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TEXTO
Hobbes y la mina San José
Vivimos en sociedad y reconocemos algún tipo de poder central que dicta y hace cumplir normas válidas para todos. Aristóteles creyó que vivir en sociedad es algo natural, y consideró que el hombre aislado o es un bruto o es un dios, o sea, algo menos o algo más que un hombre. Por su parte, Rousseau y Hobbes estimaron que la sociedad es una institución convencional, no natural, lo cual significa que ella es producto de un acuerdo y no una exigencia que derive de la naturaleza del hombre, aunque el pacto que habría dado origen a la sociedad es sólo una hipótesis y no corresponde a un acto realmente acaecido en algún momento de la historia de la humanidad. Pero si Rousseau creyó que el pacto social puso término a una situación previa de paz, abundancia y felicidad - el llamado estado de naturaleza-, Hobbes consideró que en ese momento la vida del hombre fue solitaria, pobre, tosca, embrutecida y breve. Me siento inclinado al punto de vista de Hobbes y Rousseau antes que al de Aristóteles, como me considero a la vez del lado de Hobbes en su desacuerdo con Rousseau acerca de si el estado previo a la sociedad fue de paz y felicidad o de desamparo y guerra de todos contra todos. Apelar a la naturaleza, como hace Aristóteles respecto de la sociedad, es sólo un intento por conferir mayor fijeza y estabilidad a algo que aprobamos o que resulta de nuestra conveniencia, mientras que ver en el estado previo a la sociedad una situación de paz y felicidad, como hizo Rousseau, parece francamente ingenuo. Los jóvenes hippies de los 60 -roussonianos- evitaban la sociedad y se retiraban a vivir en pequeñas comunidades aisladas, procurando recuperar un estado de pureza y concordia, mientras que los noveles políticos de esa época -hobbsianos- se preparaban en distintos partidos para la lucha por el poder. Habíamos algunos que, ni hippies ni políticos, nos sentíamos más cerca de los segundos, aunque un cierto horror a la vida gregaria y a las decisiones a mano alzada nos llevó a tomar distancia de los partidos, mas no de la política, puesto que intuíamos, al revés de lo que suele repetirse, que ella es prolongación de la guerra, pero por otros medios.
Los 33 trabajadores atrapados en la mina San José vivieron su propio estado de naturaleza, una condición que se habría prolongado durante los primeros cinco días del encierro, y en la que cada cual se comportó como quiso, sin sujetarse a reglas compartidas y sin reconocer autoridad sobre el grupo a ninguno de los que se encontraban en tan dramática situación. Presas del miedo, iban y venían en el fondo oscuro de la mina, pesarosos y desconcertados, echándose a dormir aquí y allá en el momento que se les ocurría, ingiriendo alimentos según la necesidad o el deseo del momento, y cavilando cada cual por separado, o en grupos pequeños y dispersos, la mejor manera de dar señales de vida y salir del encierro. O sea, vivieron la soledad, el desamparo y hasta el enfrentamiento del estado de naturaleza descrito por Hobbes, aunque por poco tiempo, puesto que fueron capaces de advertir que sólo actuando unidos tenían posibilidades de sobrevivir. Unidos por una convención que incluyó pautas de conducta que ellos mismos establecieron, división del trabajo y un mando sobre el grupo. Durante esos primeros cinco días, nuestros 33 mineros dejaron de vivir en sociedad, procediendo luego a establecerla como única manera de sobrevivir, dando así doblemente la razón a Hobbes: la sociedad es una institución convencional, y el acuerdo que la origina pone término a un estado previo de desamparo, animadversión y violencia. Por lo mismo, no hay que reprobar lo que pudo acontecer al interior de la mina San José durante aquellos cinco días, sino celebrar que en tan corto tiempo los 33 hayan transitado desde el estado de naturaleza a la vida en sociedad.
AGUSTÍN SQUELLA Periódico “El Mercurio” Santiago de Chile, 29 de octubre de 2010
Cuando el autor se refiere a los años 60
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Hobbes y la mina San José
Vivimos en sociedad y reconocemos algún tipo de poder central que dicta y hace cumplir normas válidas para todos. Aristóteles creyó que vivir en sociedad es algo natural, y consideró que el hombre aislado o es un bruto o es un dios, o sea, algo menos o algo más que un hombre. Por su parte, Rousseau y Hobbes estimaron que la sociedad es una institución convencional, no natural, lo cual significa que ella es producto de un acuerdo y no una exigencia que derive de la naturaleza del hombre, aunque el pacto que habría dado origen a la sociedad es sólo una hipótesis y no corresponde a un acto realmente acaecido en algún momento de la historia de la humanidad. Pero si Rousseau creyó que el pacto social puso término a una situación previa de paz, abundancia y felicidad - el llamado estado de naturaleza-, Hobbes consideró que en ese momento la vida del hombre fue solitaria, pobre, tosca, embrutecida y breve. Me siento inclinado al punto de vista de Hobbes y Rousseau antes que al de Aristóteles, como me considero a la vez del lado de Hobbes en su desacuerdo con Rousseau acerca de si el estado previo a la sociedad fue de paz y felicidad o de desamparo y guerra de todos contra todos. Apelar a la naturaleza, como hace Aristóteles respecto de la sociedad, es sólo un intento por conferir mayor fijeza y estabilidad a algo que aprobamos o que resulta de nuestra conveniencia, mientras que ver en el estado previo a la sociedad una situación de paz y felicidad, como hizo Rousseau, parece francamente ingenuo. Los jóvenes hippies de los 60 -roussonianos- evitaban la sociedad y se retiraban a vivir en pequeñas comunidades aisladas, procurando recuperar un estado de pureza y concordia, mientras que los noveles políticos de esa época -hobbsianos- se preparaban en distintos partidos para la lucha por el poder. Habíamos algunos que, ni hippies ni políticos, nos sentíamos más cerca de los segundos, aunque un cierto horror a la vida gregaria y a las decisiones a mano alzada nos llevó a tomar distancia de los partidos, mas no de la política, puesto que intuíamos, al revés de lo que suele repetirse, que ella es prolongación de la guerra, pero por otros medios.
Los 33 trabajadores atrapados en la mina San José vivieron su propio estado de naturaleza, una condición que se habría prolongado durante los primeros cinco días del encierro, y en la que cada cual se comportó como quiso, sin sujetarse a reglas compartidas y sin reconocer autoridad sobre el grupo a ninguno de los que se encontraban en tan dramática situación. Presas del miedo, iban y venían en el fondo oscuro de la mina, pesarosos y desconcertados, echándose a dormir aquí y allá en el momento que se les ocurría, ingiriendo alimentos según la necesidad o el deseo del momento, y cavilando cada cual por separado, o en grupos pequeños y dispersos, la mejor manera de dar señales de vida y salir del encierro. O sea, vivieron la soledad, el desamparo y hasta el enfrentamiento del estado de naturaleza descrito por Hobbes, aunque por poco tiempo, puesto que fueron capaces de advertir que sólo actuando unidos tenían posibilidades de sobrevivir. Unidos por una convención que incluyó pautas de conducta que ellos mismos establecieron, división del trabajo y un mando sobre el grupo. Durante esos primeros cinco días, nuestros 33 mineros dejaron de vivir en sociedad, procediendo luego a establecerla como única manera de sobrevivir, dando así doblemente la razón a Hobbes: la sociedad es una institución convencional, y el acuerdo que la origina pone término a un estado previo de desamparo, animadversión y violencia. Por lo mismo, no hay que reprobar lo que pudo acontecer al interior de la mina San José durante aquellos cinco días, sino celebrar que en tan corto tiempo los 33 hayan transitado desde el estado de naturaleza a la vida en sociedad.
AGUSTÍN SQUELLA Periódico “El Mercurio” Santiago de Chile, 29 de octubre de 2010
El autor del texto se muestra
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Hobbes y la mina San José
Vivimos en sociedad y reconocemos algún tipo de poder central que dicta y hace cumplir normas válidas para todos. Aristóteles creyó que vivir en sociedad es algo natural, y consideró que el hombre aislado o es un bruto o es un dios, o sea, algo menos o algo más que un hombre. Por su parte, Rousseau y Hobbes estimaron que la sociedad es una institución convencional, no natural, lo cual significa que ella es producto de un acuerdo y no una exigencia que derive de la naturaleza del hombre, aunque el pacto que habría dado origen a la sociedad es sólo una hipótesis y no corresponde a un acto realmente acaecido en algún momento de la historia de la humanidad. Pero si Rousseau creyó que el pacto social puso término a una situación previa de paz, abundancia y felicidad - el llamado estado de naturaleza-, Hobbes consideró que en ese momento la vida del hombre fue solitaria, pobre, tosca, embrutecida y breve. Me siento inclinado al punto de vista de Hobbes y Rousseau antes que al de Aristóteles, como me considero a la vez del lado de Hobbes en su desacuerdo con Rousseau acerca de si el estado previo a la sociedad fue de paz y felicidad o de desamparo y guerra de todos contra todos. Apelar a la naturaleza, como hace Aristóteles respecto de la sociedad, es sólo un intento por conferir mayor fijeza y estabilidad a algo que aprobamos o que resulta de nuestra conveniencia, mientras que ver en el estado previo a la sociedad una situación de paz y felicidad, como hizo Rousseau, parece francamente ingenuo. Los jóvenes hippies de los 60 -roussonianos- evitaban la sociedad y se retiraban a vivir en pequeñas comunidades aisladas, procurando recuperar un estado de pureza y concordia, mientras que los noveles políticos de esa época -hobbsianos- se preparaban en distintos partidos para la lucha por el poder. Habíamos algunos que, ni hippies ni políticos, nos sentíamos más cerca de los segundos, aunque un cierto horror a la vida gregaria y a las decisiones a mano alzada nos llevó a tomar distancia de los partidos, mas no de la política, puesto que intuíamos, al revés de lo que suele repetirse, que ella es prolongación de la guerra, pero por otros medios.
Los 33 trabajadores atrapados en la mina San José vivieron su propio estado de naturaleza, una condición que se habría prolongado durante los primeros cinco días del encierro, y en la que cada cual se comportó como quiso, sin sujetarse a reglas compartidas y sin reconocer autoridad sobre el grupo a ninguno de los que se encontraban en tan dramática situación. Presas del miedo, iban y venían en el fondo oscuro de la mina, pesarosos y desconcertados, echándose a dormir aquí y allá en el momento que se les ocurría, ingiriendo alimentos según la necesidad o el deseo del momento, y cavilando cada cual por separado, o en grupos pequeños y dispersos, la mejor manera de dar señales de vida y salir del encierro. O sea, vivieron la soledad, el desamparo y hasta el enfrentamiento del estado de naturaleza descrito por Hobbes, aunque por poco tiempo, puesto que fueron capaces de advertir que sólo actuando unidos tenían posibilidades de sobrevivir. Unidos por una convención que incluyó pautas de conducta que ellos mismos establecieron, división del trabajo y un mando sobre el grupo. Durante esos primeros cinco días, nuestros 33 mineros dejaron de vivir en sociedad, procediendo luego a establecerla como única manera de sobrevivir, dando así doblemente la razón a Hobbes: la sociedad es una institución convencional, y el acuerdo que la origina pone término a un estado previo de desamparo, animadversión y violencia. Por lo mismo, no hay que reprobar lo que pudo acontecer al interior de la mina San José durante aquellos cinco días, sino celebrar que en tan corto tiempo los 33 hayan transitado desde el estado de naturaleza a la vida en sociedad.
AGUSTÍN SQUELLA Periódico “El Mercurio” Santiago de Chile, 29 de octubre de 2010
Podemos inferir todavía que las teorías de Rousseau y Hobbes consideran
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Hobbes y la mina San José
Vivimos en sociedad y reconocemos algún tipo de poder central que dicta y hace cumplir normas válidas para todos. Aristóteles creyó que vivir en sociedad es algo natural, y consideró que el hombre aislado o es un bruto o es un dios, o sea, algo menos o algo más que un hombre. Por su parte, Rousseau y Hobbes estimaron que la sociedad es una institución convencional, no natural, lo cual significa que ella es producto de un acuerdo y no una exigencia que derive de la naturaleza del hombre, aunque el pacto que habría dado origen a la sociedad es sólo una hipótesis y no corresponde a un acto realmente acaecido en algún momento de la historia de la humanidad. Pero si Rousseau creyó que el pacto social puso término a una situación previa de paz, abundancia y felicidad - el llamado estado de naturaleza-, Hobbes consideró que en ese momento la vida del hombre fue solitaria, pobre, tosca, embrutecida y breve. Me siento inclinado al punto de vista de Hobbes y Rousseau antes que al de Aristóteles, como me considero a la vez del lado de Hobbes en su desacuerdo con Rousseau acerca de si el estado previo a la sociedad fue de paz y felicidad o de desamparo y guerra de todos contra todos. Apelar a la naturaleza, como hace Aristóteles respecto de la sociedad, es sólo un intento por conferir mayor fijeza y estabilidad a algo que aprobamos o que resulta de nuestra conveniencia, mientras que ver en el estado previo a la sociedad una situación de paz y felicidad, como hizo Rousseau, parece francamente ingenuo. Los jóvenes hippies de los 60 -roussonianos- evitaban la sociedad y se retiraban a vivir en pequeñas comunidades aisladas, procurando recuperar un estado de pureza y concordia, mientras que los noveles políticos de esa época -hobbsianos- se preparaban en distintos partidos para la lucha por el poder. Habíamos algunos que, ni hippies ni políticos, nos sentíamos más cerca de los segundos, aunque un cierto horror a la vida gregaria y a las decisiones a mano alzada nos llevó a tomar distancia de los partidos, mas no de la política, puesto que intuíamos, al revés de lo que suele repetirse, que ella es prolongación de la guerra, pero por otros medios.
Los 33 trabajadores atrapados en la mina San José vivieron su propio estado de naturaleza, una condición que se habría prolongado durante los primeros cinco días del encierro, y en la que cada cual se comportó como quiso, sin sujetarse a reglas compartidas y sin reconocer autoridad sobre el grupo a ninguno de los que se encontraban en tan dramática situación. Presas del miedo, iban y venían en el fondo oscuro de la mina, pesarosos y desconcertados, echándose a dormir aquí y allá en el momento que se les ocurría, ingiriendo alimentos según la necesidad o el deseo del momento, y cavilando cada cual por separado, o en grupos pequeños y dispersos, la mejor manera de dar señales de vida y salir del encierro. O sea, vivieron la soledad, el desamparo y hasta el enfrentamiento del estado de naturaleza descrito por Hobbes, aunque por poco tiempo, puesto que fueron capaces de advertir que sólo actuando unidos tenían posibilidades de sobrevivir. Unidos por una convención que incluyó pautas de conducta que ellos mismos establecieron, división del trabajo y un mando sobre el grupo. Durante esos primeros cinco días, nuestros 33 mineros dejaron de vivir en sociedad, procediendo luego a establecerla como única manera de sobrevivir, dando así doblemente la razón a Hobbes: la sociedad es una institución convencional, y el acuerdo que la origina pone término a un estado previo de desamparo, animadversión y violencia. Por lo mismo, no hay que reprobar lo que pudo acontecer al interior de la mina San José durante aquellos cinco días, sino celebrar que en tan corto tiempo los 33 hayan transitado desde el estado de naturaleza a la vida en sociedad.
AGUSTÍN SQUELLA Periódico “El Mercurio” Santiago de Chile, 29 de octubre de 2010
El texto nos dice que la sociedad para Rousseau y Hobbes es
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Hobbes y la mina San José
Vivimos en sociedad y reconocemos algún tipo de poder central que dicta y hace cumplir normas válidas para todos. Aristóteles creyó que vivir en sociedad es algo natural, y consideró que el hombre aislado o es un bruto o es un dios, o sea, algo menos o algo más que un hombre. Por su parte, Rousseau y Hobbes estimaron que la sociedad es una institución convencional, no natural, lo cual significa que ella es producto de un acuerdo y no una exigencia que derive de la naturaleza del hombre, aunque el pacto que habría dado origen a la sociedad es sólo una hipótesis y no corresponde a un acto realmente acaecido en algún momento de la historia de la humanidad. Pero si Rousseau creyó que el pacto social puso término a una situación previa de paz, abundancia y felicidad - el llamado estado de naturaleza-, Hobbes consideró que en ese momento la vida del hombre fue solitaria, pobre, tosca, embrutecida y breve. Me siento inclinado al punto de vista de Hobbes y Rousseau antes que al de Aristóteles, como me considero a la vez del lado de Hobbes en su desacuerdo con Rousseau acerca de si el estado previo a la sociedad fue de paz y felicidad o de desamparo y guerra de todos contra todos. Apelar a la naturaleza, como hace Aristóteles respecto de la sociedad, es sólo un intento por conferir mayor fijeza y estabilidad a algo que aprobamos o que resulta de nuestra conveniencia, mientras que ver en el estado previo a la sociedad una situación de paz y felicidad, como hizo Rousseau, parece francamente ingenuo. Los jóvenes hippies de los 60 -roussonianos- evitaban la sociedad y se retiraban a vivir en pequeñas comunidades aisladas, procurando recuperar un estado de pureza y concordia, mientras que los noveles políticos de esa época -hobbsianos- se preparaban en distintos partidos para la lucha por el poder. Habíamos algunos que, ni hippies ni políticos, nos sentíamos más cerca de los segundos, aunque un cierto horror a la vida gregaria y a las decisiones a mano alzada nos llevó a tomar distancia de los partidos, mas no de la política, puesto que intuíamos, al revés de lo que suele repetirse, que ella es prolongación de la guerra, pero por otros medios.
Los 33 trabajadores atrapados en la mina San José vivieron su propio estado de naturaleza, una condición que se habría prolongado durante los primeros cinco días del encierro, y en la que cada cual se comportó como quiso, sin sujetarse a reglas compartidas y sin reconocer autoridad sobre el grupo a ninguno de los que se encontraban en tan dramática situación. Presas del miedo, iban y venían en el fondo oscuro de la mina, pesarosos y desconcertados, echándose a dormir aquí y allá en el momento que se les ocurría, ingiriendo alimentos según la necesidad o el deseo del momento, y cavilando cada cual por separado, o en grupos pequeños y dispersos, la mejor manera de dar señales de vida y salir del encierro. O sea, vivieron la soledad, el desamparo y hasta el enfrentamiento del estado de naturaleza descrito por Hobbes, aunque por poco tiempo, puesto que fueron capaces de advertir que sólo actuando unidos tenían posibilidades de sobrevivir. Unidos por una convención que incluyó pautas de conducta que ellos mismos establecieron, división del trabajo y un mando sobre el grupo. Durante esos primeros cinco días, nuestros 33 mineros dejaron de vivir en sociedad, procediendo luego a establecerla como única manera de sobrevivir, dando así doblemente la razón a Hobbes: la sociedad es una institución convencional, y el acuerdo que la origina pone término a un estado previo de desamparo, animadversión y violencia. Por lo mismo, no hay que reprobar lo que pudo acontecer al interior de la mina San José durante aquellos cinco días, sino celebrar que en tan corto tiempo los 33 hayan transitado desde el estado de naturaleza a la vida en sociedad.
AGUSTÍN SQUELLA Periódico “El Mercurio” Santiago de Chile, 29 de octubre de 2010
De acuerdo con el texto, Aristóteles consideró que la sociedad
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La policía captura a un supuesto asesino once años después del crimen
La policía no olvida jamás. Lo ha vuelto a demostrar una vez más con la detención de David Lozano Martínez, de 33 años, acusado de estar implicado en el asesinato de un portero de la discoteca Amnesia, de Madrid, ocurrido en mayo de 1999. Lozano ha sido capturado en el puerto de Benalmádena (Málaga), once años después del tiroteo, en el que resultó muerto un portero y otros tres lograron sobrevivir porque vestían chalecos antibala, según la Dirección General de la Policía y la Guardia Civil. Los hechos por los que Lozano estaba buscado por la justicia se remontan a finales de la década de los 90, años en los que la banda de Los Iraníes, de la que formaba parte el detenido, luchaba por hacerse con el control de la seguridad y el tráfico de drogas de ciertas discotecas madrileñas. En caso de que el dueño se resistiera a darles la concesión de ese servicio, provocaban altercados hasta que el propietario se doblegaba a sus deseos. La madrugada del 11 de mayo de 1999, el grupo de Los Iraníes irrumpió en la discoteca Amnesia, de la madrileña Ronda de Atocha, con el fin de hacerse con el control de dicho establecimiento. Dos hermanos iraníes, apellidados Mendizadeh, en unión de Alfonso Taborda Tercero y David Lozano entre otros, provistos con armas blancas y de fuego, participaron en la muerte a tiros de Víctor Manuel Pozo Patón y causaron lesiones a otros tres porteros de la discoteca. Patón cayó abatido porque en el momento del ataque se había desprendido del chaleco antibalas por el calor que hacía esa noche en Madrid. Por tales hechos, los autores fueron condenados en el año 2004 por un delito de homicidio consumado con el agravante de "abuso de superioridad", así como por tres homicidios en grado de tentativa. Lozano no compareció a juicio y durante todos estos años ha estado evadido, burlando la acción de la justicia. Recientemente, el Grupo de Respuesta Especial al Crimen Organizado de Málaga (Greco) y el Grupo de Localización de Fugitivos recobraron su pista en la Costa del Sol. En la madrugada del pasado día 11, Lozano fue capturado en un local de ocio del puerto deportivo Puerto Marina de Benalmádena. Fue arrestado sin incidentes. El acusado portaba un pasaporte falso, con su fotografía, a nombre de David Arévalo Jiménez, el cual habría estado utilizando para eludir a la justicia durante este tiempo, según fuentes de la investigación.
DUVA, Jesús. Madrid: España, 16.09.2010. Texto adaptado.
La forma verbal "darles" lleva el pronombre pospuesto. Se trata de uso obligatorio porque el verbo está en el infinitivo. Los dos otros tiempos con dicha obligación son:
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La policía captura a un supuesto asesino once años después del crimen
La policía no olvida jamás. Lo ha vuelto a demostrar una vez más con la detención de David Lozano Martínez, de 33 años, acusado de estar implicado en el asesinato de un portero de la discoteca Amnesia, de Madrid, ocurrido en mayo de 1999. Lozano ha sido capturado en el puerto de Benalmádena (Málaga), once años después del tiroteo, en el que resultó muerto un portero y otros tres lograron sobrevivir porque vestían chalecos antibala, según la Dirección General de la Policía y la Guardia Civil. Los hechos por los que Lozano estaba buscado por la justicia se remontan a finales de la década de los 90, años en los que la banda de Los Iraníes, de la que formaba parte el detenido, luchaba por hacerse con el control de la seguridad y el tráfico de drogas de ciertas discotecas madrileñas. En caso de que el dueño se resistiera a darles la concesión de ese servicio, provocaban altercados hasta que el propietario se doblegaba a sus deseos. La madrugada del 11 de mayo de 1999, el grupo de Los Iraníes irrumpió en la discoteca Amnesia, de la madrileña Ronda de Atocha, con el fin de hacerse con el control de dicho establecimiento. Dos hermanos iraníes, apellidados Mendizadeh, en unión de Alfonso Taborda Tercero y David Lozano entre otros, provistos con armas blancas y de fuego, participaron en la muerte a tiros de Víctor Manuel Pozo Patón y causaron lesiones a otros tres porteros de la discoteca. Patón cayó abatido porque en el momento del ataque se había desprendido del chaleco antibalas por el calor que hacía esa noche en Madrid. Por tales hechos, los autores fueron condenados en el año 2004 por un delito de homicidio consumado con el agravante de "abuso de superioridad", así como por tres homicidios en grado de tentativa. Lozano no compareció a juicio y durante todos estos años ha estado evadido, burlando la acción de la justicia. Recientemente, el Grupo de Respuesta Especial al Crimen Organizado de Málaga (Greco) y el Grupo de Localización de Fugitivos recobraron su pista en la Costa del Sol. En la madrugada del pasado día 11, Lozano fue capturado en un local de ocio del puerto deportivo Puerto Marina de Benalmádena. Fue arrestado sin incidentes. El acusado portaba un pasaporte falso, con su fotografía, a nombre de David Arévalo Jiménez, el cual habría estado utilizando para eludir a la justicia durante este tiempo, según fuentes de la investigación.
DUVA, Jesús. Madrid: España, 16.09.2010. Texto adaptado.
La palabra "policía" es un heterotónico. Señala la opción donde las dos palabras tienen la misma divergencia léxica.
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La policía captura a un supuesto asesino once años después del crimen
La policía no olvida jamás. Lo ha vuelto a demostrar una vez más con la detención de David Lozano Martínez, de 33 años, acusado de estar implicado en el asesinato de un portero de la discoteca Amnesia, de Madrid, ocurrido en mayo de 1999. Lozano ha sido capturado en el puerto de Benalmádena (Málaga), once años después del tiroteo, en el que resultó muerto un portero y otros tres lograron sobrevivir porque vestían chalecos antibala, según la Dirección General de la Policía y la Guardia Civil. Los hechos por los que Lozano estaba buscado por la justicia se remontan a finales de la década de los 90, años en los que la banda de Los Iraníes, de la que formaba parte el detenido, luchaba por hacerse con el control de la seguridad y el tráfico de drogas de ciertas discotecas madrileñas. En caso de que el dueño se resistiera a darles la concesión de ese servicio, provocaban altercados hasta que el propietario se doblegaba a sus deseos. La madrugada del 11 de mayo de 1999, el grupo de Los Iraníes irrumpió en la discoteca Amnesia, de la madrileña Ronda de Atocha, con el fin de hacerse con el control de dicho establecimiento. Dos hermanos iraníes, apellidados Mendizadeh, en unión de Alfonso Taborda Tercero y David Lozano entre otros, provistos con armas blancas y de fuego, participaron en la muerte a tiros de Víctor Manuel Pozo Patón y causaron lesiones a otros tres porteros de la discoteca. Patón cayó abatido porque en el momento del ataque se había desprendido del chaleco antibalas por el calor que hacía esa noche en Madrid. Por tales hechos, los autores fueron condenados en el año 2004 por un delito de homicidio consumado con el agravante de "abuso de superioridad", así como por tres homicidios en grado de tentativa. Lozano no compareció a juicio y durante todos estos años ha estado evadido, burlando la acción de la justicia. Recientemente, el Grupo de Respuesta Especial al Crimen Organizado de Málaga (Greco) y el Grupo de Localización de Fugitivos recobraron su pista en la Costa del Sol. En la madrugada del pasado día 11, Lozano fue capturado en un local de ocio del puerto deportivo Puerto Marina de Benalmádena. Fue arrestado sin incidentes. El acusado portaba un pasaporte falso, con su fotografía, a nombre de David Arévalo Jiménez, el cual habría estado utilizando para eludir a la justicia durante este tiempo, según fuentes de la investigación.
DUVA, Jesús. Madrid: España, 16.09.2010. Texto adaptado.
El texto nos dice todavía que
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La policía captura a un supuesto asesino once años después del crimen
La policía no olvida jamás. Lo ha vuelto a demostrar una vez más con la detención de David Lozano Martínez, de 33 años, acusado de estar implicado en el asesinato de un portero de la discoteca Amnesia, de Madrid, ocurrido en mayo de 1999. Lozano ha sido capturado en el puerto de Benalmádena (Málaga), once años después del tiroteo, en el que resultó muerto un portero y otros tres lograron sobrevivir porque vestían chalecos antibala, según la Dirección General de la Policía y la Guardia Civil. Los hechos por los que Lozano estaba buscado por la justicia se remontan a finales de la década de los 90, años en los que la banda de Los Iraníes, de la que formaba parte el detenido, luchaba por hacerse con el control de la seguridad y el tráfico de drogas de ciertas discotecas madrileñas. En caso de que el dueño se resistiera a darles la concesión de ese servicio, provocaban altercados hasta que el propietario se doblegaba a sus deseos. La madrugada del 11 de mayo de 1999, el grupo de Los Iraníes irrumpió en la discoteca Amnesia, de la madrileña Ronda de Atocha, con el fin de hacerse con el control de dicho establecimiento. Dos hermanos iraníes, apellidados Mendizadeh, en unión de Alfonso Taborda Tercero y David Lozano entre otros, provistos con armas blancas y de fuego, participaron en la muerte a tiros de Víctor Manuel Pozo Patón y causaron lesiones a otros tres porteros de la discoteca. Patón cayó abatido porque en el momento del ataque se había desprendido del chaleco antibalas por el calor que hacía esa noche en Madrid. Por tales hechos, los autores fueron condenados en el año 2004 por un delito de homicidio consumado con el agravante de "abuso de superioridad", así como por tres homicidios en grado de tentativa. Lozano no compareció a juicio y durante todos estos años ha estado evadido, burlando la acción de la justicia. Recientemente, el Grupo de Respuesta Especial al Crimen Organizado de Málaga (Greco) y el Grupo de Localización de Fugitivos recobraron su pista en la Costa del Sol. En la madrugada del pasado día 11, Lozano fue capturado en un local de ocio del puerto deportivo Puerto Marina de Benalmádena. Fue arrestado sin incidentes. El acusado portaba un pasaporte falso, con su fotografía, a nombre de David Arévalo Jiménez, el cual habría estado utilizando para eludir a la justicia durante este tiempo, según fuentes de la investigación.
DUVA, Jesús. Madrid: España, 16.09.2010. Texto adaptado.
El Señor Lozano, según se infiere después de la lectura del texto,
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La policía captura a un supuesto asesino once años después del crimen
La policía no olvida jamás. Lo ha vuelto a demostrar una vez más con la detención de David Lozano Martínez, de 33 años, acusado de estar implicado en el asesinato de un portero de la discoteca Amnesia, de Madrid, ocurrido en mayo de 1999. Lozano ha sido capturado en el puerto de Benalmádena (Málaga), once años después del tiroteo, en el que resultó muerto un portero y otros tres lograron sobrevivir porque vestían chalecos antibala, según la Dirección General de la Policía y la Guardia Civil. Los hechos por los que Lozano estaba buscado por la justicia se remontan a finales de la década de los 90, años en los que la banda de Los Iraníes, de la que formaba parte el detenido, luchaba por hacerse con el control de la seguridad y el tráfico de drogas de ciertas discotecas madrileñas. En caso de que el dueño se resistiera a darles la concesión de ese servicio, provocaban altercados hasta que el propietario se doblegaba a sus deseos. La madrugada del 11 de mayo de 1999, el grupo de Los Iraníes irrumpió en la discoteca Amnesia, de la madrileña Ronda de Atocha, con el fin de hacerse con el control de dicho establecimiento. Dos hermanos iraníes, apellidados Mendizadeh, en unión de Alfonso Taborda Tercero y David Lozano entre otros, provistos con armas blancas y de fuego, participaron en la muerte a tiros de Víctor Manuel Pozo Patón y causaron lesiones a otros tres porteros de la discoteca. Patón cayó abatido porque en el momento del ataque se había desprendido del chaleco antibalas por el calor que hacía esa noche en Madrid. Por tales hechos, los autores fueron condenados en el año 2004 por un delito de homicidio consumado con el agravante de "abuso de superioridad", así como por tres homicidios en grado de tentativa. Lozano no compareció a juicio y durante todos estos años ha estado evadido, burlando la acción de la justicia. Recientemente, el Grupo de Respuesta Especial al Crimen Organizado de Málaga (Greco) y el Grupo de Localización de Fugitivos recobraron su pista en la Costa del Sol. En la madrugada del pasado día 11, Lozano fue capturado en un local de ocio del puerto deportivo Puerto Marina de Benalmádena. Fue arrestado sin incidentes. El acusado portaba un pasaporte falso, con su fotografía, a nombre de David Arévalo Jiménez, el cual habría estado utilizando para eludir a la justicia durante este tiempo, según fuentes de la investigación.
DUVA, Jesús. Madrid: España, 16.09.2010. Texto adaptado.
De acuerdo con el texto, la banda de Los Iraníes
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