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Elige la alternativa cuyas palabras completan, correcta y respectivamente, cada hueco de la frase.
amigos, ¿saben que ayer una enorme me arrastró la orilla y me dejó cerca del de la bandera roja?
 

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Lea el siguiente texto para contestar la cuestione.
Whatsapp: el doble check es Dios
Resulta llamativo que en el siglo de la conectividad las personas se a instancias normativas tan sádicas como arbitrarias. El presente continuo al que nos somete el ciberespacio con el diagnóstico que Walter Benjamin anunciaba en El narrador. Esto es: degrada el lugar del relato de boca en boca, al tiempo que exacerba la expectativa de constatación que aporta la prueba. El resultado no es otro que seres inseguros, dependientes de la verdad que el referente: sea éste la foto, la hora y el día del mensaje, el mail o el llamado, en definitiva: el dato que asegure que los dichos se corresponden con los hechos. De esta manera el del valor de la palabra genera una demanda de atención infinita. Tomemos por caso, los códigos e íconos que impone el ciberespacio
El whatsapp es un programa gratuito de la telefonía celular que se distingue por la facilidad en el envío y recepción de mensajes, aunque no por su privacidad. El sistema deja ver si el destinatario está conectado y si recibió el mensaje, detalle que exacerba la expectativa de respuesta del emisor. Los desencuentros y 15 amarguras suscitados entre los usuarios –las parejas, sobre todo– hicieron que días pasados la compañía responsable del servicio saliera a aclarar que el doble tilde, check, o tick en la pantalla, solo significa que el receptor ha recibido el mensaje, no que lo haya leído.
Cuestión que no aporta mucho, habida cuenta de que, en caso de verificarse que el usuario receptor está conectado (por más que la persona esté durmiendo), sigue en pie la torturante posibilidad de interrogarse: ¿por qué no lo ha leído?
Un video que circula en la web atestigua este delirante valor de verdad que se le atribuye al doble tilde. El corto muestra a una pareja que planea su viaje de vacaciones mientras comparten un trago en un bar. Todo parece transcurrir en un tono amoroso hasta que él le recuerda a ella un mensaje no respondido la noche anterior, cuyo breve texto rezaba: “Buenas noches, mi amor”. Como si nada, ella le transmite que no lo ha recibido. El caballero insiste y como prueba menciona el doble tilde registrado en su celular junto con la hora de su último contacto.
De nada valen las palabras con que la dama intenta explicar que, a la hora del envío, ella ya estaba durmiendo. Ahora él insinúa la existencia de una tercera persona. La conversación queda entrampada en el círculo infernal de la demanda: un puro espejo de reproches que borra cualquier pliegue donde escabullirse del ansia de certeza.
Bien podríamos concluir que, a juzgar por el afán de seguridad del muy actual caballero, hoy el cinturón de castidad del medievo son los códigos que impone el ciberespacio. No en vano, antes de que ella dé por terminada la cita –y la relación–, el macho clama: ¡el doble check es Dios!
Se trata de un claro ejemplo acerca de cómo el mandato digital expulsa ese acullico de palabras donde se refugia lo más íntimo, enigmático y femenino de una relación. No en vano, dice Lacan que “el amor no tiene nada que ver con la verdad”. Saber todo del Otro es el certificado de defunción del amor.
13/09/2013- Por Sergio Zabalza Disponível em <http://www.elsigma.com/columnas/whatsapp-el-doble-check-es-dios/12626> Acesso em:01 de dez. 2014.
Elige la opción, cuya expresión y palabras puedem ser reemplazadas en el texto, sin alteración de sentido, por la expresión queda entrampada en el, y por las palabras reproches y escabullirse.
 

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Elige la opción que presenta la frase INCORRECTA.
 

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Lea el siguiente texto para contestar la cuestione.
Whatsapp: el doble check es Dios
Resulta llamativo que en el siglo de la conectividad las personas se a instancias normativas tan sádicas como arbitrarias. El presente continuo al que nos somete el ciberespacio con el diagnóstico que Walter Benjamin anunciaba en El narrador. Esto es: degrada el lugar del relato de boca en boca, al tiempo que exacerba la expectativa de constatación que aporta la prueba. El resultado no es otro que seres inseguros, dependientes de la verdad que el referente: sea éste la foto, la hora y el día del mensaje, el mail o el llamado, en definitiva: el dato que asegure que los dichos se corresponden con los hechos. De esta manera el del valor de la palabra genera una demanda de atención infinita. Tomemos por caso, los códigos e íconos que impone el ciberespacio
El whatsapp es un programa gratuito de la telefonía celular que se distingue por la facilidad en el envío y recepción de mensajes, aunque no por su privacidad. El sistema deja ver si el destinatario está conectado y si recibió el mensaje, detalle que exacerba la expectativa de respuesta del emisor. Los desencuentros y 15 amarguras suscitados entre los usuarios –las parejas, sobre todo– hicieron que días pasados la compañía responsable del servicio saliera a aclarar que el doble tilde, check, o tick en la pantalla, solo significa que el receptor ha recibido el mensaje, no que lo haya leído.
Cuestión que no aporta mucho, habida cuenta de que, en caso de verificarse que el usuario receptor está conectado (por más que la persona esté durmiendo), sigue en pie la torturante posibilidad de interrogarse: ¿por qué no lo ha leído?
Un video que circula en la web atestigua este delirante valor de verdad que se le atribuye al doble tilde. El corto muestra a una pareja que planea su viaje de vacaciones mientras comparten un trago en un bar. Todo parece transcurrir en un tono amoroso hasta que él le recuerda a ella un mensaje no respondido la noche 26 anterior, cuyo breve texto rezaba: “Buenas noches, mi amor”. Como si nada, ella le transmite que no lo ha recibido. El caballero insiste y como prueba menciona el doble tilde registrado en su celular junto con la hora de su último contacto.
De nada valen las palabras con que la dama intenta explicar que, a la hora del envío, ella ya estaba durmiendo. Ahora él insinúa la existencia de una tercera persona. La conversación queda entrampada en el círculo infernal de la demanda: un puro espejo de reproches que borra cualquier pliegue donde escabullirse del ansia de certeza.
Bien podríamos concluir que, a juzgar por el afán de seguridad del muy actual caballero, hoy el cinturón de castidad del medievo son los códigos que impone el ciberespacio. No en vano, antes de que ella dé por terminada la cita –y la relación–, el macho clama: ¡el doble check es Dios!
Se trata de un claro ejemplo acerca de cómo el mandato digital expulsa ese acullico de palabras donde se refugia lo más íntimo, enigmático y femenino de una relación. No en vano, dice Lacan que “el amor no tiene nada que ver con la verdad”. Saber todo del Otro es el certificado de defunción del amor.
13/09/2013- Por Sergio Zabalza Disponível em <http://www.elsigma.com/columnas/whatsapp-el-doble-check-es-dios/12626> Acesso em:01 de dez. 2014.
Según el autor del texto “Whatsapp: el doble check es Dios”,
 

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672180 Ano: 2014
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: FADURPE
Orgão: CESMAC
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Elogio de lo inútil
Sócrates se puso a ensayar con su flauta mientras el verdugo le preparaba la cicuta. Un alumno le preguntó por qué hacía eso en sus últimos momentos y el filósofo le contestó: porque quiero morir sabiendo tocar la flauta.
La anécdota del sabio ateniense refleja el amor al conocimiento que va más allá del utilitarismo imperante en la sociedad occidental, por el que los bienes solo se miden en función de su valor económico. Ser el dueño de un Ferrari es algo muy preciado pero nadie considera como una posesión saber disfrutar de una sinfonía, leer a los clásicos o contemplar un atardecer porque son cosas que no resultan cuantificables y, por tanto, carecen de valor.
Somos educados en la idea de que nuestra felicidad depende del dinero y de la acumulación de objetos materiales, pero pocos se dan cuenta de que el disfrute de la vida depende mucho más de los conocimientos que no tienen ninguna utilidad ni sentido práctico que de la habilidad para engrosar la cuenta corriente.
Este desprecio a la cultura, considerada como algo inútil, ha llevado al progresivo arrinconamiento de los saberes humanísticos en nuestro sistema escolar, en el que disciplinas como el latín, el arte y la filosofía son expulsadas para promover asignaturas que huyen de la abstracción de estos conocimientos. Peor todavía, nuestra sociedad rinde culto a la economía y a las finanzas elevadas a la categoría de ciencia cuando lo que hemos visto estos años es cómo esa hipertrofia del mercado y las leyes de la utilidad nos han llevado al desastre.
A diferencia de los productos financieros, que pueden convertirnos en pobres de la noche a la mañana, la cultura siempre nos hace felices: libros, discos, películas nos proporcionan muchas veces los mejores ratos de nuestra vida. Siempre están ahí, a nuestra disposición. Además, estas aficiones inútiles e improductivas sirven para enseñarnos a vivir y para que sepamos distinguir entre lo esencial y lo accesorio. La cultura nos ayuda a entendernos y a saber quiénes somos, de suerte que hay más conocimiento encerrado en La Ilíada que en un millar de manuales de economía. Solo cuando se conoce la inutilidad puede empezar a hablarse de la utilidad.
Blog de Pedro G. Cuartango 10/02/2014
En opinión del autor, la felicidad
 

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Analise la transcripción del diálogo abajo de parte del cortametraje, citado en el texto anterior y contesta las cuestione
“Doble Check”
[...]
Miguel: Pues que vale que no me contestes, pero que encima me .
Luci: Mi amor, estás en sério? porque te juro que me estoy rayando. A ver... ¿A que horas enviaste?
Miguel: A las 23:26h. Bueno y a 27 hizo el doble check.
Luci: !Y dale con el doble check! Llegué a casa del ______y me acosté 6 directamente. !ya!
Miguel: Ah, te acostaste, ya.
Luci: Ya, ¿qué?
[...]
Luci: ¿Perdón? ¿Me estás diciendo que te estoy poniendo los cuernos? ¿Es eso?
Para yo enterarme también de lo que estamos hablando.
Miguel: No, no, no. Lo has dicho tú, eh. No yo.
Luci: A ver, cariño, ¿de verdad estamos discutiendo por eso¿ Ey... más del whatsapp que de mí?
Miguel: No, pero si sale doble check... lo has leído.
[...]
Miguel: Ahora ya ni beso, ni corazón, ni nada. Ni siquiera el del pinguno, que sabes que me hace mucha gracia.
Luci: Pero , a ver cariño, como si te mando el del alien, que son una chorrada.
Miguel: Que no, que no. Que no le eches la culpa al whatsapp, aquí el problema es que me has mentido, y punto
Luci: No me llegó, ¿Vale? Ya.
[...]
Luci: Creo que ya no te quiero.
Miguel: Oye, Luci, lo siento...Que es un whatsapp. Ven, lo hablamos.
Seleccione la alternativa que completa adecuadamente los huecos del diálogo.
 

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Amar, amar, amar, amar siempre,
con todo el ser y con la tierra y con el cielo,
con lo claro del sol y lo oscuro del lodo:
amar por toda ciencia y amar por todo anhelo.
Y cuando la montaña de la vida
nos sea dura y larga y alta y llena de abismos,
amar la inmensidad que es de amor encendido
¡y arder en la fusión de nuestros pechos mismos!
Rubén Darío. Amo, amas. Internet: <www.los-poetas.com> (con adaptaciones).
Juzgue lo siguiente ítem con base en el poema de arriba.
El vocablo “anhelo” significa un deseo efusivo de conseguir alguna cosa.
 

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671068 Ano: 2014
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: UFPR
Orgão: PM-PR
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La vergüenza de España
Lucía Méndez
«No sabes lo que es el hambre hasta que pasas hambre. Más de tres millones de personas en España no tienen acceso diario a la alimentación básica». Es una campaña de un banco que golpea nuestro estómago lleno con el puño cerrado. La Caixa anuncia así una recogida de alimentos para distribuirlos a través de la Cruz Roja entre las familias «en situación de pobreza». Vaya faena.
La defensora del pueblo, Soledad Becerril, ha dirigido una recomendación a las comunidades autónomas para que abran los comedores escolares este verano con el fin de garantizar que los niños españoles -todos- coman, al menos, una vez al día. En el curso lo tienen garantizado. En verano les tienen que dar de comer sus familias y algunas quizá no puedan. Los profesores son quienes saben -y denuncian- que muchos niños van sin desayunar al colegio. Soledad Becerril ha hecho esa petición porque ella sabe que hay un problema real en España que el Gobierno prefiere ignorar porque estropea la foto de la recuperación económica pos crisis de 2008. Sólo seis comunidades le han hecho caso. Portavoces del PP de Galicia y La Rioja han reaccionado como damas ofendidas diciendo que en sus comunidades no hay desnutrición infantil. Y si la hay no se le debe dar excesiva «visibilidad» para no «estigmatizar» a quienes sufren estas carencias. Es mejor no hablar mucho de estas cosas. Es desagradable, populista y bolivariano. Da mala imagen de España. Vale que vayan al banco de alimentos a recoger la comida recolectada por La Caixa, pero que lo hagan con discreción.
Y, sin embargo, cada poco tiempo viene alguien a amargar la fiesta oficial con datos, cifras y experiencias propias. Cáritas, Cruz Roja, Ayuda en Acción... Hasta el Instituto Nacional de Estadística (INE) ha certificado que el 21,6% de los españoles vive por debajo del umbral de la pobreza.
Da vergüenza pensar que en la España de hoy alguien pueda pasar hambre. Da vergüenza que sean los Bancos de Alimentos y las ONG, y no las instituciones públicas, quienes den de comer a los españoles en riesgo de exclusión, que es como se llama ahora a los pobres para no llamarles pobres. Y da más vergüenza que las nuevas formas de pobreza -que incluyen a los que ganan 400 euros para mantener una familia- se excluyan del debate político. No hay ni puede haber una causa más urgente que la de garantizar que todos los niños españoles hagan tres comidas al día. Produce sonrojo y bochorno tener que poner negro sobre blanco una cosa así.
Disponible en: http://www.elmundo.es/espana/2014/06/17/539fefa1e2704e166d8b4572.html (texto adaptado)
La expresión “españoles en riesgo de exclusión” es tratada por Lucía Méndez como
 

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670857 Ano: 2014
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: UFPR
Orgão: PM-PR
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El 34
Alejandro Zambra
Los profesores nos llamaban por el número de lista, por lo que sólo sabíamos los nombres de los compañeros más cercanos. Lo digo como disculpa: ni siquiera conozco el nombre de mi personaje. Pero recuerdo con precisión al 34 y creo que él también me recordaría. En ese tiempo yo era el 45. Gracias a la inicial de mi apellido gozaba de una identidad más firme que los demás. Todavía siento familiaridad con ese número. Era bueno ser el último, el 45. Era mucho mejor que ser, por ejemplo, el 15 o el 27.
Lo primero que recuerdo del 34 es que a veces comía zanahorias a la hora del recreo. Su madre las pelaba y acomodaba armoniosamente en un pequeño tupperware, que él abría desmontando con cautela las esquinas superiores. Medía la dosis exacta de fuerza como si practicara un arte dificilísimo. Pero más importante que su gusto por las zanahorias era su condición de repitente, el único del curso.
Para nosotros repetir de curso era un hecho vergonzante. En nuestras cortas vidas nunca habíamos estado cerca de esa clase de fracasos. Teníamos once o doce años, acabábamos de ingresar al Instituto Nacional, el colegio más prestigioso de Chile, y nuestros expedientes eran, por tanto, intachables. Pero ahí estaba el 34: su presencia demostraba que el fracaso era posible, que era incluso llevadero, porque él lucía su estigma con naturalidad, como si estuviera, en el fondo, contento de repasar las mismas materias. Usted es cara conocida, le decía a veces algún profesor, socarronamente, y el 34 respondía con gentileza: sí señor, soy repitente, el único repitente del curso. Pero estoy seguro de que este año será mejor para mí.
El comportamiento del 34 contradecía por completo la conducta natural de los repitentes. Se supone que los repitentes son hoscos y se integran a destiempo y de malas ganas al contexto de su nuevo curso, pero el 34 se mostraba siempre dispuesto a compartir con nosotros en igualdad de condiciones. No padecía ese arraigo al pasado que hace de los repitentes tipos infelices o melancólicos, a la siga perpetua de sus compañeros del año anterior, o en batalla incesante contra los supuestos culpables de su situación.
Temblábamos cada vez que el 34 daba muestras, en clases, de su innegable inteligencia. Pero no alardeaba, al contrario, solamente intervenía para proponer nuevos puntos de vista o señalar su opinión sobre temas complejos. Decía cosas que no salían en los libros y nosotros lo admirábamos por eso, pero admirarlo era una forma de cavar la propia tumba: si había fracasado alguien tan listo, con mayor razón fracasaríamos nosotros. Conjeturábamos, entonces, a sus espaldas, los verdaderos motivos de su repitencia: inventábamos enrevesados conflictos familiares o enfermedades muy largas y penosas, pero en el fondo sabíamos que el fracaso del 34 era estrictamente académico. Sabíamos que su fracaso sería, mañana, el nuestro.
Disponible en: http://www.literalmagazine.com/english_post/el-34/
La dualidad de sentimientos del narrador hacia el 34 se debe al hecho de observar que
 

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670587 Ano: 2014
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: UFAL
Orgão: UNCISAL
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Rutinas


A mediados de 1974 explotaban en Buenos Aires diez o doce bombas por la noche. De distinto signo, pero explotaban. Despertarse a las dos o las tres de la madrugada con varios estruendos en cadena, era casi una costumbre. Hasta los niños se hacían a esa rutina.


Un amigo porteño empezó a tomar conciencia de esa adaptación a partir de una noche en que hubo una fuerte explosión en las cercanías de su apartamento, y su hijo, de apenas cinco años, se despertó sobresaltado.


"¿Qué fue eso?", preguntó. Mi amigo lo tomó en brazos, lo acarició para tranquilizarlo, pero, conforme a sus principios educativos, le dijo la verdad: "Fue una bomba". "¡Qué suerte!", dijo el niño. "Yo creí que era un trueno"[…].


BENEDETTI, Mario. Rutinas. Disponível em:

<http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/benedett/rutinas.htm>. Acesso em: 20 out. 2014.


“Como el mundo no se entera de lo que te pasa a ti, procuras enterarte de lo que le pasa al mundo […]”.


MILLÁS, Juan José. In: URIZ, Francisco. Cosas que pasan. Madrid: Edelsa, 1990, p. 74.


As palavras “entera” e “enterarte” no trecho significam

 

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