Magna Concursos

Foram encontradas 492 questões.

2496446 Ano: 2014
Disciplina: Português
Banca: CESPE / CEBRASPE
Orgão: IRB
Provas:

Texto para a questão

— Este livro não é meu! Meu Deus, o que fizeram do meu livro?

A exclamação, patética, vinha da famosa jornalista internacional Oriana Fallaci (no caso, como escritora), ao perceber que a tradução brasileira de seu livro Um homem (1981) não era fiel à estrutura paragráfica do original, construída em forma de monólogo compacto. O que a escritora concebera como blocos de longo discurso interior foi transformado, na tradução, em diálogos convencionais. Em posterior entrevista, Fallaci definiu, como criadora, seu ponto de vista:

— Em Um homem, todos os diálogos são dados sem parágrafo, e não só porque esse é notoriamente o meu modo de escrever, de obter o ritmo da página, a musicalidade da língua, mas porque isso corresponde a uma rigorosa necessidade de estilo ditada pela substância do livro. Nele, o diálogo é um diálogo recordado, um diálogo interior, e não um diálogo que determina um diálogo. É um livro em que a forma e a substância, o estilo e o significado se integram indissoluvelmente. E trabalhei tanto para escrevê-lo! Três longos anos sem nunca deixar aquele quarto e aquela pequena mesa, jamais uma interrupção, nada de férias, nada de domingos, nada de natais e páscoas. Sempre trabalhando, de manhã à noite, refazendo, corrigindo, limando o estilo, cuidando da ausência de parágrafos.

Com seu protesto, Oriana Fallaci levantou, na época, um sério problema de editoração, aliás, um problema duplo: a técnica literária do autor e — o mais importante para o editor de texto — o respeito em relação a essa técnica, que a autora definiu como estilo. Vejamos a questão por partes.

No que concerne à técnica literária dos diálogos, até o século XIX conheciam-se apenas o discurso direto e o discurso narrativo ou indireto. A partir de meados desse século, entretanto, surgiu o discurso aparente ou discurso indireto livre. De início, nesse caso, os autores usaram aspas para não confundir o leitor, mas estas seriam logo abandonadas como técnica narrativa.

Quanto ao estilo, foi com a Revolução Industrial, vale dizer, com o amadurecimento da sociedade capitalista, que os escritores começaram a ter consciência não da forma em geral, mas da forma individual, da maneira particular de exposição de cada autor como artista que produz obra única e consumada. A revolução das técnicas e do mercado, traduzindo-se no binômio velocidade-quantidade, suscitou a massificação do livro, contra a qual emergiu a figura do autor como artista, como criador por excelência, como aquele que domina a gramática para ter o direito de fraturá-la. Roland Barthes (1971) observa que, assim,

começa a elaborar-se uma imagética do escritor-artesão que se fecha num lugar lendário, como um operário na oficina, e desbasta, talha, pule e engasta sua forma, exatamente como um lapidário extrai a arte da matéria, passando, nesse trabalho, horas regulares de solidão e esforço. Esse valor-trabalho substitui, de certa maneira, o valor-gênio; há uma certa vaidade em dizer que se trabalha bastante e longamente a forma.

Desde então, ao se trabalhar com obras em que o elemento primordial é a informação, existe a liberdade de redisposição dos originais em benefício da clareza, mas, com produção literária, impõe-se absoluto privilégio autoral, que é um princípio socialmente reconhecido, com o qual o editor de texto sempre convive.

Emanuel Araújo. A construção do livro: princípios da técnica de

editoração. Rio de Janeiro: Nova Fronteira; Brasília: INL, 2000, p. 23 6 (com adaptações).

Com relação aos aspectos morfossintáticos do texto, julgue (C ou E) o seguinte item.

O trecho “A exclamação, patética, vinha da famosa jornalista internacional Oriana Fallaci (no caso, como escritora),”, em que se verifica um aposto especificativo, pode ser assim reescrito em estrutura de aposto explicativo: A exclamação, patética, vinha de Oriana Fallaci, a famosa jornalista internacional (no caso, como escritora).

 

Provas

Questão presente nas seguintes provas
2496434 Ano: 2014
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: CESPE / CEBRASPE
Orgão: IRB
Provas:
Texto para la cuestione
Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría, pues ella estaba por morirse y yo en un plan de prometerlo todo. “No dejes de ir a visitarlo—me recomendó—. Se llama de este modo y de este otro. Estoy segura de que le dará gusto conocerte.”Entonces no pude hacer otra cosa sino decirle que así lo haría, y de tanto decírselo se lo seguí diciendo aun después que a mis manos les costó trabajo zafarse de sus manos muertas.
Todavía antes me había dicho:—No vayas a pedirle nada. Exígele lo nuestro. Lo que estuvo obligado a darme y nunca me dio... El olvido en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselo caro.
—Así lo haré, madre.
Pero no pensé cumplir mi promesa. Hasta que ahora pronto comencé a llenarme de sueños, a darle vuelo a las ilusiones. Y de este modo se me fue formando un mundo alrededor de la esperanza que era aquel señor llamado Pedro Páramo, el marido de mi madre. Por eso vine a Comala. Era ese tipo de canícula, cuando el aire de agosto sopla caliente, envenenado por el olor podrido, de las saponarias.
El camino subía y bajaba; “sube o baja según se va o se viene. Para el que va, sube; para el que viene, baja.”
—¿Cómo dice usted que se llama el pueblo que se ve allá abajo?
—Comala, señor.
—¿Está seguro de que ya es Comala?
—Seguro, señor.
—¿Y por qué se ve esto tan triste?
—Son los tiempos, señor.
Yo imaginaba ver aquello a través de los recuerdos de mi madre; de su nostalgia entre retazos de suspiros. Siempre vivió ella suspirando por Comala, por el retorno; pero jamás volvió. Ahora yo vengo en su lugar. Traigo los ojos con que ella miró estas cosas, porque me dio sus ojos para ver:
“Hay allí, pasando el puerto de los Colimotes, la vista muy hermosa de una llanura verde, algo amarilla por el maíz maduro; desde ese lugar se ve Comala, blanqueando por la tierra, iluminándola durante la noche.” Y su voz era secreta, casi apagada, como si hablara consigo misma... Mi madre.
—¿Y a qué va usted a Comala, si se puede saber?—oí que me preguntaban.
—Voy a ver a mi padre—contesté.
—¡Ah!—dijo él.
Y volvimos al silencio.
Caminábamos cuesta abajo, oyendo el trote rebotado de los burros. Los ojos reventados por el sopor del sueño, en la canícula de agosto.
—Bonita fiesta le va a armar—volví a oír la voz del que iba allí a mi lado—. Se pondrá contento de ver a alguien después de tantos años que nadie viene por aquí.
Luego añadió:
—Sea usted quien sea, se alegrará de verlo.
En la reverberación del sol, la llanura parecía una laguna transparente, deshecha en vapores por donde se traslucía un horizonte gris. Y más allá, una línea de montañas. Y todavía más allá, la más remota lejanía.
—¿Y qué trazas tiene su padre, si se puede saber?
—No lo conozco—le dije—. Sólo sé que se llama
Pedro Páramo.
—¡Ah!, vaya.
—Sí, así me dijeron que se llamaba.
Oí otra vez el “¡ah!” del arriero.
Juan Rulfo. Pedro Páramo. Cátedra. Madrid, 2005 (con adaptaciones).
En la expresión “de tanto decírselo se lo seguí diciendo”, el vocablo
“lo” sustituye al nombre del padre.
 

Provas

Questão presente nas seguintes provas
2496404 Ano: 2014
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: CESPE / CEBRASPE
Orgão: IRB
Provas:
Texto para la cuestione
Deploro, señores, haber tenido que intercalar entre ustedes y mi persona este mecánico artefacto que es un micrófono, porque, sobre mecanizar crudamente la voz, es decir, una de las cosas en que más íntegramente se proyecta e imprime el hombre, en que más auténticamente una persona es—y esto lo saben muy bien las mujeres—, sobre eso tiene el inconveniente de que a veces no marcha bien. Pero era ineludible emplearlo y aun debemos estar agradecidos a sus servicios. Era ineludible, porque en la primera lección no conseguí ser oído en las profundidades de esta sala, pero, además, porque me obligaba a forzar la elocución, y en ello lo de menos es tener que esforzar la voz. Lo de más es que me compelía a vocalizar anormalmente, pronunciando por separado cada palabra, esto es, arrancándola de la frase, poniéndola en la honda de la voz y lanzándola al espacio como si fuese un proyectil, con lo cual resultaba que perdía yo el ritmo del decir y ni siquiera yo mismo reconocía los vocablos tan anómalamente pronunciados, hasta el punto de que alguna vez, cuando hablaba a ustedes de la nostalgia no estaba seguro de si había dicho más bien “hiperclorhidria”. Son esos secretos apuros del orador que no suelen ser flojos y que proporcionan a su faena un evidente dramatismo y un cierto peligro como tauromáquico.
(…) Si queremos conocer lo que es una hoja y nos ponemos a mirarla, pronto advertiremos que nuestra previa idea de hoja no coincide con la realidad hoja por la sencilla razón de que no podemos precisar dónde eso que llamábamos hoja termina y dónde empieza otra cosa. Descubrimos, en efecto, que la hoja no concluye en sí misma, sino que continúa; continúa en el pecíolo, a su vez, en la rama, y la rama en el tronco y el tronco en las raíces. La hoja, pues, no es una realidad por sí que pueda aislarse de lo demás. Es algo que tiene su realidad en cuanto parte de algo que es el árbol, el cual, en comparación con lo que llamábamos hoja, adquiere ahora el carácter de un todo. Sin ese todo no tiene comprensibilidad, no es inteligible para nosotros la hoja. Pero entonces, cuando hemos advertido y nos hemos hecho cargo de que la realidad de la hoja es el ser parte, el ser parte integrante del todo árbol y la hemos referido a él y la vemos en él nacer y averiguamos la función que en su conjunto sirve, por tanto, cuando nuestra mente, por decirlo así, sale de la hoja y va a algo más amplio—el todo que es el árbol—, entonces y sólo entonces podemos decir que conocemos lo que la hoja es. Hasta tal punto es esto así, de tal modo la hoja tiene condición de ser parte que cuando en vez de contemplarla en el árbol donde está siendo hoja la separamos de él decimos que la hemos cortado o arrancado—expresiones que declaran la violencia que hemos hecho sufrir a la hoja y al árbol. Más aún, al tenerla aislada entre nuestros dedos, cuando podría parecer un todo—dado, repito, que cupiera decidir dónde ella acaba y dónde empieza el pecíolo o la rama—, cuando aislada entre nuestros dedos podría dárselas de ser un todo, en ese momento empieza ya a no ser hoja sino un detritus vegetal que pronto acabará por desintegrarse. Esta relación de parte a todo es una de las categorías de la mente y de la realidad, sin la cual no es posible esta gran operación que es el conocimiento. Esto nos permite generalizar y decir: las cosas todas del mun(o real o son partes o son todos. Si una cosa es parte no resulta inteligible sino en cuanto la referimos al todo cuya es. Si una cosa es todo puede ser entendida por sí misma sin más que percibir las partes de que se compone. Esto vale para todos los órdenes de lo real. Por ejemplo, vale también para la realidad del lenguaje. Si yo pronuncio ahora la palabra “león”, sin más, resulta a ustedes ininteligible porque no pueden determinar si significa la ciudad de León, alguno de los Papas que llevaron este nombre, la ilustre fiera africana o uno de los leones que hay en la entrada del Congreso.
La palabra aislada no puede ser entendida porque es parte de un todo, como la hoja lo era del árbol, de un todo que es la frase, como la frase, a su vez, es parte de un todo, una conversación, o de otro todo, un libro. La palabra, como ustedes saben, es siempre equívoca y para precisar su sentido hace falta, aparte de la perspicacia que la vida nos enseña, toda una ciencia y de las más sugestivas e interesantes y de la que ha de ocuparse largamente el Instituto de Humanidades: la ciencia de la interpretación o hermenéutica. La labor principal de esta ciencia consiste en saber determinar a qué todo suficiente hay que referir una frase y una palabra para que su sentido pierda el equívoco. A ese todo en el cual la palabra se precisa llaman los hermeneutas y gramáticos el “contexto”. Pues bien, toda cosa real que es una parte reclama del todo, de su contexto, para que podamos entendernos. Una duda, sin embargo, se nos ofrece: tomado el árbol hasta su raíz, por tanto, siendo lo que es, nos parecía un todo—lo que la biología llama con ciertas inquietudes que ahora no interesan ”un individuo orgánico”—; pero es el caso que el árbol necesita para vivir de la tierra y de la atmósfera, y resulta, por tanto, ininteligible si no contamos con estas dos nuevas cosas. ¿Será entonces que el árbol entero, a su vez, forma parte de un nuevo y más auténtico todo, a saber: el que forman de consuno él y su medio? No vamos a dirimir la cuestión, que es más complicada de lo que parece, porque en lo que al presente nos afecta es cosa clara. En efecto, ese nuevo y más complejo todo que formarían el árbol y su medio no es tal, por la sencilla razón de que la tierra y la atmósfera no necesitan del árbol, aunque el árbol necesite de ellas. Arrancado el árbol, tierra y atmósfera subsisten—y no se traiga a comento que arrancado y desgajando los bosques todos de una región el clima se modifica y tierra y atmósfera varían, porque ahora estamos hablando simplemente de arrancar un árbol y esto es palmario que no modifica ni la tierra ni la atmósfera. No son estas, pues, partes integrantes de un nuevo todo, sino que son sólo contorno y medio externo de que el árbol va a vivir y solo en ese papel son biológicamente inteligibles, es decir estudiadas desde dentro del árbol, desde su interna constitución. Transportemos ahora todo esto al plano de la realidad histórica. (…)
José Ortega y Gasset. Una interpretación de la historia universal (En torno a Toynbee). Alianza Editorial. Madrid, 1984 (con adaptaciones).
Hablar ante un micrófono a un grupo de personas constituye una faena que produce en el ensayista
una dicción enlazada de los vocablos.
 

Provas

Questão presente nas seguintes provas
2496361 Ano: 2014
Disciplina: Inglês (Língua Inglesa)
Banca: CESPE / CEBRASPE
Orgão: IRB
Provas:
Text 4 for question.
Bertrand Russell once predicted that the socialization of reproduction — the supersession of the family by the state — would “make sex love itself more trivial,” encourage “a certain triviality in all personal relations,” and “make it far more difficult to take an interest in anything after one’s own death.” At first glance, recent developments appear to have refuted the first part of this prediction. Americans today invest personal relations, particularly the relations between men and women, with undiminished emotional importance. The decline of childrearing as a major preoccupation has freed sex from its bondage to procreation and made it possible for people to value erotic life for its own sake. As the family shrinks to the marital unit, it can be argued that men and women respond more readily to each other’s emotional needs, instead of living vicariously through their offspring. The marriage contract having lost its binding character, couples now find it possible, according to many observers, to ground sexual relations in something more solid than legal compulsion. In short, the growing determination to live for the moment, whatever it may have done to the relations between parents and children, appears to have established the preconditions of a new intimacy between men and women.
This appearance is an illusion. The cult of intimacy conceals a growing despair of finding it. Personal relations crumble under the emotional weight with which they are burdened.
The inability “to take an interest in anything after one’s own death,” which gives such urgency to the pursuit of close personal encounters in the present, makes intimacy more elusive than ever. The same developments that have weakened the tie between parents and children have also undermined relations between men and women. Indeed the deterioration of marriage contributes in its own right to the deterioration of care for the young.
This last point is so obvious that only a strenuous propaganda on behalf of “open marriage” and “creative divorce” prevents us from grasping it. It is clear, for example, that the growing incidence of divorce, together with the ever-present possibility that any given marriage will end in collapse, adds to the instability of family life and deprives the child of a measure of emotional security. Enlightened opinion diverts attention from this general fact by insisting that in specific cases, parents may do more harm to their children by holding a marriage together than by dissolving it. More often the husband abandons his children to the wife whose company he finds unbearable, and the wife smothers the children with incessant yet perfunctory attentions. This particular solution to the problem of marital strain has become so common that the absence of the father impresses many observers as the most striking fact about the contemporary family. Under these conditions, a divorce in which the mother retains custody of her children merely ratifies the existing state of affairs — the effective emotional desertion of his family by the father. But the reflection that divorce often does no more damage to children than marriage itself hardly inspires rejoicing.
Christopher Lasch. The Cult of Narcissism. Abacus, Londres, 1980 p. 320-322 (adapted).
Based on the text, decide if the following statement about the author’s position about the trivialization of personal relations are right (C) or wrong (E).
He is non-committal about it, assuming this is an inescapable trend in contemporary American life.
 

Provas

Questão presente nas seguintes provas
2496339 Ano: 2014
Disciplina: Português
Banca: CESPE / CEBRASPE
Orgão: IRB
Provas:

José Lins do Rego, em ensaio admirável dedicado a Fialho de Almeida, põe talvez exagerada ênfase na condição de “telúrico” de Fialho, como virtude acima de qualquer outra num escritor. Tanto que nos dá a impressão de que, em literatura, só os telúricos se salvam. O que me parece generalização muito próxima da verdade; mas não a verdade absoluta.

Nem Eça nem Ramalho foram rigorosamente telúricos e, entretanto, sua vitalidade nas letras portuguesas é das que repelem, meio século depois de mortos os dois grandes críticos, qualquer unguento ou óleo de complacência com que hoje se pretenda adoçar a revisão do seu valor social, os dois tendo atuado como revolucionários ou, antes, renovadores não só das convenções estéticas da língua e da literatura, como das convenções sociais do povo e da nação que criticaram duramente para, afinal, terminarem cheios de ternura patriótica e até mística pela tradição portuguesa. Um, revoltado contra o “francesismo”, ou “cosmopolitismo”, que o afastara dos clássicos, da cozinha dos antigos, da vida e do ar das serras; o outro, enjoado do “republicanismo”, que também o separara de tantos valores básicos da vida portuguesa, fazendo-o exigir da Monarquia e da Igreja, em Portugal, atitudes violentamente contrárias às condições de um povo apenas tocado pela Revolução Industrial e pela civilização carbonífera do norte da Europa.

Gilberto Freyre. Eça, Ramalho como renovadores da literatura em língua

portuguesa. In: Alhos & Bugalhos. Rio de Janeiro: Nova Fronteira, 1978, p. 15 (com adaptações).

Em relação ao texto acima, julgue (C ou E) o item seguinte.

O autor do texto manifesta incondicional apoio à tese de José Lins do Rego sobre Fialho de Almeida, como evidencia a expressão “em ensaio admirável”.

 

Provas

Questão presente nas seguintes provas
2496326 Ano: 2014
Disciplina: Economia
Banca: CESPE / CEBRASPE
Orgão: IRB
Provas:
Acerca da Rodada Doha, da integração econômica na América do Sul, do padrão-ouro e das características dos fluxos financeiros internacionais, julgue (C ou E) o item subsequente.
Na Rodada de Desenvolvimento de Doha de 2001, os ministros das relações exteriores e de comércio dos diferentes países buscaram a liberalização comercial e o crescimento econômico, com especial atenção às necessidades dos países em desenvolvimento.
 

Provas

Questão presente nas seguintes provas
2496248 Ano: 2014
Disciplina: Francês (Língua Francesa)
Banca: CESPE / CEBRASPE
Orgão: IRB
Provas:
Texte VI — pour le question
La France nomme un ambassadeur du sport : au temps du
soft power, c'est une bonne nouvelle.
Le sport, un fait diplomatique
Jusqu’ici, la France n’avait pas conçu de diplomatie sportive. Le mouvement sportif avait pour sa part fait de son indépendance vis-à-vis des pouvoirs politiques une priorité. L’époque où le Quai d’Orsay désignait le pays que l’équipe nationale de football pouvait rencontrer dans les années 1920 est bien sûr révolue. Mais entre la dépendance et l’ignorance, il y avait certainement un juste milieu. C’est tout simplement la reconnaissance de l’importance du fait sportif, non seulement sur le plan sociétal, mais également diplomatique.
Il y a en France une indifférence, voire un mépris des élites dirigeantes pour le sport, perçu comme un phénomène populaire et peu valorisant. La République française aime à mettre en avant ses écrivains, ses philosophes, ses artistes, ses scientifiques, etc. Elle répugne à le faire pour les sportifs.
Pourtant, ces derniers ont une notoriété et qui dépasse largement les frontières. Le sport est devenu, du fait de sa médiatisation, un phénomène sociétal qui occupe une place de plus en plus importante dans l’espace public. Il n’est qu’à comparer la place relative qui lui est accordée dans les médias généralistes maintenant et il y a une génération.
Ce n’est pas parce que le sport est une marotte personnelle pour lui que Laurent Fabius a pris cette décision ; il a bien compris d’un point de vue rationnel qu’à l’heure du soft power le sport a toute sa place dans le rayonnement d’un pays.
Le sport conquiert les coeurs, pas les territoires
Le sport a toute sa place dans la bataille pour l’image, la popularité et l’attractivité. Il ne s’agit pas seulement de se mettre en ordre de bataille afin de se lancer dans l’ambitieux projet de candidature pour les Jeux olympiques de 2024, il s’agit de faire du sport, à côté d’autres instruments, un élément de valorisation et de notoriété positive pour notre pays.
Il y a des enjeux d’images et également des enjeux économiques qui concernent aussi bien la construction d’infrastructures que le tourisme. L’intérêt du sport c’est que la puissance y est généralement perçue comme populaire. Elle suscite l’admiration et non le rejet.
À l’heure de la globalisation, où les télévisions créent des stades aux capacités illimitées, le sport est devenu un élément de puissance des États. Des démonstrations de force positives qui permettent de conquérir non pas des territoires, mais des coeurs et des esprits. Le sport c’est plus que du sport, et il est heureux que cela soit pris en compte par le ministre des Affaires étrangères.
Pascal Boniface. Internet: <leplus.nouvelobs. com>. 15/1/2014 (modifié).
Jugez si le item suivants se référant au texte VI sont vrais (C) ou faux (E).
« enjeux » peut être remplacé par avantages, sans changer le sens de la phrase.
 

Provas

Questão presente nas seguintes provas
2496179 Ano: 2014
Disciplina: Relações Internacionais
Banca: CESPE / CEBRASPE
Orgão: IRB
Provas:
No que concerne às relações entre a África e o Brasil, julgue (C ou E) o seguinte item.
As iniciativas de política externa que condicionaram a ampliação da importância da África para o Brasil incluem a criação da Comunidade dos Países de Língua Portuguesa, no governo de Fernando Henrique Cardoso.
 

Provas

Questão presente nas seguintes provas
2496143 Ano: 2014
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: CESPE / CEBRASPE
Orgão: IRB
Provas:
Texto para la cuestione
Deploro, señores, haber tenido que intercalar entre ustedes y mi persona este mecánico artefacto que es un micrófono, porque, sobre mecanizar crudamente la voz, es decir, una de las cosas en que más íntegramente se proyecta e imprime el hombre, en que más auténticamente una persona es—y esto lo saben muy bien las mujeres—, sobre eso tiene el inconveniente de que a veces no marcha bien. Pero era ineludible emplearlo y aun debemos estar agradecidos a sus servicios. Era ineludible, porque en la primera lección no conseguí ser oído en las profundidades de esta sala, pero, además, porque me obligaba a forzar la elocución, y en ello lo de menos es tener que esforzar la voz. Lo de más es que me compelía a vocalizar anormalmente, pronunciando por separado cada palabra, esto es, arrancándola de la frase, poniéndola en la honda de la voz y lanzándola al espacio como si fuese un proyectil, con lo cual resultaba que perdía yo el ritmo del decir y ni siquiera yo mismo reconocía los vocablos tan anómalamente pronunciados, hasta el punto de que alguna vez, cuando hablaba a ustedes de la nostalgia no estaba seguro de si había dicho más bien “hiperclorhidria”. Son esos secretos apuros del orador que no suelen ser flojos y que proporcionan a su faena un evidente dramatismo y un cierto peligro como tauromáquico.
(…) Si queremos conocer lo que es una hoja y nos ponemos a mirarla, pronto advertiremos que nuestra previa idea de hoja no coincide con la realidad hoja por la sencilla razón de que no podemos precisar dónde eso que llamábamos hoja termina y dónde empieza otra cosa. Descubrimos, en efecto, que la hoja no concluye en sí misma, sino que continúa; continúa en el pecíolo, a su vez, en la rama, y la rama en el tronco y el tronco en las raíces. La hoja, pues, no es una realidad por sí que pueda aislarse de lo demás. Es algo que tiene su realidad en cuanto parte de algo que es el árbol, el cual, en comparación con lo que llamábamos hoja, adquiere ahora el carácter de un todo. Sin ese todo no tiene comprensibilidad, no es inteligible para nosotros la hoja. Pero entonces, cuando hemos advertido y nos hemos hecho cargo de que la realidad de la hoja es el ser parte, el ser parte integrante del todo árbol y la hemos referido a él y la vemos en él nacer y averiguamos la función que en su conjunto sirve, por tanto, cuando nuestra mente, por decirlo así, sale de la hoja y va a algo más amplio—el todo que es el árbol—, entonces y sólo entonces podemos decir que conocemos lo que la hoja es. Hasta tal punto es esto así, de tal modo la hoja tiene condición de ser parte que cuando en vez de contemplarla en el árbol donde está siendo hoja la separamos de él decimos que la hemos cortado o arrancado—expresiones que declaran la violencia que hemos hecho sufrir a la hoja y al árbol. Más aún, al tenerla aislada entre nuestros dedos, cuando podría parecer un todo—dado, repito, que cupiera decidir dónde ella acaba y dónde empieza el pecíolo o la rama—, cuando aislada entre nuestros dedos podría dárselas de ser un todo, en ese momento empieza ya a no ser hoja sino un detritus vegetal que pronto acabará por desintegrarse. Esta relación de parte a todo es una de las categorías de la mente y de la realidad, sin la cual no es posible esta gran operación que es el conocimiento. Esto nos permite generalizar y decir: las cosas todas del mun(o real o son partes o son todos. Si una cosa es parte no resulta inteligible sino en cuanto la referimos al todo cuya es. Si una cosa es todo puede ser entendida por sí misma sin más que percibir las partes de que se compone. Esto vale para todos los órdenes de lo real. Por ejemplo, vale también para la realidad del lenguaje. Si yo pronuncio ahora la palabra “león”, sin más, resulta a ustedes ininteligible porque no pueden determinar si significa la ciudad de León, alguno de los Papas que llevaron este nombre, la ilustre fiera africana o uno de los leones que hay en la entrada del Congreso.
La palabra aislada no puede ser entendida porque es parte de un todo, como la hoja lo era del árbol, de un todo que es la frase, como la frase, a su vez, es parte de un todo, una conversación, o de otro todo, un libro. La palabra, como ustedes saben, es siempre equívoca y para precisar su sentido hace falta, aparte de la perspicacia que la vida nos enseña, toda una ciencia y de las más sugestivas e interesantes y de la que ha de ocuparse largamente el Instituto de Humanidades: la ciencia de la interpretación o hermenéutica. La labor principal de esta ciencia consiste en saber determinar a qué todo suficiente hay que referir una frase y una palabra para que su sentido pierda el equívoco. A ese todo en el cual la palabra se precisa llaman los hermeneutas y gramáticos el “contexto”. Pues bien, toda cosa real que es una parte reclama del todo, de su contexto, para que podamos entendernos. Una duda, sin embargo, se nos ofrece: tomado el árbol hasta su raíz, por tanto, siendo lo que es, nos parecía un todo—lo que la biología llama con ciertas inquietudes que ahora no interesan ”un individuo orgánico”—; pero es el caso que el árbol necesita para vivir de la tierra y de la atmósfera, y resulta, por tanto, ininteligible si no contamos con estas dos nuevas cosas. ¿Será entonces que el árbol entero, a su vez, forma parte de un nuevo y más auténtico todo, a saber: el que forman de consuno él y su medio? No vamos a dirimir la cuestión, que es más complicada de lo que parece, porque en lo que al presente nos afecta es cosa clara. En efecto, ese nuevo y más complejo todo que formarían el árbol y su medio no es tal, por la sencilla razón de que la tierra y la atmósfera no necesitan del árbol, aunque el árbol necesite de ellas. Arrancado el árbol, tierra y atmósfera subsisten—y no se traiga a comento que arrancado y desgajando los bosques todos de una región el clima se modifica y tierra y atmósfera varían, porque ahora estamos hablando simplemente de arrancar un árbol y esto es palmario que no modifica ni la tierra ni la atmósfera. No son estas, pues, partes integrantes de un nuevo todo, sino que son sólo contorno y medio externo de que el árbol va a vivir y solo en ese papel son biológicamente inteligibles, es decir estudiadas desde dentro del árbol, desde su interna constitución. Transportemos ahora todo esto al plano de la realidad histórica. (…)
José Ortega y Gasset. Una interpretación de la historia universal (En torno a Toynbee). Alianza Editorial. Madrid, 1984 (con adaptaciones).
Del texto es correcto inferir que cuando tenemos la hoja en nuestras manos separada del árbol
comienza a ser otra realidad.
 

Provas

Questão presente nas seguintes provas
2496129 Ano: 2014
Disciplina: Inglês (Língua Inglesa)
Banca: CESPE / CEBRASPE
Orgão: IRB
Provas:
Text 3 for question.
In addition to her impending, and no doubt ultimately successful, quest for Senate confirmation, Janet Yellen will have a lot on her plate in the coming months. Now that House Republicans and Senate Democrats have come to yet another temporary agreement on the budget and debt ceiling, there still exists another threat to the economy: The Federal Reserve’s temptation to pursue an overly ambitious monetary policy aimed at offsetting the damage to the economy arising from poorly conducted fiscal policy. Now that President Obama’s Fed Chairman nominee has been announced, the Fed needs to shift its focus from wondering who will lead it to what its realistic goals can be. Substantially different views are held by Fed hawks and doves.
The economy is still on uncertain footing, and public frustration with the Fed is increasing, especially since the May taper into September no-taper serious misstep. The Fed seems to be making up policy as it goes along. It has become distracted with trying to fix problems it is not well-equipped to handle, including sustained lower unemployment and a faster pace of growth than is obtainable during a period of fiscal consolidation and weak global growth.
The Fed’s post-financial crisis mission creep, since 2008, has fueled an unhealthy codependence between it and the market, akin to the infamous pre-crisis “Greenspan put,” whereby the Greenspan Fed was expected to — and did — step in to support financial markets whenever there arose a threat to rising asset markets. Markets assume the Fed can and will fix any problems, such as the latest episode of Washington’s fiscal policy bungling, that might harm the economy or depress stock prices. Once necessary, but now dangerous, improvisations of monetary policy — quantitative easing and forward guidance in particular — have become alternately ineffective and counter productive, as the recent tapering trauma has shown. Yellen, as the primary author of the Fed’s new communication strategy, needs to identify ways to improve the Fed’s communication with markets and the public.
The Fed has come a long way since its founding one hundred years ago. Its original role was to be the lender of last resort in a financial crisis. That role, as a temporary emergency supplier of liquidity in a panic, has continued and should continue going forward. But in the postfinancial crisis period, the Fed has been forced to accommodate the extra cash demands of households and firms confronting a world of elevated uncertainty about the direction and conduct of monetary and fiscal policy. That is because higher uncertainty has forced firms and wealthy households to self-insure against possible bad outcomes and to preserve optionality in the face of unforeseen shocks and opportunities.
Failure by the Fed to satisfy higher cash demands worsened the Great Depression in the United States and the deflationary lost decade in Japan. These elevated, postcrisis cash needs explain why the Fed’s rapid additions to the monetary base through quantitative easing have been followed by disinflation, not inflation, as many have predicted. Chairman Yellen will have to be vigilant to avoid tightening too soon, while uncertainty remains high.
Makin, John H. The challenge of a lifetime. In: The international economy.
Fall 2013, p. 10-11. Available at: <http: //www .internationaleconomy. com>. Adapted. Retrieved on: March 1, 2014.
Considering the information about the Federal Reserve conveyed in the article (text 3), decide if the item are right (C) or wrong (E).
The tapering changes made in 2013 showed the Federal Reserve is acting according to a global plan of financial restructuring.
 

Provas

Questão presente nas seguintes provas