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¿Estaba loco Dalí?
La pregunta, en realidad, ha sido siempre una no-pregunta. La supuesta locura de Salvador Dalí era una habilísima forma de apoyar la imagen de marca que le mantuvo durante décadas en el candelero del mundo del arte y de la escena de la alta sociedad internacional.

Salvador Dalí
Era, a todas luces, una locura controlada, porque Dalí podía abandonarse a todo tipo de excentricidades o desvaríos verbales, pero jamás perdió el norte a la hora de vender sus cuadros o de conseguir la atención y el favor de los mecenas y los poderosos. Un ejemplo emblemático de esa habilidad para la autopromoción y las relaciones públicas en la que fue maestro décadas antes que artistas famosos por ella, como Andy Warhol, fue su primera visita a Nueva York, adonde llegó por vía marítima el 14 de noviembre de 1934. Gracias a su amistad con la multimillonaria Caresse Crosby, The New York Times publicó una entrevista con el pintor español al día siguiente. Para la ocasión, Dalí se rodeó de una escenografía indudablemente provocadora. Recibió al periodista tocado con un gorro frigio del que pendía una pequeña lámpara y sentado sobre una balanza que había hecho colocar sobre una mesa. Sobre la repisa de la chimenea de la habitación, puso varias barras de pan de dos metros de longitud y una gran bandera de color azul sobre la que había pintado en color negro una calavera, una llave, una hoja de árbol, un zapato de mujer y la palabra “Dalí” en grandes letras. La escenografía era enloquecidamente surrealista, pero Dalí sabía perfectamente lo que significaba producir buena impresión en el Times, de modo que mostró con toda seriedad sus cuadros al entrevistador y respondió a sus preguntas no ya con coherencia, sino incluso con brillantez.
Salvador Dalí fue un gran egomaníaco y un gran exhibicionista. Si su egolatría era totalmente verídica, su exhibicionismo formaba parte de una fachada pública que dedicó toda una vida a cultivar con mimo. Pese a que circulaban, a cierta altura de su vida, todo tipo de rumores sobre su estado mental, lo cierto es que volvió a pintar, a escuchar música y a tomarles el pelo a sus visitantes, como en los mejores tiempos.
Su amigo y director del Museo Dalí, el pintor de Cadaqués* Antoni Pitxot, su chófer y mayordomo y las enfermeras que le cuidaban, entrevistados en su momento por este periodista, el mismo que 15 años antes había presenciado por vez primera la metamorfosis del Dalí íntimo en el Dalí espectáculo, fueron categóricos: Dalí se pasó la vida haciéndose el loco, pero en los momentos previos a su muerte estaba completamente cuerdo.
J. J. NAVARRO ARISA Adaptado de elmundo.es.
* Ciudad de Cataluña, España.
Dalí se pasó la vida haciéndose el loco, pero en los momentos previos a su muerte estaba completamente cuerdo.
En el contexto, las palabras subrayadas establecen entre sí una relación de carácter:
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¿Estaba loco Dalí?
La pregunta, en realidad, ha sido siempre una no-pregunta. La supuesta locura de Salvador Dalí era una habilísima forma de apoyar la imagen de marca que le mantuvo durante décadas en el candelero del mundo del arte y de la escena de la alta sociedad internacional.

Salvador Dalí
Era, a todas luces, una locura controlada, porque Dalí podía abandonarse a todo tipo de excentricidades o desvaríos verbales, pero jamás perdió el norte a la hora de vender sus cuadros o de conseguir la atención y el favor de los mecenas y los poderosos. Un ejemplo emblemático de esa habilidad para la autopromoción y las relaciones públicas en la que fue maestro décadas antes que artistas famosos por ella, como Andy Warhol, fue su primera visita a Nueva York, adonde llegó por vía marítima el 14 de noviembre de 1934. Gracias a su amistad con la multimillonaria Caresse Crosby, The New York Times publicó una entrevista con el pintor español al día siguiente. Para la ocasión, Dalí se rodeó de una escenografía indudablemente provocadora. Recibió al periodista tocado con un gorro frigio del que pendía una pequeña lámpara y sentado sobre una balanza que había hecho colocar sobre una mesa. Sobre la repisa de la chimenea de la habitación, puso varias barras de pan de dos metros de longitud y una gran bandera de color azul sobre la que había pintado en color negro una calavera, una llave, una hoja de árbol, un zapato de mujer y la palabra “Dalí” en grandes letras. La escenografía era enloquecidamente surrealista, pero Dalí sabía perfectamente lo que significaba producir buena impresión en el Times, de modo que mostró con toda seriedad sus cuadros al entrevistador y respondió a sus preguntas no ya con coherencia, sino incluso con brillantez.
Salvador Dalí fue un gran egomaníaco y un gran exhibicionista. Si su egolatría era totalmente verídica, su exhibicionismo formaba parte de una fachada pública que dedicó toda una vida a cultivar con mimo. Pese a que circulaban, a cierta altura de su vida, todo tipo de rumores sobre su estado mental, lo cierto es que volvió a pintar, a escuchar música y a tomarles el pelo a sus visitantes, como en los mejores tiempos.
Su amigo y director del Museo Dalí, el pintor de Cadaqués* Antoni Pitxot, su chófer y mayordomo y las enfermeras que le cuidaban, entrevistados en su momento por este periodista, el mismo que 15 años antes había presenciado por vez primera la metamorfosis del Dalí íntimo en el Dalí espectáculo, fueron categóricos: Dalí se pasó la vida haciéndose el loco, pero en los momentos previos a su muerte estaba completamente cuerdo.
J. J. NAVARRO ARISA Adaptado de elmundo.es.
* Ciudad de Cataluña, España.
de modo que mostró con toda seriedad sus cuadros al entrevistador
En el texto, el término subrayado se puede sustituir, sin alteración importante de sentido, por el siguiente conectivo:
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¿Estaba loco Dalí?
La pregunta, en realidad, ha sido siempre una no-pregunta. La supuesta locura de Salvador Dalí era una habilísima forma de apoyar la imagen de marca que le mantuvo durante décadas en el candelero del mundo del arte y de la escena de la alta sociedad internacional.

Salvador Dalí
Era, a todas luces, una locura controlada, porque Dalí podía abandonarse a todo tipo de excentricidades o desvaríos verbales, pero jamás perdió el norte a la hora de vender sus cuadros o de conseguir la atención y el favor de los mecenas y los poderosos. Un ejemplo emblemático de esa habilidad para la autopromoción y las relaciones públicas en la que fue maestro décadas antes que artistas famosos por ella, como Andy Warhol, fue su primera visita a Nueva York, adonde llegó por vía marítima el 14 de noviembre de 1934. Gracias a su amistad con la multimillonaria Caresse Crosby, The New York Times publicó una entrevista con el pintor español al día siguiente. Para la ocasión, Dalí se rodeó de una escenografía indudablemente provocadora. Recibió al periodista tocado con un gorro frigio del que pendía una pequeña lámpara y sentado sobre una balanza que había hecho colocar sobre una mesa. Sobre la repisa de la chimenea de la habitación, puso varias barras de pan de dos metros de longitud y una gran bandera de color azul sobre la que había pintado en color negro una calavera, una llave, una hoja de árbol, un zapato de mujer y la palabra “Dalí” en grandes letras. La escenografía era enloquecidamente surrealista, pero Dalí sabía perfectamente lo que significaba producir buena impresión en el Times, de modo que mostró con toda seriedad sus cuadros al entrevistador y respondió a sus preguntas no ya con coherencia, sino incluso con brillantez.
Salvador Dalí fue un gran egomaníaco y un gran exhibicionista. Si su egolatría era totalmente verídica, su exhibicionismo formaba parte de una fachada pública que dedicó toda una vida a cultivar con mimo. Pese a que circulaban, a cierta altura de su vida, todo tipo de rumores sobre su estado mental, lo cierto es que volvió a pintar, a escuchar música y a tomarles el pelo a sus visitantes, como en los mejores tiempos.
Su amigo y director del Museo Dalí, el pintor de Cadaqués* Antoni Pitxot, su chófer y mayordomo y las enfermeras que le cuidaban, entrevistados en su momento por este periodista, el mismo que 15 años antes había presenciado por vez primera la metamorfosis del Dalí íntimo en el Dalí espectáculo, fueron categóricos: Dalí se pasó la vida haciéndose el loco, pero en los momentos previos a su muerte estaba completamente cuerdo.
J. J. NAVARRO ARISA Adaptado de elmundo.es.
* Ciudad de Cataluña, España.
Respecto al uso de los tiempos verbales, el segundo párrafo presenta características que permiten clasificarlo como predominantemente:
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¿Estaba loco Dalí?
La pregunta, en realidad, ha sido siempre una no-pregunta. La supuesta locura de Salvador Dalí era una habilísima forma de apoyar la imagen de marca que le mantuvo durante décadas en el candelero del mundo del arte y de la escena de la alta sociedad internacional.

Salvador Dalí
Era, a todas luces, una locura controlada, porque Dalí podía abandonarse a todo tipo de excentricidades o desvaríos verbales, pero jamás perdió el norte a la hora de vender sus cuadros o de conseguir la atención y el favor de los mecenas y los poderosos. Un ejemplo emblemático de esa habilidad para la autopromoción y las relaciones públicas en la que fue maestro décadas antes que artistas famosos por ella, como Andy Warhol, fue su primera visita a Nueva York, adonde llegó por vía marítima el 14 de noviembre de 1934. Gracias a su amistad con la multimillonaria Caresse Crosby, The New York Times publicó una entrevista con el pintor español al día siguiente. Para la ocasión, Dalí se rodeó de una escenografía indudablemente provocadora. Recibió al periodista tocado con un gorro frigio del que pendía una pequeña lámpara y sentado sobre una balanza que había hecho colocar sobre una mesa. Sobre la repisa de la chimenea de la habitación, puso varias barras de pan de dos metros de longitud y una gran bandera de color azul sobre la que había pintado en color negro una calavera, una llave, una hoja de árbol, un zapato de mujer y la palabra “Dalí” en grandes letras. La escenografía era enloquecidamente surrealista, pero Dalí sabía perfectamente lo que significaba producir buena impresión en el Times, de modo que mostró con toda seriedad sus cuadros al entrevistador y respondió a sus preguntas no ya con coherencia, sino incluso con brillantez.
Salvador Dalí fue un gran egomaníaco y un gran exhibicionista. Si su egolatría era totalmente verídica, su exhibicionismo formaba parte de una fachada pública que dedicó toda una vida a cultivar con mimo. Pese a que circulaban, a cierta altura de su vida, todo tipo de rumores sobre su estado mental, lo cierto es que volvió a pintar, a escuchar música y a tomarles el pelo a sus visitantes, como en los mejores tiempos.
Su amigo y director del Museo Dalí, el pintor de Cadaqués* Antoni Pitxot, su chófer y mayordomo y las enfermeras que le cuidaban, entrevistados en su momento por este periodista, el mismo que 15 años antes había presenciado por vez primera la metamorfosis del Dalí íntimo en el Dalí espectáculo, fueron categóricos: Dalí se pasó la vida haciéndose el loco, pero en los momentos previos a su muerte estaba completamente cuerdo.
J. J. NAVARRO ARISA Adaptado de elmundo.es.
* Ciudad de Cataluña, España.
De acuerdo con el texto, una consecuencia de la postura artística de Salvador Dalí es:
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¿Estaba loco Dalí?
La pregunta, en realidad, ha sido siempre una no-pregunta. La supuesta locura de Salvador Dalí era una habilísima forma de apoyar la imagen de marca que le mantuvo durante décadas en el candelero del mundo del arte y de la escena de la alta sociedad internacional.

Salvador Dalí
Era, a todas luces, una locura controlada, porque Dalí podía abandonarse a todo tipo de excentricidades o desvaríos verbales,(a) pero jamás perdió el norte a la hora de vender sus cuadros o de conseguir la atención y el favor de los mecenas y los poderosos. Un ejemplo emblemático de esa habilidad para la autopromoción y las relaciones públicas en la que fue maestro(b) décadas antes que artistas famosos por ella, como Andy Warhol, fue su primera visita a Nueva York, adonde llegó por vía marítima el 14 de noviembre de 1934. Gracias a su amistad con la multimillonaria Caresse Crosby, The New York Times publicó una entrevista con el pintor español al día siguiente. Para la ocasión, Dalí se rodeó de una escenografía indudablemente provocadora. Recibió al periodista tocado con un gorro frigio del que pendía una pequeña lámpara y sentado sobre una balanza que había hecho colocar sobre una mesa. Sobre la repisa de la chimenea de la habitación, puso varias barras de pan de dos metros de longitud y una gran bandera de color azul sobre la que había pintado en color negro una calavera, una llave, una hoja de árbol, un zapato de mujer y la palabra “Dalí” en grandes letras. La escenografía era enloquecidamente surrealista, pero Dalí sabía perfectamente lo que significaba producir buena impresión en el Times, de modo que mostró con toda seriedad sus cuadros al entrevistador y respondió a sus preguntas no ya con coherencia, sino incluso con brillantez.(c)
Salvador Dalí fue un gran egomaníaco y un gran exhibicionista. Si su egolatría era totalmente verídica, su exhibicionismo formaba parte de una fachada pública que dedicó toda una vida a cultivar con mimo. Pese a que circulaban, a cierta altura de su vida, todo tipo de rumores sobre su estado mental, lo cierto es que volvió a pintar, a escuchar música y a tomarles el pelo a sus visitantes,(c) como en los mejores tiempos.
Su amigo y director del Museo Dalí, el pintor de Cadaqués* Antoni Pitxot, su chófer y mayordomo y las enfermeras que le cuidaban, entrevistados en su momento por este periodista, el mismo que 15 años antes había presenciado por vez primera la metamorfosis del Dalí íntimo en el Dalí espectáculo, fueron categóricos: Dalí se pasó la vida haciéndose el loco, pero en los momentos previos a su muerte estaba completamente cuerdo.
J. J. NAVARRO ARISA Adaptado de elmundo.es.
* Ciudad de Cataluña, España.
El texto Abrir-se ao novo discute, entre otros temas, como lo nuevo puede provocar una reacción de extrañamiento inicial a lo que propone.
Un fragmento del texto ¿Estaba loco Dalí? que señala esa misma idea de novedad se encuentra en:
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¿Qué está pasando en Colombia? Reforma tributaria, protestas, militarización de ciudades y amenazas a la ONU
Una polémica reforma tributaria impulsada por el gobierno Iván Duque llevó hace una semana a miles de personas a las calles de Colombia, a pesar de estar en el tercer pico de contagios de coronavirus. La premisa, para muchos en las calles y en redes sociales, es que el gobierno es más peligroso que el propio virus. Tras seis días de manifestaciones contra el gobierno Duque, la cifra oficial de muertos en las protestas asciende a 19 - entre civiles y policías -, los heridos se cuentan por cientos y el país sigue sumido en una crisis de derechos humanos que ni siquiera el anuncio del presidente de retirar la reforma ha podido acallar.
.Fue una propuesta polémica en medio de una de las peores crisis económicas por las que hayan pasado los colombianos debido a la pandemia de coronavirus. El gobierno de Colombia radicó el 15 de abril una reforma económica buscaba, según lo consignado en el texto, ponerles impuestos a productos básicos de la canasta familiar, aumentar el costo de la gasolina, ampliar la base gravable del impuesto de renta, imponer un impuesto solidario para salarios altos, poner impuesto al patrimonio por dos años, IVA para los servicios funerarios y los servicios de internet, entre otros.
Según los argumentos del entonces ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, la iniciativa fiscal buscaba obtener recursos por el equivalente a US$ 6.000 millones anuales para poder continuar con los programas sociales de asistencia a los más pobres y a quienes lo han perdido todo por la pandemia de covid-19. La propuesta no fue bien recibida y los colombianos salieron masivamente a las calles el 28 de abril a protestar contra la medida. Muchas manifestaciones terminaron en hechos violentos, desmanes y vandalismo. Cientos de civiles y policías resultaron heridos y varias personas han muerto en medio de los enfrentamientos en ciudades como Bogotá, Cali, Medellín, entre otras..
Varios días de protestas y el retiro de la reforma tributaria le costaron el puesto al ministro de Hacienda. Alberto Carrasquilla renunció al cargo un día después de que el presidente Duque anunciara el retiro del controvertido proyecto de reforma fiscal, según un comunicado de la Presidencia. Según la nota oficial, Carrasquilla anunció su decisión tras "una reunión cordial" con Duque. Para el gobierno, según el texto, "llegar rápidamente a un consenso democrático en torno a una reforma del sistema impositivo colombiano es un imperativo".
Las protestas, que en su mayoría han sido pacíficas, también dejaron enfrentamientos entre manifestantes y la policía en varias ciudades del país. Las cifras sobre heridos, muertes y afectados varían. Según la Defensoría del Pueblo, al menos 19 personas han muerto en cinco días de protestas hasta este lunes. La institución dijo en un comunicado que ha recibido hasta el momento 140 quejas por uso excesivo de la fuerza por parte de la policía y que las está revisando.
El Ministerio de Defensa dice que seis días de protestas han dejado 540 policías heridos, 306 civiles lesionados y uno fallecido.
La ONG Temblores, que ha hecho seguimiento a las denuncias de violaciones de derechos humanos durante las protestas, ha denunciado 26 muertes de manifestantes a manos de la policía, más de 1.100 casos de violencia policial, 761 detenciones arbitrarias, 9 casos de violencia sexual por parte de la fuerza pública, y decenas de casos de desapariciones en el contexto de las movilizaciones. Según el ministro de Defensa, se han abierto 29 investigaciones disciplinarias, 7 investigaciones penales con la fiscalía y 5 investigaciones por parte de la justicia penal militar, por denuncias relacionadas con abuso de autoridad de la fuerza pública. Allí donde haya denuncias es necesario hacer las investigaciones respectivas. Se están aplicando los procesos, dijo Molano a periodistas este martes. En cuanto a las denuncias de supuesto abuso policial, el director de la Policía, el general Jorge Luis Vargas, dijo que dio instrucciones al inspector de la institución para abrir 26 investigaciones preliminares. El ministro de Defensa, Diego Molano, lamentó este domingo las muertes y relacionó las manifestaciones violentas al vandalismo, e indicó que detrás de algunos hechos de violencia durante las protestas, hay al menos seis grupos criminales presuntamente vinculados. También reportó que se han vandalizado 94 bancos, 254 comercios, 14 peajes, 4 estatuas, 69 estaciones de transporte, 36 cajeros, 2 gobernaciones, 43 CAI y 21 CAI más destruidos.
Disponível
em: https://cnnespanol.cnn.com/2021/05/04/protestas-colombia-reforma-tributaria-violentas-militarizacion-ciudades-amenazas-a-
laonu- orix/. Acesso em 04. Mai. 2021.
Vários produtos e serviços são apontados, no texto, como alvos da Reforma Tributária do atual governo colombiano, assinale a ÚNICA alternativa que traz TODOS que se planejou taxar:
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Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: CESPE / CEBRASPE
Orgão: PRF
Una helada profunda esta semana en Texas, que depende de la electricidad para calentar muchos hogares, está provocando que la demanda de energía se dispare. Al mismo tiempo, las instalaciones de gas natural, carbón, eólicas y nucleares en Texas han quedado fuera de servicio debido a las impensables bajas temperaturas.
«El frío extremo está haciendo que todo el sistema se congele», dijo Jason Bordoff, director del Centro de Política Energética Global de la Universidad de Columbia. «Todas las fuentes de energía tienen un rendimiento bajo en el frío extremo porque no están diseñadas para manejar estas condiciones inusuales».
El efecto dominó se está sintiendo en todo el país a medida que la prolífica industria de petróleo y gas de Texas se tambalea.
Es sorprendente que estos cortes de energía estén ocurriendo en un estado con abundantes recursos energéticos.
Texas produce más electricidad que cualquier otro estado de Estados Unidos de América, generando casi el doble que Florida, el siguiente más cercano, según estadísticas federales.
La energía eólica también está en auge en Texas, que produjo alrededor del 28% de toda la electricidad eólica de Estados Unidos de América en 2019, dijo la EIA. Pero el problema es que Texas no solo es una superpotencia energética, sino que tiende a ser un estado de temperatura por encima del promedio. Eso significa que su infraestructura está mal preparada para la ola de frío que actualmente está causando estragos. Y las consecuencias las están sintiendo millones.
Los críticos de la energía renovable han señalado que las turbinas eólicas se han congelado o deben cerrarse debido al clima extremo.
Aunque otros lugares con clima más frío (como Iowa y Dinamarca) dependen del viento para obtener una proporción de energía aún mayor, los expertos dijeron que las turbinas en Texas no fueron acondicionadas para la helada inesperada.
Pero esto no se trata solo de que las turbinas eólicas dejen de funcionar. Las centrales eléctricas de gas natural y carbón necesitan agua para mantenerse en línea. Sin embargo, esas instalaciones de agua se congelaron con las bajas temperaturas y otras perdieron el acceso a la electricidad que necesitaban para funcionar.
Es demasiado pronto para decir definitivamente qué salió mal en Texas y cómo evitar cortes similares. Las autoridades estatales deberán proporcionar más información. A pesar de todo, algunos expertos dicen que las críticas a la energía eólica ya parecen exageradas. «En términos del juego de la culpa, el enfoque en el viento es una pista falsa. Es más un problema político que lo que está causando los problemas de energía en la red», dijo Dan Cohan, profesor asociado de Ingeniería Ambiental en la Universidad de Rice.
La crisis energética en Texas también plantea preguntas sobre la naturaleza de la red eléctrica desregulada y descentralizada del estado. A diferencia de otros estados, Texas ha tomado la decisión consciente de aislar su red del resto del país.
Eso significa que cuando las cosas van bien, Texas no puede exportar el exceso de energía a los estados vecinos. Y en la crisis actual, tampoco puede importar energía.
Internet: < cnnespanol.cnn.com> (con adaptaciones).
De acuerdo con las ideas y estructuras del texto presentado, juzgue lo siguiente ítem.
El frío extremo en Texas ocasionó problemas en la distribución de energía en ese estado.
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Na imagem, manchete do jornal El País, podemos observar o presidente brasileiro, Jair Bolsonaro, tentando utilizar uma máscara protetora durante a pandemia de coronavírus. Apesar do alerta da Organização Mundial da Saúde (OMS), o militar aposentado desde os 33 anos de idade, ignorou todas as recomendações de distanciamento social, causando uma grande revolta na sociedade brasileira. Acerca disso o texto afirma que:
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O presidente de El Salvador, Nayib Bukele, é o autor da frase exposta na imagem. A partir da fala do Chefe de Estado, podemos inferir que:
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