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3712288 Ano: 2025
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: UERJ
Orgão: CBM-RJ
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LA INTEGRACIÓN DE GÉNERO EN LAS FUERZAS ARMADAS: CONDICIONAMIENTOS Y PERSPECTIVAS

En la actualidad, las mujeres constituyen un componente esencial dentro de las fuerzas militares de un gran número de países en varios continentes.

Sin embargo, su situación y el alcance de su representatividad varían significativamente según cada país.

Dentro del conjunto de Estados miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), representan cerca de 11%, mientras que en América Latina apenas sobrepasaban el 4% en 2010.

En el 2015, las mujeres representaban solamente el 6% de los efectivos movilizados.

En todos los casos, el proceso de integración de género en las fuerzas militares es revelador(A) en dos sentidos.

Por un lado, deja ver el espacio y el rol que las instituciones militares ocupan en las respectivas sociedades, así como también los procesos internos de transformación organizacional y el estado de las relaciones entre civiles y militares en el marco de la democracia.

Por otro lado, las dificultades en la integración, que siguen siendo significativas, revelan con enorme precisión y nitidez las paradojas y tensiones que persisten en los procesos de construcción de igualdad entre hombres y mujeres.

Aunque la presencia femenina sigue estando mayormente concentrada en tareas de apoyo, en una proporción que tiende a crecer por sobre la que se da entre los hombres, fueron también eliminándose distintas restricciones legales al acceso femenino a tareas operacionales o de combate.

Dentro de las fuerzas estadounidenses que actuaron en esos y otros teatros de operaciones, entre 2001 y 2013, se han destacado unas 299000 mujeres militares, de las cuales más de 800 fueron heridas y más de 130 perdieron la vida.

La Resolución 1325, aprobada en forma unánime por el Consejo de Seguridad de la ONU en 2000, constituyó un paso innovador sin precedentes para el reconocimiento internacional de la dimensión de género en los conflictos armados.

En ese documento se reconoce el impacto desproporcionado de los conflictos armados sobre mujeres y niños, así como la relativa escasez de representación femenina en los procesos de paz y estabilización.

Esta resolución dio las pautas para un nuevo modo de pensar el rol de las mujeres, reconociéndolas no solo como víctimas, sino también como actores relevantes(B) en el plano de la seguridad internacional.

A esa resolución le siguieron otras entre 2008 y 2015, que en conjunto configuraron, por primera vez en la historia de la ONU, una agenda internacional sobre la dimensión de género en los conflictos y en la producción de seguridad.

Pese a todo, el entusiasmo con la resolución fue progresivamente sustituido por evaluaciones cautelosas y un cierto escepticismo, de cara a la vigencia de significativas disyunciones entre la retórica y la práctica.

En uno de los pocos estudios que analiza comparativamente la participación de mujeres en operaciones de apoyo a la paz, los investigadores Sabrina Karim y Kyle Beardsley concluyen que en las misiones internacionales las mujeres padecen discriminación explícita, son confinadas a papeles muy específicos y ven limitada su participación al accionar informal de redes.

Todo esto indica que hay que seguir desarrollando políticas nacionales destinadas a promover la agenda WP&S✳, como condición fundamental para asegurar una mayor eficacia en su implementación a escala internacional.

Aun así, independientemente de los análisis más pesimistas(C), la visibilidad pública y la perseverancia política y militar por mantener esta agenda de género y encarar medidas tendientes a su implementación y monitorización sugieren que el espacio potencial para una transformación no está agotado.

Si bien otros avances no se dieron, ocurrió una alteración importante: de hecho, la dimensión de género dejó de ser encarada como algo exterior y ajeno(D) a los procesos de producción de seguridad y su inclusión pasó a constituir un elemento esencial de cara al éxito de las misiones militares y los procesos de paz.

✳ WP&S - Mujeres, Paz y Seguridad (ONU)

HELENA CARREIRAS Adaptado de nuso.org, 2018.

Un conector de valor concesivo, como el subrayado arriba, está presente en:

 

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3712287 Ano: 2025
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: UERJ
Orgão: CBM-RJ
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LA INTEGRACIÓN DE GÉNERO EN LAS FUERZAS ARMADAS: CONDICIONAMIENTOS Y PERSPECTIVAS

En la actualidad, las mujeres constituyen un componente esencial dentro de las fuerzas militares de un gran número de países en varios continentes.

Sin embargo, su situación y el alcance de su representatividad varían significativamente según cada país.

Dentro del conjunto de Estados miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), representan cerca de 11%, mientras que en América Latina apenas sobrepasaban el 4% en 2010.

En el 2015, las mujeres representaban solamente el 6% de los efectivos movilizados.

En todos los casos, el proceso de integración de género en las fuerzas militares es revelador en dos sentidos.

Por un lado, deja ver el espacio y el rol que las instituciones militares ocupan en las respectivas sociedades, así como también los procesos internos de transformación organizacional y el estado de las relaciones entre civiles y militares en el marco de la democracia.

Por otro lado, las dificultades en la integración, que siguen siendo significativas, revelan con enorme precisión y nitidez las paradojas y tensiones que persisten en los procesos de construcción de igualdad entre hombres y mujeres.

Aunque la presencia femenina sigue estando mayormente concentrada en tareas de apoyo, en una proporción que tiende a crecer por sobre la que se da entre los hombres, fueron también eliminándose distintas restricciones legales al acceso femenino a tareas operacionales o de combate.

Dentro de las fuerzas estadounidenses que actuaron en esos y otros teatros de operaciones, entre 2001 y 2013, se han destacado unas 299000 mujeres militares, de las cuales más de 800 fueron heridas y más de 130 perdieron la vida.

La Resolución 1325, aprobada en forma unánime por el Consejo de Seguridad de la ONU en 2000, constituyó un paso innovador sin precedentes para el reconocimiento internacional de la dimensión de género en los conflictos armados.

En ese documento se reconoce el impacto desproporcionado de los conflictos armados sobre mujeres y niños, así como la relativa escasez de representación femenina en los procesos de paz y estabilización.

Esta resolución dio las pautas para un nuevo modo de pensar el rol de las mujeres, reconociéndolas no solo como víctimas, sino también como actores relevantes en el plano de la seguridad internacional.

A esa resolución le siguieron otras entre 2008 y 2015, que en conjunto configuraron, por primera vez en la historia de la ONU, una agenda internacional sobre la dimensión de género en los conflictos y en la producción de seguridad.

Pese a todo, el entusiasmo con la resolución fue progresivamente sustituido por evaluaciones cautelosas y un cierto escepticismo, de cara a la vigencia de significativas disyunciones entre la retórica y la práctica.

En uno de los pocos estudios que analiza comparativamente la participación de mujeres en operaciones de apoyo a la paz, los investigadores Sabrina Karim y Kyle Beardsley concluyen que en las misiones internacionales las mujeres padecen discriminación explícita, son confinadas a papeles muy específicos y ven limitada su participación al accionar informal de redes.

Todo esto indica que hay que seguir desarrollando políticas nacionales destinadas a promover la agenda WP&S✳, como condición fundamental para asegurar una mayor eficacia en su implementación a escala internacional.

Aun así, independientemente de los análisis más pesimistas, la visibilidad pública y la perseverancia política y militar por mantener esta agenda de género y encarar medidas tendientes a su implementación y monitorización sugieren que el espacio potencial para una transformación no está agotado.

Si bien otros avances no se dieron, ocurrió una alteración importante: de hecho, la dimensión de género dejó de ser encarada como algo exterior y ajeno a los procesos de producción de seguridad y su inclusión pasó a constituir un elemento esencial de cara al éxito de las misiones militares y los procesos de paz.

✳ WP&S - Mujeres, Paz y Seguridad (ONU)

HELENA CARREIRAS Adaptado de nuso.org, 2018.

El término a que se refiere el pronombre subrayado es:

 

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3712286 Ano: 2025
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: UERJ
Orgão: CBM-RJ
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LA INTEGRACIÓN DE GÉNERO EN LAS FUERZAS ARMADAS: CONDICIONAMIENTOS Y PERSPECTIVAS

En la actualidad, las mujeres constituyen un componente esencial dentro de las fuerzas militares de un gran número de países en varios continentes.

Sin embargo, su situación y el alcance de su representatividad varían significativamente según cada país.

Dentro del conjunto de Estados miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), representan cerca de 11%, mientras que en América Latina apenas sobrepasaban el 4% en 2010.

En el 2015, las mujeres representaban solamente el 6% de los efectivos movilizados.

En todos los casos, el proceso de integración de género en las fuerzas militares es revelador en dos sentidos.

Por un lado, deja ver el espacio y el rol que las instituciones militares ocupan en las respectivas sociedades, así como también los procesos internos de transformación organizacional y el estado de las relaciones entre civiles y militares en el marco de la democracia.

Por otro lado, las dificultades en la integración, que siguen siendo significativas, revelan con enorme precisión y nitidez las paradojas y tensiones que persisten en los procesos de construcción de igualdad entre hombres y mujeres.

Aunque la presencia femenina sigue estando mayormente concentrada en tareas de apoyo, en una proporción que tiende a crecer por sobre la que se da entre los hombres, fueron también eliminándose distintas restricciones legales al acceso femenino a tareas operacionales o de combate.

Dentro de las fuerzas estadounidenses que actuaron en esos y otros teatros de operaciones, entre 2001 y 2013, se han destacado unas 299000 mujeres militares, de las cuales más de 800 fueron heridas y más de 130 perdieron la vida.

La Resolución 1325, aprobada en forma unánime por el Consejo de Seguridad de la ONU en 2000, constituyó un paso innovador sin precedentes para el reconocimiento internacional de la dimensión de género en los conflictos armados.

En ese documento se reconoce el impacto desproporcionado de los conflictos armados sobre mujeres y niños, así como la relativa escasez de representación femenina en los procesos de paz y estabilización.

Esta resolución dio las pautas para un nuevo modo de pensar el rol de las mujeres, reconociéndolas no solo como víctimas, sino también como actores relevantes en el plano de la seguridad internacional.

A esa resolución le siguieron otras entre 2008 y 2015, que en conjunto configuraron, por primera vez en la historia de la ONU, una agenda internacional sobre la dimensión de género en los conflictos y en la producción de seguridad.

Pese a todo, el entusiasmo con la resolución fue progresivamente sustituido por evaluaciones cautelosas y un cierto escepticismo, de cara a la vigencia de significativas disyunciones entre la retórica y la práctica.

En uno de los pocos estudios que analiza comparativamente la participación de mujeres en operaciones de apoyo a la paz, los investigadores Sabrina Karim y Kyle Beardsley concluyen que en las misiones internacionales las mujeres padecen discriminación explícita, son confinadas a papeles muy específicos y ven limitada su participación al accionar informal de redes.

Todo esto indica que hay que seguir desarrollando políticas nacionales destinadas a promover la agenda WP&S✳, como condición fundamental para asegurar una mayor eficacia en su implementación a escala internacional.

Aun así, independientemente de los análisis más pesimistas, la visibilidad pública y la perseverancia política y militar por mantener esta agenda de género y encarar medidas tendientes a su implementación y monitorización sugieren que el espacio potencial para una transformación no está agotado.

Si bien otros avances no se dieron, ocurrió una alteración importante: de hecho, la dimensión de género dejó de ser encarada como algo exterior y ajeno a los procesos de producción de seguridad y su inclusión pasó a constituir un elemento esencial de cara al éxito de las misiones militares y los procesos de paz.

✳ WP&S - Mujeres, Paz y Seguridad (ONU)

HELENA CARREIRAS Adaptado de nuso.org, 2018.

En relación con el término antecedente, el fragmento subrayado tiene como objetivo:

 

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3712285 Ano: 2025
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: UERJ
Orgão: CBM-RJ
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LA INTEGRACIÓN DE GÉNERO EN LAS FUERZAS ARMADAS: CONDICIONAMIENTOS Y PERSPECTIVAS

En la actualidad, las mujeres constituyen un componente esencial dentro de las fuerzas militares de un gran número de países en varios continentes.

Sin embargo, su situación y el alcance de su representatividad varían significativamente según cada país.

Dentro del conjunto de Estados miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), representan cerca de 11%, mientras que en América Latina apenas sobrepasaban el 4% en 2010.

En el 2015, las mujeres representaban solamente el 6% de los efectivos movilizados.

En todos los casos, el proceso de integración de género en las fuerzas militares es revelador en dos sentidos.

Por un lado, deja ver el espacio y el rol que las instituciones militares ocupan en las respectivas sociedades, así como también los procesos internos de transformación organizacional y el estado de las relaciones entre civiles y militares en el marco de la democracia.

Por otro lado, las dificultades en la integración, que siguen siendo significativas, revelan con enorme precisión y nitidez las paradojas y tensiones que persisten en los procesos de construcción de igualdad entre hombres y mujeres.

Aunque la presencia femenina sigue estando mayormente concentrada en tareas de apoyo, en una proporción que tiende a crecer por sobre la que se da entre los hombres, fueron también eliminándose distintas restricciones legales al acceso femenino a tareas operacionales o de combate.

Dentro de las fuerzas estadounidenses que actuaron en esos y otros teatros de operaciones, entre 2001 y 2013, se han destacado unas 299000 mujeres militares, de las cuales más de 800 fueron heridas y más de 130 perdieron la vida.

La Resolución 1325, aprobada en forma unánime por el Consejo de Seguridad de la ONU en 2000, constituyó un paso innovador sin precedentes para el reconocimiento internacional de la dimensión de género en los conflictos armados.

En ese documento se reconoce el impacto desproporcionado de los conflictos armados sobre mujeres y niños, así como la relativa escasez de representación femenina en los procesos de paz y estabilización.

Esta resolución dio las pautas para un nuevo modo de pensar el rol de las mujeres, reconociéndolas no solo como víctimas, sino también como actores relevantes en el plano de la seguridad internacional.

A esa resolución le siguieron otras entre 2008 y 2015, que en conjunto configuraron, por primera vez en la historia de la ONU, una agenda internacional sobre la dimensión de género en los conflictos y en la producción de seguridad.

Pese a todo, el entusiasmo con la resolución fue progresivamente sustituido por evaluaciones cautelosas y un cierto escepticismo, de cara a la vigencia de significativas disyunciones entre la retórica y la práctica.

En uno de los pocos estudios que analiza comparativamente la participación de mujeres en operaciones de apoyo a la paz, los investigadores Sabrina Karim y Kyle Beardsley concluyen que en las misiones internacionales las mujeres padecen discriminación explícita, son confinadas a papeles muy específicos y ven limitada su participación al accionar informal de redes.

Todo esto indica que hay que seguir desarrollando políticas nacionales destinadas a promover la agenda WP&S✳, como condición fundamental para asegurar una mayor eficacia en su implementación a escala internacional.

Aun así, independientemente de los análisis más pesimistas, la visibilidad pública y la perseverancia política y militar por mantener esta agenda de género y encarar medidas tendientes a su implementación y monitorización sugieren que el espacio potencial para una transformación no está agotado.

Si bien otros avances no se dieron, ocurrió una alteración importante: de hecho, la dimensión de género dejó de ser encarada como algo exterior y ajeno a los procesos de producción de seguridad y su inclusión pasó a constituir un elemento esencial de cara al éxito de las misiones militares y los procesos de paz.

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HELENA CARREIRAS Adaptado de nuso.org, 2018

En el fragmento subrayado, se hace uso de la figura de lenguaje conocida como:

 

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3712284 Ano: 2025
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: UERJ
Orgão: CBM-RJ
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LA INTEGRACIÓN DE GÉNERO EN LAS FUERZAS ARMADAS: CONDICIONAMIENTOS Y PERSPECTIVAS

En la actualidad, las mujeres constituyen un componente esencial dentro de las fuerzas militares de un gran número de países en varios continentes.

Sin embargo, su situación y el alcance de su representatividad varían significativamente según cada país.

Dentro del conjunto de Estados miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), representan cerca de 11%, mientras que en América Latina apenas sobrepasaban el 4% en 2010.

En el 2015, las mujeres representaban solamente el 6% de los efectivos movilizados.

En todos los casos, el proceso de integración de género en las fuerzas militares es revelador en dos sentidos.

Por un lado, deja ver el espacio y el rol que las instituciones militares ocupan en las respectivas sociedades, así como también los procesos internos de transformación organizacional y el estado de las relaciones entre civiles y militares en el marco de la democracia.

Por otro lado, las dificultades en la integración, que siguen siendo significativas, revelan con enorme precisión y nitidez las paradojas y tensiones que persisten en los procesos de construcción de igualdad entre hombres y mujeres.

Aunque la presencia femenina sigue estando mayormente concentrada en tareas de apoyo, en una proporción que tiende a crecer por sobre la que se da entre los hombres, fueron también eliminándose distintas restricciones legales al acceso femenino a tareas operacionales o de combate.

Dentro de las fuerzas estadounidenses que actuaron en esos y otros teatros de operaciones, entre 2001 y 2013, se han destacado unas 299000 mujeres militares, de las cuales más de 800 fueron heridas y más de 130 perdieron la vida.

La Resolución 1325, aprobada en forma unánime por el Consejo de Seguridad de la ONU en 2000, constituyó un paso innovador sin precedentes para el reconocimiento internacional de la dimensión de género en los conflictos armados.

En ese documento se reconoce el impacto desproporcionado de los conflictos armados sobre mujeres y niños, así como la relativa escasez de representación femenina en los procesos de paz y estabilización.

Esta resolución dio las pautas para un nuevo modo de pensar el rol de las mujeres, reconociéndolas no solo como víctimas, sino también como actores relevantes en el plano de la seguridad internacional.

A esa resolución le siguieron otras entre 2008 y 2015, que en conjunto configuraron, por primera vez en la historia de la ONU, una agenda internacional sobre la dimensión de género en los conflictos y en la producción de seguridad.

Pese a todo, el entusiasmo con la resolución fue progresivamente sustituido por evaluaciones cautelosas y un cierto escepticismo, de cara a la vigencia de significativas disyunciones entre la retórica y la práctica.

En uno de los pocos estudios que analiza comparativamente la participación de mujeres en operaciones de apoyo a la paz, los investigadores Sabrina Karim y Kyle Beardsley concluyen que en las misiones internacionales las mujeres padecen discriminación explícita, son confinadas a papeles muy específicos y ven limitada su participación al accionar informal de redes.

Todo esto indica que hay que seguir desarrollando políticas nacionales destinadas a promover la agenda WP&S✳, como condición fundamental para asegurar una mayor eficacia en su implementación a escala internacional.

Aun así, independientemente de los análisis más pesimistas, la visibilidad pública y la perseverancia política y militar por mantener esta agenda de género y encarar medidas tendientes a su implementación y monitorización sugieren que el espacio potencial para una transformación no está agotado.

Si bien otros avances no se dieron, ocurrió una alteración importante: de hecho, la dimensión de género dejó de ser encarada como algo exterior y ajeno a los procesos de producción de seguridad y su inclusión pasó a constituir un elemento esencial de cara al éxito de las misiones militares y los procesos de paz.

WP&S - Mujeres, Paz y Seguridad (ONU)

HELENA CARREIRAS Adaptado de nuso.org, 2018

Con relación a la representatividad de mujeres en instituciones militares, los términos subrayados indican, respectivamente, las siguientes nociones de cantidad:

 

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3712283 Ano: 2025
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: UERJ
Orgão: CBM-RJ
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LA INTEGRACIÓN DE GÉNERO EN LAS FUERZAS ARMADAS: CONDICIONAMIENTOS Y PERSPECTIVAS

En la actualidad, las mujeres constituyen un componente esencial dentro de las fuerzas militares(A) de un gran número de países en varios continentes.

Sin embargo, su situación y el alcance de su representatividad varían significativamente según cada país.

Dentro del conjunto de Estados miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), representan cerca de 11%, mientras que en América Latina apenas sobrepasaban el 4% en 2010.

En el 2015, las mujeres representaban solamente el 6% de los efectivos movilizados.

En todos los casos, el proceso de integración de género en las fuerzas militares es revelador en dos sentidos.

Por un lado, deja ver el espacio y el rol que las instituciones militares ocupan en las respectivas sociedades, así como también los procesos internos de transformación organizacional y el estado de las relaciones entre civiles y militares en el marco de la democracia.

Por otro lado, las dificultades en la integración, que siguen siendo significativas, revelan con enorme precisión y nitidez las paradojas y tensiones que persisten en los procesos de construcción de igualdad entre hombres y mujeres.

Aunque la presencia femenina sigue estando mayormente concentrada en tareas de apoyo(B), en una proporción que tiende a crecer por sobre la que se da entre los hombres, fueron también eliminándose distintas restricciones legales al acceso femenino(C) a tareas operacionales o de combate.

Dentro de las fuerzas estadounidenses que actuaron en esos y otros teatros de operaciones, entre 2001 y 2013, se han destacado unas 299000 mujeres militares, de las cuales más de 800 fueron heridas y más de 130 perdieron la vida.

La Resolución 1325, aprobada en forma unánime por el Consejo de Seguridad de la ONU en 2000, constituyó un paso innovador sin precedentes para el reconocimiento internacional de la dimensión de género en los conflictos armados.

En ese documento se reconoce el impacto desproporcionado de los conflictos armados sobre mujeres y niños, así como la relativa escasez de representación femenina en los procesos de paz y estabilización.

Esta resolución dio las pautas para un nuevo modo de pensar el rol de las mujeres, reconociéndolas no solo como víctimas, sino también como actores relevantes en el plano de la seguridad internacional.

A esa resolución le siguieron otras entre 2008 y 2015, que en conjunto configuraron, por primera vez en la historia de la ONU, una agenda internacional sobre la dimensión de género en los conflictos y en la producción de seguridad.

Pese a todo, el entusiasmo con la resolución fue progresivamente sustituido por evaluaciones cautelosas y un cierto escepticismo, de cara a la vigencia de significativas disyunciones entre la retórica y la práctica.

En uno de los pocos estudios que analiza comparativamente la participación de mujeres en operaciones de apoyo a la paz, los investigadores Sabrina Karim y Kyle Beardsley concluyen que en las misiones internacionales las mujeres padecen discriminación explícita(D), son confinadas a papeles muy específicos y ven limitada su participación al accionar informal de redes.

Todo esto indica que hay que seguir desarrollando políticas nacionales destinadas a promover la agenda WP&S✳, como condición fundamental para asegurar una mayor eficacia en su implementación a escala internacional.

Aun así, independientemente de los análisis más pesimistas, la visibilidad pública y la perseverancia política y militar por mantener esta agenda de género y encarar medidas tendientes a su implementación y monitorización sugieren que el espacio potencial para una transformación no está agotado.

Si bien otros avances no se dieron, ocurrió una alteración importante: de hecho, la dimensión de género dejó de ser encarada como algo exterior y ajeno a los procesos de producción de seguridad y su inclusión pasó a constituir un elemento esencial de cara al éxito de las misiones militares y los procesos de paz.

✳ WP&S - Mujeres, Paz y Seguridad (ONU)

HELENA CARREIRAS Adaptado de nuso.org, 2018.

La frase del texto que sintetiza el punto de vista de la autora sobre el tema discutido es:

 

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3697348 Ano: 2025
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: EDUCA
Orgão: Pref. Umbuzeiro-PB
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La historieta de Mafalda que se ofrece a continuación servirá para contestar a la cuestion.

Enunciado 4448366-1

La palabra “tarada”, utilizada por Mafalda en la última viñeta de la historieta, puede causar confusión entre hablantes de portugués debido a que representa un caso clásico de heterosemántico. En este contexto, ¿cuál de las siguientes afirmaciones es CORRECTA?
 

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3697347 Ano: 2025
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: EDUCA
Orgão: Pref. Umbuzeiro-PB
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La historieta de Mafalda que se ofrece a continuación servirá para contestar a la cuestion.

Enunciado 4448365-1

En la historieta, Mafalda expresa su indignación frente a la sopa servida en verano. A partir de la lectura del texto y considerando los aspectos discursivos, pragmáticos y socioculturales que lo componen, señale la afirmativa CORRECTA.
 

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3697346 Ano: 2025
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: EDUCA
Orgão: Pref. Umbuzeiro-PB
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Lea atentamente los siguientes fragmentos extraídos de materiales didácticos y académicos sobre el uso de las formas de tratamiento en español. Luego, responda a las afirmaciones que se presentan.

Fragmento 1:
"Los pronombres personales de segunda persona y tercera persona tú, vos, usted, vosotras/os y ustedes pueden indicar el grado de proximidad e intimidad (confianza) que el hablante tiene con su destinatario. [...] Hay dos tratamientos informales en singular en lengua española: tuteo —tratar al sujeto por el pronombre tú— y el voseo —tratar por el pronombre vos. Ambos estos pronombres son de uso amplio en los países hispanohablantes, pero el voseo es común en países como Argentina, Uruguay, Paraguay, Chile, Venezuela y Colombia."

Fragmento 2:
"El uso de vos, motivado por la pragmática y la cortesía, provocó importantes alteraciones de los paradigmas pronominal y verbal. El póster pretende mostrar la extensión geográfica del voseo, exponer las diferentes formas de voseo por países e indicar un análisis contrastivo con las formas pronominales de la norma brasileña. Estas formas innovadoras, tradicionalmente consideradas vulgares, no aparecían en los manuales tradicionales que reflejaban la norma clásica peninsular."

I. Ambos fragmentos reconocen la existencia de variaciones regionales en el uso de los pronombres de tratamiento, destacando el voseo como una característica del español hispanoamericano.
II. El uso del pronombre vos implica alteraciones en las terminaciones verbales correspondientes, siendo una forma de tratamiento informal singular.
III. Tradicionalmente, el voseo era considerado vulgar y, por ello, no aparecía en los manuales clásicos que reflejaban la norma peninsular.
IV. El pronombre vos se utiliza exclusivamente en contextos formales en los países donde está presente.

Señala:
 

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3697345 Ano: 2025
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: EDUCA
Orgão: Pref. Umbuzeiro-PB
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Considerando que alguns substantivos podem apresentar gêneros diferentes conforme o significado, qual das alternativas abaixo está incorreta?
 

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