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2648494 Ano: 2022
Disciplina: Francês (Língua Francesa)
Banca: FGV
Orgão: SEED-AP
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  • lLe texte suivant fait référence aux question suivante .

« Ognon », « piquenique »...

La Suisse « rectifie » l’orthographe française

Le mot « oignon » sera désormais enseigné sous l’orthographe « ognon », en vertu des rectifications de l’orthographe de 1990 et validées par l’Académie française.

C’est une nouvelle qui va faire plaisir aux écoliers. Ceux pour qui l’orthographe et les dictées sont synonymes de cauchemar. Au pays des Helvètes, c’est désormais officiel: on pourra manger des oignons sans « i », pique-niquer sans emporter de trait d’union, et se baigner dans une île en retirant son accent si l’envie nous prend.

Exit les accents circonflexes, les traits d’union et les tirets des chiffres composés. La Suisse francophone adopte une orthographe « simplifiée ». Un choix que toute école francophone peut poser, depuis 1990, année de la réforme d’orthographe. C’est Michel Rocard, premier ministre de François Mitterrand, qui demande au Conseil supérieur de la langue française de proposer des simplifications orthographiques, pour rehausser le niveau des écoliers en français. Celles-ci devaient servir « une certaine harmonisation de quelques règles de l’orthographe française », indique Grevisse.

L’Académie française approuve ces propositions. Parmi elles, il y a la suppression de l’accent circonflexe sur « i » et « u » (sauf pour les formes verbales et les homophones comme « mûr, jeûne »), l’alignement des verbes en « -eler » et « -eter » sur le modèle de « peler » et « acheter » (sauf « jeter » et « appeler »), et la régularisation des mots composés.

En France, ces modifications ne sont en aucun cas obligatoires, mais constituent un « changement de la norme officielle ». Les Français restent libres d’appliquer et d’enseigner les anciennes. En Belgique, elle est en revanche obligatoire. En Suisse romande, à partir de 2023, elle sera officiellement enseignée à l’école, sans que la graphie traditionnelle soit proscrite. Les professeurs sont également invités à privilégier un langage « épicène », c’est-à-dire sans distinction de genre. L’écriture inclusive est en revanche interdite.

Dans Le Temps, quotidien suisse, le psycholinguiste Pascal Gygax, qui officie à l’Université de Fribourg, analyse cette adoption officielle comme un moyen de lutter contre « une scission grandissante entre l’écrit et oral qui mérite d’être questionnée ». Selon lui, « les élèves suisses, belges et français ont des scores en langue moins bons que dans d’autres pays, parce qu’ils passent beaucoup de temps à essayer d’apprendre des règles d’orthographe qui ne reposent sur aucune logique. »

Au total, 2400 mots ont subi un nettoyage de printemps: nénuphar devient « nénufar », porte-monnaie, « portemonnaie » et mille-pattes, « millepattes » .

Maguelonne de Gestas, « Ognon », « piquenique »... La Suisse « rectifie »

l’orthographe française, Le Figaro, (en-ligne), 2 juill. 2021.

D’après l’article, qu’est-ce que représentent les règles d’orthographe ?
 

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2648493 Ano: 2022
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: FGV
Orgão: SEED-AP
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El alumnado de educación secundaria frente a las noticias falsas: resultados de una intervención didáctica

Maite López-Flamarique y Sandra Planillo Artola

¿Desinformación, bulos, noticias falsas o fake news?

Diversos estudios coinciden que el término de noticias falsas o, en inglés, fake news resulta inadecuado e insuficiente para referirse al complejo problema de la manipulación informativa. El informe del grupo de Expertos de Alto Nivel sobre Noticias Falsas y Desinformación en Línea (2018), promovido por la Unión Europea, defiende la utilización del término desinformación frente al de fake news, ya que considera que este término anglófono no refleja el complicado problema del engaño informativo que incluye, no solo la difusión de información falsa o manipulada, sino también la utilización de cuentas automáticas falsas (bots), troles, fabricación y manipulación de vídeos, publicidad dirigida, entre otras, y que también está relacionado con la forma en que circula este tipo de información. (...) Sin embargo, esta definición ha sido criticada por excluir del problema a los productores tradicionales de información (medios de comunicación convencionales, gobiernos, instituciones, partidos políticos y corporaciones) y porque en muchas ocasiones, aunque no haya una intencionalidad clara de difundir información falsa, la mala praxis periodística, los errores de cobertura o la falta de verificación, hace que se distribuya información que afecta al debate público y a la libertad de información (Levi, 2019).

(...) Una revisión de la literatura del ámbito iberoamericano (Guallar, Codina, Freixa, & Pérez-Montoro, 2020) apunta que el término bulo va ganando aceptación en las investigaciones más recientes de este contexto. Salaverría y otros autores (2020) definen bulo como “todo contenido intencionadamente falso y de apariencia verdadera, concebido con el fin de engañar a la ciudadanía, y difundido públicamente por cualquier plataforma o medio de comunicación social” (Salaverría et al., 2020, p. 4). Por otro lado, David Buckingham (2019) apunta que las fake news no se pueden estudiar como un fenómeno aislado y que se deben considerar dentro de un contexto social, cultural y económico mucho más amplio, en el que además de tratar de influir en la opinión pública, tienen su razón de ser en el negocio de las empresas de comunicación y tecnológicas. Aunque consideramos que la manipulación informativa no es exclusiva de las redes sociales, y el desarrollo de una mirada crítica requiere considerar el contexto social y económico en el que se genera y consume la información, en este trabajo nos vamos a limitar al estudio de la evaluación de la información que llega a través de las redes sociales o la web.

En cuanto a la terminología, vamos a utilizar de forma indistinta los términos fake news, noticias falsas, bulos y desinformación, porque tal y como argumenta Levi (Levi, 2019) desinformación es un término que resulta más riguroso, pero fake news es más popular y “con tan solo dos palabras nos permite dejar claro de qué estamos hablando” (p. 24) y, por otro lado, en castellano, lo natural sería hablar de noticias falsas o bulos.

La escuela frente al sistema informativo actual

En este contexto, resulta evidente la necesidad de que la ciudadanía en general y los y las jóvenes, en especial, desarrollen el pensamiento crítico y la capacidad de evaluación de la información (Fernández García, 2017; Kahne & Bowyer, 2017; Levi, 2019; Tyner & Gutiérrez, 2012, entre otros). De hecho, el marco europeo de competencias digitales para la ciudadanía lo incluye en los nuevos mapas curriculares (Carretero, Vuorikari, & Punie, 2017), aunque algunos estudios (Sánchez García, 2021) ponen de manifiesto que este cambio curricular todavía no ha llegado a las aulas de secundaria y bachillerato españolas. En estudios previos, a la hora de evaluar la información que se puede encontrar en la red, se ha visto que el alumnado de secundaria tienen dificultades para evaluar de forma crítica la información (Hernández Serrano & Fuentes Agustí, 2011; Rodrigues, 2014; Watkins, Engel, & Hastedt, 2015) seleccionar información confiable (Herrero-Diz, Conde-Jiménez, Tapia-Frade, & Varona-Aramburu, 2019) y encuentran difícil diferenciar entre opiniones y datos (Kim & Sin, 2011). También se ha observado que tienen problemas para la comprensión de gráficos y para la interpretación de la información audiovisual (López Flamarique, Egaña, & Garro Larrañaga, 2019) y que realizan un uso limitado de las amplias posibilidades de interacción que les ofrecen las redes sociales (Pereira, Moura, MaSanet, Taddeo, & Tirocchi, 2018).

En el entorno hispanohablante, la mayoría de las iniciativas educativas encaminadas al desarrollo de una mirada crítica e identificación de información falsa son todavía minoritarias y están promovidas por las propias empresas de comunicación.

Algunas de estas propuestas didácticas son Maldita Educa, desarrollada por Maldita.es; el proyecto Junior Report, creado por la productora Blue Globe Media; (In)fórmate, promovido por Google, el Gobierno de España y diversos medios de comunicación, y Newtral Education, impulsado por Atresmedia. No obstante, si bien los medios y los periodistas pueden ser aliados en este reto educativo, los propios medios y su forma de trabajo necesitan ser puestas bajo la mirada de la criticidad (Masterman, 1985). Sin embargo, aunque en los últimos años se han elaborado diversas propuestas didácticas con este objetivo, no hay investigaciones que analicen el resultado de este tipo de intervenciones didácticas cuando se llevan al aula.

La presente investigación surge del interés por observar el comportamiento del alumnado de secundaria ante el fenómeno de la desinformación y conocer la eficacia de una intervención didáctica diseñada teniendo en cuenta diferentes tipos de manipulación informativa.

(...)

En cuanto a la primera pregunta de investigación, sobre si la capacidad del alumnado de detectar información falsa mejora tras la intervención didáctica, los datos de este estudio muestran una mejora global moderada, si bien el impacto de la intervención docente varía en función del tipo de falsedad. Aumenta de forma significativa el alumnado que muestra desconfianza ante información no probada, como un audio sin autoría distribuido por WhatsApp y, en menor medida, crece el número de alumnos y alumnas que detectan la falsedad de la información tergiversada y el uso discriminatorio del lenguaje.

https://dehesa.unex.es:8443/bitstream/10662/13412/1/1695-288X_20_1_39.pdf (Adaptado)

Respecto a la intervención didáctica mencionada en el texto, analice las siguientes afirmaciones:

I. Tiene impacto más grande cuando se trata de información sin autoría veiculada por WhatsApp.

II. Tiene menor influjo en los alumnos respecto a la identificación de información incorrecta.

III. No tiene efectos con relación al uso discriminatorio del lenguaje.

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2648492 Ano: 2022
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: FGV
Orgão: SEED-AP
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El alumnado de educación secundaria frente a las noticias falsas: resultados de una intervención didáctica

Maite López-Flamarique y Sandra Planillo Artola

¿Desinformación, bulos, noticias falsas o fake news?

Diversos estudios coinciden que el término de noticias falsas o, en inglés, fake news resulta inadecuado e insuficiente para referirse al complejo problema de la manipulación informativa. El informe del grupo de Expertos de Alto Nivel sobre Noticias Falsas y Desinformación en Línea (2018), promovido por la Unión Europea, defiende la utilización del término desinformación frente al de fake news, ya que considera que este término anglófono no refleja el complicado problema del engaño informativo que incluye, no solo la difusión de información falsa o manipulada, sino también la utilización de cuentas automáticas falsas (bots), troles, fabricación y manipulación de vídeos, publicidad dirigida, entre otras, y que también está relacionado con la forma en que circula este tipo de información. (...) Sin embargo, esta definición ha sido criticada por excluir del problema a los productores tradicionales de información (medios de comunicación convencionales, gobiernos, instituciones, partidos políticos y corporaciones) y porque en muchas ocasiones, aunque no haya una intencionalidad clara de difundir información falsa, la mala praxis periodística, los errores de cobertura o la falta de verificación, hace que se distribuya información que afecta al debate público y a la libertad de información (Levi, 2019).

(...) Una revisión de la literatura del ámbito iberoamericano (Guallar, Codina, Freixa, & Pérez-Montoro, 2020) apunta que el término bulo va ganando aceptación en las investigaciones más recientes de este contexto. Salaverría y otros autores (2020) definen bulo como “todo contenido intencionadamente falso y de apariencia verdadera, concebido con el fin de engañar a la ciudadanía, y difundido públicamente por cualquier plataforma o medio de comunicación social” (Salaverría et al., 2020, p. 4). Por otro lado, David Buckingham (2019) apunta que las fake news no se pueden estudiar como un fenómeno aislado y que se deben considerar dentro de un contexto social, cultural y económico mucho más amplio, en el que además de tratar de influir en la opinión pública, tienen su razón de ser en el negocio de las empresas de comunicación y tecnológicas. Aunque consideramos que la manipulación informativa no es exclusiva de las redes sociales, y el desarrollo de una mirada crítica requiere considerar el contexto social y económico en el que se genera y consume la información, en este trabajo nos vamos a limitar al estudio de la evaluación de la información que llega a través de las redes sociales o la web.

En cuanto a la terminología, vamos a utilizar de forma indistinta los términos fake news, noticias falsas, bulos y desinformación, porque tal y como argumenta Levi (Levi, 2019) desinformación es un término que resulta más riguroso, pero fake news es más popular y “con tan solo dos palabras nos permite dejar claro de qué estamos hablando” (p. 24) y, por otro lado, en castellano, lo natural sería hablar de noticias falsas o bulos.

La escuela frente al sistema informativo actual

En este contexto, resulta evidente la necesidad de que la ciudadanía en general y los y las jóvenes, en especial, desarrollen el pensamiento crítico y la capacidad de evaluación de la información (Fernández García, 2017; Kahne & Bowyer, 2017; Levi, 2019; Tyner & Gutiérrez, 2012, entre otros). De hecho, el marco europeo de competencias digitales para la ciudadanía lo incluye en los nuevos mapas curriculares (Carretero, Vuorikari, & Punie, 2017), aunque algunos estudios (Sánchez García, 2021) ponen de manifiesto que este cambio curricular todavía no ha llegado a las aulas de secundaria y bachillerato españolas. En estudios previos, a la hora de evaluar la información que se puede encontrar en la red, se ha visto que el alumnado de secundaria tienen dificultades para evaluar de forma crítica la información (Hernández Serrano & Fuentes Agustí, 2011; Rodrigues, 2014; Watkins, Engel, & Hastedt, 2015) seleccionar información confiable (Herrero-Diz, Conde-Jiménez, Tapia-Frade, & Varona-Aramburu, 2019) y encuentran difícil diferenciar entre opiniones y datos (Kim & Sin, 2011). También se ha observado que tienen problemas para la comprensión de gráficos y para la interpretación de la información audiovisual (López Flamarique, Egaña, & Garro Larrañaga, 2019) y que realizan un uso limitado de las amplias posibilidades de interacción que les ofrecen las redes sociales (Pereira, Moura, MaSanet, Taddeo, & Tirocchi, 2018).

En el entorno hispanohablante, la mayoría de las iniciativas educativas encaminadas al desarrollo de una mirada crítica e identificación de información falsa son todavía minoritarias y están promovidas por las propias empresas de comunicación.

Algunas de estas propuestas didácticas son Maldita Educa, desarrollada por Maldita.es; el proyecto Junior Report, creado por la productora Blue Globe Media; (In)fórmate, promovido por Google, el Gobierno de España y diversos medios de comunicación, y Newtral Education, impulsado por Atresmedia. No obstante, si bien los medios y los periodistas pueden ser aliados en este reto educativo, los propios medios y su forma de trabajo necesitan ser puestas bajo la mirada de la criticidad (Masterman, 1985). Sin embargo, aunque en los últimos años se han elaborado diversas propuestas didácticas con este objetivo, no hay investigaciones que analicen el resultado de este tipo de intervenciones didácticas cuando se llevan al aula.

La presente investigación surge del interés por observar el comportamiento del alumnado de secundaria ante el fenómeno de la desinformación y conocer la eficacia de una intervención didáctica diseñada teniendo en cuenta diferentes tipos de manipulación informativa.

(...)

En cuanto a la primera pregunta de investigación, sobre si la capacidad del alumnado de detectar información falsa mejora tras la intervención didáctica, los datos de este estudio muestran una mejora global moderada, si bien el impacto de la intervención docente varía en función del tipo de falsedad. Aumenta de forma significativa el alumnado que muestra desconfianza ante información no probada, como un audio sin autoría distribuido por WhatsApp y, en menor medida, crece el número de alumnos y alumnas que detectan la falsedad de la información tergiversada y el uso discriminatorio del lenguaje.

https://dehesa.unex.es:8443/bitstream/10662/13412/1/1695-288X_20_1_39.pdf (Adaptado)

En el fragmento: “Sin embargo, aunque en los últimos años se han elaborado diversas propuestas didácticas con este objetivo...”, la conjunción destacada puede sustituirse, sin alterarle el significado por

 

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2648491 Ano: 2022
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: FGV
Orgão: SEED-AP
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El alumnado de educación secundaria frente a las noticias falsas: resultados de una intervención didáctica

Maite López-Flamarique y Sandra Planillo Artola

¿Desinformación, bulos, noticias falsas o fake news?

Diversos estudios coinciden que el término de noticias falsas o, en inglés, fake news resulta inadecuado e insuficiente para referirse al complejo problema de la manipulación informativa. El informe del grupo de Expertos de Alto Nivel sobre Noticias Falsas y Desinformación en Línea (2018), promovido por la Unión Europea, defiende la utilización del término desinformación frente al de fake news, ya que considera que este término anglófono no refleja el complicado problema del engaño informativo que incluye, no solo la difusión de información falsa o manipulada, sino también la utilización de cuentas automáticas falsas (bots), troles, fabricación y manipulación de vídeos, publicidad dirigida, entre otras, y que también está relacionado con la forma en que circula este tipo de información. (...) Sin embargo, esta definición ha sido criticada por excluir del problema a los productores tradicionales de información (medios de comunicación convencionales, gobiernos, instituciones, partidos políticos y corporaciones) y porque en muchas ocasiones, aunque no haya una intencionalidad clara de difundir información falsa, la mala praxis periodística, los errores de cobertura o la falta de verificación, hace que se distribuya información que afecta al debate público y a la libertad de información (Levi, 2019).

(...) Una revisión de la literatura del ámbito iberoamericano (Guallar, Codina, Freixa, & Pérez-Montoro, 2020) apunta que el término bulo va ganando aceptación en las investigaciones más recientes de este contexto. Salaverría y otros autores (2020) definen bulo como “todo contenido intencionadamente falso y de apariencia verdadera, concebido con el fin de engañar a la ciudadanía, y difundido públicamente por cualquier plataforma o medio de comunicación social” (Salaverría et al., 2020, p. 4). Por otro lado, David Buckingham (2019) apunta que las fake news no se pueden estudiar como un fenómeno aislado y que se deben considerar dentro de un contexto social, cultural y económico mucho más amplio, en el que además de tratar de influir en la opinión pública, tienen su razón de ser en el negocio de las empresas de comunicación y tecnológicas. Aunque consideramos que la manipulación informativa no es exclusiva de las redes sociales, y el desarrollo de una mirada crítica requiere considerar el contexto social y económico en el que se genera y consume la información, en este trabajo nos vamos a limitar al estudio de la evaluación de la información que llega a través de las redes sociales o la web.

En cuanto a la terminología, vamos a utilizar de forma indistinta los términos fake news, noticias falsas, bulos y desinformación, porque tal y como argumenta Levi (Levi, 2019) desinformación es un término que resulta más riguroso, pero fake news es más popular y “con tan solo dos palabras nos permite dejar claro de qué estamos hablando” (p. 24) y, por otro lado, en castellano, lo natural sería hablar de noticias falsas o bulos.

La escuela frente al sistema informativo actual

En este contexto, resulta evidente la necesidad de que la ciudadanía en general y los y las jóvenes, en especial, desarrollen el pensamiento crítico y la capacidad de evaluación de la información (Fernández García, 2017; Kahne & Bowyer, 2017; Levi, 2019; Tyner & Gutiérrez, 2012, entre otros). De hecho, el marco europeo de competencias digitales para la ciudadanía lo incluye en los nuevos mapas curriculares (Carretero, Vuorikari, & Punie, 2017), aunque algunos estudios (Sánchez García, 2021) ponen de manifiesto que este cambio curricular todavía no ha llegado a las aulas de secundaria y bachillerato españolas. En estudios previos, a la hora de evaluar la información que se puede encontrar en la red, se ha visto que el alumnado de secundaria tienen dificultades para evaluar de forma crítica la información (Hernández Serrano & Fuentes Agustí, 2011; Rodrigues, 2014; Watkins, Engel, & Hastedt, 2015) seleccionar información confiable (Herrero-Diz, Conde-Jiménez, Tapia-Frade, & Varona-Aramburu, 2019) y encuentran difícil diferenciar entre opiniones y datos (Kim & Sin, 2011). También se ha observado que tienen problemas para la comprensión de gráficos y para la interpretación de la información audiovisual (López Flamarique, Egaña, & Garro Larrañaga, 2019) y que realizan un uso limitado de las amplias posibilidades de interacción que les ofrecen las redes sociales (Pereira, Moura, MaSanet, Taddeo, & Tirocchi, 2018).

En el entorno hispanohablante, la mayoría de las iniciativas educativas encaminadas al desarrollo de una mirada crítica e identificación de información falsa son todavía minoritarias y están promovidas por las propias empresas de comunicación.

Algunas de estas propuestas didácticas son Maldita Educa, desarrollada por Maldita.es; el proyecto Junior Report, creado por la productora Blue Globe Media; (In)fórmate, promovido por Google, el Gobierno de España y diversos medios de comunicación, y Newtral Education, impulsado por Atresmedia. No obstante, si bien los medios y los periodistas pueden ser aliados en este reto educativo, los propios medios y su forma de trabajo necesitan ser puestas bajo la mirada de la criticidad (Masterman, 1985). Sin embargo, aunque en los últimos años se han elaborado diversas propuestas didácticas con este objetivo, no hay investigaciones que analicen el resultado de este tipo de intervenciones didácticas cuando se llevan al aula.

La presente investigación surge del interés por observar el comportamiento del alumnado de secundaria ante el fenómeno de la desinformación y conocer la eficacia de una intervención didáctica diseñada teniendo en cuenta diferentes tipos de manipulación informativa.

(...)

En cuanto a la primera pregunta de investigación, sobre si la capacidad del alumnado de detectar información falsa mejora tras la intervención didáctica, los datos de este estudio muestran una mejora global moderada, si bien el impacto de la intervención docente varía en función del tipo de falsedad. Aumenta de forma significativa el alumnado que muestra desconfianza ante información no probada, como un audio sin autoría distribuido por WhatsApp y, en menor medida, crece el número de alumnos y alumnas que detectan la falsedad de la información tergiversada y el uso discriminatorio del lenguaje.

https://dehesa.unex.es:8443/bitstream/10662/13412/1/1695-288X_20_1_39.pdf (Adaptado)

En el texto se mencionan estudios anteriores en los que se encontraron resultados relativos a los alumnos de secundaria Respecto a dichos estudios, analice las siguientes afirmaciones:

I. No tienen problemas para analizar criticamente la información.

II. Pueden reconocer información confiable.

III. Evalúan opiniones y datos como sinónimos.

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2648490 Ano: 2022
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: FGV
Orgão: SEED-AP
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El alumnado de educación secundaria frente a las noticias falsas: resultados de una intervención didáctica

Maite López-Flamarique y Sandra Planillo Artola

¿Desinformación, bulos, noticias falsas o fake news?

Diversos estudios coinciden que el término de noticias falsas o, en inglés, fake news resulta inadecuado e insuficiente para referirse al complejo problema de la manipulación informativa. El informe del grupo de Expertos de Alto Nivel sobre Noticias Falsas y Desinformación en Línea (2018), promovido por la Unión Europea, defiende la utilización del término desinformación frente al de fake news, ya que considera que este término anglófono no refleja el complicado problema del engaño informativo que incluye, no solo la difusión de información falsa o manipulada, sino también la utilización de cuentas automáticas falsas (bots), troles, fabricación y manipulación de vídeos, publicidad dirigida, entre otras, y que también está relacionado con la forma en que circula este tipo de información. (...) Sin embargo, esta definición ha sido criticada por excluir del problema a los productores tradicionales de información (medios de comunicación convencionales, gobiernos, instituciones, partidos políticos y corporaciones) y porque en muchas ocasiones, aunque no haya una intencionalidad clara de difundir información falsa, la mala praxis periodística, los errores de cobertura o la falta de verificación, hace que se distribuya información que afecta al debate público y a la libertad de información (Levi, 2019).

(...) Una revisión de la literatura del ámbito iberoamericano (Guallar, Codina, Freixa, & Pérez-Montoro, 2020) apunta que el término bulo va ganando aceptación en las investigaciones más recientes de este contexto. Salaverría y otros autores (2020) definen bulo como “todo contenido intencionadamente falso y de apariencia verdadera, concebido con el fin de engañar a la ciudadanía, y difundido públicamente por cualquier plataforma o medio de comunicación social” (Salaverría et al., 2020, p. 4). Por otro lado, David Buckingham (2019) apunta que las fake news no se pueden estudiar como un fenómeno aislado y que se deben considerar dentro de un contexto social, cultural y económico mucho más amplio, en el que además de tratar de influir en la opinión pública, tienen su razón de ser en el negocio de las empresas de comunicación y tecnológicas. Aunque consideramos que la manipulación informativa no es exclusiva de las redes sociales, y el desarrollo de una mirada crítica requiere considerar el contexto social y económico en el que se genera y consume la información, en este trabajo nos vamos a limitar al estudio de la evaluación de la información que llega a través de las redes sociales o la web.

En cuanto a la terminología, vamos a utilizar de forma indistinta los términos fake news, noticias falsas, bulos y desinformación, porque tal y como argumenta Levi (Levi, 2019) desinformación es un término que resulta más riguroso, pero fake news es más popular y “con tan solo dos palabras nos permite dejar claro de qué estamos hablando” (p. 24) y, por otro lado, en castellano, lo natural sería hablar de noticias falsas o bulos.

La escuela frente al sistema informativo actual

En este contexto, resulta evidente la necesidad de que la ciudadanía en general y los y las jóvenes, en especial, desarrollen el pensamiento crítico y la capacidad de evaluación de la información (Fernández García, 2017; Kahne & Bowyer, 2017; Levi, 2019; Tyner & Gutiérrez, 2012, entre otros). De hecho, el marco europeo de competencias digitales para la ciudadanía lo incluye en los nuevos mapas curriculares (Carretero, Vuorikari, & Punie, 2017), aunque algunos estudios (Sánchez García, 2021) ponen de manifiesto que este cambio curricular todavía no ha llegado a las aulas de secundaria y bachillerato españolas. En estudios previos, a la hora de evaluar la información que se puede encontrar en la red, se ha visto que el alumnado de secundaria tienen dificultades para evaluar de forma crítica la información (Hernández Serrano & Fuentes Agustí, 2011; Rodrigues, 2014; Watkins, Engel, & Hastedt, 2015) seleccionar información confiable (Herrero-Diz, Conde-Jiménez, Tapia-Frade, & Varona-Aramburu, 2019) y encuentran difícil diferenciar entre opiniones y datos (Kim & Sin, 2011). También se ha observado que tienen problemas para la comprensión de gráficos y para la interpretación de la información audiovisual (López Flamarique, Egaña, & Garro Larrañaga, 2019) y que realizan un uso limitado de las amplias posibilidades de interacción que les ofrecen las redes sociales (Pereira, Moura, MaSanet, Taddeo, & Tirocchi, 2018).

En el entorno hispanohablante, la mayoría de las iniciativas educativas encaminadas al desarrollo de una mirada crítica e identificación de información falsa son todavía minoritarias y están promovidas por las propias empresas de comunicación.

Algunas de estas propuestas didácticas son Maldita Educa, desarrollada por Maldita.es; el proyecto Junior Report, creado por la productora Blue Globe Media; (In)fórmate, promovido por Google, el Gobierno de España y diversos medios de comunicación, y Newtral Education, impulsado por Atresmedia. No obstante, si bien los medios y los periodistas pueden ser aliados en este reto educativo, los propios medios y su forma de trabajo necesitan ser puestas bajo la mirada de la criticidad (Masterman, 1985). Sin embargo, aunque en los últimos años se han elaborado diversas propuestas didácticas con este objetivo, no hay investigaciones que analicen el resultado de este tipo de intervenciones didácticas cuando se llevan al aula.

La presente investigación surge del interés por observar el comportamiento del alumnado de secundaria ante el fenómeno de la desinformación y conocer la eficacia de una intervención didáctica diseñada teniendo en cuenta diferentes tipos de manipulación informativa.

(...)

En cuanto a la primera pregunta de investigación, sobre si la capacidad del alumnado de detectar información falsa mejora tras la intervención didáctica, los datos de este estudio muestran una mejora global moderada, si bien el impacto de la intervención docente varía en función del tipo de falsedad. Aumenta de forma significativa el alumnado que muestra desconfianza ante información no probada, como un audio sin autoría distribuido por WhatsApp y, en menor medida, crece el número de alumnos y alumnas que detectan la falsedad de la información tergiversada y el uso discriminatorio del lenguaje.

https://dehesa.unex.es:8443/bitstream/10662/13412/1/1695-288X_20_1_39.pdf (Adaptado)

En el fragmento: “De hecho, el marco europeo de competencias digitales para la ciudadanía lo incluye en los nuevos mapas curriculares...”, el pronombre clítico lo recupera el referente

 

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Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
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El alumnado de educación secundaria frente a las noticias falsas: resultados de una intervención didáctica

Maite López-Flamarique y Sandra Planillo Artola

¿Desinformación, bulos, noticias falsas o fake news?

Diversos estudios coinciden que el término de noticias falsas o, en inglés, fake news resulta inadecuado e insuficiente para referirse al complejo problema de la manipulación informativa. El informe del grupo de Expertos de Alto Nivel sobre Noticias Falsas y Desinformación en Línea (2018), promovido por la Unión Europea, defiende la utilización del término desinformación frente al de fake news, ya que considera que este término anglófono no refleja el complicado problema del engaño informativo que incluye, no solo la difusión de información falsa o manipulada, sino también la utilización de cuentas automáticas falsas (bots), troles, fabricación y manipulación de vídeos, publicidad dirigida, entre otras, y que también está relacionado con la forma en que circula este tipo de información. (...) Sin embargo, esta definición ha sido criticada por excluir del problema a los productores tradicionales de información (medios de comunicación convencionales, gobiernos, instituciones, partidos políticos y corporaciones) y porque en muchas ocasiones, aunque no haya una intencionalidad clara de difundir información falsa, la mala praxis periodística, los errores de cobertura o la falta de verificación, hace que se distribuya información que afecta al debate público y a la libertad de información (Levi, 2019).

(...) Una revisión de la literatura del ámbito iberoamericano (Guallar, Codina, Freixa, & Pérez-Montoro, 2020) apunta que el término bulo va ganando aceptación en las investigaciones más recientes de este contexto. Salaverría y otros autores (2020) definen bulo como “todo contenido intencionadamente falso y de apariencia verdadera, concebido con el fin de engañar a la ciudadanía, y difundido públicamente por cualquier plataforma o medio de comunicación social” (Salaverría et al., 2020, p. 4). Por otro lado, David Buckingham (2019) apunta que las fake news no se pueden estudiar como un fenómeno aislado y que se deben considerar dentro de un contexto social, cultural y económico mucho más amplio, en el que además de tratar de influir en la opinión pública, tienen su razón de ser en el negocio de las empresas de comunicación y tecnológicas. Aunque consideramos que la manipulación informativa no es exclusiva de las redes sociales, y el desarrollo de una mirada crítica requiere considerar el contexto social y económico en el que se genera y consume la información, en este trabajo nos vamos a limitar al estudio de la evaluación de la información que llega a través de las redes sociales o la web.

En cuanto a la terminología, vamos a utilizar de forma indistinta los términos fake news, noticias falsas, bulos y desinformación, porque tal y como argumenta Levi (Levi, 2019) desinformación es un término que resulta más riguroso, pero fake news es más popular y “con tan solo dos palabras nos permite dejar claro de qué estamos hablando” (p. 24) y, por otro lado, en castellano, lo natural sería hablar de noticias falsas o bulos.

La escuela frente al sistema informativo actual

En este contexto, resulta evidente la necesidad de que la ciudadanía en general y los y las jóvenes, en especial, desarrollen el pensamiento crítico y la capacidad de evaluación de la información (Fernández García, 2017; Kahne & Bowyer, 2017; Levi, 2019; Tyner & Gutiérrez, 2012, entre otros). De hecho, el marco europeo de competencias digitales para la ciudadanía lo incluye en los nuevos mapas curriculares (Carretero, Vuorikari, & Punie, 2017), aunque algunos estudios (Sánchez García, 2021) ponen de manifiesto que este cambio curricular todavía no ha llegado a las aulas de secundaria y bachillerato españolas. En estudios previos, a la hora de evaluar la información que se puede encontrar en la red, se ha visto que el alumnado de secundaria tienen dificultades para evaluar de forma crítica la información (Hernández Serrano & Fuentes Agustí, 2011; Rodrigues, 2014; Watkins, Engel, & Hastedt, 2015) seleccionar información confiable (Herrero-Diz, Conde-Jiménez, Tapia-Frade, & Varona-Aramburu, 2019) y encuentran difícil diferenciar entre opiniones y datos (Kim & Sin, 2011). También se ha observado que tienen problemas para la comprensión de gráficos y para la interpretación de la información audiovisual (López Flamarique, Egaña, & Garro Larrañaga, 2019) y que realizan un uso limitado de las amplias posibilidades de interacción que les ofrecen las redes sociales (Pereira, Moura, MaSanet, Taddeo, & Tirocchi, 2018).

En el entorno hispanohablante, la mayoría de las iniciativas educativas encaminadas al desarrollo de una mirada crítica e identificación de información falsa son todavía minoritarias y están promovidas por las propias empresas de comunicación.

Algunas de estas propuestas didácticas son Maldita Educa, desarrollada por Maldita.es; el proyecto Junior Report, creado por la productora Blue Globe Media; (In)fórmate, promovido por Google, el Gobierno de España y diversos medios de comunicación, y Newtral Education, impulsado por Atresmedia. No obstante, si bien los medios y los periodistas pueden ser aliados en este reto educativo, los propios medios y su forma de trabajo necesitan ser puestas bajo la mirada de la criticidad (Masterman, 1985). Sin embargo, aunque en los últimos años se han elaborado diversas propuestas didácticas con este objetivo, no hay investigaciones que analicen el resultado de este tipo de intervenciones didácticas cuando se llevan al aula.

La presente investigación surge del interés por observar el comportamiento del alumnado de secundaria ante el fenómeno de la desinformación y conocer la eficacia de una intervención didáctica diseñada teniendo en cuenta diferentes tipos de manipulación informativa.

(...)

En cuanto a la primera pregunta de investigación, sobre si la capacidad del alumnado de detectar información falsa mejora tras la intervención didáctica, los datos de este estudio muestran una mejora global moderada, si bien el impacto de la intervención docente varía en función del tipo de falsedad. Aumenta de forma significativa el alumnado que muestra desconfianza ante información no probada, como un audio sin autoría distribuido por WhatsApp y, en menor medida, crece el número de alumnos y alumnas que detectan la falsedad de la información tergiversada y el uso discriminatorio del lenguaje.

https://dehesa.unex.es:8443/bitstream/10662/13412/1/1695-288X_20_1_39.pdf (Adaptado)

En el fragmento: “Aunque consideramos que la manipulación informativa no es exclusiva de las redes sociales...”, la conjunción destacada presenta un valor

 

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2648488 Ano: 2022
Disciplina: Espanhol (Língua Espanhola)
Banca: FGV
Orgão: SEED-AP
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El alumnado de educación secundaria frente a las noticias falsas: resultados de una intervención didáctica

Maite López-Flamarique y Sandra Planillo Artola

¿Desinformación, bulos, noticias falsas o fake news?

Diversos estudios coinciden que el término de noticias falsas o, en inglés, fake news resulta inadecuado e insuficiente para referirse al complejo problema de la manipulación informativa. El informe del grupo de Expertos de Alto Nivel sobre Noticias Falsas y Desinformación en Línea (2018), promovido por la Unión Europea, defiende la utilización del término desinformación frente al de fake news, ya que considera que este término anglófono no refleja el complicado problema del engaño informativo que incluye, no solo la difusión de información falsa o manipulada, sino también la utilización de cuentas automáticas falsas (bots), troles, fabricación y manipulación de vídeos, publicidad dirigida, entre otras, y que también está relacionado con la forma en que circula este tipo de información. (...) Sin embargo, esta definición ha sido criticada por excluir del problema a los productores tradicionales de información (medios de comunicación convencionales, gobiernos, instituciones, partidos políticos y corporaciones) y porque en muchas ocasiones, aunque no haya una intencionalidad clara de difundir información falsa, la mala praxis periodística, los errores de cobertura o la falta de verificación, hace que se distribuya información que afecta al debate público y a la libertad de información (Levi, 2019).

(...) Una revisión de la literatura del ámbito iberoamericano (Guallar, Codina, Freixa, & Pérez-Montoro, 2020) apunta que el término bulo va ganando aceptación en las investigaciones más recientes de este contexto. Salaverría y otros autores (2020) definen bulo como “todo contenido intencionadamente falso y de apariencia verdadera, concebido con el fin de engañar a la ciudadanía, y difundido públicamente por cualquier plataforma o medio de comunicación social” (Salaverría et al., 2020, p. 4). Por otro lado, David Buckingham (2019) apunta que las fake news no se pueden estudiar como un fenómeno aislado y que se deben considerar dentro de un contexto social, cultural y económico mucho más amplio, en el que además de tratar de influir en la opinión pública, tienen su razón de ser en el negocio de las empresas de comunicación y tecnológicas. Aunque consideramos que la manipulación informativa no es exclusiva de las redes sociales, y el desarrollo de una mirada crítica requiere considerar el contexto social y económico en el que se genera y consume la información, en este trabajo nos vamos a limitar al estudio de la evaluación de la información que llega a través de las redes sociales o la web.

En cuanto a la terminología, vamos a utilizar de forma indistinta los términos fake news, noticias falsas, bulos y desinformación, porque tal y como argumenta Levi (Levi, 2019) desinformación es un término que resulta más riguroso, pero fake news es más popular y “con tan solo dos palabras nos permite dejar claro de qué estamos hablando” (p. 24) y, por otro lado, en castellano, lo natural sería hablar de noticias falsas o bulos.

La escuela frente al sistema informativo actual

En este contexto, resulta evidente la necesidad de que la ciudadanía en general y los y las jóvenes, en especial, desarrollen el pensamiento crítico y la capacidad de evaluación de la información (Fernández García, 2017; Kahne & Bowyer, 2017; Levi, 2019; Tyner & Gutiérrez, 2012, entre otros). De hecho, el marco europeo de competencias digitales para la ciudadanía lo incluye en los nuevos mapas curriculares (Carretero, Vuorikari, & Punie, 2017), aunque algunos estudios (Sánchez García, 2021) ponen de manifiesto que este cambio curricular todavía no ha llegado a las aulas de secundaria y bachillerato españolas. En estudios previos, a la hora de evaluar la información que se puede encontrar en la red, se ha visto que el alumnado de secundaria tienen dificultades para evaluar de forma crítica la información (Hernández Serrano & Fuentes Agustí, 2011; Rodrigues, 2014; Watkins, Engel, & Hastedt, 2015) seleccionar información confiable (Herrero-Diz, Conde-Jiménez, Tapia-Frade, & Varona-Aramburu, 2019) y encuentran difícil diferenciar entre opiniones y datos (Kim & Sin, 2011). También se ha observado que tienen problemas para la comprensión de gráficos y para la interpretación de la información audiovisual (López Flamarique, Egaña, & Garro Larrañaga, 2019) y que realizan un uso limitado de las amplias posibilidades de interacción que les ofrecen las redes sociales (Pereira, Moura, MaSanet, Taddeo, & Tirocchi, 2018).

En el entorno hispanohablante, la mayoría de las iniciativas educativas encaminadas al desarrollo de una mirada crítica e identificación de información falsa son todavía minoritarias y están promovidas por las propias empresas de comunicación.

Algunas de estas propuestas didácticas son Maldita Educa, desarrollada por Maldita.es; el proyecto Junior Report, creado por la productora Blue Globe Media; (In)fórmate, promovido por Google, el Gobierno de España y diversos medios de comunicación, y Newtral Education, impulsado por Atresmedia. No obstante, si bien los medios y los periodistas pueden ser aliados en este reto educativo, los propios medios y su forma de trabajo necesitan ser puestas bajo la mirada de la criticidad (Masterman, 1985). Sin embargo, aunque en los últimos años se han elaborado diversas propuestas didácticas con este objetivo, no hay investigaciones que analicen el resultado de este tipo de intervenciones didácticas cuando se llevan al aula.

La presente investigación surge del interés por observar el comportamiento del alumnado de secundaria ante el fenómeno de la desinformación y conocer la eficacia de una intervención didáctica diseñada teniendo en cuenta diferentes tipos de manipulación informativa.

(...)

En cuanto a la primera pregunta de investigación, sobre si la capacidad del alumnado de detectar información falsa mejora tras la intervención didáctica, los datos de este estudio muestran una mejora global moderada, si bien el impacto de la intervención docente varía en función del tipo de falsedad. Aumenta de forma significativa el alumnado que muestra desconfianza ante información no probada, como un audio sin autoría distribuido por WhatsApp y, en menor medida, crece el número de alumnos y alumnas que detectan la falsedad de la información tergiversada y el uso discriminatorio del lenguaje.

https://dehesa.unex.es:8443/bitstream/10662/13412/1/1695-288X_20_1_39.pdf (Adaptado)

Respecto a la problematización presentada en el primer párrafo, señale las afirmaciones verdaderas con V y las afirmaciones falsas con F considerando la temática tratada.

I. El término inglés es el que mejor da cuenta de ese tipo de información.

II. El término “desinformación en línea” es más amplio.

III. El término “bulo” empieza a ganar espacio en las publicaciones.

IV. En el artículo las autoras eligen el término “noticias falsas” como el mejor.

Las afirmaciones son, respectivamente,

 

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El alumnado de educación secundaria frente a las noticias falsas: resultados de una intervención didáctica

Maite López-Flamarique y Sandra Planillo Artola

¿Desinformación, bulos, noticias falsas o fake news?

Diversos estudios coinciden que el término de noticias falsas o, en inglés, fake news resulta inadecuado e insuficiente para referirse al complejo problema de la manipulación informativa. El informe del grupo de Expertos de Alto Nivel sobre Noticias Falsas y Desinformación en Línea (2018), promovido por la Unión Europea, defiende la utilización del término desinformación frente al de fake news, ya que considera que este término anglófono no refleja el complicado problema del engaño informativo que incluye, no solo la difusión de información falsa o manipulada, sino también la utilización de cuentas automáticas falsas (bots), troles, fabricación y manipulación de vídeos, publicidad dirigida, entre otras, y que también está relacionado con la forma en que circula este tipo de información. (...) Sin embargo, esta definición ha sido criticada por excluir del problema a los productores tradicionales de información (medios de comunicación convencionales, gobiernos, instituciones, partidos políticos y corporaciones) y porque en muchas ocasiones, aunque no haya una intencionalidad clara de difundir información falsa, la mala praxis periodística, los errores de cobertura o la falta de verificación, hace que se distribuya información que afecta al debate público y a la libertad de información (Levi, 2019).

(...) Una revisión de la literatura del ámbito iberoamericano (Guallar, Codina, Freixa, & Pérez-Montoro, 2020) apunta que el término bulo va ganando aceptación en las investigaciones más recientes de este contexto. Salaverría y otros autores (2020) definen bulo como “todo contenido intencionadamente falso y de apariencia verdadera, concebido con el fin de engañar a la ciudadanía, y difundido públicamente por cualquier plataforma o medio de comunicación social” (Salaverría et al., 2020, p. 4). Por otro lado, David Buckingham (2019) apunta que las fake news no se pueden estudiar como un fenómeno aislado y que se deben considerar dentro de un contexto social, cultural y económico mucho más amplio, en el que además de tratar de influir en la opinión pública, tienen su razón de ser en el negocio de las empresas de comunicación y tecnológicas. Aunque consideramos que la manipulación informativa no es exclusiva de las redes sociales, y el desarrollo de una mirada crítica requiere considerar el contexto social y económico en el que se genera y consume la información, en este trabajo nos vamos a limitar al estudio de la evaluación de la información que llega a través de las redes sociales o la web.

En cuanto a la terminología, vamos a utilizar de forma indistinta los términos fake news, noticias falsas, bulos y desinformación, porque tal y como argumenta Levi (Levi, 2019) desinformación es un término que resulta más riguroso, pero fake news es más popular y “con tan solo dos palabras nos permite dejar claro de qué estamos hablando” (p. 24) y, por otro lado, en castellano, lo natural sería hablar de noticias falsas o bulos.

La escuela frente al sistema informativo actual

En este contexto, resulta evidente la necesidad de que la ciudadanía en general y los y las jóvenes, en especial, desarrollen el pensamiento crítico y la capacidad de evaluación de la información (Fernández García, 2017; Kahne & Bowyer, 2017; Levi, 2019; Tyner & Gutiérrez, 2012, entre otros). De hecho, el marco europeo de competencias digitales para la ciudadanía lo incluye en los nuevos mapas curriculares (Carretero, Vuorikari, & Punie, 2017), aunque algunos estudios (Sánchez García, 2021) ponen de manifiesto que este cambio curricular todavía no ha llegado a las aulas de secundaria y bachillerato españolas. En estudios previos, a la hora de evaluar la información que se puede encontrar en la red, se ha visto que el alumnado de secundaria tienen dificultades para evaluar de forma crítica la información (Hernández Serrano & Fuentes Agustí, 2011; Rodrigues, 2014; Watkins, Engel, & Hastedt, 2015) seleccionar información confiable (Herrero-Diz, Conde-Jiménez, Tapia-Frade, & Varona-Aramburu, 2019) y encuentran difícil diferenciar entre opiniones y datos (Kim & Sin, 2011). También se ha observado que tienen problemas para la comprensión de gráficos y para la interpretación de la información audiovisual (López Flamarique, Egaña, & Garro Larrañaga, 2019) y que realizan un uso limitado de las amplias posibilidades de interacción que les ofrecen las redes sociales (Pereira, Moura, MaSanet, Taddeo, & Tirocchi, 2018).

En el entorno hispanohablante, la mayoría de las iniciativas educativas encaminadas al desarrollo de una mirada crítica e identificación de información falsa son todavía minoritarias y están promovidas por las propias empresas de comunicación.

Algunas de estas propuestas didácticas son Maldita Educa, desarrollada por Maldita.es; el proyecto Junior Report, creado por la productora Blue Globe Media; (In)fórmate, promovido por Google, el Gobierno de España y diversos medios de comunicación, y Newtral Education, impulsado por Atresmedia. No obstante, si bien los medios y los periodistas pueden ser aliados en este reto educativo, los propios medios y su forma de trabajo necesitan ser puestas bajo la mirada de la criticidad (Masterman, 1985). Sin embargo, aunque en los últimos años se han elaborado diversas propuestas didácticas con este objetivo, no hay investigaciones que analicen el resultado de este tipo de intervenciones didácticas cuando se llevan al aula.

La presente investigación surge del interés por observar el comportamiento del alumnado de secundaria ante el fenómeno de la desinformación y conocer la eficacia de una intervención didáctica diseñada teniendo en cuenta diferentes tipos de manipulación informativa.

(...)

En cuanto a la primera pregunta de investigación, sobre si la capacidad del alumnado de detectar información falsa mejora tras la intervención didáctica, los datos de este estudio muestran una mejora global moderada, si bien el impacto de la intervención docente varía en función del tipo de falsedad. Aumenta de forma significativa el alumnado que muestra desconfianza ante información no probada, como un audio sin autoría distribuido por WhatsApp y, en menor medida, crece el número de alumnos y alumnas que detectan la falsedad de la información tergiversada y el uso discriminatorio del lenguaje.

https://dehesa.unex.es:8443/bitstream/10662/13412/1/1695-288X_20_1_39.pdf (Adaptado)

Un rasgo que permite comprobar la formalidad presente en el artículo académico es

 

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El alumnado de educación secundaria frente a las noticias falsas: resultados de una intervención didáctica

Maite López-Flamarique y Sandra Planillo Artola

¿Desinformación, bulos, noticias falsas o fake news?

Diversos estudios coinciden que el término de noticias falsas o, en inglés, fake news resulta inadecuado e insuficiente para referirse al complejo problema de la manipulación informativa. El informe del grupo de Expertos de Alto Nivel sobre Noticias Falsas y Desinformación en Línea (2018), promovido por la Unión Europea, defiende la utilización del término desinformación frente al de fake news, ya que considera que este término anglófono no refleja el complicado problema del engaño informativo que incluye, no solo la difusión de información falsa o manipulada, sino también la utilización de cuentas automáticas falsas (bots), troles, fabricación y manipulación de vídeos, publicidad dirigida, entre otras, y que también está relacionado con la forma en que circula este tipo de información. (...) Sin embargo, esta definición ha sido criticada por excluir del problema a los productores tradicionales de información (medios de comunicación convencionales, gobiernos, instituciones, partidos políticos y corporaciones) y porque en muchas ocasiones, aunque no haya una intencionalidad clara de difundir información falsa, la mala praxis periodística, los errores de cobertura o la falta de verificación, hace que se distribuya información que afecta al debate público y a la libertad de información (Levi, 2019).

(...) Una revisión de la literatura del ámbito iberoamericano (Guallar, Codina, Freixa, & Pérez-Montoro, 2020) apunta que el término bulo va ganando aceptación en las investigaciones más recientes de este contexto. Salaverría y otros autores (2020) definen bulo como “todo contenido intencionadamente falso y de apariencia verdadera, concebido con el fin de engañar a la ciudadanía, y difundido públicamente por cualquier plataforma o medio de comunicación social” (Salaverría et al., 2020, p. 4). Por otro lado, David Buckingham (2019) apunta que las fake news no se pueden estudiar como un fenómeno aislado y que se deben considerar dentro de un contexto social, cultural y económico mucho más amplio, en el que además de tratar de influir en la opinión pública, tienen su razón de ser en el negocio de las empresas de comunicación y tecnológicas. Aunque consideramos que la manipulación informativa no es exclusiva de las redes sociales, y el desarrollo de una mirada crítica requiere considerar el contexto social y económico en el que se genera y consume la información, en este trabajo nos vamos a limitar al estudio de la evaluación de la información que llega a través de las redes sociales o la web.

En cuanto a la terminología, vamos a utilizar de forma indistinta los términos fake news, noticias falsas, bulos y desinformación, porque tal y como argumenta Levi (Levi, 2019) desinformación es un término que resulta más riguroso, pero fake news es más popular y “con tan solo dos palabras nos permite dejar claro de qué estamos hablando” (p. 24) y, por otro lado, en castellano, lo natural sería hablar de noticias falsas o bulos.

La escuela frente al sistema informativo actual

En este contexto, resulta evidente la necesidad de que la ciudadanía en general y los y las jóvenes, en especial, desarrollen el pensamiento crítico y la capacidad de evaluación de la información (Fernández García, 2017; Kahne & Bowyer, 2017; Levi, 2019; Tyner & Gutiérrez, 2012, entre otros). De hecho, el marco europeo de competencias digitales para la ciudadanía lo incluye en los nuevos mapas curriculares (Carretero, Vuorikari, & Punie, 2017), aunque algunos estudios (Sánchez García, 2021) ponen de manifiesto que este cambio curricular todavía no ha llegado a las aulas de secundaria y bachillerato españolas. En estudios previos, a la hora de evaluar la información que se puede encontrar en la red, se ha visto que el alumnado de secundaria tienen dificultades para evaluar de forma crítica la información (Hernández Serrano & Fuentes Agustí, 2011; Rodrigues, 2014; Watkins, Engel, & Hastedt, 2015) seleccionar información confiable (Herrero-Diz, Conde-Jiménez, Tapia-Frade, & Varona-Aramburu, 2019) y encuentran difícil diferenciar entre opiniones y datos (Kim & Sin, 2011). También se ha observado que tienen problemas para la comprensión de gráficos y para la interpretación de la información audiovisual (López Flamarique, Egaña, & Garro Larrañaga, 2019) y que realizan un uso limitado de las amplias posibilidades de interacción que les ofrecen las redes sociales (Pereira, Moura, MaSanet, Taddeo, & Tirocchi, 2018).

En el entorno hispanohablante, la mayoría de las iniciativas educativas encaminadas al desarrollo de una mirada crítica e identificación de información falsa son todavía minoritarias y están promovidas por las propias empresas de comunicación.

Algunas de estas propuestas didácticas son Maldita Educa, desarrollada por Maldita.es; el proyecto Junior Report, creado por la productora Blue Globe Media; (In)fórmate, promovido por Google, el Gobierno de España y diversos medios de comunicación, y Newtral Education, impulsado por Atresmedia. No obstante, si bien los medios y los periodistas pueden ser aliados en este reto educativo, los propios medios y su forma de trabajo necesitan ser puestas bajo la mirada de la criticidad (Masterman, 1985). Sin embargo, aunque en los últimos años se han elaborado diversas propuestas didácticas con este objetivo, no hay investigaciones que analicen el resultado de este tipo de intervenciones didácticas cuando se llevan al aula.

La presente investigación surge del interés por observar el comportamiento del alumnado de secundaria ante el fenómeno de la desinformación y conocer la eficacia de una intervención didáctica diseñada teniendo en cuenta diferentes tipos de manipulación informativa.

(...)

En cuanto a la primera pregunta de investigación, sobre si la capacidad del alumnado de detectar información falsa mejora tras la intervención didáctica, los datos de este estudio muestran una mejora global moderada, si bien el impacto de la intervención docente varía en función del tipo de falsedad. Aumenta de forma significativa el alumnado que muestra desconfianza ante información no probada, como un audio sin autoría distribuido por WhatsApp y, en menor medida, crece el número de alumnos y alumnas que detectan la falsedad de la información tergiversada y el uso discriminatorio del lenguaje.

https://dehesa.unex.es:8443/bitstream/10662/13412/1/1695-288X_20_1_39.pdf (Adaptado)

Una de las características del género artículo académico presente en el texto es

 

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Lea el seguinte fragmento de Vargas et alii (2021):

“Para Kleiman (2001) e para Duffy e Roehler (1989), o professor tem papel central na ampliação das estratégias metacognitivas dos alunos: é papel do professor, por exemplo, estabelecer objetivos de leitura para que depois os estudantes consigam fazê-lo, ou ainda, verificar se uma leitura se dá no nível da decodificação. Os autores também discutem a importância de os professores elaborarem atividades que ativem o conhecimento prévio dos alunos, servirem de modelo de leitor estratégico para os alunos e atuarem de maneira responsiva ao que dizem seus estudantes em relação a seus próprios processos. (p. 367)”

En el contexto de dicha propuesta, la tarea del profesor respecto a sus alumnos es

 

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