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433472 Ano: 2019
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: SELECON
Orgão: Pref. Cuiabá-MT
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La admiración por la admiración

Javier Cercas 30 DIC 2017

Sorprende nuestro entusiasmo por quien está de

vuelta de todo, por quien desprecia todo, incluido lo

bueno, y no por quien es capaz de reconocerlo

En nuestra vida intelectual parece de buen tono

5 abominar de la universidad, pero cada vez que

alguien lo hace no puedo evitar acordarme de lo que

Flaubert anota sobre la Academia Francesa en la

entrada correspondiente de su Diccionario de

lugares comunes: “Denigrarla, pero tratar de

10 ingresar en ella si se puede”. Este fariseísmo prueba

que, pese a las críticas que puedan hacerse a la

universidad española (muy justas la mayoría), en

ella todavía trabajan algunas de las personas más

valiosas de este país.

15 pensé lo anterior durante un acto académico

celebrado no hace mucho en la Universidad

Pompeu Fabra, en Barcelona. Se trataba de una

oposición a cátedra, pero, como el candidato era

Domingo Ródenas, un filólogo que hubiera debido

20ser catedrático hace 20 años, el debate sobre sus

méritos se volvió superfluo y por momentos derivó

hacia un asunto más controvertido: la virtud (o el

defecto) de la admiración. Ródenas aseguró que la

tarea fundamental de un profesor consiste en

25 implantar en sus alumnos la admiración por el

talento ajeno, polemizó con Horacio y su rechazo de

la admiración como secreto de la felicidad, y citó un

ensayo de Aurelio Arteta, titulado La virtud en la

mirada, donde el filósofo argumenta que la

30 admiración es “el sentimiento de alegría que brota a

la vista de alguna excelencia moral ajena”, y que

esta “simpatía con el excelente” provoca el deseo de

imitarlo y de desarrollar por tanto las mejores

posibilidades humanas, porque a través de ella

35“cada cual vislumbra y quiere su mejor yo”. En

cuanto a Horacio, es cierto que los dos primeros

versos de la Epístola VI rezan: “No admirar casi

nada es, oh Numicio, / lo que hacernos dichosos

siempre puede”; pero también es cierto que lo que

40 en ese poema dice Horacio en realidad no es que no

haya que admirar nada, sino que no hay que admirar

nada de lo que la mayoría admira, salvo la virtud.

Por lo demás, el “nihil admirari” horaciano se

inscribe en una tradición que se remonta al menos

45 hasta Cicerón, que en las Tusculanas (3, 30) declara

que un sabio es quien está preparado para todo, de

tal modo que nada le sorprende, pensamiento que

ilustra con una célebre anécdota de Anaxágoras

según la cual éste declaró, imperturbable, al recibir

50la noticia de la muerte de su hijo: “Sabía que había

engendrado a un mortal”. Se objetará que el sentido

del “admirari” de Cicerón es distinto del de Horacio y

que en éste equivale a admiración y en aquel más

bien a sorpresa; la objeción es endeble, porque no

55veo cómo puede haber admiración sin sorpresa.

También se objetará que la anécdota de Anaxágoras

es ridícula; nada que objetar a esta objeción: por eso

Cioran se burla del “nihil admirari” de Cicerón

llamándolo “estoicismo de feria”. Sea como sea, yo

60 no tengo ninguna duda de que sin admirar a los

buenos no hay forma de emularlos, y de que sin

emular a los buenos estamos condenados a ser de

los malos, o al menos a no encontrar lo mejor que

cada uno alberga dentro. Por eso sorprende nuestra

65 escasa admiración por la admiración y nuestra

mucha admiración por quien está de vuelta de todo,

casi siempre sin haber ido a ninguna parte, así como

por quien desprecia o parece despreciarlo todo,

incluido lo bueno, y no por quien es capaz de

70 reconocerlo y admirarlo. Es, si bien se mira, el

abismo que separa a Cervantes de Quevedo:

Quevedo observa a los humanos desde arriba, con

una soberbia a veces insufrible, y se ríe de todo y de

todos, porque es capaz de ver lo peor incluso en los

75 mejores; Cervantes, en cambio, observa a los

humanos desde abajo, con una humildad militante, y,

aunque también se ríe, se ríe con todos, quizá

porque es capaz de ver lo mejor incluso en los

peores. Por desgracia, en España triunfó Quevedo

80– el barroquismo y la picaresca – y no Cervantes

– la novela moderna –, y por eso la literatura

española es demasiado a menudo una literatura de

señoritos (una literatura de primero de la clase, decía

Félix Romeo), que es quizá lo peor que puede ser

85 una literatura.

Así que lleva razón Ródenas: hay que implantar la

admiración en la universidad; pero luego hay que

implantarla en todas partes. Píos deseos al empezar

el año.

https://elpais.com/elpais/2017/12/22/eps/1513970046_859485.html

“(…); Cervantes, en cambio, observa a los humanos desde abajo, con una humildad militante, ...” (L.75) Lo destacado en el texto es una locución:

 

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433471 Ano: 2019
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: SELECON
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La admiración por la admiración

Javier Cercas 30 DIC 2017

Sorprende nuestro entusiasmo por quien está de

vuelta de todo, por quien desprecia todo, incluido lo

bueno, y no por quien es capaz de reconocerlo

En nuestra vida intelectual parece de buen tono

5 abominar de la universidad, pero cada vez que

alguien lo hace no puedo evitar acordarme de lo que

Flaubert anota sobre la Academia Francesa en la

entrada correspondiente de su Diccionario de

lugares comunes: “Denigrarla, pero tratar de

10 ingresar en ella si se puede”. Este fariseísmo prueba

que, pese a las críticas que puedan hacerse a la

universidad española (muy justas la mayoría), en

ella todavía trabajan algunas de las personas más

valiosas de este país.

15 pensé lo anterior durante un acto académico

celebrado no hace mucho en la Universidad

Pompeu Fabra, en Barcelona. Se trataba de una

oposición a cátedra, pero, como el candidato era

Domingo Ródenas, un filólogo que hubiera debido

20ser catedrático hace 20 años, el debate sobre sus

méritos se volvió superfluo y por momentos derivó

hacia un asunto más controvertido: la virtud (o el

defecto) de la admiración. Ródenas aseguró que la

tarea fundamental de un profesor consiste en

25 implantar en sus alumnos la admiración por el

talento ajeno, polemizó con Horacio y su rechazo de

la admiración como secreto de la felicidad, y citó un

ensayo de Aurelio Arteta, titulado La virtud en la

mirada, donde el filósofo argumenta que la

30 admiración es “el sentimiento de alegría que brota a

la vista de alguna excelencia moral ajena”, y que

esta “simpatía con el excelente” provoca el deseo de

imitarlo y de desarrollar por tanto las mejores

posibilidades humanas, porque a través de ella

35“cada cual vislumbra y quiere su mejor yo”. En

cuanto a Horacio, es cierto que los dos primeros

versos de la Epístola VI rezan: “No admirar casi

nada es, oh Numicio, / lo que hacernos dichosos

siempre puede”; pero también es cierto que lo que

40 en ese poema dice Horacio en realidad no es que no

haya que admirar nada, sino que no hay que admirar

nada de lo que la mayoría admira, salvo la virtud.

Por lo demás, el “nihil admirari” horaciano se

inscribe en una tradición que se remonta al menos

45 hasta Cicerón, que en las Tusculanas (3, 30) declara

que un sabio es quien está preparado para todo, de

tal modo que nada le sorprende, pensamiento que

ilustra con una célebre anécdota de Anaxágoras

según la cual éste declaró, imperturbable, al recibir

50la noticia de la muerte de su hijo: “Sabía que había

engendrado a un mortal”. Se objetará que el sentido

del “admirari” de Cicerón es distinto del de Horacio y

que en éste equivale a admiración y en aquel más

bien a sorpresa; la objeción es endeble, porque no

55veo cómo puede haber admiración sin sorpresa.

También se objetará que la anécdota de Anaxágoras

es ridícula; nada que objetar a esta objeción: por eso

Cioran se burla del “nihil admirari” de Cicerón

llamándolo “estoicismo de feria”. Sea como sea, yo

60 no tengo ninguna duda de que sin admirar a los

buenos no hay forma de emularlos, y de que sin

emular a los buenos estamos condenados a ser de

los malos, o al menos a no encontrar lo mejor que

cada uno alberga dentro. Por eso sorprende nuestra

65 escasa admiración por la admiración y nuestra

mucha admiración por quien está de vuelta de todo,

casi siempre sin haber ido a ninguna parte, así como

por quien desprecia o parece despreciarlo todo,

incluido lo bueno, y no por quien es capaz de

70 reconocerlo y admirarlo. Es, si bien se mira, el

abismo que separa a Cervantes de Quevedo:

Quevedo observa a los humanos desde arriba, con

una soberbia a veces insufrible, y se ríe de todo y de

todos, porque es capaz de ver lo peor incluso en los

75 mejores; Cervantes, en cambio, observa a los

humanos desde abajo, con una humildad militante, y,

aunque también se ríe, se ríe con todos, quizá

porque es capaz de ver lo mejor incluso en los

peores. Por desgracia, en España triunfó Quevedo

80– el barroquismo y la picaresca – y no Cervantes

– la novela moderna –, y por eso la literatura

española es demasiado a menudo una literatura de

señoritos (una literatura de primero de la clase, decía

Félix Romeo), que es quizá lo peor que puede ser

85 una literatura.

Así que lleva razón Ródenas: hay que implantar la

admiración en la universidad; pero luego hay que

implantarla en todas partes. Píos deseos al empezar

el año.

https://elpais.com/elpais/2017/12/22/eps/1513970046_859485.html

"(...), yo no tengo ninguna duda de que sin admirar a los buenos no hay forma de emularlos..." (L.61) El verbo destacado, en el texto, significa:

 

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433470 Ano: 2019
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La admiración por la admiración

Javier Cercas 30 DIC 2017

Sorprende nuestro entusiasmo por quien está de

vuelta de todo, por quien desprecia todo, incluido lo

bueno, y no por quien es capaz de reconocerlo

En nuestra vida intelectual parece de buen tono

5 abominar de la universidad, pero cada vez que

alguien lo hace no puedo evitar acordarme de lo que

Flaubert anota sobre la Academia Francesa en la

entrada correspondiente de su Diccionario de

lugares comunes: “Denigrarla, pero tratar de

10 ingresar en ella si se puede”. Este fariseísmo prueba

que, pese a las críticas que puedan hacerse a la

universidad española (muy justas la mayoría), en

ella todavía trabajan algunas de las personas más

valiosas de este país.

15 pensé lo anterior durante un acto académico

celebrado no hace mucho en la Universidad

Pompeu Fabra, en Barcelona. Se trataba de una

oposición a cátedra, pero, como el candidato era

Domingo Ródenas, un filólogo que hubiera debido

20ser catedrático hace 20 años, el debate sobre sus

méritos se volvió superfluo y por momentos derivó

hacia un asunto más controvertido: la virtud (o el

defecto) de la admiración. Ródenas aseguró que la

tarea fundamental de un profesor consiste en

25 implantar en sus alumnos la admiración por el

talento ajeno, polemizó con Horacio y su rechazo de

la admiración como secreto de la felicidad, y citó un

ensayo de Aurelio Arteta, titulado La virtud en la

mirada, donde el filósofo argumenta que la

30 admiración es “el sentimiento de alegría que brota a

la vista de alguna excelencia moral ajena”, y que

esta “simpatía con el excelente” provoca el deseo de

imitarlo y de desarrollar por tanto las mejores

posibilidades humanas, porque a través de ella

35“cada cual vislumbra y quiere su mejor yo”. En

cuanto a Horacio, es cierto que los dos primeros

versos de la Epístola VI rezan: “No admirar casi

nada es, oh Numicio, / lo que hacernos dichosos

siempre puede”; pero también es cierto que lo que

40 en ese poema dice Horacio en realidad no es que no

haya que admirar nada, sino que no hay que admirar

nada de lo que la mayoría admira, salvo la virtud.

Por lo demás, el “nihil admirari” horaciano se

inscribe en una tradición que se remonta al menos

45 hasta Cicerón, que en las Tusculanas (3, 30) declara

que un sabio es quien está preparado para todo, de

tal modo que nada le sorprende, pensamiento que

ilustra con una célebre anécdota de Anaxágoras

según la cual éste declaró, imperturbable, al recibir

50la noticia de la muerte de su hijo: “Sabía que había

engendrado a un mortal”. Se objetará que el sentido

del “admirari” de Cicerón es distinto del de Horacio y

que en éste equivale a admiración y en aquel más

bien a sorpresa; la objeción es endeble, porque no

55veo cómo puede haber admiración sin sorpresa.

También se objetará que la anécdota de Anaxágoras

es ridícula; nada que objetar a esta objeción: por eso

Cioran se burla del “nihil admirari” de Cicerón

llamándolo “estoicismo de feria”. Sea como sea, yo

60 no tengo ninguna duda de que sin admirar a los

buenos no hay forma de emularlos, y de que sin

emular a los buenos estamos condenados a ser de

los malos, o al menos a no encontrar lo mejor que

cada uno alberga dentro. Por eso sorprende nuestra

65 escasa admiración por la admiración y nuestra

mucha admiración por quien está de vuelta de todo,

casi siempre sin haber ido a ninguna parte, así como

por quien desprecia o parece despreciarlo todo,

incluido lo bueno, y no por quien es capaz de

70 reconocerlo y admirarlo. Es, si bien se mira, el

abismo que separa a Cervantes de Quevedo:

Quevedo observa a los humanos desde arriba, con

una soberbia a veces insufrible, y se ríe de todo y de

todos, porque es capaz de ver lo peor incluso en los

75 mejores; Cervantes, en cambio, observa a los

humanos desde abajo, con una humildad militante, y,

aunque también se ríe, se ríe con todos, quizá

porque es capaz de ver lo mejor incluso en los

peores. Por desgracia, en España triunfó Quevedo

80– el barroquismo y la picaresca – y no Cervantes

– la novela moderna –, y por eso la literatura

española es demasiado a menudo una literatura de

señoritos (una literatura de primero de la clase, decía

Félix Romeo), que es quizá lo peor que puede ser

85 una literatura.

Así que lleva razón Ródenas: hay que implantar la

admiración en la universidad; pero luego hay que

implantarla en todas partes. Píos deseos al empezar

el año.

https://elpais.com/elpais/2017/12/22/eps/1513970046_859485.html

''(…) no es que no haya que admirar nada, sino que no hay que admirar nada de lo que la mayoría admira..." (L.41). Lo destacado en el texto se trata de una conjunción:

 

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433469 Ano: 2019
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La admiración por la admiración

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Sorprende nuestro entusiasmo por quien está de

vuelta de todo, por quien desprecia todo, incluido lo

bueno, y no por quien es capaz de reconocerlo

En nuestra vida intelectual parece de buen tono

5 abominar de la universidad, pero cada vez que

alguien lo hace no puedo evitar acordarme de lo que

Flaubert anota sobre la Academia Francesa en la

entrada correspondiente de su Diccionario de

lugares comunes: “Denigrarla, pero tratar de

10 ingresar en ella si se puede”. Este fariseísmo prueba

que, pese a las críticas que puedan hacerse a la

universidad española (muy justas la mayoría), en

ella todavía trabajan algunas de las personas más

valiosas de este país.

15 pensé lo anterior durante un acto académico

celebrado no hace mucho en la Universidad

Pompeu Fabra, en Barcelona. Se trataba de una

oposición a cátedra, pero, como el candidato era

Domingo Ródenas, un filólogo que hubiera debido

20ser catedrático hace 20 años, el debate sobre sus

méritos se volvió superfluo y por momentos derivó

hacia un asunto más controvertido: la virtud (o el

defecto) de la admiración. Ródenas aseguró que la

tarea fundamental de un profesor consiste en

25 implantar en sus alumnos la admiración por el

talento ajeno, polemizó con Horacio y su rechazo de

la admiración como secreto de la felicidad, y citó un

ensayo de Aurelio Arteta, titulado La virtud en la

mirada, donde el filósofo argumenta que la

30 admiración es “el sentimiento de alegría que brota a

la vista de alguna excelencia moral ajena”, y que

esta “simpatía con el excelente” provoca el deseo de

imitarlo y de desarrollar por tanto las mejores

posibilidades humanas, porque a través de ella

35“cada cual vislumbra y quiere su mejor yo”. En

cuanto a Horacio, es cierto que los dos primeros

versos de la Epístola VI rezan: “No admirar casi

nada es, oh Numicio, / lo que hacernos dichosos

siempre puede”; pero también es cierto que lo que

40 en ese poema dice Horacio en realidad no es que no

haya que admirar nada, sino que no hay que admirar

nada de lo que la mayoría admira, salvo la virtud.

Por lo demás, el “nihil admirari” horaciano se

inscribe en una tradición que se remonta al menos

45 hasta Cicerón, que en las Tusculanas (3, 30) declara

que un sabio es quien está preparado para todo, de

tal modo que nada le sorprende, pensamiento que

ilustra con una célebre anécdota de Anaxágoras

según la cual éste declaró, imperturbable, al recibir

50la noticia de la muerte de su hijo: “Sabía que había

engendrado a un mortal”. Se objetará que el sentido

del “admirari” de Cicerón es distinto del de Horacio y

que en éste equivale a admiración y en aquel más

bien a sorpresa; la objeción es endeble, porque no

55veo cómo puede haber admiración sin sorpresa.

También se objetará que la anécdota de Anaxágoras

es ridícula; nada que objetar a esta objeción: por eso

Cioran se burla del “nihil admirari” de Cicerón

llamándolo “estoicismo de feria”. Sea como sea, yo

60 no tengo ninguna duda de que sin admirar a los

buenos no hay forma de emularlos, y de que sin

emular a los buenos estamos condenados a ser de

los malos, o al menos a no encontrar lo mejor que

cada uno alberga dentro. Por eso sorprende nuestra

65 escasa admiración por la admiración y nuestra

mucha admiración por quien está de vuelta de todo,

casi siempre sin haber ido a ninguna parte, así como

por quien desprecia o parece despreciarlo todo,

incluido lo bueno, y no por quien es capaz de

70 reconocerlo y admirarlo. Es, si bien se mira, el

abismo que separa a Cervantes de Quevedo:

Quevedo observa a los humanos desde arriba, con

una soberbia a veces insufrible, y se ríe de todo y de

todos, porque es capaz de ver lo peor incluso en los

75 mejores; Cervantes, en cambio, observa a los

humanos desde abajo, con una humildad militante, y,

aunque también se ríe, se ríe con todos, quizá

porque es capaz de ver lo mejor incluso en los

peores. Por desgracia, en España triunfó Quevedo

80– el barroquismo y la picaresca – y no Cervantes

– la novela moderna –, y por eso la literatura

española es demasiado a menudo una literatura de

señoritos (una literatura de primero de la clase, decía

Félix Romeo), que es quizá lo peor que puede ser

85 una literatura.

Así que lleva razón Ródenas: hay que implantar la

admiración en la universidad; pero luego hay que

implantarla en todas partes. Píos deseos al empezar

el año.

https://elpais.com/elpais/2017/12/22/eps/1513970046_859485.html

"... se volvió superfluo..." (L.21) Lo destacado es un verbo:

 

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433468 Ano: 2019
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La admiración por la admiración

Javier Cercas 30 DIC 2017

Sorprende nuestro entusiasmo por quien está de

vuelta de todo, por quien desprecia todo, incluido lo

bueno, y no por quien es capaz de reconocerlo

En nuestra vida intelectual parece de buen tono

5 abominar de la universidad, pero cada vez que

alguien lo hace no puedo evitar acordarme de lo que

Flaubert anota sobre la Academia Francesa en la

entrada correspondiente de su Diccionario de

lugares comunes: “Denigrarla, pero tratar de

10 ingresar en ella si se puede”. Este fariseísmo prueba

que, pese a las críticas que puedan hacerse a la

universidad española (muy justas la mayoría), en

ella todavía trabajan algunas de las personas más

valiosas de este país.

15 pensé lo anterior durante un acto académico

celebrado no hace mucho en la Universidad

Pompeu Fabra, en Barcelona. Se trataba de una

oposición a cátedra, pero, como el candidato era

Domingo Ródenas, un filólogo que hubiera debido

20ser catedrático hace 20 años, el debate sobre sus

méritos se volvió superfluo y por momentos derivó

hacia un asunto más controvertido: la virtud (o el

defecto) de la admiración. Ródenas aseguró que la

tarea fundamental de un profesor consiste en

25 implantar en sus alumnos la admiración por el

talento ajeno, polemizó con Horacio y su rechazo de

la admiración como secreto de la felicidad, y citó un

ensayo de Aurelio Arteta, titulado La virtud en la

mirada, donde el filósofo argumenta que la

30 admiración es “el sentimiento de alegría que brota a

la vista de alguna excelencia moral ajena”, y que

esta “simpatía con el excelente” provoca el deseo de

imitarlo y de desarrollar por tanto las mejores

posibilidades humanas, porque a través de ella

35“cada cual vislumbra y quiere su mejor yo”. En

cuanto a Horacio, es cierto que los dos primeros

versos de la Epístola VI rezan: “No admirar casi

nada es, oh Numicio, / lo que hacernos dichosos

siempre puede”; pero también es cierto que lo que

40 en ese poema dice Horacio en realidad no es que no

haya que admirar nada, sino que no hay que admirar

nada de lo que la mayoría admira, salvo la virtud.

Por lo demás, el “nihil admirari” horaciano se

inscribe en una tradición que se remonta al menos

45 hasta Cicerón, que en las Tusculanas (3, 30) declara

que un sabio es quien está preparado para todo, de

tal modo que nada le sorprende, pensamiento que

ilustra con una célebre anécdota de Anaxágoras

según la cual éste declaró, imperturbable, al recibir

50la noticia de la muerte de su hijo: “Sabía que había

engendrado a un mortal”. Se objetará que el sentido

del “admirari” de Cicerón es distinto del de Horacio y

que en éste equivale a admiración y en aquel más

bien a sorpresa; la objeción es endeble, porque no

55veo cómo puede haber admiración sin sorpresa.

También se objetará que la anécdota de Anaxágoras

es ridícula; nada que objetar a esta objeción: por eso

Cioran se burla del “nihil admirari” de Cicerón

llamándolo “estoicismo de feria”. Sea como sea, yo

60 no tengo ninguna duda de que sin admirar a los

buenos no hay forma de emularlos, y de que sin

emular a los buenos estamos condenados a ser de

los malos, o al menos a no encontrar lo mejor que

cada uno alberga dentro. Por eso sorprende nuestra

65 escasa admiración por la admiración y nuestra

mucha admiración por quien está de vuelta de todo,

casi siempre sin haber ido a ninguna parte, así como

por quien desprecia o parece despreciarlo todo,

incluido lo bueno, y no por quien es capaz de

70 reconocerlo y admirarlo. Es, si bien se mira, el

abismo que separa a Cervantes de Quevedo:

Quevedo observa a los humanos desde arriba, con

una soberbia a veces insufrible, y se ríe de todo y de

todos, porque es capaz de ver lo peor incluso en los

75 mejores; Cervantes, en cambio, observa a los

humanos desde abajo, con una humildad militante, y,

aunque también se ríe, se ríe con todos, quizá

porque es capaz de ver lo mejor incluso en los

peores. Por desgracia, en España triunfó Quevedo

80– el barroquismo y la picaresca – y no Cervantes

– la novela moderna –, y por eso la literatura

española es demasiado a menudo una literatura de

señoritos (una literatura de primero de la clase, decía

Félix Romeo), que es quizá lo peor que puede ser

85 una literatura.

Así que lleva razón Ródenas: hay que implantar la

admiración en la universidad; pero luego hay que

implantarla en todas partes. Píos deseos al empezar

el año.

https://elpais.com/elpais/2017/12/22/eps/1513970046_859485.html

"(…), pese a las críticas que puedan hacerse a la universidad española …" (L.11) Lo destacado, en el texto, es una locución preposicional de sentido:

 

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La admiración por la admiración

Javier Cercas 30 DIC 2017

Sorprende nuestro entusiasmo por quien está de

vuelta de todo, por quien desprecia todo, incluido lo

bueno, y no por quien es capaz de reconocerlo

En nuestra vida intelectual parece de buen tono

5 abominar de la universidad, pero cada vez que

alguien lo hace no puedo evitar acordarme de lo que

Flaubert anota sobre la Academia Francesa en la

entrada correspondiente de su Diccionario de

lugares comunes: “Denigrarla, pero tratar de

10 ingresar en ella si se puede”. Este fariseísmo prueba

que, pese a las críticas que puedan hacerse a la

universidad española (muy justas la mayoría), en

ella todavía trabajan algunas de las personas más

valiosas de este país.

15 pensé lo anterior durante un acto académico

celebrado no hace mucho en la Universidad

Pompeu Fabra, en Barcelona. Se trataba de una

oposición a cátedra, pero, como el candidato era

Domingo Ródenas, un filólogo que hubiera debido

20ser catedrático hace 20 años, el debate sobre sus

méritos se volvió superfluo y por momentos derivó

hacia un asunto más controvertido: la virtud (o el

defecto) de la admiración. Ródenas aseguró que la

tarea fundamental de un profesor consiste en

25 implantar en sus alumnos la admiración por el

talento ajeno, polemizó con Horacio y su rechazo de

la admiración como secreto de la felicidad, y citó un

ensayo de Aurelio Arteta, titulado La virtud en la

mirada, donde el filósofo argumenta que la

30 admiración es “el sentimiento de alegría que brota a

la vista de alguna excelencia moral ajena”, y que

esta “simpatía con el excelente” provoca el deseo de

imitarlo y de desarrollar por tanto las mejores

posibilidades humanas, porque a través de ella

35“cada cual vislumbra y quiere su mejor yo”. En

cuanto a Horacio, es cierto que los dos primeros

versos de la Epístola VI rezan: “No admirar casi

nada es, oh Numicio, / lo que hacernos dichosos

siempre puede”; pero también es cierto que lo que

40 en ese poema dice Horacio en realidad no es que no

haya que admirar nada, sino que no hay que admirar

nada de lo que la mayoría admira, salvo la virtud.

Por lo demás, el “nihil admirari” horaciano se

inscribe en una tradición que se remonta al menos

45 hasta Cicerón, que en las Tusculanas (3, 30) declara

que un sabio es quien está preparado para todo, de

tal modo que nada le sorprende, pensamiento que

ilustra con una célebre anécdota de Anaxágoras

según la cual éste declaró, imperturbable, al recibir

50la noticia de la muerte de su hijo: “Sabía que había

engendrado a un mortal”. Se objetará que el sentido

del “admirari” de Cicerón es distinto del de Horacio y

que en éste equivale a admiración y en aquel más

bien a sorpresa; la objeción es endeble, porque no

55veo cómo puede haber admiración sin sorpresa.

También se objetará que la anécdota de Anaxágoras

es ridícula; nada que objetar a esta objeción: por eso

Cioran se burla del “nihil admirari” de Cicerón

llamándolo “estoicismo de feria”. Sea como sea, yo

60 no tengo ninguna duda de que sin admirar a los

buenos no hay forma de emularlos, y de que sin

emular a los buenos estamos condenados a ser de

los malos, o al menos a no encontrar lo mejor que

cada uno alberga dentro. Por eso sorprende nuestra

65 escasa admiración por la admiración y nuestra

mucha admiración por quien está de vuelta de todo,

casi siempre sin haber ido a ninguna parte, así como

por quien desprecia o parece despreciarlo todo,

incluido lo bueno, y no por quien es capaz de

70 reconocerlo y admirarlo. Es, si bien se mira, el

abismo que separa a Cervantes de Quevedo:

Quevedo observa a los humanos desde arriba, con

una soberbia a veces insufrible, y se ríe de todo y de

todos, porque es capaz de ver lo peor incluso en los

75 mejores; Cervantes, en cambio, observa a los

humanos desde abajo, con una humildad militante, y,

aunque también se ríe, se ríe con todos, quizá

porque es capaz de ver lo mejor incluso en los

peores. Por desgracia, en España triunfó Quevedo

80– el barroquismo y la picaresca – y no Cervantes

– la novela moderna –, y por eso la literatura

española es demasiado a menudo una literatura de

señoritos (una literatura de primero de la clase, decía

Félix Romeo), que es quizá lo peor que puede ser

85 una literatura.

Así que lleva razón Ródenas: hay que implantar la

admiración en la universidad; pero luego hay que

implantarla en todas partes. Píos deseos al empezar

el año.

https://elpais.com/elpais/2017/12/22/eps/1513970046_859485.html

“Sorprende nuestro entusiasmo por quien está de vuelta de todo, ...” (L.1 / 2) El autor, con la locución verbal destacada en el texto, nos da entender que sentimos admiración por quien:

 

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433466 Ano: 2019
Disciplina: História
Banca: SELECON
Orgão: Pref. Cuiabá-MT
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“O conflito que acontece hoje na Síria é complexo, envolvendo muitos grupos, alguns extremistas, como Estado Islâmico e a Frente al- Nusra, grupos rebeldes contra o governo, as forças armadas sírias, e instituições, como o Partido dos Trabalhadores Curdos (PKK), sem contar as coalizões externas que atuam ativa e diretamente na guerra civil.

O conflito remonta 40 anos, quando em 1970 aconteceu a tomada da presidência por Hafez al- Assad, pai do atual presidente sírio Bashar al-Assad (...). Desde então a questão do credo e do poder executivo se explicitou. Essa atuação não se alterou em 2000, quando Bashar substituiu seu pai.”

João Victor Scomparim Soares ( E x t r a í d o d e : h t t p s : / / w w w. m a r i l i a . u n e s p . b r / H o m e / Extensao/observatoriodeconflitosinternacionais/serie---aguerra- civil-na-siria---atores-interesses-e-desdobramentos.pdf)

Enunciado 433466-1

Imagem: Bassam Khabieh/ Reuters. (https://noticias.uol.com.br/ultimas-noticias/bbc/2018/03/15/porque- ha-uma-guerra-civil-na-siria-7-perguntas-para-entender-oconflito. htm)

A prolongada e sangrenta Guerra Civil que assola a Síria, e que recentemente ganhou novos e perigosos contornos a partir do anúncio da retirada oficial do Exército dos EUA, parece estar longe de chegar ao fim.

Pode-se afirmar corretamente sobre o conflito:

 

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433462 Ano: 2019
Disciplina: História
Banca: SELECON
Orgão: Pref. Cuiabá-MT
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“O escravo negro tornado mercadoria do século XV ao XIX, mercadoria absolutamente indispensável ao Brasil, não vem de um continente desorganizado, sem cultura, sem tradições, sem passado. Apesar do que tenham dito ou pensado certos contemporâneos europeus ignorantes, no que tem de diferente e necessariamente inferior, o cativo africano, destinado a servir ao desenvolvimento das Américas remotas, tem personalidade e história. (...)

Viram-se na África verdadeiros impérios centralizados, com brilho e autoridade incontestáveis, confederações tribais, reinos mais ou menos reconhecidos por seus vizinhos, cidades-pousadas com seus ricos mercados nos caminhos do ouro, das especiarias, do marfim, do sal, dos escravos e, por toda parte, um povo de guerreiros, pecadores, pastores, comerciantes e agricultores (...).”

MATTOSO, Kátia de Queirós. Ser escravo no Brasil. Editora Brasiliense. 2º edição. São Paulo, 1988.

O fragmento acima retrata parte da realidade africana antes mesmo da chegada dos europeus ao continente.

As formas de vida dos africanos acabaram facilitando, a partir do século XV, por exemplo, a ação dos mercadores portugueses e de outras nações europeias, pois:

 

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433460 Ano: 2019
Disciplina: História
Banca: SELECON
Orgão: Pref. Cuiabá-MT
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Encontrados nos arquivos das principais cidades hispano-americanas por pesquisadores, os testamentos feitos por indígenas americanos trazem à tona o mundo caótico em que milhões de ameríndios foram obrigados a empobrecer e morrer, diante da conquista e colonização espanhola.

“Testamento de Leonor, índia de Suba, 1585

Em nome de Deus, amém. Saibam quantos esta carta de testamento chegar, como eu, Leonor, índia e cristã, a serviço do capitão Hernando de Velasco, vizinha deste Novo Reino de Granada (...) parente do cacique velho que morreu há cinco ou seis anos e sendo muito pequena, fui batizada por alguns frades que me levaram da pátria natural, e depois da chegada a este reino, sempre estive em casa de espanhóis (...) Declaro que faz quarenta anos que sirvo ao capitão Hernando de Velasco, meu amo, que não me pagou nem gratificou como deveria, apenas me dando uma horta sem cerca (...).”

(Arquivo Geral da Nação, Bogotá, Nota I, Tomo 2º, fls 519y-52r, 1585. IN: Revista de História da Biblioteca Nacional. Ano 7. Nº 75. Dezembro de 2011. P. 42.)

A drástica redução da população nativa americana, efetivada logo após a chegada e a conquista espanhola, no decorrer do século XVI, pode ser constatada no gráfico. Trata-se de uma das maiores catástrofes demográficas já ocorridas na história mundial

Enunciado 433460-1

Alguns dos fatores fundamentais para a dizimação da população nativa americana estão descritos corretamente na seguinte alternativa:

 

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433455 Ano: 2019
Disciplina: Geografia
Banca: SELECON
Orgão: Pref. Cuiabá-MT
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Observe a figura a seguir.

A Terra na posição de 20 ou 21 de junho (Solstício de Verão ou de Inverno)

Enunciado 433455-1

(Disponível em: http://www.astrosurf.com/skyscapes/disc/ latitude/latitude.html. Acesso em 27/10/2019)

O eixo da Terra é inclinado em relação ao plano de sua órbita ao redor do sol (movimento de translação). Como consequência, tem-se a ocorrência das estações do ano. De acordo a figura acima, uma determinada localidade na superfície terrestre terá:

 

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