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Malestar

Como he dicho este primer malestar me vino ya en la primera etapa del viaje de bodas, en Miami, ciudad asquerosa pero con muy buenas playas para recién casados, y se acentuó en Nueva Orleans y en México – DF y aún más en La Habana, y desde hace casi un año, desde que regresamos de ese viaje e inauguramos nuestra casa tan artificiosamente, ha seguido aumentando o se ha instalado en mí, tal vez en nosotros. Pero el segundo malestar apareció con fuerza hacia el final del viaje, esto es, sólo en La Habana, de donde yo procedo en cierto sentido, o más precisamente en una cuarta parte, pues allí nació y de allí vino mi abuela materna cuando era niña, la madre de Teresa y Juana Aguilera. Fue en el hotel en el que durante tres noches nos alojamos (tampoco teníamos tanto dinero, las estancias en cada ciudad fueron cortas), una tarde en la que Luisa se sintió mal mientras paseábamos, tan mal de pronto que interrumpimos nuestra caminata y volvimos a la habitación en seguida, para que ella se echara. Tenía escalofríos y un poco de náusea. No podía mantenerse en pie, literalmente. Sin duda le sentó mal algo que había comido, pero entonces no lo sabíamos con la suficiente certeza, y al instante pensé si no habrá contraído en México alguna de esas enfermedades que allí atacan tan fácilmente a los europeos, algo grave como la ameba. Los presentimientos de desastre que tácitamente me acompañaron desde la ceremonia de bodas iban adquiriendo diferentes formas, y una de ellas fue ésta (la menos muda, o no fue tácita), la amenaza de la enfermedad o la repentina muerte de quien iba a compartir conmigo la vida y el futuro concreto y el futuro abstracto, aunque yo tuviera la impresión de que este último se había acabado y mi vida estuviera ya mediada; quizá la de los dos, unidos.

Javier Marías. Corazón tan blanco, 1992, p. 29 (con adaptaciones).

A juzgar por el estilo de su lenguaje el texto es
 

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Malestar

Como he dicho este primer malestar me vino ya en la primera etapa del viaje de bodas, en Miami, ciudad asquerosa pero con muy buenas playas para recién casados, y se acentuó en Nueva Orleans y en México – DF y aún más en La Habana, y desde hace casi un año, desde que regresamos de ese viaje e inauguramos nuestra casa tan artificiosamente, ha seguido aumentando o se ha instalado en mí, tal vez en nosotros. Pero el segundo malestar apareció con fuerza hacia el final del viaje, esto es, sólo en La Habana, de donde yo procedo en cierto sentido, o más precisamente en una cuarta parte, pues allí nació y de allí vino mi abuela materna cuando era niña, la madre de Teresa y Juana Aguilera. Fue en el hotel en el que durante tres noches nos alojamos (tampoco teníamos tanto dinero, las estancias en cada ciudad fueron cortas), una tarde en la que Luisa se sintió mal mientras paseábamos, tan mal de pronto que interrumpimos nuestra caminata y volvimos a la habitación en seguida, para que ella se echara. Tenía escalofríos y un poco de náusea. No podía mantenerse en pie, literalmente. Sin duda le sentó mal algo que había comido, pero entonces no lo sabíamos con la suficiente certeza, y al instante pensé si no habrá contraído en México alguna de esas enfermedades que allí atacan tan fácilmente a los europeos, algo grave como la ameba. Los presentimientos de desastre que tácitamente me acompañaron desde la ceremonia de bodas iban adquiriendo diferentes formas, y una de ellas fue ésta (la menos muda, o no fue tácita), la amenaza de la enfermedad o la repentina muerte de quien iba a compartir conmigo la vida y el futuro concreto y el futuro abstracto, aunque yo tuviera la impresión de que este último se había acabado y mi vida estuviera ya mediada; quizá la de los dos, unidos.

Javier Marías. Corazón tan blanco, 1992, p. 29 (con adaptaciones).

En el texto, la forma verbal “se echara” puede ser sustituida, sin producir alteraciones semánticas o gramaticales, por
 

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Como he dicho este primer malestar me vino ya en la primera etapa del viaje de bodas, en Miami, ciudad asquerosa pero con muy buenas playas para recién casados, y se acentuó en Nueva Orleans y en México – DF y aún más en La Habana, y desde hace casi un año, desde que regresamos de ese viaje e inauguramos nuestra casa tan artificiosamente, ha seguido aumentando o se ha instalado en mí, tal vez en nosotros. Pero el segundo malestar apareció con fuerza hacia el final del viaje, esto es, sólo en La Habana, de donde yo procedo en cierto sentido, o más precisamente en una cuarta parte, pues allí nació y de allí vino mi abuela materna cuando era niña, la madre de Teresa y Juana Aguilera. Fue en el hotel en el que durante tres noches nos alojamos (tampoco teníamos tanto dinero, las estancias en cada ciudad fueron cortas), una tarde en la que Luisa se sintió mal mientras paseábamos, tan mal de pronto que interrumpimos nuestra caminata y volvimos a la habitación en seguida, para que ella se echara. Tenía escalofríos y un poco de náusea. No podía mantenerse en pie, literalmente. Sin duda le sentó mal algo que había comido, pero entonces no lo sabíamos con la suficiente certeza, y al instante pensé si no habrá contraído en México alguna de esas enfermedades que allí atacan tan fácilmente a los europeos, algo grave como la ameba. Los presentimientos de desastre que tácitamente me acompañaron desde la ceremonia de bodas iban adquiriendo diferentes formas, y una de ellas fue ésta (la menos muda, o no fue tácita), la amenaza de la enfermedad o la repentina muerte de quien iba a compartir conmigo la vida y el futuro concreto y el futuro abstracto, aunque yo tuviera la impresión de que este último se había acabado y mi vida estuviera ya mediada; quizá la de los dos, unidos.

Javier Marías. Corazón tan blanco, 1992, p. 29 (con adaptaciones).

En el enunciado “Luisa se sintió mal mientras paseábamos”.
 

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Malestar

Como he dicho este primer malestar me vino ya en la primera etapa del viaje de bodas, en Miami, ciudad asquerosa pero con muy buenas playas para recién casados, y se acentuó en Nueva Orleans y en México – DF y aún más en La Habana, y desde hace casi un año, desde que regresamos de ese viaje e inauguramos nuestra casa tan artificiosamente, ha seguido aumentando o se ha instalado en mí, tal vez en nosotros. Pero el segundo malestar apareció con fuerza hacia el final del viaje, esto es, sólo en La Habana, de donde yo procedo en cierto sentido, o más precisamente en una cuarta parte, pues allí nació y de allí vino mi abuela materna cuando era niña, la madre de Teresa y Juana Aguilera. Fue en el hotel en el que durante tres noches nos alojamos (tampoco teníamos tanto dinero, las estancias en cada ciudad fueron cortas), una tarde en la que Luisa se sintió mal mientras paseábamos, tan mal de pronto que interrumpimos nuestra caminata y volvimos a la habitación en seguida, para que ella se echara. Tenía escalofríos y un poco de náusea. No podía mantenerse en pie, literalmente. Sin duda le sentó mal algo que había comido, pero entonces no lo sabíamos con la suficiente certeza, y al instante pensé si no habrá contraído en México alguna de esas enfermedades que allí atacan tan fácilmente a los europeos, algo grave como la ameba. Los presentimientos de desastre que tácitamente me acompañaron desde la ceremonia de bodas iban adquiriendo diferentes formas, y una de ellas fue ésta (la menos muda, o no fue tácita), la amenaza de la enfermedad o la repentina muerte de quien iba a compartir conmigo la vida y el futuro concreto y el futuro abstracto, aunque yo tuviera la impresión de que este último se había acabado y mi vida estuviera ya mediada; quizá la de los dos, unidos.

Javier Marías. Corazón tan blanco, 1992, p. 29 (con adaptaciones).

El enunciado “tampoco teníamos tanto dinero, las estancias en cada ciudad fueron cortas” expresa, sucessivamente,
 

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Como he dicho este primer malestar me vino ya en la primera etapa del viaje de bodas, en Miami, ciudad asquerosa pero con muy buenas playas para recién casados, y se acentuó en Nueva Orleans y en México – DF y aún más en La Habana, y desde hace casi un año, desde que regresamos de ese viaje e inauguramos nuestra casa tan artificiosamente, ha seguido aumentando o se ha instalado en mí, tal vez en nosotros. Pero el segundo malestar apareció con fuerza hacia el final del viaje, esto es, sólo en La Habana, de donde yo procedo en cierto sentido, o más precisamente en una cuarta parte, pues allí nació y de allí vino mi abuela materna cuando era niña, la madre de Teresa y Juana Aguilera. Fue en el hotel en el que durante tres noches nos alojamos (tampoco teníamos tanto dinero, las estancias en cada ciudad fueron cortas), una tarde en la que Luisa se sintió mal mientras paseábamos, tan mal de pronto que interrumpimos nuestra caminata y volvimos a la habitación en seguida, para que ella se echara. Tenía escalofríos y un poco de náusea. No podía mantenerse en pie, literalmente. Sin duda le sentó mal algo que había comido, pero entonces no lo sabíamos con la suficiente certeza, y al instante pensé si no habrá contraído en México alguna de esas enfermedades que allí atacan tan fácilmente a los europeos, algo grave como la ameba. Los presentimientos de desastre que tácitamente me acompañaron desde la ceremonia de bodas iban adquiriendo diferentes formas, y una de ellas fue ésta (la menos muda, o no fue tácita), la amenaza de la enfermedad o la repentina muerte de quien iba a compartir conmigo la vida y el futuro concreto y el futuro abstracto, aunque yo tuviera la impresión de que este último se había acabado y mi vida estuviera ya mediada; quizá la de los dos, unidos.

Javier Marías. Corazón tan blanco, 1992, p. 29 (con adaptaciones).

El enunciado “ciudad asquerosa pero con muy buenas playas para recién casados” desempeña una función de
 

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Malestar

Como he dicho este primer malestar me vino ya en la primera etapa del viaje de bodas, en Miami, ciudad asquerosa pero con muy buenas playas para recién casados, y se acentuó en Nueva Orleans y en México – DF y aún más en La Habana, y desde hace casi un año, desde que regresamos de ese viaje e inauguramos nuestra casa tan artificiosamente, ha seguido aumentando o se ha instalado en mí, tal vez en nosotros. Pero el segundo malestar apareció con fuerza hacia el final del viaje, esto es, sólo en La Habana, de donde yo procedo en cierto sentido, o más precisamente en una cuarta parte, pues allí nació y de allí vino mi abuela materna cuando era niña, la madre de Teresa y Juana Aguilera. Fue en el hotel en el que durante tres noches nos alojamos (tampoco teníamos tanto dinero, las estancias en cada ciudad fueron cortas), una tarde en la que Luisa se sintió mal mientras paseábamos, tan mal de pronto que interrumpimos nuestra caminata y volvimos a la habitación en seguida, para que ella se echara. Tenía escalofríos y un poco de náusea. No podía mantenerse en pie, literalmente. Sin duda le sentó mal algo que había comido, pero entonces no lo sabíamos con la suficiente certeza, y al instante pensé si no habrá contraído en México alguna de esas enfermedades que allí atacan tan fácilmente a los europeos, algo grave como la ameba. Los presentimientos de desastre que tácitamente me acompañaron desde la ceremonia de bodas iban adquiriendo diferentes formas, y una de ellas fue ésta (la menos muda, o no fue tácita), la amenaza de la enfermedad o la repentina muerte de quien iba a compartir conmigo la vida y el futuro concreto y el futuro abstracto, aunque yo tuviera la impresión de que este último se había acabado y mi vida estuviera ya mediada; quizá la de los dos, unidos.

Javier Marías. Corazón tan blanco, 1992, p. 29 (con adaptaciones).

La expresión “Como he dicho” informa que el autor
 

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Malestar

Como he dicho este primer malestar me vino ya en la primera etapa del viaje de bodas, en Miami, ciudad asquerosa pero con muy buenas playas para recién casados, y se acentuó en Nueva Orleans y en México – DF y aún más en La Habana, y desde hace casi un año, desde que regresamos de ese viaje e inauguramos nuestra casa tan artificiosamente, ha seguido aumentando o se ha instalado en mí, tal vez en nosotros. Pero el segundo malestar apareció con fuerza hacia el final del viaje, esto es, sólo en La Habana, de donde yo procedo en cierto sentido, o más precisamente en una cuarta parte, pues allí nació y de allí vino mi abuela materna cuando era niña, la madre de Teresa y Juana Aguilera. Fue en el hotel en el que durante tres noches nos alojamos (tampoco teníamos tanto dinero, las estancias en cada ciudad fueron cortas), una tarde en la que Luisa se sintió mal mientras paseábamos, tan mal de pronto que interrumpimos nuestra caminata y volvimos a la habitación en seguida, para que ella se echara. Tenía escalofríos y un poco de náusea. No podía mantenerse en pie, literalmente. Sin duda le sentó mal algo que había comido, pero entonces no lo sabíamos con la suficiente certeza, y al instante pensé si no habrá contraído en México alguna de esas enfermedades que allí atacan tan fácilmente a los europeos, algo grave como la ameba. Los presentimientos de desastre que tácitamente me acompañaron desde la ceremonia de bodas iban adquiriendo diferentes formas, y una de ellas fue ésta (la menos muda, o no fue tácita), la amenaza de la enfermedad o la repentina muerte de quien iba a compartir conmigo la vida y el futuro concreto y el futuro abstracto, aunque yo tuviera la impresión de que este último se había acabado y mi vida estuviera ya mediada; quizá la de los dos, unidos.

Javier Marías. Corazón tan blanco, 1992, p. 29 (con adaptaciones).

Considerando todo el itinerario y partiendo del supuesto que el punto de partida fue el mismo que el de llegada, se puede inferir del texto que el viaje realizado por el protagonista abarcó

 

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This text refers to the question

With the price of oil hovering near $ 100 a barrel, the discovery of the biggest deep-water oil field off the southeastern coast has the potential to transform Brazil into a global energy powerhouse and to reshape the politics of this energy-starved continent.

While Brazil’s state oil company, PETROBRAS, has known of the field for more than a year, it only finished assessing its full potential in recent months. It announced on Nov. 8 that the field held some five billion to eight billion barrels of crude oil and natural gas.

The announcement has everyone in the region, and beyond, taking notice. A field that size — the biggest in the world since a discovery in Kazakhstan in 2000 — is a potential political game-changer for Brazil.

In the next five years it is conceivable that Brazil could move ahead of Mexico and Canada in total oil reserves, becoming second only to Venezuela and the United States in the energy pecking order of the Americas.

This is heady stuff for Brazil, a country that only last year became a net energy exporter mostly because of its aggressive push into sugar-cane ethanol and hydroelectric power.

“All of a sudden Brazil is emerging as an energy power”, said Peter Hakim, president of the Inter-American Dialogue, a policy group in Washington focusing on Latin America. “Everything they have developed, from soybeans to sugar to oil is suddenly working. They have had amazing luck.”

There is little doubt that the find gives Brazil new influence against energy players like Bolivia and Venezuela, and not just in the economic competition among energy suppliers, but in the political arena as well.

Much to the chagrin of the United States, Venezuela’s president, Hugo Chávez, has used his nation’s oil wealth to aggressively push a leftist agenda at home and abroad. The Brazilian field, known as Tupi, now has the potential to lend more weight to Brazil’s more moderate, leftist approach.

Already countries around the region have been quick to sense the potential threats and benefits. With news of the discovery coming just ahead of a meeting of Latin American leaders in Santiago, Chile, Brazil’s president, Luiz Inácio Lula da Silva, acknowledged there during the meeting that he was being “treated with a certain deference” by the other leaders.

Mr. Chávez nervously jested that Mr. da Silva was now an “oil magnate”. He also quickly suggested that the two nations create an Amazonian energy region similar to the Caribbean and Andean integration efforts Venezuela had been pushing for.

Internet: <www.nytimes.com> (adapted).

“around” is the same as
 

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This text refers to the question

With the price of oil hovering near $ 100 a barrel, the discovery of the biggest deep-water oil field off the southeastern coast has the potential to transform Brazil into a global energy powerhouse and to reshape the politics of this energy-starved continent.

While Brazil’s state oil company, PETROBRAS, has known of the field for more than a year, it only finished assessing its full potential in recent months. It announced on Nov. 8 that the field held some five billion to eight billion barrels of crude oil and natural gas.

The announcement has everyone in the region, and beyond, taking notice. A field that size — the biggest in the world since a discovery in Kazakhstan in 2000 — is a potential political game-changer for Brazil.

In the next five years it is conceivable that Brazil could move ahead of Mexico and Canada in total oil reserves, becoming second only to Venezuela and the United States in the energy pecking order of the Americas.

This is heady stuff for Brazil, a country that only last year became a net energy exporter mostly because of its aggressive push into sugar-cane ethanol and hydroelectric power.

“All of a sudden Brazil is emerging as an energy power”, said Peter Hakim, president of the Inter-American Dialogue, a policy group in Washington focusing on Latin America. “Everything they have developed, from soybeans to sugar to oil is suddenly working. They have had amazing luck.”

There is little doubt that the find gives Brazil new influence against energy players like Bolivia and Venezuela, and not just in the economic competition among energy suppliers, but in the political arena as well.

Much to the chagrin of the United States, Venezuela’s president, Hugo Chávez, has used his nation’s oil wealth to aggressively push a leftist agenda at home and abroad. The Brazilian field, known as Tupi, now has the potential to lend more weight to Brazil’s more moderate, leftist approach.

Already countries around the region have been quick to sense the potential threats and benefits. With news of the discovery coming just ahead of a meeting of Latin American leaders in Santiago, Chile, Brazil’s president, Luiz Inácio Lula da Silva, acknowledged there during the meeting that he was being “treated with a certain deference” by the other leaders.

Mr. Chávez nervously jested that Mr. da Silva was now an “oil magnate”. He also quickly suggested that the two nations create an Amazonian energy region similar to the Caribbean and Andean integration efforts Venezuela had been pushing for.

Internet: <www.nytimes.com> (adapted).

“abroad” refers to
 

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This text refers to the question

With the price of oil hovering near $ 100 a barrel, the discovery of the biggest deep-water oil field off the southeastern coast has the potential to transform Brazil into a global energy powerhouse and to reshape the politics of this energy-starved continent.

While Brazil’s state oil company, PETROBRAS, has known of the field for more than a year, it only finished assessing its full potential in recent months. It announced on Nov. 8 that the field held some five billion to eight billion barrels of crude oil and natural gas.

The announcement has everyone in the region, and beyond, taking notice. A field that size — the biggest in the world since a discovery in Kazakhstan in 2000 — is a potential political game-changer for Brazil.

In the next five years it is conceivable that Brazil could move ahead of Mexico and Canada in total oil reserves, becoming second only to Venezuela and the United States in the energy pecking order of the Americas.

This is heady stuff for Brazil, a country that only last year became a net energy exporter mostly because of its aggressive push into sugar-cane ethanol and hydroelectric power.

“All of a sudden Brazil is emerging as an energy power”, said Peter Hakim, president of the Inter-American Dialogue, a policy group in Washington focusing on Latin America. “Everything they have developed, from soybeans to sugar to oil is suddenly working. They have had amazing luck.”

There is little doubt that the find gives Brazil new influence against energy players like Bolivia and Venezuela, and not just in the economic competition among energy suppliers, but in the political arena as well.

Much to the chagrin of the United States, Venezuela’s president, Hugo Chávez, has used his nation’s oil wealth to aggressively push a leftist agenda at home and abroad. The Brazilian field, known as Tupi, now has the potential to lend more weight to Brazil’s more moderate, leftist approach.

Already countries around the region have been quick to sense the potential threats and benefits. With news of the discovery coming just ahead of a meeting of Latin American leaders in Santiago, Chile, Brazil’s president, Luiz Inácio Lula da Silva, acknowledged there during the meeting that he was being “treated with a certain deference” by the other leaders.

Mr. Chávez nervously jested that Mr. da Silva was now an “oil magnate”. He also quickly suggested that the two nations create an Amazonian energy region similar to the Caribbean and Andean integration efforts Venezuela had been pushing for.

Internet: <www.nytimes.com> (adapted).

The word “chagrin” means
 

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