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Responda à questão com base no texto a seguir:
La hierba que mejora la memoria y el estrés, según
una psiquiatra de Harvard
A medida que envejecemos, la memoria comienza a deteriorarse lentamente. Olvidarse dónde están las llaves o fechas importantes, como el cumpleaños de alguien, pueden ser más comunes en adultos mayores, no obstante, algunos estudios demostraron que la alimentación y estado físico pueden jugar un papel clave a la hora de prevenir deterioros en el cerebro.
“Tú tienes el poder al final de tu tenedor”, aseguró Uma Naidoo, psiquiatra nutricional de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard y autora de Lo que la comida le hace a tu cerebro, quien, en sus estudios, encontró una hierba muy común que tiene grandes beneficios para la salud cerebral, la memoria y el estrés.
El romero es una planta aromática que está presente en muchos platos. Es un condimento que se utiliza, en especial, en carnes y salsas. No obstante, también se puede utilizar para hacer infusiones.
La doctora Naidoo encontró investigaciones nuevas que “respaldan las numerosas propiedades antioxidantes y protectoras para el cerebro del romero”.
“El uso de la hierba y sus extractos puede ayudar a aliviar el dolor (analgesia), mientras actúa como un tónico para el sistema nervioso, aliviando los síntomas de estrés, depresión y ansiedad”.
Además, esta planta se está estudiando para conocer su capacidad de prevenir el envejecimiento cerebral e, incluso, la enfermedad de Alzheimer.
Y es que, según una investigación, el romero contiene ácido carnósico, un componente que tiene propiedades neuroprotectoras y que beneficia la memoria.
Por otra parte, la hierba también cuenta con distintos compuestos bioactivos y fitocompuestos que tienen los siguientes beneficios en la salud humana: actividad antiinflamatoria, capacidad antioxidante, efecto antimicrobiano, actividad antiproliferativa, propiedades inhibidoras y atenuantes.
En una investigación de la farmacéutica, dietista y experta en medicina herbal, María Tránsito López, la experta aseguró que las dosis diarias recomendadas son:
• En infusión: 2-4 g al día en 150 ml de agua hirviendo. (Se puede tomar hasta 3 tazas al día, preferiblemente después de las comidas)
• En extracto fluido: 30 gotas, 3 veces al día.
• En esencia: 3-4 gotas, 3 veces al día, en un terrón de azúcar.
• En extracto seco nebulizado: de 0,3 a 2 g al día.
“Aunque la probabilidad de presentar una intoxicación por el consumo de infusiones de romero es muy baja, una sobredosis podría derivar en un cuadro caracterizado por espasmo abdominal, vómitos, gastroenteritis, hemorragia uterina e irritación renal”, agregó la investigadora, por lo que se debe tener ojo con el consumo.
Texto adaptado de www.latercera.com, 06.11.2023.
No 5º parágrafo, o advérbio mientras expressa:
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Responda à questão com base no texto a seguir:
La hierba que mejora la memoria y el estrés, según
una psiquiatra de Harvard
A medida que envejecemos, la memoria comienza a deteriorarse lentamente. Olvidarse dónde están las llaves o fechas importantes, como el cumpleaños de alguien, pueden ser más comunes en adultos mayores, no obstante, algunos estudios demostraron que la alimentación y estado físico pueden jugar un papel clave a la hora de prevenir deterioros en el cerebro.
“Tú tienes el poder al final de tu tenedor”, aseguró Uma Naidoo, psiquiatra nutricional de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard y autora de Lo que la comida le hace a tu cerebro, quien, en sus estudios, encontró una hierba muy común que tiene grandes beneficios para la salud cerebral, la memoria y el estrés.
El romero es una planta aromática que está presente en muchos platos. Es un condimento que se utiliza, en especial, en carnes y salsas. No obstante, también se puede utilizar para hacer infusiones.
La doctora Naidoo encontró investigaciones nuevas que “respaldan las numerosas propiedades antioxidantes y protectoras para el cerebro del romero”.
“El uso de la hierba y sus extractos puede ayudar a aliviar el dolor (analgesia), mientras actúa como un tónico para el sistema nervioso, aliviando los síntomas de estrés, depresión y ansiedad”.
Además, esta planta se está estudiando para conocer su capacidad de prevenir el envejecimiento cerebral e, incluso, la enfermedad de Alzheimer.
Y es que, según una investigación, el romero contiene ácido carnósico, un componente que tiene propiedades neuroprotectoras y que beneficia la memoria.
Por otra parte, la hierba también cuenta con distintos compuestos bioactivos y fitocompuestos que tienen los siguientes beneficios en la salud humana: actividad antiinflamatoria, capacidad antioxidante, efecto antimicrobiano, actividad antiproliferativa, propiedades inhibidoras y atenuantes.
En una investigación de la farmacéutica, dietista y experta en medicina herbal, María Tránsito López, la experta aseguró que las dosis diarias recomendadas son:
• En infusión: 2-4 g al día en 150 ml de agua hirviendo. (Se puede tomar hasta 3 tazas al día, preferiblemente después de las comidas)
• En extracto fluido: 30 gotas, 3 veces al día.
• En esencia: 3-4 gotas, 3 veces al día, en un terrón de azúcar.
• En extracto seco nebulizado: de 0,3 a 2 g al día.
“Aunque la probabilidad de presentar una intoxicación por el consumo de infusiones de romero es muy baja, una sobredosis podría derivar en un cuadro caracterizado por espasmo abdominal, vómitos, gastroenteritis, hemorragia uterina e irritación renal”, agregó la investigadora, por lo que se debe tener ojo con el consumo.
Texto adaptado de www.latercera.com, 06.11.2023.
Sobre o alecrim, é INCORRETO afirmar que:
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El colonizador y el colonizado
Hace unos días leí el ensayo “Retrato del colonizado” (1957) de Albert Memmi, escritor francés. Este trata sobre Túnez, un país al norte de África que fue colonia de Francia por 75 años, logrando finalmente su independencia en 1956. Memmi habla de las características del colonizado, y no pude evitar, como puertorriqueña, ver a mi pueblo reflejado. Dice Memmi que “cuando el colonizador afirma en su lenguaje que el colonizado es débil, está sugiriendo que esa deficiencia requiere protección. De ahí se deriva la noción del protectorado”. El protectorado es la soberanía que un Estado ejerce sobre un territorio. En Puerto Rico, todo recae sobre los Estados Unidos.
Soy libre porque tengo libertad de expresión y me puedo montar en un avión e ir adonde yo quiera , pero no tenemos la libertad de entablar relaciones comerciales con el país que queramos , ni hacer cualquier cosa que vaya por encima de la Constitución de los Estados Unidos. Sencillamente no visualizamos la libertad soberana porque no sabemos lo que es . Solo una minoría querría la libertad ; en otras palabras, independencia. Algunos se conformarían con una soberanía limitada, pero la mayoría está perfectamente bien con nuestra libertad con asterisco.
Nuestra cultura es un híbrido de otras que llegaron a la isla , y todo esto aporta a nuestra identidad o falta de esta. Comencemos con los españoles, que llegaron a la isla, saquearon las tierras y eliminaron al indígena. Ahora lo que nos queda son algunos pueblos con nombres taínos* y dos o tres parques ceremoniales donde, más que ver al indígena como parte nuestra, lo vemos como algo fuera de nosotros , que ya no existe.
En Puerto Rico tenemos muchos días feriados dedicados a próceres puertorriqueños, pero pregúnteme a mí quiénes fueron o qué hicieron . Mi respuesta es que no sé. ¿Pero cómo es posible? Porque nuestra historia es contada a medias y a oscuras. El Ateneo Puertorriqueño, una de las pocas entidades que preserva y defiende nuestra cultura, ha estado en peligro inminente de cerrar por falta de fondos, y lo insólito es que a mucha gente no le importa si ellos desaparecen.
Sin embargo, lo increíble es que, a pesar de todos estos atentados de erradicar lo que somos, nosotros conservamos nuestra cultura y nuestro idioma y, a pesar de la influencia innegable extranjera, seguimos conectados a nuestra esencia.
Memmi explica cómo los tunecinos lucharon para lograr su independencia. Primero, el colonizado se acepta, abraza sus diferencias y reconoce quien realmente es. Entonces se rebela.
Puerto Rico no se rebelará. Ya estamos en otros tiempos y lo ideal sería lograr un cambio por la vía diplomática. Si el cambio es la estadidad o la independencia, no importa. Lo importante es que finalmente reclamemos el lugar que nos pertenece en el mundo, que seamos escuchados y se respeten nuestros deseos.
Memmi explica cómo los tunecinos lucharon para lograr su independencia.
En el fragmento, el verbo lograr se puede sustituir, sin alteración importante de sentido, por:
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El colonizador y el colonizado
Hace unos días leí el ensayo “Retrato del colonizado” (1957) de Albert Memmi, escritor francés. Este trata sobre Túnez, un país al norte de África que fue colonia de Francia por 75 años, logrando finalmente su independencia en 1956. Memmi habla de las características del colonizado, y no pude evitar, como puertorriqueña, ver a mi pueblo reflejado. Dice Memmi que “cuando el colonizador afirma en su lenguaje que el colonizado es débil, está sugiriendo que esa deficiencia requiere protección. De ahí se deriva la noción del protectorado”. El protectorado es la soberanía que un Estado ejerce sobre un territorio. En Puerto Rico, todo recae sobre los Estados Unidos.
Soy libre porque tengo libertad de expresión y me puedo montar en un avión e ir adonde yo quiera , pero no tenemos la libertad de entablar relaciones comerciales con el país que queramos , ni hacer cualquier cosa que vaya por encima de la Constitución de los Estados Unidos. Sencillamente no visualizamos la libertad soberana porque no sabemos lo que es . Solo una minoría querría la libertad ; en otras palabras, independencia. Algunos se conformarían con una soberanía limitada, pero la mayoría está perfectamente bien con nuestra libertad con asterisco.
Nuestra cultura es un híbrido de otras que llegaron a la isla , y todo esto aporta a nuestra identidad o falta de esta. Comencemos con los españoles, que llegaron a la isla, saquearon las tierras y eliminaron al indígena. Ahora lo que nos queda son algunos pueblos con nombres taínos* y dos o tres parques ceremoniales donde, más que ver al indígena como parte nuestra, lo vemos como algo fuera de nosotros , que ya no existe.
En Puerto Rico tenemos muchos días feriados dedicados a próceres puertorriqueños, pero pregúnteme a mí quiénes fueron o qué hicieron . Mi respuesta es que no sé. ¿Pero cómo es posible? Porque nuestra historia es contada a medias y a oscuras. El Ateneo Puertorriqueño, una de las pocas entidades que preserva y defiende nuestra cultura, ha estado en peligro inminente de cerrar por falta de fondos, y lo insólito es que a mucha gente no le importa si ellos desaparecen.
Sin embargo, lo increíble es que, a pesar de todos estos atentados de erradicar lo que somos, nosotros conservamos nuestra cultura y nuestro idioma y, a pesar de la influencia innegable extranjera, seguimos conectados a nuestra esencia.
Memmi explica cómo los tunecinos lucharon para lograr su independencia. Primero, el colonizado se acepta, abraza sus diferencias y reconoce quien realmente es. Entonces se rebela.
Puerto Rico no se rebelará. Ya estamos en otros tiempos y lo ideal sería lograr un cambio por la vía diplomática. Si el cambio es la estadidad o la independencia, no importa. Lo importante es que finalmente reclamemos el lugar que nos pertenece en el mundo, que seamos escuchados y se respeten nuestros deseos.
Sin embargo, lo increíble es que,
El fragmento arriba establece determinada relación de sentido con el párrafo que lo precede. Se trata de una relación de:
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El colonizador y el colonizado
Hace unos días leí el ensayo “Retrato del colonizado” (1957) de Albert Memmi, escritor francés. Este trata sobre Túnez, un país al norte de África que fue colonia de Francia por 75 años, logrando finalmente su independencia en 1956. Memmi habla de las características del colonizado, y no pude evitar, como puertorriqueña, ver a mi pueblo reflejado. Dice Memmi que “cuando el colonizador afirma en su lenguaje que el colonizado es débil, está sugiriendo que esa deficiencia requiere protección. De ahí se deriva la noción del protectorado”. El protectorado es la soberanía que un Estado ejerce sobre un territorio. En Puerto Rico, todo recae sobre los Estados Unidos.
Soy libre porque tengo libertad de expresión y me puedo montar en un avión e ir adonde yo quiera , pero no tenemos la libertad de entablar relaciones comerciales con el país que queramos , ni hacer cualquier cosa que vaya por encima de la Constitución de los Estados Unidos. Sencillamente no visualizamos la libertad soberana porque no sabemos lo que es . Solo una minoría querría la libertad ; en otras palabras, independencia. Algunos se conformarían con una soberanía limitada, pero la mayoría está perfectamente bien con nuestra libertad con asterisco.
Nuestra cultura es un híbrido de otras que llegaron a la isla , y todo esto aporta a nuestra identidad o falta de esta. Comencemos con los españoles, que llegaron a la isla, saquearon las tierras y eliminaron al indígena. Ahora lo que nos queda son algunos pueblos con nombres taínos* y dos o tres parques ceremoniales donde, más que ver al indígena como parte nuestra, lo vemos como algo fuera de nosotros , que ya no existe.
En Puerto Rico tenemos muchos días feriados dedicados a próceres puertorriqueños, pero pregúnteme a mí quiénes fueron o qué hicieron . Mi respuesta es que no sé. ¿Pero cómo es posible? Porque nuestra historia es contada a medias y a oscuras. El Ateneo Puertorriqueño, una de las pocas entidades que preserva y defiende nuestra cultura, ha estado en peligro inminente de cerrar por falta de fondos, y lo insólito es que a mucha gente no le importa si ellos desaparecen.
Sin embargo, lo increíble es que, a pesar de todos estos atentados de erradicar lo que somos, nosotros conservamos nuestra cultura y nuestro idioma y, a pesar de la influencia innegable extranjera, seguimos conectados a nuestra esencia.
Memmi explica cómo los tunecinos lucharon para lograr su independencia. Primero, el colonizado se acepta, abraza sus diferencias y reconoce quien realmente es. Entonces se rebela.
Puerto Rico no se rebelará. Ya estamos en otros tiempos y lo ideal sería lograr un cambio por la vía diplomática. Si el cambio es la estadidad o la independencia, no importa. Lo importante es que finalmente reclamemos el lugar que nos pertenece en el mundo, que seamos escuchados y se respeten nuestros deseos.
no le importa si ellos desaparecen. (l. 23)
En el 4º párrafo, el pronombre subrayado se emplea para referirse al siguiente término:
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El colonizador y el colonizado
Hace unos días leí el ensayo “Retrato del colonizado” (1957) de Albert Memmi, escritor francés. Este trata sobre Túnez, un país al norte de África que fue colonia de Francia por 75 años, logrando finalmente su independencia en 1956. Memmi habla de las características del colonizado, y no pude evitar, como puertorriqueña, ver a mi pueblo reflejado. Dice Memmi que “cuando el colonizador afirma en su lenguaje que el colonizado es débil, está sugiriendo que esa deficiencia requiere protección. De ahí se deriva la noción del protectorado”. El protectorado es la soberanía que un Estado ejerce sobre un territorio. En Puerto Rico, todo recae sobre los Estados Unidos.
Soy libre porque tengo libertad de expresión y me puedo montar en un avión e ir adonde yo quiera , pero no tenemos la libertad de entablar relaciones comerciales con el país que queramos A, ni hacer cualquier cosa que vaya por encima de la Constitución de los Estados Unidos. Sencillamente no visualizamos la libertad soberana porque no sabemos lo que es B. Solo una minoría querría la libertad ; en otras palabras, independencia. Algunos se conformarían con una soberanía limitada, pero la mayoría está perfectamente bien con nuestra libertad con asterisco.
Nuestra cultura es un híbrido de otras que llegaron a la isla C, y todo esto aporta a nuestra identidad o falta de esta. Comencemos con los españoles, que llegaron a la isla, saquearon las tierras y eliminaron al indígena. Ahora lo que nos queda son algunos pueblos con nombres taínos* y dos o tres parques ceremoniales D donde, más que ver al indígena como parte nuestra, lo vemos como algo fuera de nosotros , que ya no existe.
En Puerto Rico tenemos muchos días feriados dedicados a próceres puertorriqueños, pero pregúnteme a mí quiénes fueron o qué hicieron . Mi respuesta es que no sé. ¿Pero cómo es posible? Porque nuestra historia es contada a medias y a oscuras. El Ateneo Puertorriqueño, una de las pocas entidades que preserva y defiende nuestra cultura, ha estado en peligro inminente de cerrar por falta de fondos, y lo insólito es que a mucha gente no le importa si ellos desaparecen.
Sin embargo, lo increíble es que, a pesar de todos estos atentados de erradicar lo que somos, nosotros conservamos nuestra cultura y nuestro idioma y, a pesar de la influencia innegable extranjera, seguimos conectados a nuestra esencia.
Memmi explica cómo los tunecinos lucharon para lograr su independencia. Primero, el colonizado se acepta, abraza sus diferencias y reconoce quien realmente es. Entonces se rebela.
Puerto Rico no se rebelará. Ya estamos en otros tiempos y lo ideal sería lograr un cambio por la vía diplomática. Si el cambio es la estadidad o la independencia, no importa. Lo importante es que finalmente reclamemos el lugar que nos pertenece en el mundo, que seamos escuchados y se respeten nuestros deseos.
En el texto, se hacen críticas respecto al proceso de colonización española en Puerto Rico. Una consecuencia específica de ese proceso se observa en:
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El colonizador y el colonizado
Hace unos días leí el ensayo “Retrato del colonizado” (1957) de Albert Memmi, escritor francés. Este trata sobre Túnez, un país al norte de África que fue colonia de Francia por 75 años, logrando finalmente su independencia en 1956. Memmi habla de las características del colonizado, y no pude evitar, como puertorriqueña, ver a mi pueblo reflejado. Dice Memmi que “cuando el colonizador afirma en su lenguaje que el colonizado es débil, está sugiriendo que esa deficiencia requiere protección. De ahí se deriva la noción del protectorado”. El protectorado es la soberanía que un Estado ejerce sobre un territorio. En Puerto Rico, todo recae sobre los Estados Unidos.
Soy libre porque tengo libertad de expresión y me puedo montar en un avión e ir adonde yo quiera A, pero no tenemos la libertad de entablar relaciones comerciales con el país que queramos, ni hacer cualquier cosa que vaya por encima de la Constitución de los Estados Unidos. Sencillamente no visualizamos la libertad soberana porque no sabemos lo que es. Solo una minoría querría la libertad B; en otras palabras, independencia. Algunos se conformarían con una soberanía limitada, pero la mayoría está perfectamente bien con nuestra libertad con asterisco.
Nuestra cultura es un híbrido de otras que llegaron a la isla, y todo esto aporta a nuestra identidad o falta de esta. Comencemos con los españoles, que llegaron a la isla, saquearon las tierras y eliminaron al indígena. Ahora lo que nos queda son algunos pueblos con nombres taínos* y dos o tres parques ceremoniales donde, más que ver al indígena como parte nuestra, lo vemos como algo fuera de nosotros C, que ya no existe.
En Puerto Rico tenemos muchos días feriados dedicados a próceres puertorriqueños, pero pregúnteme a mí quiénes fueron o qué hicieron D. Mi respuesta es que no sé. ¿Pero cómo es posible? Porque nuestra historia es contada a medias y a oscuras. El Ateneo Puertorriqueño, una de las pocas entidades que preserva y defiende nuestra cultura, ha estado en peligro inminente de cerrar por falta de fondos, y lo insólito es que a mucha gente no le importa si ellos desaparecen.
Sin embargo, lo increíble es que, a pesar de todos estos atentados de erradicar lo que somos, nosotros conservamos nuestra cultura y nuestro idioma y, a pesar de la influencia innegable extranjera, seguimos conectados a nuestra esencia.
Memmi explica cómo los tunecinos lucharon para lograr su independencia. Primero, el colonizado se acepta, abraza sus diferencias y reconoce quien realmente es. Entonces se rebela.
Puerto Rico no se rebelará. Ya estamos en otros tiempos y lo ideal sería lograr un cambio por la vía diplomática. Si el cambio es la estadidad o la independencia, no importa. Lo importante es que finalmente reclamemos el lugar que nos pertenece en el mundo, que seamos escuchados y se respeten nuestros deseos.
Una marca de registro formal se puede identificar en:
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El colonizador y el colonizado
Hace unos días leí el ensayo “Retrato del colonizado” (1957) de Albert Memmi, escritor francés. Este trata sobre Túnez, un país al norte de África que fue colonia de Francia por 75 años, logrando finalmente su independencia en 1956. Memmi habla de las características del colonizado, y no pude evitar, como puertorriqueña, ver a mi pueblo reflejado. Dice Memmi que “cuando el colonizador afirma en su lenguaje que el colonizado es débil, está sugiriendo que esa deficiencia requiere protección. De ahí se deriva la noción del protectorado”. El protectorado es la soberanía que un Estado ejerce sobre un territorio. En Puerto Rico, todo recae sobre los Estados Unidos.
Soy libre porque tengo libertad de expresión y me puedo montar en un avión e ir adonde yo quiera, pero no tenemos la libertad de entablar relaciones comerciales con el país que queramos, ni hacer cualquier cosa que vaya por encima de la Constitución de los Estados Unidos. Sencillamente no visualizamos la libertad soberana porque no sabemos lo que es. Solo una minoría querría la libertad; en otras palabras, independencia. Algunos se conformarían con una soberanía limitada, pero la mayoría está perfectamente bien con nuestra libertad con asterisco.
Nuestra cultura es un híbrido de otras que llegaron a la isla, y todo esto aporta a nuestra identidad o falta de esta. Comencemos con los españoles, que llegaron a la isla, saquearon las tierras y eliminaron al indígena. Ahora lo que nos queda son algunos pueblos con nombres taínos* y dos o tres parques ceremoniales donde, más que ver al indígena como parte nuestra, lo vemos como algo fuera de nosotros, que ya no existe.
En Puerto Rico tenemos muchos días feriados dedicados a próceres puertorriqueños, pero pregúnteme a mí quiénes fueron o qué hicieron. Mi respuesta es que no sé. ¿Pero cómo es posible? Porque nuestra historia es contada a medias y a oscuras. El Ateneo Puertorriqueño, una de las pocas entidades que preserva y defiende nuestra cultura, ha estado en peligro inminente de cerrar por falta de fondos, y lo insólito es que a mucha gente no le importa si ellos desaparecen.
Sin embargo, lo increíble es que, a pesar de todos estos atentados de erradicar lo que somos, nosotros conservamos nuestra cultura y nuestro idioma y, a pesar de la influencia innegable extranjera, seguimos conectados a nuestra esencia.
Memmi explica cómo los tunecinos lucharon para lograr su independencia. Primero, el colonizado se acepta, abraza sus diferencias y reconoce quien realmente es. Entonces se rebela.
Puerto Rico no se rebelará. Ya estamos en otros tiempos y lo ideal sería lograr un cambio por la vía diplomática. Si el cambio es la estadidad o la independencia, no importa. Lo importante es que finalmente reclamemos el lugar que nos pertenece en el mundo, que seamos escuchados y se respeten nuestros deseos.
la mayoría está perfectamente bien con nuestra libertad con asterisco.
En este fragmento, la autora expresa una ironía por medio de la cual critica el siguiente aspecto de vida de los puertorriqueños:
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El colonizador y el colonizado
Hace unos días leí el ensayo “Retrato del colonizado” (1957) de Albert Memmi, escritor francés. Este trata sobre Túnez, un país al norte de África que fue colonia de Francia por 75 años, logrando finalmente su independencia en 1956. Memmi habla de las características del colonizado, y no pude evitar, como puertorriqueña, ver a mi pueblo reflejado. Dice Memmi que “cuando el colonizador afirma en su lenguaje que el colonizado es débil, está sugiriendo que esa deficiencia requiere protección. De ahí se deriva la noción del protectorado”. El protectorado es la soberanía que un Estado ejerce sobre un territorio. En Puerto Rico, todo recae sobre los Estados Unidos.
Soy libre porque tengo libertad de expresión y me puedo montar en un avión e ir adonde yo quiera, pero no tenemos la libertad de entablar relaciones comerciales con el país que queramos, ni hacer cualquier cosa que vaya por encima de la Constitución de los Estados Unidos. Sencillamente no visualizamos la libertad soberana porque no sabemos lo que es. Solo una minoría querría la libertad; en otras palabras, independencia. Algunos se conformarían con una soberanía limitada, pero la mayoría está perfectamente bien con nuestra libertad con asterisco.
Nuestra cultura es un híbrido de otras que llegaron a la isla, y todo esto aporta a nuestra identidad o falta de esta. Comencemos con los españoles, que llegaron a la isla, saquearon las tierras y eliminaron al indígena. Ahora lo que nos queda son algunos pueblos con nombres taínos* y dos o tres parques ceremoniales donde, más que ver al indígena como parte nuestra, lo vemos como algo fuera de nosotros, que ya no existe.
En Puerto Rico tenemos muchos días feriados dedicados a próceres puertorriqueños, pero pregúnteme a mí quiénes fueron o qué hicieron. Mi respuesta es que no sé. ¿Pero cómo es posible? Porque nuestra historia es contada a medias y a oscuras. El Ateneo Puertorriqueño, una de las pocas entidades que preserva y defiende nuestra cultura, ha estado en peligro inminente de cerrar por falta de fondos, y lo insólito es que a mucha gente no le importa si ellos desaparecen.
Sin embargo, lo increíble es que, a pesar de todos estos atentados de erradicar lo que somos, nosotros conservamos nuestra cultura y nuestro idioma y, a pesar de la influencia innegable extranjera, seguimos conectados a nuestra esencia.
Memmi explica cómo los tunecinos lucharon para lograr su independencia. Primero, el colonizado se acepta, abraza sus diferencias y reconoce quien realmente es. Entonces se rebela.
Puerto Rico no se rebelará. Ya estamos en otros tiempos y lo ideal sería lograr un cambio por la vía diplomática. Si el cambio es la estadidad o la independencia, no importa. Lo importante es que finalmente reclamemos el lugar que nos pertenece en el mundo, que seamos escuchados y se respeten nuestros deseos.
y no pude evitar, como puertorriqueña, ver a mi pueblo reflejado.
En el 1er párrafo, al presentar su discusión acerca del gobierno del territorio puertorriqueño, la autora utiliza el siguiente recurso:
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HACER LAS COSAS MÁS DESPACIO Y VIVIR FELIZ
En su libro publicado en 2004, Elogio de la lentitud, Carl Honoré explicaba que se percató de su adicción a la velocidad mientras hacía cola para embarcar. Aunque el avión no iba a salir antes, por mucha impaciencia que tuviera, se notaba ansioso y maldecía que la puerta de embarque no se hubiera abierto ya. Al darse cuenta de su estado, empezó a hacerse preguntas: ¿Por qué estamos siempre tan apresurados? ¿Es posible hacer las cosas más despacio?
En su libro, que marcó tendencia en muchos países, citaba al médico Larry Dossey, que en 1982 ya hablaba de la “enfermedad del tiempo” para describir la creencia irracional de que “el tiempo se aleja, no lo hay en suficiente cantidad, y debes pedalear cada vez más rápido para mantenerte a su ritmo”.
Han pasado cuatro décadas desde entonces y, con los agobios de la era digital, la aceleración con la que vivimos no ha hecho más que aumentar. Bajo el bombardeo constante que nos llega por las redes sociales, nos apresuramos a dar likes y a compartir, mientras caminamos por la calle como zombies, sin mirar por dónde vamos, corriendo como si el mundo acabara hoy.
Y la pregunta a plantearnos es: ¿Esta forma de vivir nos ha hecho más libres, más felices, o tal vez más eficaces? La respuesta es “no”. Como advertía Carl Honoré ya entonces: “No olvidemos quién ganó la carrera entre la tortuga y la liebre. A medida que nos apresuramos por la vida, cargando con más cosas hora tras hora, nos estiramos como una goma elástica hacia el punto de ruptura”. Optar por llevar una “vida lenta”, por la slow life, solo nos traerá beneficios.
Las prisas son percepciones exclusivamente humanas. El mundo que nos rodea no es lento ni rápido, no está ocupado ni reposando; la vida simplemente fluye y somos nosotros los que decidimos correr o adoptar un ritmo más sereno.
Absorbidos por las urgencias y los compromisos, el escritor surcoreano Haemin Sunim señala que muchas veces no somos conscientes de que esos mandatos externos vienen en realidad de nosotros mismos: “Cuando observo profundamente en mi interior para descubrir por qué llevo una vida tan ajetreada, descubro que, en cierto sentido, me gusta vivir así de ocupado. La buena noticia, por lo tanto, es que también somos nosotros quienes podemos apagar ese interruptor y detener la carrera.”
Vivir desesperadamente ocupados nos mantiene en una excitación nerviosa permanente, lo cual facilita que nuestra mente se pueble de pensamientos angustiosos del tipo: ¿Lograré llegar a tiempo? ¿He olvidado algo importante? ¿Me habré equivocado en esto o en lo otro? ¿Qué deben pensar de mí? ¿A qué vienen esas punzadas en el corazón? ¿Estaré enfermo? Ante esa vorágine de pensamientos, Haemin Sunim recomienda que nos detengamos un momento para concentrar la atención en el presente y respirar hondo.
FRANCESC MIRALLES Adaptado de cuerpomente.com.
somos nosotros quienes podemos apagar ese interruptor
El trecho subrayado tiene función argumentativa y se basa en una figura de lenguaje conocida como:
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