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3454772 Ano: 2023
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: UERJ
Orgão: UERJ
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HACER LAS COSAS MÁS DESPACIO Y VIVIR FELIZ

En su libro publicado en 2004, Elogio de la lentitud, Carl Honoré explicaba que se percató de su adicción a la velocidad mientras hacía cola para embarcar. Aunque el avión no iba a salir antes, por mucha impaciencia que tuviera, se notaba ansioso y maldecía que la puerta de embarque no se hubiera abierto ya. Al darse cuenta de su estado, empezó a hacerse preguntas: ¿Por qué estamos siempre tan apresurados? ¿Es posible hacer las cosas más despacio?

En su libro, que marcó tendencia en muchos países, citaba al médico Larry Dossey, que en 1982 ya hablaba de la “enfermedad del tiempo” para describir la creencia irracional de que “el tiempo se aleja, no lo hay en suficiente cantidad, y debes pedalear cada vez más rápido para mantenerte a su ritmo”.

Han pasado cuatro décadas desde entonces y, con los agobios de la era digital, la aceleración con la que vivimos no ha hecho más que aumentar. Bajo el bombardeo constante que nos llega por las redes sociales, nos apresuramos a dar likes y a compartir, mientras caminamos por la calle como zombies, sin mirar por dónde vamos, corriendo como si el mundo acabara hoy.

Y la pregunta a plantearnos es: ¿Esta forma de vivir nos ha hecho más libres, más felices, o tal vez más eficaces? La respuesta es “no”. Como advertía Carl Honoré ya entonces: “No olvidemos quién ganó la carrera entre la tortuga y la liebre. A medida que nos apresuramos por la vida, cargando con más cosas hora tras hora, nos estiramos como una goma elástica hacia el punto de ruptura”. Optar por llevar una “vida lenta”, por la slow life, solo nos traerá beneficios.

Las prisas son percepciones exclusivamente humanas. El mundo que nos rodea no es lento ni rápido, no está ocupado ni reposando; la vida simplemente fluye y somos nosotros los que decidimos correr o adoptar un ritmo más sereno.

Absorbidos por las urgencias y los compromisos, el escritor surcoreano Haemin Sunim señala que muchas veces no somos conscientes de que esos mandatos externos vienen en realidad de nosotros mismos: “Cuando observo profundamente en mi interior para descubrir por qué llevo una vida tan ajetreada, descubro que, en cierto sentido, me gusta vivir así de ocupado. La buena noticia, por lo tanto, es que también somos nosotros quienes podemos apagar ese interruptor y detener la carrera.”

Vivir desesperadamente ocupados nos mantiene en una excitación nerviosa permanente, lo cual facilita que nuestra mente se pueble de pensamientos angustiosos del tipo: ¿Lograré llegar a tiempo? ¿He olvidado algo importante? ¿Me habré equivocado en esto o en lo otro? ¿Qué deben pensar de mí? ¿A qué vienen esas punzadas en el corazón? ¿Estaré enfermo? Ante esa vorágine de pensamientos, Haemin Sunim recomienda que nos detengamos un momento para concentrar la atención en el presente y respirar hondo.

FRANCESC MIRALLES Adaptado de cuerpomente.com.

Para la presentación de su tesis sobre el ritmo acelerado de la vida actual, el autor del texto recurre en los dos primeros párrafos, principalmente, a la siguiente estrategia:

 

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3454771 Ano: 2023
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: UERJ
Orgão: UERJ
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HACER LAS COSAS MÁS DESPACIO Y VIVIR FELIZ

En su libro publicado en 2004, Elogio de la lentitud, Carl Honoré explicaba que se percató de su adicción a la velocidad mientras hacía cola para embarcar. Aunque el avión no iba a salir antes, por mucha impaciencia que tuviera, se notaba ansioso y maldecía que la puerta de embarque no se hubiera abierto ya. Al darse cuenta de su estado, empezó a hacerse preguntas: ¿Por qué estamos siempre tan apresurados? ¿Es posible hacer las cosas más despacio?

En su libro, que marcó tendencia en muchos países, citaba al médico Larry Dossey, que en 1982 ya hablaba de la “enfermedad del tiempo” para describir la creencia irracional de que “el tiempo se aleja, no lo hay en suficiente cantidad, y debes pedalear cada vez más rápido para mantenerte a su ritmo”.

Han pasado cuatro décadas desde entonces y, con los agobios de la era digital, la aceleración con la que vivimos no ha hecho más que aumentar. Bajo el bombardeo constante que nos llega por las redes sociales, nos apresuramos a dar likes y a compartir, mientras caminamos por la calle como zombies, sin mirar por dónde vamos, corriendo como si el mundo acabara hoy.

Y la pregunta a plantearnos es: ¿Esta forma de vivir nos ha hecho más libres, más felices, o tal vez más eficaces? La respuesta es “no”. Como advertía Carl Honoré ya entonces: “No olvidemos quién ganó la carrera entre la tortuga y la liebre. A medida que nos apresuramos por la vida, cargando con más cosas hora tras hora, nos estiramos como una goma elástica hacia el punto de ruptura”. Optar por llevar una “vida lenta”, por la slow life, solo nos traerá beneficios.

Las prisas son percepciones exclusivamente humanas. El mundo que nos rodea no es lento ni rápido, no está ocupado ni reposando; la vida simplemente fluye y somos nosotros los que decidimos correr o adoptar un ritmo más sereno.

Absorbidos por las urgencias y los compromisos, el escritor surcoreano Haemin Sunim señala que muchas veces no somos conscientes de que esos mandatos externos vienen en realidad de nosotros mismos: “Cuando observo profundamente en mi interior para descubrir por qué llevo una vida tan ajetreada, descubro que, en cierto sentido, me gusta vivir así de ocupado. La buena noticia, por lo tanto, es que también somos nosotros quienes podemos apagar ese interruptor y detener la carrera.”

Vivir desesperadamente ocupados nos mantiene en una excitación nerviosa permanente, lo cual facilita que nuestra mente se pueble de pensamientos angustiosos del tipo: ¿Lograré llegar a tiempo? ¿He olvidado algo importante? ¿Me habré equivocado en esto o en lo otro? ¿Qué deben pensar de mí? ¿A qué vienen esas punzadas en el corazón? ¿Estaré enfermo? Ante esa vorágine de pensamientos, Haemin Sunim recomienda que nos detengamos un momento para concentrar la atención en el presente y respirar hondo.

FRANCESC MIRALLES Adaptado de cuerpomente.com.

que en 1982 ya hablaba de la “enfermedad del tiempo

La forma verbal subrayada arriba expresa un tipo de acción que se puede cualificar como:

 

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3454770 Ano: 2023
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: UERJ
Orgão: UERJ
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HACER LAS COSAS MÁS DESPACIO Y VIVIR FELIZ

En su libro publicado en 2004, Elogio de la lentitud, Carl Honoré explicaba que se percató de su adicción a la velocidad mientras hacía cola para embarcar. Aunque el avión no iba a salir antes, por mucha impaciencia que tuviera, se notaba ansioso y maldecía que la puerta de embarque no se hubiera abierto ya. Al darse cuenta de su estado, empezó a hacerse preguntas: ¿Por qué estamos siempre tan apresurados? ¿Es posible hacer las cosas más despacio?

En su libro, que marcó tendencia en muchos países, citaba al médico Larry Dossey, que en 1982 ya hablaba de la “enfermedad del tiempo” para describir la creencia irracional de que “el tiempo se aleja, no lo hay en suficiente cantidad, y debes pedalear cada vez más rápido para mantenerte a su ritmo”.

Han pasado cuatro décadas desde entonces y, con los agobios de la era digital, la aceleración con la que vivimos no ha hecho más que aumentar. Bajo el bombardeo constante que nos llega por las redes sociales, nos apresuramos a dar likes y a compartir, mientras caminamos por la calle como zombies, sin mirar por dónde vamos, corriendo como si el mundo acabara hoy.

Y la pregunta a plantearnos es: ¿Esta forma de vivir nos ha hecho más libres, más felices, o tal vez más eficaces? La respuesta es “no”. Como advertía Carl Honoré ya entonces: “No olvidemos quién ganó la carrera entre la tortuga y la liebre. A medida que nos apresuramos por la vida, cargando con más cosas hora tras hora, nos estiramos como una goma elástica hacia el punto de ruptura”. Optar por llevar una “vida lenta”, por la slow life, solo nos traerá beneficios.

Las prisas son percepciones exclusivamente humanas. El mundo que nos rodea no es lento ni rápido, no está ocupado ni reposando; la vida simplemente fluye y somos nosotros los que decidimos correr o adoptar un ritmo más sereno.

Absorbidos por las urgencias y los compromisos, el escritor surcoreano Haemin Sunim señala que muchas veces no somos conscientes de que esos mandatos externos vienen en realidad de nosotros mismos: “Cuando observo profundamente en mi interior para descubrir por qué llevo una vida tan ajetreada, descubro que, en cierto sentido, me gusta vivir así de ocupado. La buena noticia, por lo tanto, es que también somos nosotros quienes podemos apagar ese interruptor y detener la carrera.”

Vivir desesperadamente ocupados nos mantiene en una excitación nerviosa permanente, lo cual facilita que nuestra mente se pueble de pensamientos angustiosos del tipo: ¿Lograré llegar a tiempo? ¿He olvidado algo importante? ¿Me habré equivocado en esto o en lo otro? ¿Qué deben pensar de mí? ¿A qué vienen esas punzadas en el corazón? ¿Estaré enfermo? Ante esa vorágine de pensamientos, Haemin Sunim recomienda que nos detengamos un momento para concentrar la atención en el presente y respirar hondo.

FRANCESC MIRALLES Adaptado de cuerpomente.com.

se notaba ansioso y maldecía que la puerta de embarque no se hubiera abierto ya.

En el primer párrafo, el autor discute el tema de la prisa que uno tiene para hacer las cosas.

Respecto a ese tema, el fragmento destacado configura un recurso de:

 

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3454769 Ano: 2023
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: UERJ
Orgão: UERJ
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HACER LAS COSAS MÁS DESPACIO Y VIVIR FELIZ

En su libro publicado en 2004, Elogio de la lentitud, Carl Honoré explicaba que se percató de su adicción a la velocidad mientras hacía cola para embarcar. Aunque el avión no iba a salir antes, por mucha impaciencia que tuviera, se notaba ansioso y maldecía que la puerta de embarque no se hubiera abierto ya. Al darse cuenta de su estado, empezó a hacerse preguntas: ¿Por qué estamos siempre tan apresurados? ¿Es posible hacer las cosas más despacio?

En su libro, que marcó tendencia en muchos países, citaba al médico Larry Dossey, que en 1982 ya hablaba de la “enfermedad del tiempo” para describir la creencia irracional de que “el tiempo se aleja, no lo hay en suficiente cantidad, y debes pedalear cada vez más rápido para mantenerte a su ritmo”.

Han pasado cuatro décadas desde entonces y, con los agobios de la era digital, la aceleración con la que vivimos no ha hecho más que aumentarA). Bajo el bombardeo constante que nos llega por las redes sociales, nos apresuramos a dar likes y a compartir, mientras caminamos por la calle como zombies, sin mirar por dónde vamos, corriendo como si el mundo acabara hoyB).

Y la pregunta a plantearnos es: ¿Esta forma de vivir nos ha hecho más libres, más felices, o tal vez más eficaces? La respuesta es “no”. Como advertía Carl Honoré ya entonces: “No olvidemos quién ganó la carrera entre la tortuga y la liebre. A medida que nos apresuramos por la vida, cargando con más cosas hora tras hora, nos estiramos como una goma elástica hacia el punto de ruptura”. Optar por llevar una “vida lenta”, por la slow life, solo nos traerá beneficios.

Las prisas son percepciones exclusivamente humanas. El mundo que nos rodea no es lento ni rápido, no está ocupado ni reposando; la vida simplemente fluye y somos nosotros los que decidimos correr o adoptar un ritmo más serenoC).

Absorbidos por las urgencias y los compromisos, el escritor surcoreano Haemin Sunim señala que muchas veces no somos conscientes de que esos mandatos externos vienen en realidad de nosotros mismos: “Cuando observo profundamente en mi interior para descubrir por qué llevo una vida tan ajetreada, descubro que, en cierto sentido, me gusta vivir así de ocupado. La buena noticia, por lo tanto, es que también somos nosotros quienes podemos apagar ese interruptor y detener la carrera.”

Vivir desesperadamente ocupados nos mantiene en una excitación nerviosa permanenteD), lo cual facilita que nuestra mente se pueble de pensamientos angustiosos del tipo: ¿Lograré llegar a tiempo? ¿He olvidado algo importante? ¿Me habré equivocado en esto o en lo otro? ¿Qué deben pensar de mí? ¿A qué vienen esas punzadas en el corazón? ¿Estaré enfermo? Ante esa vorágine de pensamientos, Haemin Sunim recomienda que nos detengamos un momento para concentrar la atención en el presente y respirar hondo.

FRANCESC MIRALLES Adaptado de cuerpomente.com.

El texto propone una reflexión acerca de cómo el hombre se enfrenta al tiempo.

El fragmento que sostiene que el hombre puede tener control sobre cómo enfrentarse al tiempo es:

 

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3454703 Ano: 2023
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: UERJ
Orgão: UERJ
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¿QUÉ ES LA VIDA?

Darle un sentido a la vida es una necesidad inherentemente humana, pero no es algo sencillo. Te acompañamos a responder la gran pregunta: ¿qué es la vida?

Probablemente te hayas realizado esta pregunta en multitud de ocasiones. En especial durante la adolescencia y cuando atravesamos un periodo de crisis a nivel personal, solemos cuestionarnos el por qué de nuestra existencia, qué hacemos aquí, qué sentido tiene lo que nos ocurre. Cuando nos asalta este tipo de dudas existenciales, las respuestas basadas en la biología no satisfacen nuestro deseo de saber. Y es que lo que verdaderamente nos estamos preguntando es cómo afrontar el día a día e integrar con coherencia las situaciones que se nos presentan. Darle un sentido a la vida es una tarea individual; y, para ello, la reflexión resulta fundamental.

Definir aquello que llamamos “vida” ha sido, por siglos, una empresa infructuosa tanto para la ciencia como para la filosofía. Y es que, si bien hay características generales que distinguen a los organismos vivos, el debate se amplía cuando hablamos, por ejemplo, de los virus o de la inteligencia artificial. Es decir, no hay un acuerdo científico acerca de lo que determina la vida, ni parece que lo habrá en el futuro.

En este sentido, tal vez deberíamos alejarnos del afán por las definiciones y acercarnos a preguntas que, para nosotros, puedan llegar a ser más importantes, como: ¿qué hacer con la vida que ya nos ha sido otorgada?, ¿cómo logro darle sentido a mi existencia?, ¿hay algo que he venido a aprender en mi paso por el mundo?

Para la gran mayoría de las personas, la vida no es más que una sucesión de días demasiado similares. La rutina y la monotonía tiñen la experiencia de muchos individuos, conduciéndolos finalmente a una sensación de apatía e insatisfacción profunda. Y es que levantarse, trabajar, ocuparse de la casa, dormir y volver a comenzar no parece un objetivo lo suficientemente relevante como para dotar la existencia de significado. En efecto, estar vivo es una experiencia mucho más profunda, compleja y completa, aunque a veces lo olvidemos. No obstante, depende de cada uno de nosotros adoptar un enfoque que vaya más allá.

“La vida es como una caja de bombones, nunca sabes lo que te vas a encontrar”. ¿Recuerdas esta célebre frase de la película Forrest Gump? En realidad, encierra una verdad muy profunda, y es que nuestro día a día está impregnado de incertidumbre. En un segundo, nuestro estado de salud, financiero o económico puede transformarse por completo; probablemente tú mismo hayas experimentado giros en tu narrativa vital que nunca esperaste.

Sin embargo, recuerda que, cuando nada es seguro, todo es posible. Aunque con frecuencia nos resistamos a aceptarlo, vivir requiere de aprender a aceptar. Tal y como dijo John Lennon, “la vida es lo que te pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes”; por ello, de nada sirve desgastarse tratando de controlar el porvenir.

ELENA SANZ

Adaptado de lamenteesmaravillosa.com.

cuando nada es seguro, todo es posible.

En el fragmento, el punto de vista expuesto por la autora se construye sobre un recurso lingüístico que se denomina:

 

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3454702 Ano: 2023
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: UERJ
Orgão: UERJ
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¿QUÉ ES LA VIDA?

Darle un sentido a la vida es una necesidad inherentemente humana, pero no es algo sencillo. Te acompañamos a responder la gran pregunta: ¿qué es la vida?

Probablemente te hayas realizado esta pregunta en multitud de ocasiones. En especial durante la adolescencia y cuando atravesamos un periodo de crisis a nivel personal, solemos cuestionarnos el por qué de nuestra existencia, qué hacemos aquí, qué sentido tiene lo que nos ocurre. Cuando nos asalta este tipo de dudas existenciales, las respuestas basadas en la biología no satisfacen nuestro deseo de saber. Y es que lo que verdaderamente nos estamos preguntando es cómo afrontar el día a día e integrar con coherencia las situaciones que se nos presentan. Darle un sentido a la vida es una tarea individual; y, para ello, la reflexión resulta fundamental.

Definir aquello que llamamos “vida” ha sido, por siglos, una empresa infructuosa tanto para la ciencia como para la filosofía. Y es que, si bien hay características generales que distinguen a los organismos vivos, el debate se amplía cuando hablamos, por ejemplo, de los virus o de la inteligencia artificial. Es decir, no hay un acuerdo científico acerca de lo que determina la vida, ni parece que lo habrá en el futuro.

En este sentido, tal vez deberíamos alejarnos del afán por las definiciones y acercarnos a preguntas que, para nosotros, puedan llegar a ser más importantes, como: ¿qué hacer con la vida que ya nos ha sido otorgada?, ¿cómo logro darle sentido a mi existencia?, ¿hay algo que he venido a aprender en mi paso por el mundo?

Para la gran mayoría de las personas, la vida no es más que una sucesión de días demasiado similares. La rutina y la monotonía tiñen la experiencia de muchos individuos, conduciéndolos finalmente a una sensación de apatía e insatisfacción profunda. Y es que levantarse, trabajar, ocuparse de la casa, dormir y volver a comenzar no parece un objetivo lo suficientemente relevante como para dotar la existencia de significado. En efecto, estar vivo es una experiencia mucho más profunda, compleja y completa, aunque a veces lo olvidemos. No obstante, depende de cada uno de nosotros adoptar un enfoque que vaya más allá.

“La vida es como una caja de bombones, nunca sabes lo que te vas a encontrar”. ¿Recuerdas esta célebre frase de la película Forrest Gump? En realidad, encierra una verdad muy profunda, y es que nuestro día a día está impregnado de incertidumbre. En un segundo, nuestro estado de salud, financiero o económico puede transformarse por completo; probablemente tú mismo hayas experimentado giros en tu narrativa vital que nunca esperaste.

Sin embargo, recuerda que, cuando nada es seguro, todo es posible. Aunque con frecuencia nos resistamos a aceptarlo, vivir requiere de aprender a aceptar. Tal y como dijo John Lennon, “la vida es lo que te pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes”; por ello, de nada sirve desgastarse tratando de controlar el porvenir.

ELENA SANZ

Adaptado de lamenteesmaravillosa.com.

No obstante, depende de cada uno de nosotros adoptar un enfoque que vaya más allá.

La expresión subrayada se puede sustituir, sin alteración significativa de sentido, por:

 

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3454701 Ano: 2023
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: UERJ
Orgão: UERJ
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¿QUÉ ES LA VIDA?

Darle un sentido a la vida es una necesidad inherentemente humana, pero no es algo sencillo. Te acompañamos a responder la gran pregunta: ¿qué es la vida?

Probablemente te hayas realizado esta pregunta en multitud de ocasiones. En especial durante la adolescencia y cuando atravesamos un periodo de crisis a nivel personal, solemos cuestionarnos el por qué de nuestra existencia, qué hacemos aquí, qué sentido tiene lo que nos ocurre. Cuando nos asalta este tipo de dudas existenciales, las respuestas basadas en la biología no satisfacen nuestro deseo de saber. Y es que lo que verdaderamente nos estamos preguntando es cómo afrontar el día a día e integrar con coherencia las situaciones que se nos presentan. Darle un sentido a la vida es una tarea individual; y, para ello, la reflexión resulta fundamental.

Definir aquello que llamamos “vida” ha sido, por siglos, una empresa infructuosa tanto para la ciencia como para la filosofía. Y es que, si bien hay características generales que distinguen a los organismos vivos, el debate se amplía cuando hablamos, por ejemplo, de los virus o de la inteligencia artificial. Es decir, no hay un acuerdo científico acerca de lo que determina la vida, ni parece que lo habrá en el futuro.

En este sentido, tal vez deberíamos alejarnos del afán por las definiciones y acercarnos a preguntas que, para nosotros, puedan llegar a ser más importantes, como: ¿qué hacer con la vida que ya nos ha sido otorgada?, ¿cómo logro darle sentido a mi existencia?, ¿hay algo que he venido a aprender en mi paso por el mundo?

Para la gran mayoría de las personas, la vida no es más que una sucesión de días demasiado similares. La rutina y la monotonía tiñen la experiencia de muchos individuos, conduciéndolos finalmente a una sensación de apatía e insatisfacción profunda. Y es que levantarse, trabajar, ocuparse de la casa, dormir y volver a comenzar no parece un objetivo lo suficientemente relevante como para dotar la existencia de significado. En efecto, estar vivo es una experiencia mucho más profunda, compleja y completa, aunque a veces lo olvidemos. No obstante, depende de cada uno de nosotros adoptar un enfoque que vaya más allá.

“La vida es como una caja de bombones, nunca sabes lo que te vas a encontrar”. ¿Recuerdas esta célebre frase de la película Forrest Gump? En realidad, encierra una verdad muy profunda, y es que nuestro día a día está impregnado de incertidumbre. En un segundo, nuestro estado de salud, financiero o económico puede transformarse por completo; probablemente tú mismo hayas experimentado giros en tu narrativa vital que nunca esperaste.

Sin embargo, recuerda que, cuando nada es seguro, todo es posible. Aunque con frecuencia nos resistamos a aceptarlo, vivir requiere de aprender a aceptar. Tal y como dijo John Lennon, “la vida es lo que te pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes”; por ello, de nada sirve desgastarse tratando de controlar el porvenir.

ELENA SANZ

Adaptado de lamenteesmaravillosa.com.

solemos cuestionarnos el por qué de nuestra existencia,

El uso de la forma verbal subrayada indica una acción que puede ser caracterizada como:

 

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3454700 Ano: 2023
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: UERJ
Orgão: UERJ
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¿QUÉ ES LA VIDA?

Darle un sentido a la vida es una necesidad inherentemente humana, pero no es algo sencillo. Te acompañamos a responder la gran pregunta: ¿qué es la vida?

Probablemente te hayas realizado esta pregunta en multitud de ocasiones. En especial durante la adolescencia y cuando atravesamos un periodo de crisis a nivel personal, solemos cuestionarnos el por qué de nuestra existencia, qué hacemos aquí, qué sentido tiene lo que nos ocurre. Cuando nos asalta este tipo de dudas existenciales, las respuestas basadas en la biología no satisfacen nuestro deseo de saber. Y es que lo que verdaderamente nos estamos preguntando es cómo afrontar el día a día e integrar con coherencia las situaciones que se nos presentan. Darle un sentido a la vida es una tarea individual; y, para ello, la reflexión resulta fundamental.

Definir aquello que llamamos “vida” ha sido, por siglos, una empresa infructuosa tanto para la ciencia como para la filosofía. Y es que, si bien hay características generales que distinguen a los organismos vivos, el debate se amplía cuando hablamos, por ejemplo, de los virus o de la inteligencia artificial. Es decir, no hay un acuerdo científico acerca de lo que determina la vida, ni parece que lo habrá en el futuro.

En este sentido, tal vez deberíamos alejarnos del afán por las definiciones y acercarnos a preguntas que, para nosotros, puedan llegar a ser más importantes, como: ¿qué hacer con la vida que ya nos ha sido otorgada?, ¿cómo logro darle sentido a mi existencia?, ¿hay algo que he venido a aprender en mi paso por el mundo?

Para la gran mayoría de las personas, la vida no es más que una sucesión de días demasiado similares. La rutina y la monotonía tiñen la experiencia de muchos individuos, conduciéndolos finalmente a una sensación de apatía e insatisfacción profunda. Y es que levantarse, trabajar, ocuparse de la casa, dormir y volver a comenzar no parece un objetivo lo suficientemente relevante como para dotar la existencia de significado. En efecto, estar vivo es una experiencia mucho más profunda, compleja y completa, aunque a veces lo olvidemos. No obstante, depende de cada uno de nosotros adoptar un enfoque que vaya más allá.

“La vida es como una caja de bombones, nunca sabes lo que te vas a encontrar”. ¿Recuerdas esta célebre frase de la película Forrest Gump? En realidad, encierra una verdad muy profunda, y es que nuestro día a día está impregnado de incertidumbre. En un segundo, nuestro estado de salud, financiero o económico puede transformarse por completo; probablemente tú mismo hayas experimentado giros en tu narrativa vital que nunca esperaste.

Sin embargo, recuerda que, cuando nada es seguro, todo es posible. Aunque con frecuencia nos resistamos a aceptarlo, vivir requiere de aprender a aceptar. Tal y como dijo John Lennon, “la vida es lo que te pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes”; por ello, de nada sirve desgastarse tratando de controlar el porvenir.

ELENA SANZ

Adaptado de lamenteesmaravillosa.com.

Para organizar su argumentación, un recurso importante empleado por la autora es:

 

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3454699 Ano: 2023
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: UERJ
Orgão: UERJ
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¿QUÉ ES LA VIDA?

Darle un sentido a la vida es una necesidad inherentemente humana, pero no es algo sencillo. Te acompañamos a responder la gran pregunta: ¿qué es la vida?

Probablemente te hayas realizado esta pregunta en multitud de ocasiones. En especial durante la adolescencia y cuando atravesamos un periodo de crisis a nivel personal, solemos cuestionarnos el por qué de nuestra existencia, qué hacemos aquí, qué sentido tiene lo que nos ocurre. Cuando nos asalta este tipo de dudas existenciales, las respuestas basadas en la biología no satisfacen nuestro deseo de saber. Y es que lo que verdaderamente nos estamos preguntando es cómo afrontar el día a día e integrar con coherencia las situaciones que se nos presentan. Darle un sentido a la vida es una tarea individual; y, para ello, la reflexión resulta fundamental.

Definir aquello que llamamos “vida” ha sido, por siglos, una empresa infructuosa tanto para la ciencia como para la filosofía. Y es que, si bien hay características generales que distinguen a los organismos vivos, el debate se amplía cuando hablamos, por ejemplo, de los virus o de la inteligencia artificial. Es decir, no hay un acuerdo científico acerca de lo que determina la vida, ni parece que lo habrá en el futuro.

En este sentido, tal vez deberíamos alejarnos del afán por las definiciones y acercarnos a preguntas que, para nosotros, puedan llegar a ser más importantes, como: ¿qué hacer con la vida que ya nos ha sido otorgada?, ¿cómo logro darle sentido a mi existencia?, ¿hay algo que he venido a aprender en mi paso por el mundo?

Para la gran mayoría de las personas, la vida no es más que una sucesión de días demasiado similares. La rutina y la monotonía tiñen la experiencia de muchos individuos, conduciéndolos finalmente a una sensación de apatía e insatisfacción profunda. Y es que levantarse, trabajar, ocuparse de la casa, dormir y volver a comenzar no parece un objetivo lo suficientemente relevante como para dotar la existencia de significado. En efecto, estar vivo es una experiencia mucho más profunda, compleja y completa, aunque a veces lo olvidemos. No obstante, depende de cada uno de nosotros adoptar un enfoque que vaya más allá.

“La vida es como una caja de bombones, nunca sabes lo que te vas a encontrar”. ¿Recuerdas esta célebre frase de la película Forrest Gump? En realidad, encierra una verdad muy profunda, y es que nuestro día a día está impregnado de incertidumbre. En un segundo, nuestro estado de salud, financiero o económico puede transformarse por completo; probablemente tú mismo hayas experimentado giros en tu narrativa vital que nunca esperaste.

Sin embargo, recuerda que, cuando nada es seguro, todo es posible. Aunque con frecuencia nos resistamos a aceptarlo, vivir requiere de aprender a aceptar. Tal y como dijo John Lennon, “la vida es lo que te pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes”; por ello, de nada sirve desgastarse tratando de controlar el porvenir.

ELENA SANZ

Adaptado de lamenteesmaravillosa.com.

El texto discute lo complejo que puede ser comprender la vida.

Tal como lo destacan las citas de Forrest Gump y John Lennon en los últimos párrafos, la vida implicaría fundamentalmente el sentimiento de:

 

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3350923 Ano: 2023
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: FGV
Orgão: FEMPAR
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TEXTO II

Ozempic, la droga que aprieta cinturones y llena bolsillos

Los titulares saltaron de las revistas científicas a las del corazón. Los agonistas del GLP1, una familia de fármacos que se comercializaba bajo distintas marcas como Ozempic, Wegovy o Mounjaro, se rebautizaron con un nombre mucho más sexy: “La droga de Hollywood”. Se dejó de hablar de cómo podían ayudar a personas con diabetes tipo 2 a regular sus niveles de azúcar en sangre para destacar un fabuloso efecto secundario: ayudaban a perder hasta un 15% de peso. Oliver, un tinerfeño de 42 años, leyó una de estas revistas y se fue directo a la consulta. “Vi que el de Tesla [el empresario Elon Musk] se lo pinchaba y a él le había funcionado”, explica en conversación telefónica. “Así que pedí una cita con mi médico de cabecera y de ahí me derivaron al endocrino”.

Una de las particularidades que ha hecho que la conversación sobre este tipo de fármacos sea un poco confusa es que sus usuarios más destacados son famosos que aparentemente no los necesitan y que mayoritariamente reniegan de su uso. El ejemplo más paradigmático es el de las Kardashian. El clan familiar que había definido el ideal estético femenino los últimos años, reivindicando las curvas de forma casi militante, empezó a desinflarse ante nuestros ojos. Medio Hollywood (la mitad que no estaba ya en los huesos) fue detrás. Pero casi nadie lo reconoció. Pronto quedó claro que uno de los efectos secundarios de los agonistas del GLP1 era la vergüenza. Todo el mundo hablaba de Ozempic, pero nadie confesaba estar usándolo. Era un rumor, no una realidad.

Aunque algunos usuarios tienen motivos para esconderlo. La escasez de estos fármacos ha puesto de manifiesto una tensión social entre la búsqueda de ayudas para controlar una enfermedad, la diabetes, que está tomando tintes de pandemia y su uso en casos de obesidad, puerta de entrada a esta y otras muchas enfermedades. El mercado negro y algunos profesionales poco éticos han extendido la demanda de estos medicamentos aún más, haciendo que personas que quieren adelgazar unos kilos compitan por unas pocas dosis con diabéticos y obesos con problemas de salud.

Estos medicamentos son la punta de lanza de lo que está por llegar. Los analistas hablan de una “fiebre del oro de la obesidad” y consideran que el mercado de GLP1 podría alcanzar los 150.000 millones de dólares en 2031 (una cifra similar a lo que mueven los medicamentos para el cáncer). Mientras ellas ganan dinero, los sistemas de salud se lo podrán ir ahorrando. El gasto sanitario relacionado con la diabetes supera los 13.430 millones de euros en España según los cálculos de la Federación Internacional de Diabetes. La obesidad, por su parte, afecta a millones de personas y es la puerta de entrada a más de 200 enfermedades y problemas cardiovasculares. Tratarlos se come el 9,7% del total del gasto sanitario en España, según la OCDE.

Adaptado de: https://elpais.com/salud-y-bienestar/2023-07-09/ozempic-la-droga-que-aprieta-cinturones-y-llena-bolsillos.html

En el fragmento, “Mientras ellas ganan dinero, los sistemas de salud se lo podrán ir ahorrando.”, el término destacado hace referencia al vocablo

 

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