puntuado por su profesor; mientras que debajo de Autorretrato con peluca aparece otra imagen de un personaje con un enorme sombrero, que quizá es el periodista Pompeu Gener, amigo del artista de los Quatre Gats y, por encima, antes de la última imagen, un retrato del joven Picasso sin peluca.
“Esta forma de trabajar no es una novedad”, remarca Jiménez por cuyas manos han pasado muchas obras del museo barcelonés que han detectado obras conservadas bajo la primera piel de las pinturas. Pasó en 2010 con Ciencia y Caridad, una obra de 1897 que el adolescente Picasso pintó sobre otra anterior dándole la vuelta al lienzo y más reciente, en 2013, con Azoteas de Barcelona, pintado en 1903, en el que se vio en una capa inferior una pareja, un tema recurrente en la producción picassiana de los años 1902 y 1903 que concluyó magistralmente con La vida, su obra más destacada del periodo azul y que es una de las obras más destacadas del Museo de Arte de Cleveland.
“Queríamos conocer mejor la datación, la estructura, el proceso creativo, los materiales y los pigmentos empleados en seis obras realizadas entre 1895 y 1900, del periodo de formación del artista y realizar nuevas lecturas de estas obras”, prosigue la investigadora, convencida de que Picasso no repintaba por un tema económico, sino que “buscaba la textura y la forma que le daba el pintar sobre una obra acabada, como si fuera un objeto encontrado”.
Periódico EL PAIS – 24/11/2015 Texto adaptado.
De acuerdo con el primer párrafo, la idea del proyecto era
Provas
LOS ÁRBOLES DEL PLANETA TIERRA
Es el tipo de pregunta que deja sin guardia a cualquier padre y que ni las mejores mentes han podido responder de forma satisfactoria: ¿Cuántos árboles hay en el mundo?
Un nuevo estudio acaba de aportar el cálculo más preciso hasta el momento y los resultados son sorprendentes, para lo bueno y para lo malo. Hasta ahora se pensaba que hay 400.000 millones de árboles en todo el planeta, o 61 por persona. El recuento se basaba en imágenes de satélite y estimaciones del área forestal, pero no en observaciones sobre el terreno. Después, en 2013, estudios basados en recuentos directos confirmaron que solo en el Amazonas hay casi 400.000 millones de árboles, por lo que la pregunta seguía en el aire. Y se trata de un dato crucial para entender cómo funciona el planeta a nivel global, en especial el ciclo del carbono y el cambio climático, pero también la distribución de especies animales y vegetales o los efectos de la actividad humana en todos ellos.
El nuevo recuento, que publica hoy la revista Nature, muestra que en realidad hay tres billones de árboles en todo el planeta, unas ocho veces más que lo calculado anteriormente. De media hay 422 árboles por cada humano. La cuenta por países destapa una enorme desigualdad, con ricos como Bolivia, con más de 5.000 árboles por persona, y pobres como Israel, donde apenas tocan a dos. Gran parte del contraste se debe a factores naturales como el clima, la topografía o las características del suelo, pero también al efecto inconfundible de la civilización. Cuanto más aumenta la población humana, más disminuye la cuenta de árboles. En parte se explica porque la vegetación prospera más donde hay más humedad, los lugares que también preferimos los humanos para establecer tierras de cultivo.
El trabajo calcula que, cada año, las actividades humanas acaban con 15.000 millones de árboles. La pérdida neta, compensando con la aparición de nuevos árboles y la reforestación, es de 10.000 millones de ejemplares. Desde el comienzo de la civilización, el número de árboles del planeta se ha reducido en un 46%, casi la mitad de lo que hubo, indica el estudio, publicado hoy en Nature.
Nuño Domíngues Periódico EL PAIS – 09/2015 (Texto adaptado.)
El estudio publicado en Nature indica que
Provas
LOS ÁRBOLES DEL PLANETA TIERRA
Es el tipo de pregunta que deja sin guardia a cualquier padre y que ni las mejores mentes han podido responder de forma satisfactoria: ¿Cuántos árboles hay en el mundo?
Un nuevo estudio acaba de aportar el cálculo más preciso hasta el momento y los resultados son sorprendentes, para lo bueno y para lo malo. Hasta ahora se pensaba que hay 400.000 millones de árboles en todo el planeta, o 61 por persona. El recuento se basaba en imágenes de satélite y estimaciones del área forestal, pero no en observaciones sobre el terreno. Después, en 2013, estudios basados en recuentos directos confirmaron que solo en el Amazonas hay casi 400.000 millones de árboles, por lo que la pregunta seguía en el aire. Y se trata de un dato crucial para entender cómo funciona el planeta a nivel global, en especial el ciclo del carbono y el cambio climático, pero también la distribución de especies animales y vegetales o los efectos de la actividad humana en todos ellos.
El nuevo recuento, que publica hoy la revista Nature, muestra que en realidad hay tres billones de árboles en todo el planeta, unas ocho veces más que lo calculado anteriormente. De media hay 422 árboles por cada humano. La cuenta por países destapa una enorme desigualdad, con ricos como Bolivia, con más de 5.000 árboles por persona, y pobres como Israel, donde apenas tocan a dos. Gran parte del contraste se debe a factores naturales como el clima, la topografía o las características del suelo, pero también al efecto inconfundible de la civilización. Cuanto más aumenta la población humana, más disminuye la cuenta de árboles. En parte se explica porque la vegetación prospera más donde hay más humedad, los lugares que también preferimos los humanos para establecer tierras de cultivo.
El trabajo calcula que, cada año, las actividades humanas acaban con 15.000 millones de árboles. La pérdida neta, compensando con la aparición de nuevos árboles y la reforestación, es de 10.000 millones de ejemplares. Desde el comienzo de la civilización, el número de árboles del planeta se ha reducido en un 46%, casi la mitad de lo que hubo, indica el estudio, publicado hoy en Nature.
Nuño Domíngues Periódico EL PAIS – 09/2015 (Texto adaptado.)
El término “hasta” tiene función de
Provas
LOS ÁRBOLES DEL PLANETA TIERRA
Es el tipo de pregunta que deja sin guardia a cualquier padre y que ni las mejores mentes han podido responder de forma satisfactoria: ¿Cuántos árboles hay en el mundo?
Un nuevo estudio acaba de aportar el cálculo más preciso hasta el momento y los resultados son sorprendentes, para lo bueno y para lo malo. Hasta ahora se pensaba que hay 400.000 millones de árboles en todo el planeta, o 61 por persona. El recuento se basaba en imágenes de satélite y estimaciones del área forestal, pero no en observaciones sobre el terreno. Después, en 2013, estudios basados en recuentos directos confirmaron que solo en el Amazonas hay casi 400.000 millones de árboles, por lo que la pregunta seguía en el aire. Y se trata de un dato crucial para entender cómo funciona el planeta a nivel global, en especial el ciclo del carbono y el cambio climático, pero también la distribución de especies animales y vegetales o los efectos de la actividad humana en todos ellos.
El nuevo recuento, que publica hoy la revista Nature, muestra que en realidad hay tres billones de árboles en todo el planeta, unas ocho veces más que lo calculado anteriormente. De media hay 422 árboles por cada humano. La cuenta por países destapa una enorme desigualdad, con ricos como Bolivia, con más de 5.000 árboles por persona, y pobres como Israel, donde apenas tocan a dos. Gran parte del contraste se debe a factores naturales como el clima, la topografía o las características del suelo, pero también al efecto inconfundible de la civilización. Cuanto más aumenta la población humana, más disminuye la cuenta de árboles. En parte se explica porque la vegetación prospera más donde hay más humedad, los lugares que también preferimos los humanos para establecer tierras de cultivo.
El trabajo calcula que, cada año, las actividades humanas acaban con 15.000 millones de árboles. La pérdida neta, compensando con la aparición de nuevos árboles y la reforestación, es de 10.000 millones de ejemplares. Desde el comienzo de la civilización, el número de árboles del planeta se ha reducido en un 46%, casi la mitad de lo que hubo, indica el estudio, publicado hoy en Nature.
Nuño Domíngues Periódico EL PAIS – 09/2015 (Texto adaptado.)
El recuento de los árboles cuyos números están en la revista Nature
Provas
Caderno Container