El largo adiós a las palabras escritas a mano
Riccardo Iori
Todas las cartas de amor son ridículas / no serían cartas de amor si no fueran ridículas, escribía el poeta portugués Fernando Pessoa. También él, en su tiempo, escribió cartas de amor, confesaba en el mismo poema. Corría el año 1935 y nada dejaba presagiar que un día el mundo se libraría de esa manera de comunicar tan extravagante. El mundo ha dejado de ser ridículo y los mensajes de amor se envían por sms o por correo electrónico. "Los jóvenes expresan sus emociones a través de los móviles o de las redes sociales, les trasladan a un espacio público, lo que resulta curioso, porque se ha perdido la privacidad, un tiempo fundamental en las relaciones de amor, de amistad o con los familiares", explica Antonio Aguilar, profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona.
Aguilar trabaja además en el departamento de Comunicación de Correos de Barcelona, así que su testimonio también es útil para analizar el declive de las cartas desde un punto de vista cuantitativo: "Contrariamente a lo que se piensa, no ha sido la llegada de Internet lo que ha debilitado las misivas. El comienzo de su fin ocurrió durante los años 60 y 70, con la difusión del teléfono en las clases populares". Los datos de Correos no permiten cuantificar las dimensiones de la bajada, porque las estadísticas no distinguen las cartas personales de aquellas enviadas por los bancos o las compañías telefónicas. En 2009, por ejemplo, la correspondencia disminuyó el 9,6%, pero ese dato depende de la crisis – que llevó a las empresas que envían publicidad a buscar otras alternativas de comunicación – y por la difusión de trámites burocráticos que ahora es posible efectuar on-line. "Las cartas personales ya desde hace mucho tienen un papel secundario en las dimensiones del flujo postal, y esto más que los datos pueden confirmártelo los carteros de a pie, que cada vez más solo meten en los buzones cartas de empresas o notariales", dice Aguilar.
Maria de los Ángeles, jefe adjunto de una de las oficinas del centro de Madrid, respalda este análisis: "Los únicos que aún esperan cartas son las personas mayores, que están allí, esperando la respuesta de un amigo o de una prima lejana. Pero los jóvenes ya lo han dejado. En los periodos vacacionales hay un aumento notable de postales, aún hoy, y es el momento en que los chavales vuelven a acercarse a la correspondencia escrita". "En la Universidad hicimos algunas encuestas con los alumnos y los de hoy no han utilizado jamás la carta como medio de comunicación. En las entrevistas que los mismos estudiantes hicieron a sus abuelos, sin embargo, la carta tiene un papel fundamental", apunta Aguilar.
La caligrafía desapareció de los colegios en los años setenta, las cartas en el buzón son una rareza entre propagandas y quienes trasmitían el arte de la bella escritura se han reducido a un crepuscular puñado de supervivientes. Pessoa ya no escribiría aquel poema. Tampoco el verso en el que decía: Pero, al fin y al cabo, solo las criaturas que nunca escribieron cartas de amor, sí que son ridículas.
Disponible en: <http://cultura.elpais.com/cultura/2010/07/30/actualidad/1280440804_850215.html>.
En las palabras finales de Riccardo Iori se imprime un sentimiento de: