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Foram encontradas 10.406 questões.

1726655 Ano: 2008
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: CEPUERJ
Orgão: Pref. São Gonçalo-RJ
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enunciado 1726655-1

Según el texto la palabra enojada (L.10/11) significa:

 

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1726654 Ano: 2008
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: CEPUERJ
Orgão: Pref. São Gonçalo-RJ
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enunciado 1726654-1

“… , disipar un sortilegio.”(L.9) – el vocablo subrayado, en el texto, significa:

 

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1726653 Ano: 2008
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: CEPUERJ
Orgão: Pref. São Gonçalo-RJ
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enunciado 1726653-1

“… en el laberinto familiar hubiese sido algo como traicionar un secreto, …”(L.7/8) – la forma subrayada está en el pretérito:

 

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1726652 Ano: 2008
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: CEPUERJ
Orgão: Pref. São Gonçalo-RJ
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enunciado 1726652-1

“… de su existencia.”(L.6) – el posesivo, destacado en la frase, se refiere a:

 

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1726651 Ano: 2008
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: CEPUERJ
Orgão: Pref. São Gonçalo-RJ
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enunciado 1726651-1

“…, por vez primera, …”(L.4/5) – la forma del numeral ordinal subrayado se encuentra correctamente empleada en:

 

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1726650 Ano: 2008
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: CEPUERJ
Orgão: Pref. São Gonçalo-RJ
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enunciado 1726650-1

“No podemos recibir aquí a una persona extraña” (L.3/4) – la palabra subrayada, en la frase, es:

 

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1726649 Ano: 2008
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: CEPUERJ
Orgão: Pref. São Gonçalo-RJ
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enunciado 1726649-1

‘… , hora temprana para ellos, …”(L. 1/2) – el antónimo de lo subrayado, en el texto, es:

 

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1726648 Ano: 2008
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: CEPUERJ
Orgão: Pref. São Gonçalo-RJ
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enunciado 1726648-1

“Serían acaso las diez de la noche, … “(L.1) – la palabra subrayada es la forma escrita del numeral 10. Señala la opción donde se da correctamente el mismo caso:

 

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1722847 Ano: 2008
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: VUNESP
Orgão: UNCISAL
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¡Cállate, cállate... que me desesperas!
(La voz femenina agota el cerebro del hombre...)
Enunciado 1722847-1
¡Epa... epa! ¿Por qué se enojan bellezas?... una investigación científica detectó que la incapacidad de un caballero para mantener
la atención con lo que le dice una mujer tiene fundamentos científicos.
El estudio se realizó a través de una tecnología especial para poder detectar estos movimientos, de la misma manera que puede verse en una resonancia magnética. La publicación expresa que la voz de la esposa harta al hombre pero, cuidado, que no es por la costumbre, sino que está científicamente comprobado que la voz de las mujeres fatiga (digo yo, por no decir extenúa, cansa... marchita) el cerebro del hombre... ja ja, perdón que me ría. Esta reveladora conclusión fue publicada por “NeuroImage”, una revista de ciencia de la Universidad de Sheffield. Aquí me detengo, vamos a desglosar este punto.
Escuchar a las mujeres se podría sintetizar como: Te dejan “el cerebro” al plato... mientras que en una conversación entre hombres, estos sólo emplearían una parte limitada del encéfalo que se centraría en el núcleo de la conversación y el resto (el hombre puede pensar dos o más cosas al mismo tiempo) se ocuparía de otros temas importantes... la formación de la selección para mañana, Malbec o Cabernet, a quién llamo de arquero para hoy a la noche etc.
Según la revista “las mujeres tienen una voz natural con sonidos más complejos”. El artículo afirma que con este resultado científico, es razonable no poder sostener la atención en el diálogo con una mujer por mucho tiempo. Paro nuevamente; me animo a rebatir este punto con contundencia. Lo complejo no serían los sonidos sino el sentido y la duración de las conversaciones. En la segunda o tercera palabra el cerebro del varón ya no pudo discriminar más y entró en cono de silencio.
(www.weblogs.clarin.com/almacen/archives/2006/11/ callate_callate_que_me_desesperas.html. Adaptado)
Se passarmos a frase ¡Cállate, cállate... que me desesperas! para a forma de tratamento usted, teremos:
 

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1718107 Ano: 2008
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: CESPE / CEBRASPE
Orgão: SEDU-ES
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Enseñamos a cooperar

A menudo utilizamos palabras como buena química, contacto, simpatía para hablar de las relaciones que nuestros

estudiantes establecen en clase a través de las actividades que vamos proponiéndoles.

Seguro que todos nos hemos preguntado alguna vez por qué, frente a los mismos materiales, profesor, estímulos etc., los

grupos no reaccionan de la misma forma y, lo que nos interesa sobre todo como profesores, por qué unos grupos aprenden mejor

que otros, con mayor eficacia y fluidez. Podemos emitir como hipótesis que una de las incógnitas que permite resolver esta

ecuación a favor de un mejor aprendizaje es la capacidad “natural” que manifiestan algunos alumnos para cooperar, es decir, en

la medida en que saben actualizar espontáneamente sus competencias en destrezas sociales.

Desde ya hace bastantes años, con el auge del método comunicativo y el más actual del enfoque por tareas, nuestros

estudiantes deben, la mayor parte del tiempo que pasan en clase, hacer cosas juntos: hablar con su compañero, repartirse el trabajo,

comparar respuestas, hacer hipótesis de lectura, inferir, mejorar su escritura, tomar decisiones etc.

El aula se ha convertido en un foro de discusión en el que el profesor es una voz más, y actúa a veces coordinando, otras

sugiriendo, y también a veces optando por la invisibilidad. Los estudiantes van aprendiendo en verdaderas comunidades de

aprendizaje, pero sin ser realmente conscientes de lo que están viviendo.

En cuanto a nosotros, profesores, estamos firmemente convencidos de que nuestros estudiantes tienen que trabajar juntos

y de que saben como hacerlo.

Nos encontramos tan ocupados en motivarles, en proporcionarles estímulos, recursos gramaticales, vocabulario etc., en

explicarles las consignas, en comprobar que las entienden etc., etc., etc., que no tenemos tiempo en pararnos a pensar si nuestros

alumnos poseen las competencias sociales que tienen que actualizar cuando oyen todas esas “palabras mágicas” que repetimos

tantas veces en el aula: en parejas, en grupos de tres, toda la clase, en dos grupos etc.

Nos creemos, para ganar tiempo y ahorrar energía docente, que saben emitir mensajes claros y convincentes, escuchar,

no interrumpir, experimentar la empatía con los demás, dar y pedir ayuda, alentar, crear un clima emocional positivo, infundir

energía, dar respuestas creativas ante los contratiempos, y un sinfín de cosas más esenciales para que el trabajo en equipo sea

realmente esa sinergia que nos hace avanzar infinitamente más rápido que si aprendiéramos solos.

Pero… ¿Saben de verdad? ¿Todos saben? ¿Cómo han aprendido? ¿En sus familias? ¿En la escuela? ¿Han tenido algún

modelo?

Otro misterio al que a lo mejor nos hemos enfrentado a lo largo de nuestra carrera docente es ese estudiante apenas

escolarizado al que aceptamos en clase “porque así algo al menos aprenderá” y que luego sorprende a todos por su interés, por

su motivación y sobre todo por sus progresos espectaculares. Ese estudiante, tan consciente de sus límites, al que no le cuesta nada

pedir ayuda a los demás, que se deja ayudar sin que haga mella en su amor propio, al que los “buenos estudiantes” dan lecciones

particulares porque además estos se dan cuenta de que así entienden más ellos.

Y también el fenómeno contrario. El estudiante que siempre hace los deberes, que siempre escucha al profesor, que

siempre hace lo que le dicen (pero solo lo que le dicen), que siempre es el primero en salir a la pizarra, en leer su redacción y que,

un día, cuando el profesor está explicando con mucha pasión algo a toda la clase, se enfada porque no entiende. Simplemente

porque no sabe pedir ayuda. Animados por el desentrañamiento de estos misterios podemos irnos acercando, interesando y

practicando en nuestras clases el aprendizaje consciente de las habilidades sociales.

Internet: www.mec.es/redele (con modificaciones).

Con base en el texto de arriba juzgue los ítems siguientes.

El autor hace la sugerencia de que el aprendizaje de las habilidades sociales debe ser practicado conscientemente.

 

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